Fe sin favoritismos II parte


  1. Al antecedente del favoritismo

La expresión “la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo” podría traducirse de diversas maneras: (1) “la fe en la gloria de nuestro Señor Jesucristo”, (2) “la fe en nuestro Señor de gloria, Jesucristo”, (3) “la fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo” y (4) “la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo”. Las cuatro maneras de traducir la frase tienen sutiles distinciones teológicas. No sólo por razones teológicas, sino también textuales, la traducción que presenta la RVA es la mejor. La expresión no se refiere a la fe personal del creyente, ni siquiera a la fe personal del propio Señor Jesucristo. La frase se refiere simplemente a la fe cristiana. Nuestra fe cristiana es la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo. Esta fe no puede estar mezclada con parcialidad, dice Santiago. Mientras estuvo en la tierra, Jesucristo fue él mismo un ejemplo de imparcialidad.[1]

Así que para Santiago el favoritismo la medicina es entender que nuestro antecedente es la persona de Jesús. Comparándonos con el nadie es superior.  Observe como el antecedente de Cristo demuele el favoritismo.

Primero, la gracia de Jesús. Jesús tuvo gracia para todos. La parcialidad es contraria a la fe porque significa que uno está haciendo distinción entre personas que Dios acepta como iguales. Jesús por medio de sus actos demostró  que Dios se interesa igualmente por todos los hombres. El nunca  rechazó a un pobre a causa de su pobreza o aceptó a un rico por su riqueza. Nunca despreció  a un gentil, ni  a un samaritano  y estaba dispuesto a sentarse en la mesa con gente pecadora igualmente que con aquellos que confiaban en él. La gracia hace del cristianismo humilde, porque nadie merece el favor de Dios por méritos propios aparte de una decisión de Dios que nos regala su favor. Segundo la gloria de Jesús.   El hecho que se diga que Jesús es glorioso, implica que nadie se puede comparar ni llegar a una gloria como la de Jesús. Sin embargo él se despojó de esa gloria para adaptarse al ser humano. La negación que Santiago utiliza en este texto es fuerte y enfática. Se podría traducir “de ninguna manera tened la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo mezclada con acepción de personas”. Son cosas incompatibles: si se tiene fe en el glorioso Señor Jesucristo no se puede hacer distinción. La palabra que se traduce distinción de personas, “prosopolempsia” significa literalmente “mirar la cara” o “atender a la cara” de una persona. Es el pecado de respetar a las personas no por lo que realmente son en su carácter sino por sus circunstancias externas, sea porque son de alta alcurnia, porque son ricos, poderosos, o tienen alguna cualidad que todos quisieran tener en su cuerpo o en su mente. Pablo afirmó que para Dios no hay acepción de personas (Romanos 2:11; Ef. 6:9; Col. 3:25), y Pedro tuvo que comprenderlo en la casa de Cornelio (Hechos 10:34). Pero los cristianos del primer siglo, tanto como los cristianos de hoy en día, parecemos no comprenderlo nunca. Todos caemos de un modo o de otro en el pecado de distinguir a las personas de un modo injusto. Mucho más ahora que es nuestro glorioso Señor. El que fue imparcial en la tierra es más imparcial en el cielo. Esta es la segunda y última referencia al Señor Jesucristo en toda la epístola. En ambas, Jesús es mostrado como Señor y Santiago como siervo del Señor. Lo notable en esta mención al Señor es que Santiago lo define como glorioso. El Señor pudo haber estado en la tierra, pudimos haber contemplado su “gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Sin embargo, ascendió al cielo con otra gloria, con la gloria de la exaltación con que Dios lo exaltó hasta lo sumo (Fil. 2:5–11). Para Santiago, que seguramente conoció al Señor personalmente, lo más importante de Jesús no es ya su vida en esta tierra, sino su posición gloriosa junto a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros. En esto Santiago refleja el sentir de todo el NT sobre la glorificación eterna del Hijo (Romanos 6:4; 2 Corintios 4:4–6; Efesios 1:17; Hebreos 1:3; 1 Pedro 4:13). Tercero la grandeza de Jesús

Santiago usa dos títulos  interesantes. Él dice “Señor JesucristoPrimero, el término Kurios. La evidencia de que kurios históricamente denota gobierno es abrumadora. Como apelación divina se entiende que kurios adjudica apropiadamente este gobierno supremo. Por lo tanto, ya sea cuando Dios el Padre o Dios el Hijo son llamados kurios, debe ser en reconocimiento del hecho de su gobierno soberano. Más adelante hay varios pasajes de la Escritura que demuestran este hecho.[2] La presentación adecuada de Cristo como Salvador implica Su proclamación como Señor y Salvador. El Nuevo Testamento enfatiza Su señorío de manera abrumadora.  Primero, el término kurios, que se usa cientos de veces con respecto a Cristo, histórica y etimológicamente denota un gobierno soberano. Segundo, el término kurios, cuando se usa con respecto a Dios, demuestra Su soberanía y reinado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Tercero, muchas referencias explícitas de la Escritura asocian el señorío de Cristo con la salvación. Cuando se cree verdaderamente “en” Cristo, Él mismo es aceptado para salvación. De este modo, Cristo, siendo el Señor, viene al corazón del creyente como Señor y Amo. Omitir el oficio de Cristo como Señor en la predicación evangelística es dividir a Cristo y fragmentar el mensaje del evangelio.[3] Segundo,  el término Jesús. Para todos es sabido que el nombre de Jesús tiene connotaciones salvíficas. Viene de la raíz hebrea “salvación”. Así que Jesús es grande porque es Señor de todos, y  Salvador de todos.  Tercero el término Cristo. Este se refiere al “ungido” y la unción era una capacidad sobrenatural para desempeñar una función o una misión. Cristo es el más capaz de todos por ser el “ungido de Dios”. Así que la grandeza de Cristo se basa en que es Señor de todos, Salvador de todos, y Sustentador de todos. Nadie más puede desempeñar esas funciones a la perfección

  1. Lo evidente del favoritismo

Es muy fácil para nosotros caer  en el hábito de actuar como jueces y hacer decisiones acerca de las personas a base de lo que podemos apreciar exteriormente. Carballosa dice que el verbo “tengáis” es el presente activo imperativo de “echo”, precedido por la negación “me” (no). La idea es que los creyentes ya estaban involucrados en la práctica del favoritismo. El apóstol les pide que cesen de hacer lo que han estado haciendo.[4] Así que lo primero que es evidente es la tendencia del favoritismo. Nadie está exento de la práctica. “Los hermanos” de la comunidad de Santiago lo estaban haciendo. Segundo la incidencia del favoritismo. En el pasaje se define a “personas” lo que implica que puede ser repetitivo y con diferentes personas. No hay una en específico, puede ser de diferentes formas. Tercero, la trascendencia del favoritismo. Esta es una expresión universal de la humanidad impía dentro de la sociedad. Esto es el ego de la humanidad, apoyando sus espaldas sobre las espaldas de otros. El favoritismo o sus expresiones como el racismo  es, en múltiples formas, un  fenómeno moderno, mientras el nacionalismo (o tribalismo) es una expresión más antigua. El nacionalismo comenzó en Babel (Gen.11) y estaba originalmente relacionada con los tres hijos de Noé de quienes descendieron las razas (Gen.10). Sin embargo, es obvio que desde la Escritura, la  humanidad proviene de una sola fuente (ver Gen.1-3; Hch.17:24-26). El racismo es solo uno de los muchos prejuicios. Algunos otros son (1) esnobismo educacional; (2)  arrogancia socio-económica; (3) superioridad moral, legalismo religioso: y (4) afiliaciones políticas  dogmáticas. El racismo, o esa temática, favoritismo  de cualquier tipo, es totalmente inapropiada para los hijos de Dios. El racismo es herético porque no es bíblico y es anticristiano, sin mencionar que es anticientífico. Este problema les da a los cristianos la oportunidad de mostrar su amor Cristiano, perdón y el entendimiento para un mundo perdido. El rechazo cristiano en esta área denota inmadurez y es una  oportunidad para la maldad de retardar la fe del creyente, su seguridad y crecimiento. Esto también actuara como una barrera para que la gente inconversa venga a los pies de Cristo. ¿Qué puedo hacer?  A Nivel Personal.  Aceptar tu propia responsabilidad en resolver el problema asociado con la raza.  A través de la oración, estudio bíblico y compañerismo con aquellos de otras razas, esfuérzate por deshacerte de tu prejuicio racial. Expresa tus convicciones acerca de la raza, particularmente con aquellos que provocan el odio racial de forma incuestionable. En La Vida Familiar.     Reconozca la importancia de la influencia de la familia en el desarrollo de actitudes contra otras razas. Busca como desarrollar actitudes cristianas a través de conversaciones acerca de lo que los padres e hijos escuchan acerca de los problemas raciales fuera de casa. Los padres han de ser muy cuidadosos para dar un ejemplo cristiano a la hora de relacionarse con gente de otras razas.  Busca oportunidades de hacer amistades a cruzando las líneas raciales. En Tu Iglesia  Predicando y enseñando acerca de la verdad bíblica relacionada con la raza, la congregación puede ser motivada a promover el ejemplo en la comunidad entera.   Estando seguro que la alabanza, comunión, y servicio a través de la iglesia está abierta a todos, incluso las iglesias del NT no observaron barreras raciales (Efe.2:11-22; Gal.3:26-29)  .En La Vida Diaria   Ayudar a superar la discriminación racial en el mundo del trabajo. Trabajar a través de organizaciones comunales de todo tipo para asegurar igualdad de derechos y oportunidades recordando que el problema a atacar es el racismo, no la gente. Las metas son promover el entendimiento, no crear amarguras.   Si le parece sabio, organice un comité especial de ciudadanos preocupados con el propósito de abrir líneas de comunicación en la comunidad para la educación para el público en general y mejorar las relaciones entre razas. Apoye legislaciones y legisladores en la aprobación de leyes que promuevan la justicia y se opongan a aquellos que exploten y perjudiquen en aras de ganancias políticas.  Elogie oficiales del orden público por hacer valer las leyes sin discriminación. Rechace la violencia y promueva el respeto por la ley, haciendo todo lo posible como un  ciudadano cristiano para asegurarse que las estructuras legales no se conviertan en herramientas  en las manos de aquellos que promoverían la discriminación.  Ejemplifique el espíritu y la mente de Cristo en toda relación humana.

[1] Cevallos, Juan Carlos. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, Judas. Editorial Mundo Hispano, USA. 2005. Pág. 159

[2] http://www.contra-mundum.org/castellano/gentry/Sen_Xto.pdf

[3] Ibíd.

[4] Carballosa, Fe en Acción. Pág. 129

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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