La fe sin favoritismo III parte


II. En segundo lugar necesitamos enfrentarnos a la DECEPCIÓN del favoritismo (4-7)

Santiago ahora va pasar un examen que consta de cuatro  preguntas retóricas, que desde su perspectiva ya tienen su respuesta. Este examen tendrá su enfoque en establecer que si uno favorece al de recursos, está en peligro de que ese “rico” no sea favorable con el que le favorece. Cada una de estas preguntas representa en cierto sentido lo decepcionante del favoritismo en la iglesia. El favoritismo demuestra…

 A- Superficialidad (vrs.4)

 “No hacéis distinciones”. Hacer la pregunta ya es contestarla. Los versículos 4 y 5 son preguntas con un sí como respuesta esperada. Los creyentes fueron y son culpables por mostrar distinciones y favoritismos. “Distinciones” es una palabra compuesta por la palabra día (a través) con krina (juez). Carballosa comenta que el uso de la partícula negativa con que comienza la pregunta  sugiere que sus lectores  tienen que admitir que la evaluación  hecha por el apóstol es correcta. La respuesta a dicha pregunta tiene que ser positiva[1]. El verbo “distinción” se puede traducir como discriminación. Y según Santiago discriminar es actuar  incongruentemente en relación con la fe cristiana. La práctica del favoritismo contradice la ética de la Biblia. Así que hacer distinciones entre los creyentes es tener una fe muy superficial que sólo se fija en la apariencia.   ¿Por qué es somos tan superficiales con respecto a las apariencias? Primero la superficialidad es contraria al  criterio cristiano. En el ejemplo de la sinagoga que Santiago ofrece es evidente la distinción entre los adversarios. Uno es un rico con anillo de oro, literalmente, “con dedo de oro”, evidentemente haciendo referencia al tamaño del anillo. El otro es un pobre con vestido sucio, literalmente un mendigo con ropa “llena de tierra, inmunda”, en contraposición a la “ropa lujosa” del rico, literalmente, “brillante, deslumbrante” (Lucas 23:11; Hechos 10:30). El problema no es que los adversarios sean tan distintos, el problema es la actitud diferenciada que los jueces tienen frente a ellos. Al que lleva la ropa lujosa y el anillo de oro se lo “atiende con respeto”, literalmente se lo “mira con buenos ojos”, epiblepein, se lo mira bien, se lo atiende, se lo considera, se lo toma en cuenta. Al que lleva la ropa sucia, al mendigo, ni siquiera se lo mira, se le habla con rudeza,  se le dice: Quédate allí de pie o “Siéntate en el estrado”, es decir, el estrado del asiento del juez o, lo que sería peor, el estrado del asiento del propio rico. La traducción de RVA a mis pies no toma en cuenta la palabra jupopodion, que RVR-1960 traduce “estrado”. De todas maneras, el lugar donde el pobre debe sentarse, si acaso fuera posible hacerlo, es un lugar muy poco privilegiado[2]. La parcialidad es evidente. En nuestras iglesias sucede lo mismo hoy. Muchas veces el criterio para que una persona sea visible y vista en la congregación depende de su estatus y de su apariencia ostentosa.  Por otro lado la superficialidad no sólo es un mal criterio, sino que también la superficialidad contraria al carácter cristiano. Debemos recordar que Jesús había condenado a quienes buscaban los primeros lugares para sentarse en las sinagogas (Lucas 11:43; 20:46), y recomendó a sus discípulos que, al ir a una fiesta, se sentaran en los últimos lugares para que, cuando venga el dueño de casa, ponga a cada uno en el lugar que se merece. La sinagoga que Santiago toma como ejemplo no recuerda ni pone en práctica estas enseñanzas de humildad que dejó el Señor. Recuerde que la superficialidad se da “entre ellos mismos”. Es decir simplemente ocasionaba una herida en la iglesia.  