Demonios creyentes


fe diabólica

Hasta este momento hemos visto que la quinta evidencia de una cristiano genuino es una FE PRÁCTICA y hemos visto en primer lugar que una FE PRÁCTICA  es más que un DISCURSO (2:17-19). Dentro de este contexto hemos demostrado los cristianos evangélicos de América Latina tienen la tendencia a tener tres tipos de discursos asociados con la fe. El primero es un discurso evangélico permeado por el concepto de salvación, hablamos mucho de salvación aunque no la entendemos plenamente y poco del Señorío de Cristo.  También somos muy dados a tener un discurso académico de la fe.  Nos encanta disertar en torno a las ideas de la fe, y no de la vivencia de la fe. En tercer lugar también tenemos un discurso anémico. Entendimos que la anemia es un descenso de la hemoglobina en la sangre, la anemia espiritual es un descenso de la biblioglobina en la vida espiritual. Somos un pueblo de dichos y slogans más de contenido profundo de la Palabra de Dios. Sin embargo tenemos un último tipo de discurso con respecto a la FE PRÁCTICA.  Los evangélicos podemos llegar a tener un discurso diabólico.

Veamos cómo es que podemos llegar a tener un discurso diabólico. (Vrs. 19). Esta parte del texto es muy enfático y alarmante desde mi punto de vista. Tiene una revelación muy actual y urgente para nuestro contexto. ¿Cómo puede tener alguien una fe diabólica? ¿Existe tal cosa? Pues según Santiago sí se puede manifestar. Hay cuatro manifestaciones de una creencia diabólica. Primero es una fe racional. Observe que el texto dice “tú crees que Dios es uno”. La fe verdadera no es sólo creer que Dios es uno (Santiago  2:19). No es sólo asentimiento, sino confianza y compromiso. La fe como asentimiento no sirve para la salvación. Aún los demonios creen como asentimiento, y tiemblan por causa de esa fe. Marcos (1:34) registra que Jesús “no permitía a los demonios hablar, porque le conocían”. Los demonios tienen una fe como asentimiento (Lucas 4:41; 10:17), pero esa fe no alcanza para la salvación, por eso “tiemblan”, porque saben cuál es el futuro que les espera (Apocalipsis 20:10). Sólo la fe como confianza, que se manifiesta en las obras de compromiso, es la fe que salva. Que obviamente, no es la fe que los demonios tienen[1]. Curiosamente esta fe intelectual tiene varias características. Primero dice “Tú crees”. Carballosa destaca que el pronombre personal “tú” es enfático ya que gramaticalmente  no es necesario[2]. Así que una fe intelectual busca imponer su posición. Las personas que tienen una fe diabólica intelectual no están abiertas al diálogo, en términos de posiciones. Es obvio que cuando hablamos con respecto al diálogo nos referimos al hecho de que podemos crecer y enriquecer nuestra fe muchas veces evolucionando nuestra posición. Para muchos la posición intelectual, es sinónimo de espiritualidad y a veces es superior a la vida del intelectual. La posición del intelectual es tan osada muchas veces, que se creen la última palabra de autoridad, que no debe ser discutida ni refutada. Ese es el peligro de la fe “profesional” de los teólogos y eruditos.  Así que la  fe racional es adicta a una creencia  intelectual. Cuando se descarta a Dios, la sabiduría humana no sólo es incompleta sino en extremo engañosa. A la persona que busca sabiduría prescindiendo de Dios, puede ocurrirle lo que dice la Biblia: que siempre está aprendiendo, pero nunca llega al conocimiento de la verdad; o se envanece en sus propios razonamientos, y profesando ser sabio, no hace otra cosa que convertirse en necio. Porque es imposible ser sabio prescindiendo de Dios. El que desecha a Dios tiene, en el mejor de los casos, una perspectiva muy limitada y defectuosa de la realidad, de la vida en general y del ser humano en particular. Y al desechar a Dios, desprecia la sabiduría por excelencia y eterna, se pierde en el laberinto de los conocimientos humanos y se convierte en sabio según su propia opinión.[3] El auténtico intelectual busca la verdad sobre todas las cosas, aunque el descubrimiento de la misma le obligue a menudo a cambiar de parecer. El intelectual está enamorado de la sabiduría: una sabiduría que incluye sin lugar a dudas la palabra de Dios. Esta búsqueda invariablemente conducirá de regreso a Dios, porque el principio de la auténtica sabiduría “es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7). Además, el auténtico intelectual, aunque casi siempre es opinionado y crítico, no es sabio en su propia opinión ni soberbio, pues esto es característico del ignorante, no del genuino intelectual, del necio, no del sabio.[4]

