De Ninivitas a Nativitas…¡Ah! los Jonases modernos


chico-enojado

El premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, escribió un relato sobre cierto muchacho argentino que, en el año 1982, volvía a casa, después de participar en la guerra de las Malvinas. Había sobrevivido a los desastres de esa guerra. Cuando llegó a Buenos Aires, llamó por teléfono a su madre y le dijo que estaba ansioso por llegar pronto a casa, pero le pidió permiso para llevar consigo a un amigo que había sido mutilado por la guerra. Su amigo había perdido un brazo, una pierna y quedado ciego como tantos otros: Es una ruina humana mamá —le dijo— pero no tiene familia ni lugar a donde ir. La madre, muy feliz por oír hablar a su hijo, le respondió que volviera a casa cuanto antes, pero que, por favor, no llevara a su amigo, porque después de todo lo que ya había sufrido, no era capaz de aguantar más dolor, de soportar y cuidar a aquel hombre mutilado y sufriente, durante el resto de su vida. El muchacho colgó el teléfono y se suicidó. El amigo mutilado del que hablaba, no era un amigo, era él mismo. Cuando leí por primera vez este relato de García Márquez, entendí por fin la famosa frase del libro de Albert Camus: El mito de Sísifo: Sólo hay una cuestión verdaderamente importante para la filosofía: la cuestión de la tragedia y el vacío humano. Es curios que los animales no se preguntan por estas cuestiones; no pueden; ellos viven siguiendo sus instintos naturales: nacen, comen, beben, se reproducen y mueren. No hay preguntas en ellos; no hay cuestiones existenciales; no hay decisiones dolorosas que hacer; su vida parece mucho más fácil que la nuestra. Quizás sea por eso, por lo que algunas personas les envidian o pretenden vivir sin pensar nunca en estas cosas, como hacen los animales. Lo que sí, es que vivimos en un mundo lleno de tragedias y malas noticias. ¿Cómo se puede sonreír en medio de tanta maldad y dolor? Es difícil, pero se puede.

Ahora bien, quizás puedo aceptar el hecho de que el mundo sea trágico y lleno de problemas, y que se encuentren pocos motivos para estar alegres; pero lo que me cuesta aceptar es que cuando en el mundo hay un acuerdo para por lo menos en un día al año pensar en alegría y tratar de compartir esperanza, haya muchos cristianos que se enojan porque se celebre la navidad o alcen sus dedos condenando como herejes y paganos a los que lo quieren hacer. ¿Por qué tanto enojo contra la alegría? Creo que más que nunca los creyentes debemos ser los diáconos de la sonrisa de Dios. Y qué mejor tiempo que este.

Al ver el salmo 2 sabemos que  es el primero de los salmos reales o mesiánicos, llamados así porque destacan o alaban las virtudes de algún rey de Israel. En él se describe una acción histórica dramática. La subida de un rey al trono de Israel, tal vez del propio David, había despertado las envidias y amenazas de los reyes vecinos. Rebelarse contra la persona del rey, el ungido de Dios, era en aquella época corno rebelarse contra Dios mismo. Salta a la vista, en seguida, que lo que se dice de este rey puede aplicarse perfectamente al Mesías: «el ungido de Jehová”, “mi hijo eres tú”, “te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”, etc. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, el rey ungido es el Señor Jesucristo. Por tanto, es posible afirmar que este salmo tiene carácter de testimonio profético. Me llamo la atención que el salmista dice en el vrs. 4 que “Dios se reirá”. La palabra reír es sachaq y se puede traducir como reír, gozarse, jugar, divertirse con fuerza. O sea que a Dios le gusta reír, jugar y divertirse. Ahora creo que se ha escrito poco acerca de la risa o la sonrisa de Dios. Podríamos decir que no existe una teología de la sonrisa divina. Sin embargo, el teólogo Karl Rahner escribe: Dios sonríe en el cielo de todas las oscuras complicaciones de una historia que es cruel, sanguinaria, loca y vulgar. Pero Dios se ríe con calma. Y con ello afirma que incluso la más pequeña sonrisa pura y delicada, que brota de no importa dónde, desde un corazón recto, ante cualquier tontería de este mundo, refleja una imagen y un rayo de Dios. Es una señal del Dios vencedor. La sonrisa de Dios es el adorno de su amor o la manifestación de que él nos ama.

Cuando escribía esto, vino a mi corazón que Dios en este tiempo también se ha de divertir. No creo que Dios esté en los cielos, diciendo: “Miren, no es mi cumpleaños, ni siquiera es mi fecha, que parvada de herejes e insensatos…deberían estar tristes y  con rostro en el suelo…” Creo que Dios puede ver el corazón de genuinos creyentes que celebran este día dando el honor al Señor. Por otro lado no sé porque razón no me dejó en paz la frase que Dios le dice a Jonás “Haces tú bien en enojarte tanto”. Me parece curioso que Dios quería que Jonás estuviera alegre, porque “los paganos establecieron un día para volverse a Dios y pensar en él”, sin embargo Jonás lejos de alegrarse está furioso y enojado ante esa buena noticia. Me pregunté si Dios dirá a todos aquellos “celosos de Dios” como Jonás, que son incapaces de poder disfrutar de la buena noticia, porque ellos mismos cargan un “celo espiritual” que ni siquiera Dios tiene, ¿hacen bien en enojarse tanto?

