Cita con el destino II parte


En tercer lugar detecta lo que te estorba y deshazte de ello.

Dice 1 Samuel 17:39: “… Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas”. Los  que quieren cumplir con su destino en Dios son siempre creyentes que están dispuestos a cumplir con la voluntad de Dios en su vida y a través de ella. Se ven a sí mismos como instrumentos en las manos de Dios. Cuando Él les ofrece una oportunidad, pequeña o grande, no la rechazan, ni la postergan, la aprovechan. Es decir debemos movernos bajo principios. David fue un seguidor  de principios. Sabía quién era y sabía lo que quería. Se conocía a sí mismo, conocía a su prójimo y conocía a Dios.  ¿Cuáles fueron esos principios? David era directo. “Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto porque nunca lo practiqué” (17:39). Al ver la buena disposición de David, el rey Saúl quiso ayudarlo facilitándole el uso de su atuendo de guerra (17:38). De parte del rey este era un gesto amable y de consideración, sin restarle que conllevaba un enorme privilegio para un soldado ponerse los aparejos militares de su rey. El ungido se dejó vestir por el no ungido, pero pronto tuvo que quitarse los atuendos de él. Los no ungidos muchas veces nos tratarán de vestir con sus tradiciones o con su liberalismo; pero el ungido es moderado, no va ni a un extremo ni al otro. David fue humilde y se sometió a la voluntad de Saúl. No quiso ser descortés. Después de tener todos estos aparejos de combate puestos, se dio cuenta de que esto no era para él. A Saúl ese ropaje militar, con la coraza y el casco, le servía bien. Le era como anillo al dedo. Para David  le era un estorbo. Y todo lo que le estorba al ungido, él lo rechaza. Quiere ser sensible y flexible. Se niega a todo lo que le pueda quitar la bendición. David tiene que hablarle con franqueza a Saúl. Estas fueron sus palabras: “Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué” (17:39). Desde luego, Saúl al ponerle ese uniforme a David no pensó bien. A un soldado no se le puede dar un rifle y granadas si no se le entrena primero. De un pastor de ovejas Saúl quería hacer un soldado entrenado. Además, este atuendo militar representaba la confianza humana más que la confianza en Dios. Saúl había perdido su confianza en Dios y confiaba demasiado en la mano del hombre, más que en la mano de Dios. La franqueza es muy importante en la vida y en las relaciones de los ungidos. Cuando ellos hablan lo hacen de corazón. No hacen alardes y no les interesa impresionar a alguien, sino agradar a Dios. Segundo, David era decidido. “Echó de sí aquellas cosas”. Eso implica que tomó una decisión en presencia del  rey y menospreció la decisión del rey en su vida. El está pensando en Dios y su pueblo y  por eso sus decisiones son para agradar a Dios y no al rey. Tercero David, era determinado. El hecho de que esas cosas sean apartadas o echadas implica despojo, pero por otro lado confianza en Dios. Porque él está determinado a pelear con Goliat, pero a su estilo.

En cuarto lugar, escoge bien tus armas

Dice 1 Samuel 17:40… Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano”

