¿Los creyentes debemos confesar los pecados a Dios?…examinando 1 Juan 1:9 II parte


pecado no confesado

Así que usando este criterio podemos preguntarnos, ¿qué significa “confesar”? Normalmente creemos que confesar significa que estamos arrepentidos de nuestros pecados, y a raíz de eso  le decimos verbalmente  nuestros pecados a Dios y como consecuencia terminamos pidiendo su perdón para poder continuar con éxito nuestro caminar cristiano.

Sin embargo, he aquí un dato curioso. Es interesante observar que  la palabra se usa 34 veces en el Nuevo Testamento y sólo cuatro de las 34 veces se usa con respecto al pecado visible. Catorce veces la palabra confesar se utiliza para referirse a Jesús o el Evangelio. Confesamos a Jesús delante de los hombres o confesamos el Evangelio. Dos veces se utiliza para reconocer a Dios. Siete veces se usa simplemente para indicar algo (Jesús dijo: “Entonces yo les declararé: Nunca os conocí. Apartaos de mí hacedores de maldad.”) La palabra declararé es “homologeo.” Significa “a confesar, a decir la misma cosa.”

Otro descubrimiento al estudiar el tema  es que en realidad, hay dos formas diferentes de la palabra. Una de ellas es “homologeo” y uno es “exhomologeo.” Homologeo significa “hablar la misma cosa.” Exhomologeo tiene el prefijo “ex”, que significa “fuera” y significa “hablar de las mismas cosas. Así que según la evidencia bíblica  “homologeo” es usada para  la confesión y el único lugar en el Nuevo Testamento donde se usa “homologeo” relacionado con el pecado es 1 Juan 1: 9. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”

Por otro lado la palabra exhomologeo, “hablar de la misma cosa”, se usa tres veces con respecto al pecado en el Nuevo Testamento. Así que sólo tenemos cuatro referencias de confesar el pecado en el Nuevo Testamento. Tres de ellos se refieren a hablar lo mismo, hablando en una confesión, en otras palabras una confesión pública de pecado.

Por ejemplo en  Mateo 3: 6  vemos que cuando Juan bautizaba, las personas estaban confesando sus pecados. Ellos estaban hablando de las mismas cosas, “exhomologeo.” En Marcos 1: 5 vemos un pasaje paralelo con el mismo evento. En Santiago 5:16 dice: “Por lo tanto, confesaos sus pecados unos a otros,” hablar lo mismo con respecto a sus pecados “, y orad unos por otros para que seáis sanados.” El punto es, tres referencias a la confesión del pecado: uno es la confesión privada en 1 Juan 1: 9; uno es la confesión pública de los pecados con Juan el Bautista registradas en Mateo 3: 6 y Marcos 1: 5; y finalmente, la confesión pública de los pecados que vemos en Santiago 5:16.

Ahora la pregunta que saltó a mi mente fue: ¿Estos versículos apoyan la noción popular acerca de la confesión,  que  sostiene la idea  de que cuando pecamos debemos confesar el pecado a Dios con el fin de ser perdonados y debemos confesar nuestros pecados ante Dios por medio de una oración  con el fin de volver a tener comunión con Dios? En otras palabras, si somos cristianos y venimos en  oración,  ¿podemos, para usar un término popular, exhalar nuestros pecados por medio de la confesión para despejar el tablero y luego inhalar el Espíritu Santo, para entonces poder hablar con Dios? Pienso que esta ha sido la enseñanza popular y me atrevería decir que la gran mayoría sino todos los materiales de discipulado y vida cristiana proponen esta fórmula de limpieza espiritual.  De hecho en mis primeros pasos como cristiano se me proporcionó una fórmula de “éxito” para la vida cristiana. CASA que era un acróstico que significaba Confesión, Adoración, Súplica y Agradecimiento.

Mi inquietud sobre este tema es simple: ¿es una práctica bíblicamente aprobada  listar y declarar   sus pecados y luego reflexionar sobre sus pecados antes de ir en  oración ante Dios?

