Una fe productiva II parte


Primero debemos preguntarnos ¿qué es una espiritualidad sin la Biblia? O ¿qué produce una espiritualidad sin la Biblia?

Primero, produce rectitud Observe que los primeros dos versículos declaran que Josías hizo “lo recto”. Esta expresión significa caminar en línea recta. Ahora la rectitud de Josías es buena pero no es la mejor. El hecho de que uno sea “buena gente” no necesariamente significa que uno es espiritual. El modelo de rectitud de Josías fue David. Era un modelo aceptable. Sin embargo debemos recordar que no todo lo que David hizo fue un buen modelo de rectitud. Así que esta rectitud era relativa porque el modelo era relativo. Segundo produce actitud Uno observa que Josías tiene una gran actitud hacia las cosas de Dios. Aprecia los modelos que aman a Dios, y aprecia las cosas de Dios. Esta espiritualidad es buena pero insisto no es la mejor. Esta actitud solamente alcanza la casa de Jehová y su interés en “reparar las grietas” físicas del templo. Note que él había seguido el buen ejemplo de David, es decir había seguido de cerca la vida del Rey cuyo corazón era como el de Dios, y esto le puede dar cierta ventaja moral. Por otro lado había comenzado una reforma en su nación basado en las tradiciones del monoteísmo judío. Es decir el que haya sacado las imágenes del templo y limpiado se hace sólo porque entiende que los judíos, su religión no tolera el politeísmo. Pero no lo hace basado en una instrucción escritural, pues la desconoce. Hoy por hoy, se hace cosas rectas y buenas en nuestras iglesias evangélicas latinoamericanas, pero se hacen porque se siguen modelos humanos y tradiciones de la religión evangélica. Pero no porque estamos en obediencia de la palabra de Dios. Se hacen templos, se levantan ministerios y se enseñan bastantes cosas (como lo estaba haciendo Hilcías) pero solo a nivel monetario. Nuestros énfasis eclesiales actuales tiene que ver con reparar “las grietas de la casa de Jehová” de una manera física, llevar gente idónea para que arregle material y físicamente nuestros templos. Es decir estamos centrados en lo externo de la casa de Dios. Otro modelo de rectitud que se ve en el pasaje son los obreros honrados dedicando su tiempo al trabajo en la casa de Jehová («estaban atentos a las necesidades del edificio de la iglesia»). En lugar de ser un lugar de adoración, el templo era simplemente un lugar de trabajo. Y no podemos decir que no habrá gente honrada, metida en un activismo eclesial, no, sin duda habrá mucha gente especial con valores extraordinarios, pero ¿es eso realmente el cristianismo? He visto mucho de esta gente servicial, honrada y valiosa carecer del conocimiento básico de la Escritura, es más ignorar totalmente sus principios. Así que podrá haber un extraordinario servicio en la vida de un pueblo pero eso no significa que esté siendo aprobado por Dios.

Tercero produce aptitud. En el pasaje uno encuentra varias personas que son aptas para el servicio que está desempeñando. Por ejemplo está Safán el escriba, también el sumo sacerdote Hilcías, los guardianes de la puerta, los que hacen la obra del templo, los carpinteros, los maestros, los albañiles. Aquí encontramos que todas estas personas tienen puestos, y lo desempeñan bien. ¿Es un criterio para definir a una persona espiritual lo bien que hace su “trabajo ministerial”? ¿Podemos mantener en el “ministerio” a personas cuyo criterio es “lo útil” que son a la obra de Dios a costa de su carácter y sometimiento a la Palabra de Dios? Por ejemplo siempre me he preguntado ¿qué enseñaba Safán como escriba? Si la gente asistía al templo y daba de las ofrendas (vrs. 4) ¿qué recibía de parte del Sumo  Sacerdote Hilcías ese pueblo? Pues no cabe duda que todo menos la Palabra de Dios, porque ella estaba tirada en un lugar abandonada y llena de polvo.