Por otro lado la superficialidad es contraria a contenido cristiano. «Dios -decía Abraham Lincoln- tiene que querer mucho a las personas sencillas, porque ha hecho un montón.» El Evangelio siempre ha concedido prioridad a los pobres. En el primer sermón de Jesús en la sinagoga de Nazaret, su proclama fue: « ¡Dios me ha ungido para que les anuncie la Buena Noticia a los pobres!» (Lucas 4:18). Su respuesta a la pregunta del perplejo Juan de si era Él el Escogido de Dios culminó en la afirmación: « ¡Y a los pobres se les proclama el Evangelio!» (Mateo 11:5). La primera de las Bienaventuranzas fue: « ¡Bienaventurados los pobres- en espíritu, porque suyo es el Reino del Cielo!» (Mateo 5:3). Y Lucas es aún más concreto: ¡Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios!» (Lucas 6:20). Durante el ministerio de Jesús, cuando le cerraron las puertas de las sinagogas y salió a los caminos, los cerros y las costas, fue a las multitudes de hombres y mujeres corrientes a los que dirigió Su mensaje. En los días de la Iglesia Primitiva era a las multitudes, a las que se dirigían los predicadores callejeros. De hecho, el Evangelio proclamaba que eran los que no les importaban a los poderosos ni a los ricos los que le importaban supremamente a Dios. «Porque, hermanos, tened presente quiénes sois los que Dios ha llamado –decía Pablo-: no había muchos entre vosotros que fuerais lo que el mundo considera sabios, o poderosos, o aristócratas» (1 Corintios 1:26). No es que Cristo y la Iglesia no quieran a los grandes y a los ricos y a los sabios y a los poderosos; tenemos que estar en guardia contra la cursilería contraria, como ya hemos visto. Pero estaba claro que el Evangelio ofrecía tanto a los pobres y exigía tanto de los ricos que eran los pobres los que estaban más dispuestos a entrar en la iglesia. Era también la gente corriente la que escuchaba a Jesús de buena gana, y el joven rico el que se retiró con tristeza, porque tenía muchas posesiones. Santiago no les cierra la puerta a los ricos ni mucho menos; _ está diciendo que el Evangelio de Cristo les resulta especialmente atractivo a los pobres, porque son bien recibidos los que no tenían a nadie que los recibiera, y porque se sienten apreciados los que el mundo considera que no valen nada.[3] Por último la superficialidad es contraria a la convicción cristiana. Quizá lo que falla en estos jueces no sean los criterios sino los motivos. Cuando los motivos son sucios es difícil tener criterios rectos (Mat. 15:19; Mar. 7:21). Sean criterios o motivos, son malos. Razonar y juzgar no es necesariamente malo cuando se hace con corrección. Lo malo de juzgar es cuando se hace con criterios o motivos malos. Lo que hace falta en la vida del cristiano es imparcialidad. La imparcialidad nace de la entereza del espíritu, de la firmeza de la voluntad, de la independencia de la mente y de la resolución de no tomar partido por el rico porque es rico o por el pobre por ser pobre. Sólo un espíritu imparcial lleva dentro de él el espíritu del glorioso Señor Jesucristo.  Me parece mu y curioso que la expresión aquí para pensamientos es dialogismon, lo que expresa  un hablar entre varios expresando la opinión de alguien que ha entrado en la congregación. Es como un “cuchicheo” o una murmura a baja escala, que ya establecido un juicio. Así que la primera pregunta batalla contra la superficialidad.