Creo que la risa de Dios es más evidente en el libro de Jonás. Se trata de una pequeña obra maestra de humorismo bíblico. La mezquindad, la ruindad, la estrechez mental del profeta, frente a la grandeza y generosidad de Dios, hacen brotar la chispa del humorismo. Y eso mismo ocurre hoy con  los “Jonases que condenan la navidad”. Es jocoso en realidad ver al testarudo profeta, como  accede a la orden de Dios y decide recorrer Nínive gritando: Dentro de cuarenta días Nínive será destruida (Jon. 3:4). Jonás se siente satisfecho porque ha realizado perfectamente bien su trabajo. Se diría que incluso ha disfrutado anunciando la desgracia que esperaba a los desventurados ninivitas. (Jajaja…igual nos gritan a los “Nativitas”) Y ahora ya puede sentarse, cómodamente, debajo de su techo de ramas y prepararse para presenciar el inminente holocausto de aquellas gentes. La teología de Jonás es perfectamente ortodoxa y correcta: “Dios ha dicho que dentro de cuarenta días Nínive será destruida y él no puede mentir”. Sin embargo, la mente de los ninivitas empieza a cavilar de otra manera. La palabra de Dios atravesó sus corazones como un puñal certero y se inició el arrepentimiento. La rebeldía inicial dio paso a la conversión sincera: Conviértase cada uno de su mala vida y quizás Dios se compadezca y no perezcamos. Y en efecto, así ocurrió: Vio Dios su conversión y arrepentimiento, se compadeció y no destruyó la ciudad (3:10). Lo más chocante de la historia es sin duda la actitud de Jonás. Se puso a orar pero no para darle gracias a Dios por haber cumplido bien con su misión. No, ni mucho menos. Se presenta ante Dios con una especie de pataleo infantil, porque se había suspendido el espectáculo: Jonás sintió un disgusto enorme, y estaba irritado y oró al Señor y le dijo: ¿No es esto lo que me temía, estando aún en mi tierra? Esta respuesta de Jonás es una de las mayores pinceladas humorísticas de toda la Biblia. Es como si dijese: “¡Sabía que esto iba a ocurrir! ¡Primero te pones serio y después te dejas conmover por estos miserables pecadores. Y claro, ellos lo saben y se aprovechan de tu bondad! (Compran pavo, regalos, consumen en fiestas…miserables “Nativitas”) ¡Y yo hago el ridículo!”. En vez de enloquecer de alegría, de aplaudir a Dios porque ama a todos los hombres, incluso a los que parecían irrecuperables, Jonás exclama: ¡Ahora Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir! (Entonces los Jonases modernos se encierran amargados en sus cuartos en la noche, tapan sus oídos para no oír los cohetes, amargan la vida de sus familiares, obligando a sus hijos a celebrar clandestinamente la navidad, porque ellos están amargados de que los “Nativitas” celebran y están alegres debido a la bondad de  Dios  con ellos). Jonás no es capaz de captar el humor de Dios porque no puede comprender la profundidad y seriedad del amor divino. Por último, a Jonás le da un fuerte dolor de cabeza, tanto, que Dios hace que le crezca una calabacera para proporcionarle sombra y aliviarle de ese sufrimiento. Pero Dios continúa sirviéndose de la sonrisa y de sus inigualables golpes humorísticos. Aparece un gusano que corroe la planta y sobreviene el “recio viento solano” que pone en peligro su vida. El que mora en los cielos se reirá: solamente aquél que ama de verdad puede sonreír ante las mezquindades humanas. Porque el amor siempre vencerá.

No sé si teológicamente es muy correcto hablar del humorismo como carisma o como don cristiano, pero desde la óptica de la Iglesia de Jesucristo, sí me atrevería a reivindicar una nueva y necesaria diaconía de la sonrisa. Hay ya tantas personas que se encargan de regalar a sus hermanos solamente dolores, heridas, amarguras, desilusiones y problemas, que me parece urgente y necesario restablecer el equilibrio y la concordia. (Y más en este tiempo de Navidad). Es decir, que haya alguien que se encargue de hacer olvidar a los demás los sufrimientos que les causan sus semejantes. No existe servicio más hermoso que el de disminuir las tensiones, suavizar las aristas, limar asperezas, infundir valor en la lucha diaria, o sea, predisponer a la sonrisa: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Mt. 5:9). La diaconía de la sonrisa sería un reflejo de aquel Dios que ha venido a la tierra para  traernos la alegría: Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros (Sal. 45:7). La epístola a los Hebreos (1:9) nos recuerda este mismo texto enseñándonos que ese “ungido con óleo de alegría” es Jesucristo mismo. Por mucho que los hombres se amotinen contra Dios, nunca podrán borrar la benévola sonrisa paciente que hay en su rostro, y todos nosotros, como hijos suyos, estamos llamados a ese ministerio, a esa singular diaconía de la sonrisa y ese es el mejor regalo que podemos tener a todos los que somos “Nativitas”.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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