¿Los creyentes debemos confesar nuestros pecados a Dios?…Examinando 1 de Juan 1:9 III parte


pecado no confesado

Estos dos descubrimientos  me motivaron a  echar un vistazo más objetivo  y cercano al pasaje de tal manera que pudiera ser contemplado como un todo.  Pienso que está bien  tomar el verso  en su concepto original,  siempre  y cuando no entre en conflicto con otros versos de La Escritura. Pero una vez que vemos un conflicto con otros versos, entonces tenemos que dar un paso atrás y preguntarse si tal vez lo que parece obvio a primera vista podría  tener  un error de interpretación después de un escrutinio más profundo en la Palabra.

Este es un ejemplo de interpretar lo no claro  a la luz de lo claro en la Biblia. Es interesante que hay una  clara enseñanza en varios lugares del  Nuevo Testamento, acerca de que nuestro perdón es un evento de una sola vez,  y que sucede  cuando confesamos que Jesús es nuestro Señor. Este perdón sucede cuando Jesús entra en nuestra vida  y recibimos la vida eterna así como  nuestros pecados y transgresiones  Dios no los recuerda más. Entonces ¿cómo  podemos interpretar 1 Juan 1: 9 sobre la responsabilidad de confesar con el fin de ser perdonado si, de hecho, ya estamos perdonados?

Le eché  un vistazo más  detenido al pasaje en su contexto y cuando lo hice, descubrí una visión diferente del primer capítulo de 1 Juan. Me di cuenta de que en los primeros cuatro versículos, Juan está haciendo un llamado a la gente a tener comunión con él y con Dios por medio de Jesucristo. Tenga en cuenta que la comunión en la literatura de Juan y específicamente  en este pasaje significa la regeneración, la salvación. Según Juan, una persona en comunión con Dios tiene la sangre de Cristo como elemento de  limpieza de todos sus pecados. La palabra comunión cuando se aplica entre Dios y el hombre en el Nuevo Testamento es sinónimo de salvación. Juan nos invita a una comunión salvífica  con Jesucristo y dice que su testimonio  es válido, y apela a que  él era un testigo ocular de ministerio y enseñanza terrenal de Jesús. En otras palabras, él sabe que lo que dice es cierto.

Básicamente, Juan  comienza su carta con una simple defensa de la fe: “… He estado con Jesús,  yo lo he visto, he puesto mi fe en Él y en el conocimiento de Él.” Esta primera sección es fuertemente evangelística,  se está enfocando en la audiencia no cristiana de sus lectores, al decir : “Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesús, el Mesías “. Eso sí que es un empuje evangelístico.

Pero algunos dirán ¿Cómo se puede pensar que es evangelístico si la audiencia dela epístola de por sí son cristianos?¿No está hablando a los creyentes en esta epístola? Bueno, la respuesta es sí y no. Él está escribiendo a los cristianos, pero  como todo buen predicador sabe que su audiencia es mixta. Todo predicador el domingo tiene un público mixto. Se dirige a algunos de sus comentarios a los cristianos y se dirige a algunos de sus comentarios a los no cristianos y básicamente dice: “Si el zapato le  encaja úselo.”  Y pienso que Juan  está haciendo eso aquí. La impresión que da en sus primeros versículos  es que sus primeras declaraciones  parecen hacer un llamamiento evangelístico muy directo.

Por ejemplo, en el versículo 5 Juan anuncia el mensaje que ha recibido de Jesús (v3). También  nos dice sobre el carácter de Dios, que Dios es sin pecado. El aconseja que los que lo conocen no deben vivir habitualmente en pecado tampoco. Él promete, sin embargo, en el versículo 7 que si caminamos con Él “a la luz”, entonces vamos a ser limpios de todo pecado por la sangre de Cristo. Luego establece que con el fin de ser purificado de sus pecados por medio de Cristo Jesús, el no creyente primero debe admitir su necesidad antes de que se le ayude. Y en eso basa la argumentación de los siguientes versículos. Por eso Juan establece que decir que no tienes pecado es falso y  auto-engañoso (v8). Así que la alternativa a decir que no tenemos pecado es confesar sus pecados, lo que resulta en la limpieza (v9). Y ahí precisamente  es donde creo que el versículo 9 encaja perfectamente.

Por otro lado me parece que el texto muestra que en los versículos 5-9 Juan continúa su llamamiento evangelístico. Él ya ha invitado a la gente a tener comunión con Dios y caminar en la luz para que sus pecados sean limpiados (es decir, la salvación), y explica que caminar en la luz no implica vivir en pecado.