La rectitud genera religiosidad, la actitud genera actividad y la aptitud genera carnalidad. Y estos tres elementos están hoy muy adentro de la actividad eclesial de la iglesia latinoamericana. Miles de gentes religiosas “buenas y rectas” buscando imitar a modelos limitados y adorando modelos humanos. Miles de personas activas en la obra de Dios que cuentan dinero, saben construir y reparar “las grietas de la iglesia” pero no reparan las grietas de la desobediencia, de la corrupción y de la degeneración y desafío a los principios bíblicos. Y miles de miles de personas muy aptas y capaces para los puestos eclesiales, pero corruptas, divorciadas, degeneradas, prepotentes, sin embargo las mantenemos allí porque saben enseñar, son profesionales afuera o importantes en la sociedad. Lo peor de este tipo de espiritualidad es que carece de discernimiento contextual. Tal parece que nadie se había dado cuenta que el pueblo y la nación iba al desastre y estaba bajo maldición de Dios.

He estado en el ministerio pastoral por más 33 años, y he ministrado en diversos contextos eclesiales y he observado todo tipo personas sirviendo en la iglesia. Las más difíciles de enfrentar son las personas “buena gente” en el liderazgo. Son aquellas personas que están en el  liderazgo porque son buena gente, son conocidas en las juntas delas directivas de colegios, universidades, son personas con grandes capacidades y son “respetables” por su imagen en la sociedad. No cometerán pecados desastrosos al contrario tienen buena moralidad, dan consejos basados en su experiencia y reputación. Sin embargo estas personas bonachonas no leen la biblia, no la respetan son una ignorantes del consejo de Dios, y solo siguen los modelos de sus ancestros denominacionales como autoridad. Tienen influencia se oponen a lo verdaderamente de Dios escrito en su Palabra, simplemente porque la gente los considera que por ser buenas personas ellos no pueden ser contradichos. En el tiempo que llevo de ministrar he llegado hasta la “nausea espiritual “al ver que los que detienen verdaderamente el cambio y la renovación son estos “líderes buena gente” pero de una espiritualidad carnal. En realidad Josías estaba rodeado de líderes buena gente, pero Dios estaba enojado con la nación.

Cuarta produce ineptitud. En el pasaje uno encuentra dos acciones que lo dejan sorprendido. La primera es la acción del Sumo Sacerdote Hilcías. Él dice. “He hallado el libro de la ley. Pero no hay evidencia de que lo leyera. Había encontrado por casualidad un ejemplar de la ley en la casa de Jehová, y se lo dio a Safán sin ni siquiera leerlo. Se `pueden imaginar a un pastor, encontrando la Biblia y no tener ni siquiera la más mínima curiosidad de leerla? No se puso a escudriñarla ¿y porque? Porque ya se había acostumbrado a su mensaje bueno, bonito y barato. Que tremenda amonestación para los predicadores de hoy día. Muchos estarán ejerciendo su ministerio, predicando tonteras, y aunque tienen la Palabra Escrita, no se interesan en escudriñarla, sino simplemente la ignorar. El otro es Safán, de este escriba dice que lo leyó. Si el primero no lo lee, este lo lee pero no hay cambio ¿por qué? La respuesta está cuando le reporta a Josías lo del hallazgo del libro. En el vrs. 10  dice: “Hilcías me ha dado “un” libro. Si para el primero no le interesa el libro, para el segundo este libro es uno de los muchos que hay por allí. No hay un respeto por “el libro” sino por “un libro” como si fuera uno entre los demás.

 

En segundo lugar ¿que produce una fe bíblica? Esta pregunta se responde con el modelo de Josías. ¿Qué pasó con Josías al escuchar la palabra? Quizás la mejor descripción la hace la profetiza Hulda en el vrs. 18: “Por cuanto oíste las palabras del libro y tu corazón se enterneció y te humillaste  delante de Jehová…rasgaste tus vestidos y lloraste…” La fe bíblica produce disposición. “Oíste las palabras”. Implica todos los sentidos atentos a lo que la Palabra decía. Segundo produce emoción. Dice “se enterneció tu corazón”, implica que su corazón se derritió y se hizo débil, moldeable, vulnerable. No sólo es una atención intelectual sino también emocional. Tercero produce sumisión. El pasaje dice que se humilló…y rasgo…y lloró…” No más el modelo de David, no más las charlas de Safán e Hilcías, sino las Palabras de Dios. Por último produce convicción. Si uno observa, en realidad lo que Josías había hecho antes de leer la Palabra era simplemente superficial. Pero ahora va a generar una reforma del pueblo en general. Todo el resto del capítulo describe todo lo que había dentro del templo y de los líderes de Israel. El vrs. 24 del capítulo 23 describe la convicción de Josías: “…para cumplir las palabras de la ley  que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo  su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual.” (2 Reyes 23:25.26)

