Manantiales en el desierto


 

Una de las cosas más desgastantes en la vida de una persona, es vivir días y días de adversidad sin saber las razones de esa adversidad. Para algunas gentes la vida simplemente ha sido cuesta arriba desde que nacieron. Hay individuos que simplemente nacieron con “mala estrella”. A veces esto se torna insoportable debido a que muchas veces ocurre incluso cuando estamos siguiendo a Dios . Se supone que todos los que seguimos a Jesucristo deberíamos tener intervalos de respiro y no una continua cadena de adversidades que lo dejan exhausto en el caminar de la vida. Simplemente creo que algunos hemos nacido para recibir de herencia un desierto. ¿Será que en los planes de Dios está darles un desierto como herencia a sus hijos? Pues parece que sí. He encontrado dos pasajes que me parecen bastante interesantes y que están asociados con desiertos. Pero no sólo están asociados con desiertos, sino también con manantiales de agua en el desierto. El primero aparece en Génesis 36:24. En este pasaje se narra lo siguiente: “Y los hijos de Zibeón  fueron Aja y Aná. Este Aná es el que descubrió manantiales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre”.

Este texto demuestra varias cosas interesantes con respecto a la vida ordinaria y las sorpresas que nos pueden acarrear.

 Tengo que hablar de tres realidades sobre nuestros desiertos.

 

Uno, los desiertos nos desaniman…

Sería ingenuo de parte de cualquier persona el negar el hecho de que muchas veces nuestra vida está asociada con lugares desiertos, tiempos desiertos, circunstancias desiertas. El texto dice que Aná estaba “en el desierto”. Note varias peculiaridades del desierto. La primera peculiaridad tiene que ver con la concepción  del desierto. ¿Es el desierto transitorio o permanente? Observe que no es lo mismo decir “por”, ni tampoco decir “a través de” que decir  “en”. Las dos primeras demuestran un estado transitorio, mientras la segunda demuestra un estado perentorio. Es decir las dos primeras demuestran estar de paso por los desiertos, pero la segunda demuestra vivir en medio del desierto. Así para algunos los desiertos no son experiencias que pasan, sino vivencias que se perpetúan. O sea que muchos tendrán que aprender a vivir en el desierto, porque ese es  su destino. Aná vivía en el desierto. Otra peculiaridad  es la condición del desierto. Los desiertos son lugares solitarios, y estériles. Si observamos Aná está solo, nadie de su familia está con él. Vive en la soledad de los lugares desiertos. Y eso ocurre siempre.

Segundo, los desiertos examinan

Sigue el texto diciendo “cuando apacentaba los asnos  de Zibeón  su padre”: Esta descripción del texto implica a lo menos tres grandes exámenes para Aná.  Primero, el sentido de su existencia. La palabra “cuando” implica tiempo, y parece ser que siempre su tiempo estaba asociado a ir al desierto a cuidar los asnos. Esta existencia sería rutinaria, todos los días lo mismo, el mismo lugar estéril y la misma misión unos burros. La existencia y el tedio son cosas que pueden minar la creatividad y los objetivos.  Segundo el sentido de su competencia. La expresión “apacentaba” implica dar de comer zacate”.  ¿Qué tipo de profesión sería esta?  ¿Qué gran logro uno tiene en dar de comer a los burros día a día? ¿Qué aporte uno tiene el estar asociado con animales de ese tipo? Si el tedio de una rutina nos desestabiliza, el tedio de una profesión sin sentido nos desanima. Tercero, el sentido de su pertinencia. Ni siquiera eran los asnos propios, sino de otro. Muchas veces la realización de una persona estriba en que está haciendo o llevando el negocio propio y no del otro. Una cosa es sentirse desanimado pero por lo menos lo hace en lo que es de uno, pero otra cosa es hacer algo que no es pertinente porque le pertenece a otro. Si el tedio destruye el sentido de existencia, y el tedio de una profesión  sin sentido nos desestabiliza, el tedio de trabajar para otro nos paraliza.

Tercero, los desiertos nos encaminan

Sin embargo, allí en ese tedio, en ese sin sentido y en ese ambiente estéril Dios nos dará la bendición de encontrar manantiales. ¿A que nos encaminan los desiertos? Primero nos encaminan a descubrir. Esto tiene que ver con  descubrimiento. Note, se necesita diferenciar un manantial en medio del desierto. La expresión descubrir implica actividad, decisión,  observación, significa ver más allá de lo rutinario, de lo tedioso o lo superficial.  Detrás de cada desierto si vemos más allá enfocamos la visión en lo que podemos sacar,  descubriremos que es un lugar de bendiciones escondidas. En segundo lugar nos encaminan a discernir. Esto tiene que ver con  discernimiento. Implica que aunque seguimos en el desierto, el desierto ahora nos hace ver la bendición de Dios encubierta. Eso implica que desarrollamos madurez, nos adaptamos al desierto pero ya no viendo el desierto en sí sino los manantiales que descubrimos de vez en cuando. Tercero nos encaminan a bendecir. Esto tiene que ver con  rompimiento. Observe que ahora ya no sería conocido por cuidar asnos, sino porque que descubrió manantiales. Es curioso que nada más se dice de este singular personaje llamado Aná, excepto que era descendiente de Esaú, y que tuvo un hijo (Disón) y una hija (Aholibama). Lo importante parece ser el hecho de que haya descubierto manantiales en el desierto (cosa que era como hallar un gran tesoro) mientras apacentaba los asnos de su padre. Aná desempeñaba un oficio despreciable y en un lugar poco atractivo. Aná no debe de haber sido objeto de envidias de nadie. Aná no debe de haber sido ni un buen pretendiente (ni siquiera se menciona su esposa), ni el hijo favorito de su padre (probablemente era el menor). Pero Aná descubrió manantiales en el desierto. ¿Qué puede enseñar un pasaje como este a nuestra vida o en el mejor de los casos a mi vida? Bueno, creo que un día cualquiera, tal vez el día más flojo o el más triste. Quizá el día más rutinario de todos será un día especial de sorpresas, Aná lanzó una exclamación que rompió el tedio en kilómetros a la redonda: había hallado un manantial. En medio de la rutina de los días, todos aparentemente iguales uno de otro, habrá algo que rompa la monotonía, y que le dé valor a los innumerables ratos de silencio y de olvido. Porque Dios examina con cuidado la tierra de los hombres para atender al corazón de los mortales, y acordarse de que son polvo, y de que sin Él no son nada. Absolutamente nada. Quién sabe si este día tan tedioso para muchos estén a punto de encontrar “manantiales en tu desierto”.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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