Así que el primer paso en este proceso es el reconocimiento de nuestro pecado (homologeo: confesar, de acuerdo, literalmente, “a decir la misma cosa”). Si entramos en relación con Dios vamos a ser limpios, pero eso requiere que reconozcamos nuestra necesidad de limpieza. Si no reconocemos que necesitamos la limpieza, que hemos pecado, entonces la verdad no está en nosotros. Pero si estamos de acuerdo que hemos pecado (y aquí es donde entra en juego el versículo 9), entonces Dios nos perdonará y nos limpiará de toda nuestra injusticia.

Este capítulo no está hablando, en mi opinión, de relación continua del cristiano con Dios, sino de una persona que  está pidiendo para entrar en una relación con Dios basada en primer lugar en la enseñanza de Juan como  testigo presencial  del  testimonio de Jesús. En segundo lugar en la realidad de que Dios es sin pecado, en tercer lugar en la realidad que todos hemos pecado, y el cuarto, en la promesa final que si reconocemos nuestra pecaminosidad y confesamos nuestros pecados, podemos entrar en esa relación de salvación con Dios, que la comunión con Dios se basa en la sangre derramada de Jesucristo.

En pocas palabras, cuando miro a través del capítulo 1, me doy cuenta versículo 9 crea un problema si lo  entiendo desde el punto de vista   aplicado a los cristianos, tal como usualmente se cita, ya que viola otras Escrituras. Así que al verlo más detenidamente percibo un  fuerte impulso evangelizador de  lo que me hace concluir que  las palabras que Juan utiliza en  1:9  no se dirigen a los cristianos.  Sino que se dirigen a las personas que necesitan a Jesús. Él está diciendo que Jesús perdonará sus pecados y se puede tener comunión con él, pero hay que reconocer que eres pecador. Si no lo hace, la verdad no está en ti y  llamas a Dios mentiroso. Y ahora una paráfrasis del versículo 9 a la luz de este contexto podría ser: Si confiesas o dices la misma cosa con Dios, que eres un pecador, entonces Él os  perdonará vuestros pecados y limpiará de toda maldad.

Ahora veamos las implicaciones del capítulo 2. En esta sección indudablemente Juan si se dirige a los cristianos y establece que el  antídoto para  el pecado en el cristiano, es Jesucristo. Insisto que en el capítulo 2, Juan se dirige específicamente a los cristianos (Note que usa la frase “Hijitos míos”). Y lo escribe  con el fin de que los cristianos no caigan  en pecado, pero luego les asegura que si lo hacen pecado tienen perdón, no como resultado de un continuo declarar en detalle de sus pecados  y de continuas solicitudes de perdón, sino simplemente por el hecho de que tienen un abogado ante el Padre en Jesús. Jesús es la satisfacción plena (propiciación) por todos sus pecados, y Él es un abogado  tan adecuado porque  es capaz de hacer defensa completa por los pecados de cada persona en el mundo (v2) y declararlo libre.

Otra forma de decirlo, según el texto es que hay dos clases de personas a las que Juan les habla. La primera es la no creyente y la segunda es la creyente. Con respecto a los creyentes la característica primordial según Juan, es que reconocen su pecaminosidad  delante de Dios. Es decir para Juan los creyentes somos la clase de gente que dice: “Sí, somos pecadores y necesitamos de Dios.” Y debido a su admisión es que han experimentado  la limpieza de sus transgresiones. Por otro lado para Juan los no cristianos son aquellos que no reconocen su necesidad y por lo tanto no han sido limpiados de sus maldades.

Sin embargo, debemos aclarar que como creyentes (según la idea de Juan) admitir nuestra pecaminosidad no implica necesariamente que debamos  verbalizar una lista y hacer un  recuento audible  de nuestras transgresiones actuales. Este pasaje se refiere a la cuestión de la limpieza y de lo necesario para la limpieza. Juan está diciendo simplemente, en mi opinión, que los inconversos  dicen que no tienen pecado y hacen a Dios mentiroso, mientras que el cristiano reconoce continuamente su pecaminosidad, es continuamente consciente de su necesidad de perdón de Dios y, como tal, es una persona que Dios ha perdonado y está continuamente limpio.