 B. Superioridad (vrs. 5)

La segunda pregunta retórica ataca el sentido de superioridad en la iglesia. Primero ha sido el sentido de superficialidad y ahora va con el sentido de superioridad.  ¿Qué es superior ante los ojos de Dios? ¿Es lo mismo ante los ojos de los hombres? Ahora Santiago está listo para avanzar su argumento un poco más: El que hace distinciones a favor del rico no se da cuenta de que en realidad Dios mismo ha elegido a los pobres. Dios los ha elegido no porque tengan algo particular que les distinga, sino justamente porque no tienen nada. Porque no tienen nada ni a nadie, ahora tienen a Dios de su parte. Los pobres, por eso, son los herederos del reino y los verdaderos ricos, porque son ricos en fe.

Santiago se da cuenta de que su argumento es fuerte y que será resistido por los ricos injustos y por la clase dirigente de las sinagogas. ¿Qué hace la superioridad? Primero la superioridad nos ensordece. Por eso comienza con la exhortación: oíd. Lo que nos recuerda la expresión de los profetas: “oíd la palabra del Señor” (Isaías. 66:5; Amós 5:1; Miqueas. 6:1,) y la expresión de Jesús “el que tiene oídos, oiga” (Mateo 11:15; 13:9; Marcos  4:23; 7:16; Lucas 8:8). La dura reprimenda que Santiago va a dar a los jueces con malos criterios y a los ricos insensibles, sin embargo, no será dada con la furia profética de Amós o de Isaías, sino con el amor de un pastor que sufre por su rebaño. El apóstol llama la atención  de sus lectores con un aoristo imperativo que contiene la idea de urgencia. Por eso, Santiago se apresura a agregar: amados hermanos míos. En 15 ocasiones en su epístola utiliza Santiago la expresión “hermanos”: en 4 de ellas es simplemente “hermanos”, en 8 ocasiones utiliza la expresión “hermanos míos” y sólo en 3 “hermanos míos amados”. Esta es una de ellas. Luego de su amorosa expresión queda claro que lo que impulsa a Santiago es el amor de Cristo. Como un verdadero padre, Santiago amonesta a sus hijos no para destruirlos sino para corregirlos, para instruirlos en la verdad y hacerlos caminar derecho en los caminos de Dios.[4] Segundo la superioridad nos entorpece.   Una vez más utiliza Santiago el recurso de la pregunta retórica, en este caso con la ventaja que en el griego se puede construir una pregunta retórica para que tenga contestación afirmativa. ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo…? podría también traducirse: “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo…? La respuesta implícita a la pregunta es: “Obviamente, sí”. Santiago no duda que Dios haya elegido a los pobres, lo afirma taxativamente a través de su pregunta retórica. Es interesante que para el verbo “elegido” Santiago utilice una forma que indica que Dios los ha elegido “para sí mismo”. El verbo es el mismo que se utiliza en el AT para indicar la elección que Dios hizo de Israel (Deuteronomio 4:37; 7:7; 14:2; 18:5), y en el NT la elección de los cristianos (1 Corintios 1:27, 28; Ef. 1:4). Del mismo modo, la elección de Dios recae sobre los pobres como algo para sí mismo.[5] Así que el escoger a un rico por sobre el pobre implica ser tan torpe al pensar que Dios también lo escoge por sobre los pobres.  Tercero, la superioridad nos ensoberbece. La expresión “pobres de este mundo probablemente intenta traducir al griego la expresión hebraica que usualmente se traduce en el AT como “pobres de la tierra” (Job 24:4; Prov. 30:14; Isaías 11:4; Jeremías  40:7; Amós 8:4). Es muy claro en todo el AT que Dios ha elegido al pobre. Las estipulaciones de la ley de Moisés contra aprovecharse del pobre también señalan la preferencia de Dios por los pobres, y la defensa que Dios mismo hace de ellos. Es paradigmático el texto de Éxodo 22:25–27 “Si das prestado dinero a algún pobre de mi pueblo que está contigo, no te portarás con él como usurero, ni le impondrás intereses. Si tomas en prenda e manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol. Porque eso es su única cubierta; eso es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué más ha de dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso”. La implicación del texto es clara, quien se pone en contra del pobre se pone en contra de Dios. Es Dios mismo quien defiende al pobre porque el pobre no tiene otra defensa. Muchos otros textos del libro de Levítico llevan la misma connotación (Levítico 19:10; 23:22; Deuteronomio 15:11; 24:12–15). También tiene la ley estipulaciones en contra de favorecer al pobre en el juicio, sólo porque es pobre (Éxodo 23:3; 30:15). El propósito  de la ley es la igualdad y la imparcialidad. Quizá ningún texto sea tan claro como Levítico 19:15, “No harás injusticia en el juicio. No favorecerás al pobre, ni tratarás con deferencia al poderoso. Juzgarás a tu prójimo con justicia”.[6] Esto es justamente lo que las sinagogas del tiempo de Santiago no estaban haciendo. Ellos no estaban siendo justos en sus juicios, sino parciales. Es un hecho humano que la parcialidad casi siempre se incline hacia los ricos. Y esto es hacerse soberbio debido a que Dios prefiere a los pobres. [7] Los pobres siempre se han sentido rechazados por la religión  “oficial”; pero eran increíblemente aceptados y adoptados por Jesús. El pobre  aceptaba alegremente a Cristo, mientras los ricos tendían a confiar en los  recursos propios (ver Mat.19:23-26). Esto no es para implicar que cada pobre es salvo, sino que seguramente son bienvenidos a venir a Jesús. La mayor parte de  los de la iglesia primitiva eran de las clases más pobres de la sociedad. Las Escrituras hablan acercan de los creyentes que heredan muchas  cosas por su relación con Jesús quien es heredero de todas las cosas (ver  Heb.1:2), y ellos son como coherederos (ver Rom.8:17; Gal.4:7) de: (1) El reino (ver Mat.25:34; I Cor.6:9-10; 15:50) (2) Vida eterna (ver Mat.19:29) (3) Las promesas de Dios (ver Heb.6:12)  (4) La protección de Sus promesas (ver I Pedro 1:4; 5:9. “el reino” Esto es una frase clave en los Evangelios Sinópticos. El primero y último de los sermones de Jesús, muchas de sus parábolas lidiaban con este tema. La frase se relaciona con el empuje escatológico (fin de los tiempos) de las enseñanzas de Jesús (seguido de Santiago).