Así que el auténtico intelectual tiene una mente abierta ante las distintas interpretaciones de la realidad, sin embargo posee discernimiento y sabiduría desarrollados y refinados por un profundo conocimiento de la palabra de Dios, los cuales le permiten con convicción y denuedo, en base a los principios expuestos en la palabra de Dios y a una percepción correcta de la realidad, intentar guiar a la sociedad y por ende contribuir de alguna manera a la transformación del mundo para bien. Santiago usa la palabra “crees”  y es un verbo en presente del modo indicativo. Esto señala una realidad y una creencia ya establecida dentro de la iglesia a la que Santiago le escribió. No es algo temporal sino ya un credo muy orquestado. Así que la fe intelectual no sólo es creencia  intelectual, sino que es un credo intelectual. Dice: “crees que Dios es uno”. Este (monoteísmo) era la primera prueba de la ortodoxia para los judíos. (Ver Deut.6:4-5). Aun, los demonios creen en esto también (ver Mat.4:3; Marcos 5:7). Cristianismo no es solo buena doctrina o credo, sino una relación de obediencia y amor. Ortodoxia sola, sin ortopraxis, esta vacía (ver I Cor.13). Un compromiso, teológico, intelectual al monoteísmo (ver Romanos 3:30; I Cor.8:4,6; Efe. 4:6; I Tim.2:5-6) no hace que uno esté bien con Dios. Una Creencia adecuada no puede salvar, ya que ¿Quién tiene, en una humanidad perdida, una perfecta y acertada teología? La salvación a través de Cristo afecta la cabeza (doctrina), el corazón (la deliberada confianza en Cristo) y la mano (el estilo de vida como Cristo).[5] Observe que este Credo es muy fino teológicamente. Por ejemplo es un credo teológico, si siquiera es ateo, o escéptico o agnóstico. No se tiene conciencia de un Dios presente y existente. Por otro lado es un Credo no sólo teológico sino que también epistemológico. Es decir esa capacidad de conocer y saber de la verdad y de Dios mismo. Note que Santiago hace una acotación de a la esencia y unidad de Dios. Muchos han usado este término para refutar el concepto de la Trinidad en la Biblia. Y muchos se han involucrado en tratar de definir un concepto difícil de definir. Es obvio que es más importante describir lo que la Biblia enseña más que armonizar lo que la Biblia dice. Creo que el teólogo Juan Stam tiene mucha razón cuando escribe: “Algunos teólogos han pretendido encontrar la trinidad en el Antiguo Testamento, pero ninguno de sus argumentos convencen. El tema de las escrituras hebreas es el monoteísmo y en su pensamiento no cabía el trinitarianismo, por razones que explicaremos después. Aunque hay pasajes del Nuevo Testamento, especialmente Mateo 28:19, que mencionan al Padre, el Hijo y el Espíritu, esa simple mención no constituye una doctrina de la trinidad. Hay también bastantes pasajes con cierta estructura trinitaria, como Apocalipsis 1:4-5, 1 Corintios 13:14 y Efesios 1:3-14, que invitan a reflexionar sobre una interpretación doctrinal y quizá anticipan alguna explicación más sistemática, pero ni esos pasajes ni otros ofrecen una formulación teológica de la trinidad.”[6]

Al cerrarse el canon del Nuevo Testamento, no existía una concepción clara de las relaciones dentro de la deidad, única e indivisible. Se puede notar, también, que dentro del mismo Nuevo Testamento estaba mucho menos desarrollada la doctrina del Espíritu Santo que la doctrina del Cristo. Tampoco estaba aclarada la relación entre las dos “naturalezas” de Cristo, la divina y la humana (ni aparece el concepto de “naturaleza” de Cristo en el N.T., o de la “esencia” de Dios). La elaboración teológica de esas doctrinas quedó como tareas para la iglesia. Como tal, están sujetas a crítica y rechazo sin negar con eso la enseñanza bíblica.[7]

Luego Juan Stam nos exhorta a una humilde interacción con la doctrina de la Trinidad diciendo: “Aunque nada de eso constituye una doctrina de la trinidad, el Nuevo Testamento establece, me parece, ciertas afirmaciones que la iglesia después intentó relacionar coherentemente. Apenas las voy a mencionar, sin ofrecer pruebas de cada una:

 (1) Hay un solo Dios, indivisible (no puede componerse de tres “partes”). Muy resumidamente, esto puede verse como la enseñanza central de Antiguo Testamento.

 (2) Jesucristo es Dios. Negar la trinidad no es lo mismo que negar la deidad de Cristo, sino negar una cierta explicación de ella. Si Cristo no es Dios, tampoco hay trinidad.

 (3) Jesucristo no es otro Dios, no un segundo Dios. Eso sería un politeísmo inaceptable.

 (4) A la vez, de alguna manera Cristo como Hijo es distinto del Padre. Tiene alguna distinción personal relativa al Padre, con quien tutea (Juan 17 en casi cada versículo, y aun antes de encarnarse). El Padre no nació en Belén ni murió en la cruz.

 (5) El Espíritu Santo también es Dios (Hechos 5:3-4).

 (6) El Espíritu Santo es personal, no una fuerza impersonal (1 Corintios  12:11-12)

 (7) El Espíritu Santo, sin ser otro Dios, en algún sentido es “otro” del Padre y el Hijo. “Os conviene que yo vaya, para que el Espíritu venga” (Cristo va, el Espíritu viene). El Espíritu Santo no murió en la cruz. El Padre y el Hijo envían al Espíritu; el Espíritu es enviado.

Los concilios de la iglesia antigua intentaron armonizar estas afirmaciones, por cierto con mucho lenguaje filosófico muy discutible. Para mí, las siete verdades apuntadas son lo importante, más que la manera de armonizarlas.[8] Una tercera cosa no sólo es una creencia intelectual o un credo intelectual sino una conciencia intelectual.  La expresión “haces bien” implica que se tiene cierta virtud en la creencia de Dios como uno. Pero eso no tiene ninguna relevancia, porque se puede tener conciencia de la existencia de Dios, de la pobreza de ayudar a los pobres, es decir en cierto sentido de ser “buena gente”. La expresión “bien” es la palabra “kalos” en griego. La expresión “kalos” es la palabra típica del NT para describir la cualidad característica de la vida cristiana. Aparece no menos de cien veces. Usualmente, en la Versión Reina Valera Antigua es traducida bueno y, usualmente, honesto (p. ej. Ro. 12:17; 2 Co. 8:21). En este caso, honesto no significa, fundamentalmente, decir la verdad, ya que se usa en el sentido latino de honestus, que significa hermoso, gracioso, agradable a los ojos. En el griego clásico, kalos es una de las palabras más nobles, y no hay nada que, a través de su historia, deje de tener un cierto esplendor. Originalmente se refería a la belleza de la forma. Podía aplicarse a una persona atractiva o a cualquier cosa que fuera bella.[9] Las personas pueden tener una conciencia intelectual doctrinal, pueden verse muy buena gente pero eso no es suficiente para una fe genuina sino que simplemente para una fe diabólica. Es decir es una creencia que no transforma en nada. Hay una manera de creer que es puramente intelectual. Por ejemplo: yo creo que el cuadrado .de la hipotenusa en un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos; y si se me ‘exigiera, podría demostrarlo; pero no tiene la más mínima influencia en mi vida: lo acepto, pero no tiene ningún efecto en mí. Pero por otro lado  hay otra manera de creer. Yo creo que veinticinco y veinticinco suman cincuenta y, por tanto, me niego a pagar más de 50 centavos por dos chocolates que cuestan 25 cada uno. Llevo esa convicción; no sólo en la mente, sino a la vida y la acción. A lo que Santiago se opone es a la clase de creencia que consiste en aceptar un hecho sin dejarle que tenga la más mínima influencia en nuestra vida. Los demonios también están convencidos intelectualmente de la existencia de Dios; de hecho, hasta tiemblan de miedo cuando piensan en Él; pero su creencia no los cambia en lo más mínimo.

En segundo lugar una fe diabólica no sólo puede ser racional, sino que también puede ser sobrenatural. Santiago dice “también los demonios creen”.  Es peculiar entender la mentalidad de los creyentes en los primeros años. La gente estaba consciente de la existencia de un mundo sobrenatural. Especialmente sobre los demonios. ¿Cuáles son las realidades que Santiago nos presenta en este pasaje acerca de los demonios.  Primero la perspectiva Escritural. La palabra DEMONIO aparece más de 68 veces en la Biblia. 4 en el AT y 64 en NT. Además, la palabra ESPIRITU aparece más de 52 en la Biblia. 9 veces en el AT y 43 en el NT aproximadamente refiriéndose a los demonios. Todos los escritores del