En pocas palabras, el que dice: “Yo no necesito el perdón,” está en contradicción con Dios y no tiene una relación con Él. Por otro lado, el cristiano es perdonado porque él dice: “Yo continuamente necesito perdón porque estoy continuamente pecando, pero tengo la confianza de limpieza continua porque continuamente tengo un defensor en Jesús.”

Ahora eso para mí es el punto medular de  1 Juan 1: 9. En el texto no hay ningún indicio de que la confesión detallada de mis faltas ayudan a mejorar mi relación diaria  con Dios,  o mejora nuestro “caminar” a diario con él. Ni siquiera habla de eso.

¿Y qué de Santiago 5:16?

“Por lo tanto, confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.

Santiago 5:16 tiene que ver con declarar nuestros pecados. Para muchos,  este es un paso importante en el área del pecado confesado. Se refiere a una confesión pública de pecado (exhomologeo, para hablar de las mismas cosas), al igual que Marcos 1: 5 y Mateo 3: 6 (a propósito, quiero volver a enfatizar en que estos cuatro versos son las únicas referencias del Nuevo Testamento relacionado con confesar el pecado). Sin embargo aquí es pertinente hacerse una pregunta importante.  Y la pregunta realmente tiene que ver con lo que significa para Santiago la expresión  “sanado” aquí.  A lo menos hay cuatro posibilidades: la curación física, la curación emocional, la curación de la relación o, en el caso de alguien que acaba de a Cristo, la curación espiritual, es decir, el perdón de los pecados (mencionado en el verso anterior). Cualquiera de estas cosas podría estar a la vista, en teoría.

Hay lugares en la Escritura donde parece que el pecado produce realmente la enfermedad (por ejemplo, 1 Corintios 11:30). Así que la confesión en este caso llevaría a la salud.  Por otro lado los problemas en las relaciones se curan muchas veces  cuando una de las partes le confiesa a la persona que ha hecho mal. También hay un fuerte impacto emocional cuando tomamos un pecado privado y hacemos público, incluso si sólo una persona aprende sobre él. Parece aliviar una tremenda carga emocional de nuestros corazones y nos da una mayor capacidad para arrepentirnos. Es una práctica que ayuda a manejar mejor la tentación en otras ocasiones. ¿Y que de  Hebreos 10?   Otro pasaje que es realmente importante es Hebreos 10. Este pasaje no trata directamente con la confesión, pero sí dice algo muy importante sobre el Nuevo Pacto y la cuestión de acercarse a Dios en oración. El autor de este libro señala que una de las funciones de la ley  era  recordarnos constantemente de nuestros pecados. Usted debe leer Hebreos 10, y darse cuenta que es un maravilloso capítulo. Señala que este recordatorio de la ley  era evidencia prima facie – (evidencia de primera) que el perdón y la limpieza no estaban completos. En otras palabras, los continuos sacrificios nos recordaban  que el perdón y la limpieza no estaban completos. Entonces dice: “De otra manera  cesarían de ofrecerse, pues los que tributan  este culto, limpios una vez, no tendrían  ya más conciencia de pecado”. (v2)

Anteriormente, en el capítulo 9: 13ss, el escritor sostiene que la sangre de machos cabríos y de toros limpió la carne, pero  la sangre de Cristo limpia la conciencia. Esa misma palabra de nuevo. Eso es importante. La conclusión que saco es que debido a que el sacrificio de Cristo fue completo, ya no necesitamos un recordatorio de pecados, en cambio, nuestras conciencias pueden estar limpias ante Dios. Y esa parece ser la conclusión de Dios, también. Más adelante en el capítulo 10  dice: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (v17), y “Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, “(v22). Si esas cosas son ciertas, ¿por qué ha de ser  conveniente una práctica en la cual  recordemos nuestros pecados y carguemos  nuestras conciencias a cada momento  con nuestros errores cuando Dios hizo un gran esfuerzo y sacrificio para hacer exactamente lo contrario? ¿Por qué seguimos haciéndonos sentir miserables recordándonos constantemente lo mal que estamos? Debemos entender que a la luz de Hebreos 10 esa fue una función de la Ley y  que ahora se ha eliminado. Dios dice en Hebreos 10 que somos limpiados incluso de mala conciencia, por lo que no es necesario un  continuo recordatorio de pecados. De hecho, Dios se ha olvidado judicialmente todos nuestros pecados.

Vamos a poner todo esto junto, ahora. ¿Qué implicaciones prácticas y espirituales tiene toda esta “teología” expuesta aquí?