 C. La Selectividad (vrs. 6)

La partícula  conjuntiva “pero” marca el contraste  entre la actitud  de Dios hacia los pobres y la de la congregación cristiana. El pronombre “vosotros” (humeis) es enfático ya que gramaticalmente no es necesario  en la oración. Es como si Santiago dijese: “Dios hizo esto” pero “vosotros” habéis  hecho  esto otro.  El verbo deshonrado (etimasete) está en el tiempo aoristo, voz activa, y modo indicativo. En el acto de descortesía y discriminación, la congregación había demostrado  una actitud de desprecio  hacia el hombre pobre. Aquellos que Dios ha elegido han sido “deshonrados” por los que profesan conocer a Dios. La congregación había dado un  trato vergonzoso al pobre que había hecho su entrada en la asamblea.[8] El maltrato no había sido físico, pero sí moral, emocional y espiritual. Así que la selectividad había sido primero en actitud. Santiago se aboca directamente a este asunto del favoritismo. Su intención es la de arrancarlo de raíz del suelo de la iglesia cristiana emergente. Es importante observar que la palabra “ricos” se usa en el NT para describir personas ricas en bienes materiales. Y Santiago usa la palabra con referencia a una clase social, no para indicar todo individuo que posee riquezas. Es decir Dios no condena al rico por ser rico, sino por ser injusto y falto de misericordia hacia los pobres y por adorar las riquezas.

Al leer estos textos uno se pregunta qué ha pasado con la iglesia cristiana que a 21 siglos que estas palabras de Santiago se escribieran, todavía siguen existiendo estas distinciones y estas injusticias entre hermanos. La situación de las sinagogas de Santiago no es muy diferente de las terribles injusticias que todos los días se viven en distintas partes de nuestra América Latina. Uno se pregunta, además, qué hace falta para que los cristianos de hoy denunciemos el pecado con mayor empeño, a la vez de hacerlo con el mismo amor con que Santiago lo hace. Santiago es un gran ejemplo para los pastores de hoy. Nos enseña cómo tratar las situaciones de injusticia con firmeza y amor.

 D. La Severidad (vrs. 7)

La mayoría de los comentaristas identifican a estos ricos como unos que no pertenecían a la comunidad cristiana. Si ese fuera el caso, habría también que entender que los tribunales delante de los cuales arrastran a los pobres son tribunales civiles, que no pertenecían a la comunidad cristiana. Como ese no es el caso, sino que los tribunales y los jueces son evidentemente de la comunidad cristiana, no hay otra posibilidad que entender a estos ricos como cristianos. Los que oprimen al cristiano pobre son los cristianos ricos. Los que arrastran al cristiano pobre a los tribunales cristianos son los cristianos ricos, y los jueces cristianos son los que miran con parcialidad a los cristianos ricos. Esto es para Santiago lo verdaderamente escandaloso, y por eso lo denuncia con fuerza y dureza. La actitud de ellos es tal que blasfeman  ellos el buen nombre que ha sido invocado sobre vosotros.[9]

En resumen, el apóstol Santiago afirma que el creyente debe tener una fe sin favoritismo porque no armoniza con el carácter  electivo de Dios. Dios ha elegido a personas pobres,  según el criterio del mundo para que sean ricos en fe y hereden Su reino de gloria. La elección divina no se basa en apariencias externas ni en obras humanas. Dios no practica el favoritismo ni la discriminación. Tanto el creyente en lo personal como la congregación en general, deben practicar la ética bíblica que no hace acepción de personas.

[1] Carballosa, Fe en Acción. Pág. 132

[2] http://www.freebiblecommentary.org/pdf/spa/VOL11_spanish.pdf

[3] Barclay, William. Comentario Bíblico al NT, Santiago y 1 de Pedro. Vol. 14 pág. 33

[4] Cevallos, Juan Carlos. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, Judas. Editorial Mundo Hispano, USA. 2005. Pág. 161

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[8] Carballosa, Fe en Acción. Pág. 136

[9] Cevallos, Juan Carlos. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, Judas. Editorial Mundo Hispano, USA. 2005. Pág. 163

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