 

Hoy me he estado preguntando cuantas cosas hacemos los evangélicos actualmente que no están en El Libro, pero que son parte de nuestro folklore religioso! Por eso estamos como estamos, porque no le damos la importancia debida al libro y los tratamos “como un libro nada más”. Cuántas personas que tienen Biblia, van a su actividad eclesial sin ella. ¿Cuántos hay que jamás consideran preguntarse qué habrá en ese estudio que se aplique a su vida? ¿Cuántos hay que jamás se preguntan qué pensará Dios de sus hábitos de estudio bíblico [o de su preocupación por el pueblo de Dios, por la Palabra y las amonestaciones de Este]? ¿Cuántos oyen un sermón, pero olvidan el mensaje para la siguiente reunión, o no aplican personalmente el sermón de modo que dé como resultado un estudio más a fondo, crecimiento espiritual o transformación de la vida? Volviendo a la narración me parece interesante que no hay nada que indique que los obreros tuvieran contacto alguno con la ley de Dios. Eran hermanos dedicados, honrados que jamás ponían interés en estudiar lo que « [les] fue escrito» por Dios. No cabe duda que tenemos gente con valores, pero ignorante de la Palabra Una cosa más no es lo mismo servir a Dios que servir a la Iglesia. La iglesia no es la meta de nuestro servicio, es donde ejercitamos nuestro servicio Dios. ¿Por qué están llenas las iglesias hoy? ¿Qué nos hace reunirnos? Domingo a domingo nuestras iglesias se llenan. La tristeza es que muchos van solo porque es Domingo. Hay muchas teorías con respecto a la reunión “cristiana” de día domingo. Yo creo firmemente que, al igual que muchas otras cosas que los evangélicos practican, se debe a prácticas tomadas del catolicismo romano con el fin de que quienes se convertían, no sintieran demasiado el “cambio”. Muchos llegan a hacer cosas en público que nunca hacen en privado. “Que vean que levanto mis manos, que vean que me quebranto, que aplaudo y grito: Gloria a Dios”. Luego la semana empieza y se olvidan de Dios. Es que si tú ingresas a un templo y ves dos personas; una con sus manos levantadas y rostro de éxtasis y la otra rascándose la nuca y con rostro de no saber qué hacer, no vacilarás en suponer que el más espiritual es el primero. Sin embargo, Dios conoce y ve algo que ni tú ni yo podemos ver: su corazón. Y así puede saber, por ejemplo, que el de las manos levantadas está pensando en los negocios que hará cuando finalice el culto, mientras que el otro ha quedado en silencio de arrepentimiento y quebranto. El diablo se preocupa por los que están comprometidos. Se preocupa de aquellos que cada día viven para Dios. No de los que cada ocho días viven para su iglesia. Se preocupa de los que cada día escuchan a Dios, no de los que solo escuchan a su pastor cada Domingo. Se preocupa de los que a diario caminan las calles predicando el evangelio, no de los que cada domingo solo se sientan a escuchar el evangelio. No se preocupa por los cristianos que domingo a domingo van a la iglesia esperando ser “llenados”, como si la iglesia fuera una gran estación de gasolina. Lo peor del caso, es que a todo esto ellos le llaman “congregarse”. ¡Y ay de ti si no lo estás haciendo! Esta clase de cristianos no representa amenaza para Satanás, porque solo los domingos entran en una comunión con Dios, y muchas veces fingida. Satanás ha logrado mantener ocupada a la iglesia, en discusiones vanas. Mientras que los que no danzan critican a los que si lo hacen y mientras los que levantan las manos critican a los que no lo hacen, el diablo se lleva nuestra juventud. “Desecha las fábulas profanas y de viejas” (1 Timoteo 4:7). Deja que los demás discutan como viejas, y tú vive día a día con Dios, por Dios y para Dios. Que lo que llegues a hacer en público, en la iglesia, sólo sea un resultado de lo que a diario haces en privado. Muchos están cómodos en sus iglesias. Aman su iglesia como organización y a su pastor como líder. Eso no es malo. El problema es que no aman a Jesús. Si lo amaran lo obedecerían. Muchas iglesias cantan “Firmes y adelante” como si estuvieran yendo a alguna parte. Sin embargo, siguen en el mismo lugar de siempre. Jesús no nos mandó a sentarnos cómodamente en las suaves bancas de nuestra iglesia a contemplar la belleza de nuestro templo. No nos mandó a caminar los pasillos de nuestros santuarios teniendo conversaciones sin sentido con aquellos que llamamos hermanos. Si nos llama a la comunión. Si nos llama al estudio de su palabra y a participar en la unidad del cuerpo. Desafortunadamente muchos se excusan en esto para no vivir y trabajar día para el Señor. Comunión es “común unión”, es decir: una unión que se produce por causa de tener cuestiones espirituales en común. Y eso no puede ocurrir de ninguna manera, por ejemplo, entre alguien que adora a un Dios vivo y activo, con otro que lo llora colgado de una cruz como si ya no pudiera regresar de allí. No es discriminación, es discernimiento ¿Cuánto estudia usted la Palabra de Dios? Volviendo al texto si el rey no hubiera oído la ley, parece que no hubiera habido inquietud, ni respuesta, ni restauración. Lo que me hace traer a la mente un dicho japonés: “Cuando algo anda mal en una empresa, se debe empezar por la cabeza, porque el pescado empieza a podrirse por la cabeza. No puede haber verdadera transformación sino se empieza por el liderazgo. Piense por un momento ¡Todos los demás dirigentes se habían alejado de la ley de Dios para caer en moldes tradicionales! Puede que el pueblo de Judá haya sido religioso, pero no era justo; eran tradicionales, ¡pero no eran fieles a la ley de Dios! ¿Y usted? ¿Tiene usted un verdadero interés y está siendo transformado a raíz de lo «[le] fue escrito» en la ley de Dios? ¿Está usted haciendo alguna investigación acerca de la Palabra de Dios y las amonestaciones de Este para nosotros? ¿Está usted ayudando a llevar a cabo alguna reforma o restauración en nuestros días? ¡Qué sutil puede ser Satanás cuando arrulla a los discípulos de Dios con el canto de la indiferencia! El diablo puede usar casi cualquier cosa para extender su mano y atrapar a algunos del pueblo de Dios que estén a punto de perecer porque les falta conocimiento (Oseas 4.6).