Nuevo Testamento habló de ellos, excepto el de hebreos, no obstante menciona al diablo. (Hebreos 2:14) Esto significa que es un tema bíblico y aunque algunos han pensado que no es un tema apto para cualquier hermano, no obstante, el hecho de estar en la Biblia, indica que debe ser estudiado y enseñado como tal.[10] Segundo la perspectiva existencial. El término “demonio” parece ser de origen griego. La palabra fue escrita y pronunciada “dáimon” y desciende del verbo muy antiguo, “daio” que significa “discriminar” o “conocer”. Por lo tanto, dáimon o demonio simplemente indican una persona con inteligencia o conocimiento.[11]  Pero también La palabra demonio viene del griego “daimon”, genio. La palabra griega daímon tiene, sin embargo, antiguo uso en la cultura griega anterior al cristianismo.[12]  Así que según estas definiciones los demonios son seres inteligentes y con conocimientos. No son ideas. No son inventos de los hombres. Sino seres reales. Aunque no hay evidencia que fueran omniscientes como Dios, sin embargo, si son muy inteligentes. Tercero la perspectiva espiritual. Quisiera mencionar algunas ideas que se desprenden de la evidencia de la Biblia. Satanás era el ángel más importante y el más cercano a Dios, pero su orgullo le hizo querer destronar a Dios, querer ser más grande que él, por lo que se rebeló junto con muchos otros ángeles que traicionaron a Dios y le siguieron. Consiguientemente, los demonios son ángeles caídos.  Los demonios son puro espíritu, no tienen forma definida, pero pueden manifestarse con casi cualquier apariencia. Los demonios no pueden usurpar la libertad humana, no tienen dominio sobre el espíritu del hombre y su intelecto, solo pueden influir directamente en su cuerpo físico, e inducirle ideas y emociones, aunque nunca resoluciones morales o espirituales. Los demonios están donde operan, su presencia se da por contacto operativo, están donde obran. Los demonios tienen jerarquías por otro lado los demonios no pueden arrepentirse, su voluntad quedó fija después de su caída, y es por esto que Dios no los perdona. Los demonios son absolutamente malvados, se han identificado por completo con el mal.  Los demonios se odian entre sí, odian a Dios más que a nada, y sus vínculos de obediencia se dan principalmente por el miedo que los inferiores tienen a los superiores. La finalidad de los demonios es separar al hombre de Dios, llevarlo a la muerte espiritual a través del pecado.  Los demonios tienen una inteligencia muy superior a la humana, que comprende las cosas de forma directa antes que por encadenamiento inferencial.  Los demonios solo poseen a alguien cuando la persona, consciente o inconscientemente, les habré la puerta. Sus formas de influencia se pueden dividir en: infestación de lugares, objetos y animales; obsesión (pensamientos y deseos recurrentes inducidos por el demonio); opresión (el demonio atormenta a la persona sin llegar a poseerla); y posesión (el demonio toma control de la persona).[13] Una fe diabólica entonces no sólo es intelectual, sobrenatural sino también experimental.  La última expresión de este pasaje aparece al final del texto y dice: “y tiemblan”. Esto es una manifestación visible de una experiencia. La palabra tiemblan en griego es el palabra “phrisso”, la palabra se puede traducir como terror, pánico, sudar helado con escalofríos. Notemos que los demonios sienten emocionalmente ante la presencia de Dios, pero no necesariamente porque tiemblan o hay una manifestación carismática visible ellos son nacidos de nuevo.

Así que entonces el NT, especialmente los evangelios, aseguran la existencia y oposición de seres espirituales malvados contra la humanidad y YHWH. (En el judaísmo, Satanás era un enemigo para la humanidad, no para Dios). Ellos se oponían a la voluntad de Dios, reglas y reino. Jesús confrontaba y expelía esos seres demoniacos de los humanos, también eran llamados (1) espíritus inmundos, ver Lucas 4:36; 6:18, o (2) espíritus malos ver Lucas 7:21; 8:2. Jesús claramente hizo una distinción entre enfermedad (física y mental) y los demonios. El demostró Su poder y perspicacia espiritual reconociendo y exorcizando esos espíritus malvados. Ellos a menudo le reconocían e intentaron dirigirse a Él, pero Jesús rechazaba su testimonio, demandaba su silencio y les expelía. Los exorcismos son una señal de la derrota del reino de Satanás. Existe una sorprendente carencia de información en las cartas Apostólicas del NT sobre este tema. El exorcismo nunca es listado como un don espiritual ni es una metodología o proceso dado para futuras generaciones de ministros o creyentes.  El maligno es real; la maldad es personal; la maldad está presente. Ni su origen ni su propósito esta revelado. La Biblia asegura su realidad y agresivamente se oponen a su influencia. No hay máximo dualismo en realidad. Dios está en absoluto control; el maligno esta derrotado y juzgado y será removido de la creación.

[1] Cevallos, Juan Carlos. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, Judas. Editorial Mundo Hispano, USA. 2005. Pág. 170

[2] Carballosa, Fe en Acción. Pág. 156

[3] https://gfcastellanos.wordpress.com/2009/02/24/el-autentico-intelectual-y-la-fe-en-dios/

[4] Ibíd.

[5] http://www.freebiblecommentary.org/pdf/spa/VOL11_spanish.pdf.  Pág.  42

[6] http://juanstam.com/dnn/blogs/tabid/110/entryid/285/default.aspx

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] http://www.iglesiareformada.com/Barclay_Palabras_Griegas_del_NT.pdf.  Pág.57

[10] http://chaveztorres.files.wordpress.com/2011/02/veinte-cosas-que-usted-deberia-saber-sobre-los-demonios.pdf

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] http://www.demonologia.net/que-son-los-demonios/

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