 (17:40). David  volvió a su estilo: “tomó su cayado en su mano”. El cayado era su instrumento pastoril. Símbolo de su autoridad y de su poder. A David  le interesa estar vestido de autoridad y de poder. Al enemigo se le hace frente con este cayado de autoridad. Del permiso divino y de poder, de la ejecución divina. David sabía quién era en Dios y lo que tenía de Dios. Luego “escogió cinco piedras lisas del arroyo”. No escogió piedras cualesquiera, sino piedras lisas para ser utilizadas en el momento de Dios. Cada una de estas cinco piedras calificaba para ser echada en el zurrón, metida en la honda y disparada a la frente del gigante. Las cinco piedras eran importantes para Dios y de utilidad para David. De las cinco, una sería la elegida para ser usada en esta famosa historia. Lo interesante es que no sabemos cuál de las cinco fue, pero una de ellas hizo historia y las otras cuatro siguen siendo recordadas. Sin embargo, estas cinco piedras no siempre fueron así. Primero, fueron formadas por el tiempo y la paciencia. A Dios hay que darle tiempo en nuestra formación y ser pacientes con su obra que a veces es lenta, también fueron  quebrantadas rodando y manteniéndose quietas. Quietos o rodando, el Señor Jesucristo en el río del Espíritu Santo nos quebranta. Por otro lado el paso del agua sobre ellas las fue suavizando y puliendo. Las pruebas nos ayudan a manifestar más el carácter de Jesucristo en nuestra vida. David supo escoger las cinco piedras. Dos requisitos tenía en mente. Primero, que fueran del arroyo. Segundo, que fueran lisas. Porque podían ser del arroyo y no ser lisas, o ser lisas y no ser del arroyo. Los que cumplen el destino de Dios  saben qué escogen para utilizar en el ministerio. Van siempre al arroyo de Dios para buscar lo que quieren. Sin oración, sin ayuno, sin lectura de la Biblia, sin asistencia a las reuniones del templo, no podemos encontrar las piedras lisas que necesitamos para ministrar y actuar como ungidos.

Quinto,  Encamínate hacia tu destino

(1 Samuel 17:40… Y se fue hacia el filisteo) Dios tiene un propósito nuestras vidas, las situaciones que pasamos son para prepararnos para el cumplimiento de nuestro destino, pero depende de nosotros elegir el camino y tomar las mejores decisiones para su cumplimiento. Leemos del ungido: “y se fue hacia el filisteo”. En vez del filisteo venir al ungido, este se fue a su encuentro. Luego más adelante en 1 Samuel 17:48 leemos: “Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa y corrió a la línea de batalla contra el filisteo”. El filisteo se quiso adelantar en la pelea, quería atacar primero. Pero David  no estaba dispuesto a ser atacado primero, sino que salió al ataque. Los que cumplen el destino de Dios en sus vidas,  no se cruzan de brazos esperando que los enemigos ataquen, se les enfrentan con valentía y determinación. ¿Cómo me encamino a mi destino?

Primero dese prisa “David se dio prisa” (17:48). Si algo caracteriza a los hombres y mujeres de Dios es su sentido de urgencia. No posponen sus responsabilidades. Cuando se les delega alguna misión o tienen que realizar alguna tarea, sincronizan su tiempo. En la vida hay muchas cosas que hay que realizarlas con “prisa”. El factor tiempo puede ser nuestro amo o puede ser nuestro siervo. Todo depende de nuestra actitud. En Efesios 5:15–16 leemos: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”. En Colosenses 4:5 dice: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo”  En ambos pasajes se nos enseña lo importante de la mayordomía que hagamos del tiempo. A todos Dios nos da la misma cantidad de tiempo, pero a unos le rinde más y a otros menos. Esto se debe al orden de las prioridades. El éxito en la vida es de los que saben priorizar sus asuntos. Le dan el tiempo a lo que le corresponde y no lo desperdician en cosas que no valen la pena. Para  David era importante, era prioridad, darse “prisa” y enfrentar al gigante. Era algo que en su corazón lo sentía así. Muchos esperaron cuarenta días y nada hicieron, pero David  en un solo día lo quiere hacer todo. Los hombres y mujeres de Dios que han sido ungidos para hacer su voluntad se entusiasman por cumplir con el propósito de Dios en sus vidas. El salmista David en el Salmo 138:8 dijo: “Jehová cumplirá su propósito en mí”. Para cada ungido, Dios tiene un propósito, pero queda de nuestra parte si con nuestra contribución de tiempo y energías le permitimos a Dios hacernos instrumentos de su voluntad. Usted y yo podemos llegar a ser la voluntad de Dios para que otros sean bendecidos, guiados, enseñados, evangelizados y discipulados. “Dése prisa” en hacer la voluntad de Dios. Entienda que Dios lo quiere usar, pero no lo hace porque usted no se da prisa para que Él lo haga. “Dése prisa” en manifestar el don que hay en usted. A cada creyente se le ha dado por lo menos un don. En 1 Corintios 12:7 leemos: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”. Dios le da oportunidades para que ejercite y manifieste el don que hay en usted. Pero apúrese en hacerlo. Basta ya de estar orando para que el Señor lo use, déjese usar por el Espíritu Santo. “Dése prisa” en hacer las cosas. Deje de estar posponiendo las cosas para después. Con eso la retrasa, se retrasa usted y retrasa a otros. Siempre pregúntese: ¿Lo que voy a hacer es importante para mí, para mi prójimo y para Dios? “Dése prisa” en tomar iniciativa. Hombres y mujeres con iniciativa son los promovidos en el mundo secular y en el reino de Dios. Los que son lentos en hacer lo que Dios ordena y perezosos en representar los negocios de Él, difícilmente llegarán a ser para nuestro Señor Jesucristo lo que Él desea que sean.