Ahora continuemos con el tema de Santiago. Hasta aquí hemos visto que una fe coherente es una fe productiva. Y es productiva en primer lugar porque nace de una decisión. Sin embargo en segundo lugar es productiva porque nace de la devoción. Dice el vrs. “Y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. No es una devoción de oyente. La palabra “oidores” es akroatai se refiere a la instrucción pública  que de manera oral  se daba a la congregación. La exhortación  tiene una aplicación directa  a los creyentes de nuestros días. Es posible que la gran mayoría  de los que escuchan  los sermones  dominicales  pongan en práctica  muy poco o casi nada de lo que han escuchado. Los que así hacen son meros oidores y no hacedores de la Palabra.[1] Es interesante que esta palabra “oidores” fuera usada en la literatura griega para aquellos que asistían a cátedras pero nunca se unían a los grupos. No es una devoción de asistente.  Escuchar la palabra no es suficiente; lo creyentes deben de actuar basados en la palabra (ver Lucas 11:28; Romanos 2:13).[2] Tomar tal actitud significa  un autoengaño. La expresión “engañándoos” es un participio presente  en la voz media de paralogizomai que significa “engañar mediante falso razonamiento”[3]La verdad expuesta por el escritor bíblico es que todo creyente que se contente con solo asistir a oír la Palabra de Dios, pensando que eso es suficiente, está usando un falso razonamiento que resulta en autoengaño. Escuchar un sermón acerca de la humildad o el perdón, parecería un acto religioso muy encomiable, pero el verdadero acto religioso comienza cuando el oyente convierte en obras lo que ha oído, y, en obediencia a Cristo, actúa modesta y perdonadoramente.[4] Muchas iglesias  tienen entre su membresía a muchos que están contentos  con escuchar mientras no se requiera  de ellos acción de ninguna clase.

[1] Carballosa, Fe en Acción. Pág. 119

[2] http://www.freebiblecommentary.org/pdf/spa/VOL11_spanish.pdf

[3] Carballosa. Pág. 120

[4] Ibíd.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Un comentario sobre “Una fe productiva II parte”

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