 En primer lugar, Dios quiere tengamos una relación con él, y esta es la aplicación para aquellos  que no se consideran a sí mismos cristianos, o tal vez usted está en la  búsqueda  y está pensando en el cristianismo. Déjeme que le cuente lo que dice la Biblia acerca de su condición especialmente 1 de Juan. Dios quiere que nos acerquemos a una relación con Él y vivir una vida que se caracteriza por la piedad. Los que están en comunión con Él, es decir, aquellos que el  rescató de su pecado y los ha perdonado son  continuamente limpiados por la sangre de Cristo. Es un proceso continuo y a la vez un acto definitivo. 1 Juan 1: 7 lo deja claro.

Con el fin de unirse con Dios en una relación genuina, como primer paso se  establece que  no hay que negar que hayamos pecado. No podemos andar por ahí diciendo que no tenemos nada que lamentar. “Nunca he hecho nada malo.” “Básicamente soy una buena persona.” Si alguien que lee esta reflexión  está en esa posición, el apóstol Juan dice que está llamando mentiroso a Dios, porque Dios dice que usted ha pecado. Y es muy difícil reconciliarse con Dios al llamarlo mentiroso. Así que la primera cosa que usted no debe hacer es negar su necesidad de perdón. En lugar de eso  usted debe confesar su pecado, debe reconocer que eres pecador, que usted ha roto la ley de Dios. El reconocimiento de su maldad puede ser de forma  general  o  de cosas específicas. Eso está bien también. Puede ponerse cara a cara con Dios  y decir: “Dios, he hecho esto y esto”, y pasar tanto tiempo como sea necesario para conseguir que todo sea evacuado. Esa confesión puede ser privada (1 Juan 1: 9) o pública (Mc 1, 5, Santiago 5:16). Usted puede hacer una confesión pública de sus pecados.

Ahora en la otra dimensión como cristianos somos personas que deben  caminar en santidad como una característica primordial. Es decir buscamos  vivir rectamente. Eso es lo que Juan dice en 1 Juan 1: 6. Aun así debemos continuamente  reconocer que somos pecadores necesitados de limpieza continua de Dios (1 Juan 1: 9). Como cristiano no puedo tener una actitud de superioridad cuando alguien viene con su maldad, y verlo con menosprecio porque yo también soy una persona expuesta al pecado cada día. Sé que  voy  mejorando, eso sí. Es decir no voy a pecar tanto como solía hacerlo y eso es mérito de Dios ya que Él ha cambiado mi vida. Pero el hecho es, todavía necesito el perdón. Los cristianos son personas que reconocen que reconocen su pecaminosidad como cualquier otra persona. Pero esto es una consciencia de su pecaminosidad yno una constante confesión de su pecaminosidad.

Ahora esta consciencia del pecado es lo vital para desarrollar una vida cristiana espiritual victoriosa. Es decir tengo la confianza que cuando pecamos como cristianos, Dios es fiel para traer ese pecado a nuestra conciencia a través de la convicción en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Juan 16: 8). El Espíritu Santo convence de pecado, de justicia y de juicio. También la convicción viene a través de la Palabra (Hebreos 4:12). “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos”. O, a través de otros cristianos como en Gálatas 6: 1. Dios traerá pecado a nuestra conciencia por la convicción del Espíritu Santo, por otros cristianos, y por medio de la Palabra. Y cuando lo hace, estamos de acuerdo con Dios que es el pecado, y también de acuerdo con lo que Él nos ha limpiado de ella a través de la sangre de Jesús. Ahora note que es Dios quien hace eso y no nosotros al declararlo verbalmente y decírselo a Dios.

Cuando el Espíritu Santo nos hace conscientes de nuestras fallas, luego nos ocupamos de ellas. Es decir es una actitud que dice: “Dios, me doy cuenta de que no debería haber dicho lo que dije o hice lo que hice.” Inmediatamente nos tomamos pasos para apartarnos de ese pecado.  Y esa es la razón por la que sostengo que el arrepentimiento, no anuncio o declaración del pecado, es la respuesta bíblica adecuada al pecado y el centro de la vida espiritual abundante. Para decir en forma simple, el proceso es: Primero,  Dios nos hace conscientes de nuestras fallas, segundo, estamos de acuerdo con Dios  (si le quiere llamar confesión a esto), tercero reconocemos que Dios nos ha perdonado ya  y cuarto tomo las  medidas inmediatas para apartarme de las fallas que Dios me ha hecho consciente. Para mí, ese es el antídoto bíblico-cristiano para la práctica del pecado.

La convicción de pecado puede ir acompañada de sentimientos de remordimiento por lo que hemos hecho. Este remordimiento es una obra del Espíritu Santo. La carne no puede producirla. A veces nos sentimos muy apenados. Pero otras veces puede sentirse casi nada. Sin embargo, nos volvemos del pecado no porque sentimos que está mal, sino porque está mal, no porque nos sentimos culpables, sino porque somos culpables. No es necesario, creo, que  al declarar en una lista mis pecados me tome una  “temperatura de culpabilidad” para luego actuar en obediencia, y arrepentirse de algo que sabemos que está mal. Si Dios dice que está mal, incluso si se siente bien acerca de ello, sigue siendo una obligación  apartarse de ello. Algunos podrían sugerir que usted no está realmente confesando y arrepintiéndose  a menos que usted se sienta absolutamente miserable. La Escritura no indica que esto es un  requisito para la aceptación de la oración por parte de Dios. La Biblia  sólo dice que debemos arrepentirnos. Y eso es un acto de nuestra voluntad, no de nuestra emoción.

Quiero que entendamos claramente esto. A medida que nos acercamos a Dios en  oración, no nos centramos en una disciplina  introspectiva y contable de nuestros pecados  para aumentar nuestra conciencia de ellos como la Ley solía hacer. Parte de la obra de la cruz busca  en realidad  eliminar nuestra conciencia del pecado y reemplazarla con la confianza de la aceptación. Esa es la idea central del pasaje Hebreos 10. Nos centramos, más bien, en el perdón de Dios, que viene cuando estamos ante el trono y tenemos plena confianza y seguridad de la fe, sabiendo que Dios fielmente nos ha limpiado aún de mala conciencia. Eso es lo que Hebreos 10: 19-22 dice. Tenemos plena certidumbre de fe y podemos acercarnos a él porque sabemos que Él nos ha limpiado.

En todas las circunstancias sabemos y estamos seguros del fiel perdón de Dios para nosotros porque Jesús está siempre allí como nuestro consejero legal y defensor. (1 Juan 2: 1-2).

Así que desde este punto de vista no puede decir que estoy expresando algún indicio de licencia para pecar aquí porque la realidad es que los que están caminando con Dios en su nuevo nacimiento tienen como característica crecer continuamente en santidad y no están buscando constantemente  caminar en la oscuridad y en el pecado. Han muerto al pecado y se han levantado en una nueva vida, como dice Pablo en Romanos 6: 1-11.

La práctica de la inclusión y la revisión de nuestros pecados antes de que tengamos una conversación con Dios no es, por lo que yo puedo determinar, una enseñanza del Nuevo Testamento ni es promovido en el texto de 1 de Juan 1:9  como una disciplina cristiana. De hecho, yo diría que Hebreos 10 parece indicar que era una función negativa de la Ley y que en realidad puede abonar  en contra de nuestro sentido de cercanía con Dios y nuestro deseo de venir delante del trono.

Asimismo, no veo ninguna indicación de un examen de conciencia  para escarbar en mi vida espiritual   y encontrar todos los lugares o acciones que no han estado a la altura de las expectativas de Dios. Por lo que veo en la Palabra  y puedo declarar con confianza es que eso  es el trabajo del Espíritu Santo para que nos examine. Cuando vamos ante el Señor y Él nos hace conscientes de algo en nuestras vidas, entonces nos ocupamos de ello apartándonos, nosotros no lo ignoramos. Así que no tenemos  que ir buscando las  cosas que nos hacen sentir mal en presencia de Dios.

Eso es lo que descubrí en esta reflexión  y  es mi punto de vista. Si alguien  no está de acuerdo con esto, pues como todo en la vida cristiana tiene la libertad de hacerlo. Pero, por favor asegúrese que su posición proviene del texto mismo y someta mi investigación a esa misma Palabra y determine en que no estoy siendo fiel a la Palabra de Dios.  Me doy cuenta de que lo que he dicho no está en sintonía con la creencia corriente y popular de la iglesia evangélica  sobre este tema. Pero mi petición es que usted examine mi análisis bíblicamente y luego con ese mismo lente examine la franja popular de creencia en la actualidad ya que creo que esa creencia tradicional no se sostiene ante un riguroso examen de la Biblia.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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