Segundo acuda a la cita. Este es un sentido de presencia. “Y corrió a la línea de batalla contra el filisteo” (17:48). El hombre de Dios  es alguien que se mueve con metas en la vida. Las metas a corto plazo llevan a las de largo plazo, y estas últimas llevan al éxito. ¿Quiere tener éxito en su vida? Póngase metas. Propóngase alcanzar y realizar algo. Despierte al camino del éxito y de la felicidad. Deje ya de vivir condicionado por “no puedo” y “no tengo”. Hable el lenguaje del ungido: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Empiece a confesar las promesas de Dios para su vida. Niéguese a ser esclavo de las derrotas y a estar preso en la cárcel de las dudas. Ha sido destinado por Dios para llevar una vida victoriosa y llena de fe. La meta del ungido era llegar a la línea de batalla y no dejar que el filisteo se le adelantara. Si no se mueve en esta vida otros llegarán antes que usted a la línea de batalla. El primero que llegue tiene más oportunidades de triunfar. Humana y sociológicamente, David era de la minoría y el gigante de la mayoría. Pero el se negó a dejarse condicionar por su condición de minoría. Por encima de sus desventajas sociales, veía sus ventajas espirituales. En su espíritu era libre para realizarse. Sabía quién era en Dios. Sabía que Dios y él cambiarían las cosas. Hágase socio con Dios en la realización de su voluntad. Muchos no se superan en la vida porque viven encerrados en su cuarto de un pasado fracasado. No miran al futuro, se mueven siempre mirando al pasado. Entran al futuro vestidos con los harapos de su pasado. Tenemos que olvidar el pasado lleno de sinsabores, derrotas, heridas, malentendidos, traiciones, hipocresía, rechazo, y con esfuerzo y determinación movernos a la conquista del futuro. Si Cristo lo asió, también puede asir todo lo que Él tiene para usted. El éxito, la victoria, el triunfo, la promoción, la graduación, la vida de plenitud es de usted. No es un gusano del infortunio, es un proyecto de Dios. Con el favor de Él, usted es una mariposa en su jardín de flores olorosas .Mírese como Dios lo ve y no como los demás lo describen o lo han definido. Su opinión acerca de sí mismo se modificará por la manera cómo se alimente de la Palabra. “Corra a la línea de batalla” y enfrente ese Goliat que le está haciendo daño a su matrimonio. No le huya a los problemas, confróntelos. Mire a ver qué es lo que ha estado afectando la intimidad en su relación conyugal. ¿Por qué están enojados el uno contra el otro? ¿Qué cambios los están perjudicando? ¿Por qué ya no hay diálogo amoroso? No deje que Goliat destruya su matrimonio, destrúyalo a él con el poder de Dios en su vida. “Corra a la línea de batalla” y enfrente ese Goliat que está afectando sus relaciones familiares. ¿Por qué hay tanto enojo entre los padres y los hijos? ¿Cuándo se sentaron por última vez para tener una conversación amistosa? Hijos, ¿por qué se rebelan contra sus padres? ¿Por qué detesta a su hermano? “Corra a la línea de batalla” y enfrente a ese Goliat que lo está afectando. ¿Por qué se enoja tanto? ¿Por qué no saca esa raíz de amargura que lo está asfixiando por dentro? ¿Por qué deja que su temperamento lo controle en vez de usted controlarlo a él? Deje ya de correr de la línea de batalla, es tiempo de que corra a la línea de batalla. Los cobardes huyen de los problemas, los valientes los confrontan. No huya de su matrimonio, no huya de su trabajo, no huya de su familia, no huya de su ministerio, no huya de sus responsabilidades. “Corra a la línea de batalla” y enfrente las cosas con fe. La fe quita el temor y lo hace actuar con valentía. “Corra a la línea de batalla” y resuelva los problemas con oración. Con la oración puede mover la mano de Dios y puede actualizar su voluntad a favor de usted. “Corra a la línea de batalla” y deje atrás sus temores con la alabanza. En medio de todo, alabe a Dios. Cuando las cosas le salgan mal alabe a Dios. Cuando no encuentre la salida a sus temores, alabe a Dios. Alábelo por la mañana, al mediodía, en la tarde, en la noche, alábelo todo el tiempo