Lo que he descubierto  ha cambiado mi convicción y  es esto: Primero,  hay un lugar para la confesión del pecado. La Escritura habla de ello claramente en tres lugares diferentes, pero la confesión continua no mantiene a los cristianos en constante perdón, porque  el perdón es un acontecimiento único y total y no un proceso constante.  En segundo lugar, no hay ni un  mandato de las Escrituras que  insinúe  que debemos enumerar nuestros pecados antes empezar a orar  y ofrecer nuestras peticiones a Dios. De hecho, es mi opinión creo que es contraproducente para una vida cristiana saludable.

Si  observamos el  texto que usualmente se ocupa para sustentar esta práctica se pueden inferir varias verdades reveladoras. Para eso lo vamos a tratar de ver paso a paso.  Tenga en cuenta que con el fin de responder a la pregunta bíblicamente es imperante que usemos la revelación de la biblia y no otra fuente. Así que volvamos  a las referencias del Nuevo Testamento con respecto a la confesión de pecado y simplemente debemos mirarlos  con mayor detenimiento y sacar las conclusiones pertinentes. Retomemos nuevamente  1 Juan 1: 9 “. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”

Pienso que este versículo es el más obvio y el más usado, por lo tanto es el mejor lugar para empezar.

Lo primero que debemos entender  es que si tomamos este versículo de manera aislada, se puede concluir con el hecho de  que cuando los cristianos confiesan su pecado, es decir, cuando  declaran verbalmente  sus ofensas contra Dios, haciendo un detalle de la forma en que lo han  desobedecido, entonces ellos serán  limpiados y perdonados por El, despejando así el camino para que lo que sigue en nuestra disciplina de la oración sea atendida. Creo que esa  parece ser la lectura más directa del texto. La mayoría de los cristianos aceptan esto, incluso enseñan que  es necesario (o al menos deseable) confesarse regularmente ante  Dios,  antes de que oren  y esto con el fin de abrir los canales, por así decirlo, entre ellos y el Señor.

Ahora bien, si esa es la visión precisa de este texto, y esa es la opinión de aquellos que se opondrán a mi posición en esto,  entonces este punto de vista crea dos conflictos para mí. Primero, si este versículo enseña  que debemos confesar nuestros pecados en forma permanente, como cristianos, entonces también enseña que es necesario confesar con el fin de ser perdonado constantemente. Si no confesamos, entonces no estamos perdonados. Y no son palabras mías sino que esas son las palabras del texto.

La mayoría sostienen que los cristianos deben confesar sus pecados antes de entrar en la presencia de Dios en  oración, pero luego ellos también admitirán  que los cristianos son perdonados, incluso si no confiesan sus pecados. Ahora bien,  el versículo de manera literal no permite esa flexibilidad. Si estamos obligados a confesar, como ordena  este versículo, en seguida observamos que   la confesión  también está necesariamente relacionada con el perdón. No puede tener las dos cosas. No se puede dividir por la mitad y decir la primera parte se aplica, pero la segunda parte no lo hace.

La segunda preocupación que sobresalió de  mi investigación es similar. ¿Cuál es el punto de 1 Juan 2: 1? Este verso sigue inmediatamente 1 Juan 1: 9; si se quita el salto de capítulo se lee continuamente. Dice: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo;. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

Parece dar a entender que para los cristianos (y creo que habla de  los cristianos porque usó la expresión “hijitos”)  el antídoto seguro para el pecado es la defensa de Jesús actuando como un abogado para nosotros.

Al ver esto, es obligatorio hacerse  esta pregunta: ¿La defensa de Jesús depende de nuestra confesión del día a día del pecado, o es independiente de ella? Si es dependiente de nuestra confesión de pecado, tenemos un problema. Si sólo somos  perdonados cuando  confesamos entonces Jesús es nuestro abogado sólo cuando  enumeramos nuestras transgresiones y las llevamos ante El.  Esto es contradictorio porque el  Nuevo Testamento enseña que Él ya nos ha perdonado todas nuestras transgresiones (Col 2,13) y  que Dios nunca se acordará de nuestros pecados o hechos inicuos de nuevo (Hebreos 10:17).

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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