Tercero, termine lo que empieza. Este es un sentido de competencia. La terminación del ungido “e hirió al filisteo en la frente… y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza” (17:49, 51). El hijo de Dios  termina lo que comienza. Esta es una de las cualidades de los que han sido ungidos para una misión especial de Dios. Al final confirman con sus acciones lo que dijeron con sus palabras. David no era un volcán emocional, era una montaña. Al enfrentar a Goliat no se movió por emoción, lo hizo por unción. La visión para materializarse debe ser promovida y movida por la unción. Los no ungidos hablan mucho, pero al momento de actuar hace poco o nada. Hablan muy bien de la visión, pero no la actualizan. Por un momento visualicemos lo que hizo el ungido. David comienza a caminar apresuradamente, va ligero, en su mente está avanzar. De momento se echa a correr hasta llegar a la línea de combate. Allí mete su mano en la bolsa y extrae una de las cinco piedras lisas que tomó del arroyo. La pone en su honda, la hace girar, suelta una tira de cuero y la otra permanece atada a su muñeca derecha. La piedra surca el aire con la fuerza de una bala. La misma unción de Dios la dirige. Hasta que llega y se incrusta en el único lugar que el filisteo tenía desprovisto de protección: una pequeña apertura en su casco de guerra que dejó al desnudo su frente. Es tal el impacto de la piedra que el gigante cae. Dios lo hace humillarse y comer del polvo de la tierra. El momento está lleno de emoción, pero el ungido controla sus emociones. Sabe que tiene que terminar lo que comenzó. La emoción del momento no lo debe sacar de su unción. El diablo sabe entretener a los ungidos y mediante la emoción alejarlos de la unción. Una vez más el ungido se echa a correr. La unción todavía lo mantiene activo. Llega al filisteo, le saca la espada (17:51) y le corta con ella la cabeza. En todo este proceso se cumple la confesión de fe del ungido: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza” (17:46). El resto de la historia nos presenta a los filisteos que huyen y son atacados por los soldados israelitas (17:51–52), y su campamento saqueado (17:53). Por causa del ungido, el enemigo y sus aliados son derrotados. Con la caída del “hombre fuerte”, vencen a sus asociados. La guerra espiritual se concentra en identificar atar y desarmar al “hombre fuerte” en su fortaleza de operación espiritual. Pero antes de que un creyente emprenda una guerra espiritual contra las fortalezas enemigas, atando y desatando cosas en el reino espiritual, tiene que librar en su vida una de las guerras espirituales más grandes: tiene que atar envidias, celos, rebeliones, chismes, enojos, contiendas, hipocresía, carnalidad, disoluciones, pleitos, tacañería, dudas, ambivalencias, heridas emocionales, complejos, racismos, discriminación, y muchas otras cosas. También tiene que desatar muchas cosas: gozo, paz, amor, fe, paciencia, benignidad templanza, mansedumbre, bondad (Gá. 5:22–23), autocontrol, positivismo, determinación, realización, superación, valentía, decisión, bendiciones, dones, y muchas otras cosas.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: