Cenando con Jesús


 

Echa tu pan sobre las aguas  Eclesiastés 11:1
Echa tu pan sobre las aguas Eclesiastés 11:1

En la biblia encontramos que Jesús cada vez que una verdad fundamental sobre la vida cristiana debía ser sacada a luz, elegía el contexto de una cena. Es interesante que la mayoría de enseñanzas valiosas siempre se diera afuera del templo o de la Sinagoga o de los círculos religiosos teológicos. Lo que establece un principio en Dios, el cuál es que Dios  es más sensible a moverse fuera de los lugares “santos y religiosos” que dentro de ellos.  Quizás porque saliendo del ambiente religioso, se desviste uno de la representación y de la formalidad que obliga a todos los asisten protagonizar. ¿Por qué Jesús es más abierto a los ambientes informales que los formales para enseñar sus grandes verdades? Lo más curioso es que los seres humanos tenemos la tendencia a ser más formales que el mismo Señor. Lo que fue una comida espontánea, de amistad y de solidaridad nosotros la hemos convertido casi en un “rito sacramental”. ¿Por qué los hombres tenemos la tendencia a ser más rígidos que el mismo fundador y consumador de nuestra fe? Quizás, porque con la rigidez ocultamos las libertades que nos damos a fuera de los contextos religiosos.

Para una muestra de esta forma de actuar Dios es el llamamiento de Mateo. Una vez que mateo es llamado, él simplemente hace una cena a la que Jesús asiste. ¿Qué cenas son las que Jesús respalda? ¿En cuáles fiestas se siente a gusto? Tres características demuestran lo que Jesús busca, son como verdades que debemos entender cuando nos sentamos como iglesias a celebrar la cena. ¿Cuáles son esas verdades que aprendemos del encuentro con  Mateo?

En primer lugar su Potencial es más importante que su Pasado…

 

  • El pasado de Mateo: Un acercamiento a su identidad

Mateo, por desgracia, tuvo un pasado, muy desagradable  y estaba relacionado con su ocupación e identidad. Él era un recaudador de impuestos, un publicano. Probablemente sea cierto que los recaudadores de impuestos en todos los ámbitos no tienen que hacer mucho para llegar a ser impopulares, pero Mateo era un tipo particular de recaudador de impuestos. Él era un recaudador de impuesto de aduana, y que era por qué estaba en Capernaum. La ciudad era  la primera parada en Judea para los comerciantes que bajaban por  la principal ruta de caravanas  desde Damasco a Egipto. Y por esa razón, era la mejor ubicación en la Tierra Santa para conocer y generar noticia. Capernaum era un pequeño y bonito pueblo, situado a la orilla del Mar de Galilea. La gente que pasaba por  Capernaum a menudo eran los comerciantes. Necesitaban parar para que sus bienes fueran inspeccionados en el cruce fronterizo. Debido a eso estaban a merced  de los recaudadores de impuestos. Había todo tipo de impuestos. Había uno sobre los  animales de carga, y un impuesto sobre las ruedas y  ejes de los carros. Había impuestos de ventas sobre los bienes comprados y vendidos. No había ningún tribunal de apelación. Si la persona no pagaba, entonces perdía sus bienes. Y esto estaba totalmente respaldado por la autoridad de Roma. Todo lo que Mateo tenía que hacer era sonar su silbato, y un escuadrón de guardias se aparecía y confiscaba todos los bienes de la persona acusada de no querer pagar los impuestos. La identidad de Mateo tiene tres retos esenciales. Primero su identidad era un reflejo de sus intereses. ¿Qué motiva a una persona escoger una profesión que le hace odioso a su familia y a su mismo pueblo? Lo que produce. Me imagino que le interés de Mateo era eminentemente monetario y material. La situación económica de Israel en tiempos de Jesús era desastrosa, existía una gran pobreza. Para muchos, una de las causas principales de la pobreza consistía en los pesadísimos impuestos con que estaba gravada Palestina. Tanto los romanos como sus delegados y los sucesivos reyezuelos como Herodes rivalizaban en gravar impuestos, que se añadían a los que se tributaban al Templo según la Ley.  Pero lo que hacía más insoportables los impuestos era el modo de cobrarlos. Los distintos organismos arrendaban a ricos personajes, o a compañías, el cobro de dichas cargas. Éstos, para asegurarse el beneficio, reclamaban a los contribuyentes el pago de cantidades mayores. Así, de ordinario, hacían fortunas escandalosas. Los subalternos seguían el ejemplo de sus superiores y añadían sobretasas con lo que se agravaba la mala situación en una cascada difícil de controlar, pues nadie tenía autoridad, ni deseos, para establecer una justicia y una equidad en este terreno. Cuando los que ejercían este oficio eran judíos, eran muy mal vistos por sus compatriotas que los asimilaban a los pecadores de la peor ralea, y con frecuencia acertaban ante la cadena de pecados que suele darse en los que abandonan la Ley de Dios.  Segundo su identidad era un reflejo sus inclinaciones. Es decir si él quería hacer dinero, tendría que estar inclinado a la trampa, la estafa y el abuso del poder. Nadie que quiere ser honrado optaba por una profesión como la que Mateo tenía. ¿Abusaba Mateo de su trabajo como publicano? No lo sabemos. Pero sí es posible asegurar que recibiría el desprecio de los demás judíos que veían en él al típico chupador de sangre, aunque no lo fuera, y le cubrirían con los más indelicados improperios, o, al menos, con el desprecio y el vacío.  Ese vacío social era superable. La vida acomodada lleva a no dar demasiada importancia a esos detalles molestos. De hecho, es notorio que los publicanos estaban bastante unidos entre sí, pues tanto en la vocación de Mateo como en la conversión de Zaqueo lo primero que les viene a la cabeza es organizar un convite con abundantes asistentes. Muy solos no debían estar, teniendo en cuenta que el dinero facilita muchas amistades, aunque demuestren su fragilidad cuando falta. Pero mientras tanto: comamos y bebamos que mañana moriremos…. Otro vacío era más difícil de superar. El propio del que se llena de cosas sin sustancia. El corazón del hombre está hecho para amar, y cuando no ama se venga y se llena de inmundicia, de malestar, de resentimiento, de risa estridente, sordina de algún malestar íntimo. Almacenar, sí, pero ¿quién se llevará todo esto?. Comer y beber en calidad y abundancia, pero con resaca, es un mal negocio al que hay que añadir la insatisfacción del el alma. Y el agujero crecía.   Tercero su identidad era un reflejo de sus insatisfacciones. Era obvio que aunque el tuviera dinero, posición, y prestigio en la sociedad de Capernaum, eso le generaba insatisfacciones, de lo contrario no hubiera dejado inmediatamente todo su mundo profesional cuando Jesús le hizo la invitación. Una conversión no suele ser algo súbito, sin historia previa. Sin duda Leví en su telonio llevaba tiempo agitado por inquietudes espirituales, mientras hacía cuentas y extendía recibos. Dentro de él la insatisfacción y la espera, sin saber de qué, habían abierto un agujero invisible. Las cifras cuadraban, pero algo en su interior no encajaba bien. Hasta que un día le llamó la voz que llenaba aquel vacío, y echó por la borda su negocio y sus costumbres de garantizada seguridad. Por otra parte Mateo percibe la vibración del ambiente ante Jesús. Está bien informado y muchas de las palabras del Señor caen en su alma como la semilla que crece poco a poco, pero imparable. Y ve cosas, sí, muchas cosas. Ve que algunos pecadores y pecadoras públicos rectifican y están alegres. Curiosa alegría ante la pérdida de tantos gustos y placeres. Pero en sus rostros se leía que les importaba un comino lo perdido. Todo esto unido a la conciencia, que es la voz de Dios en el interior del hombre, va formando un clamor que de suave pasa a tempestad. “¿Por qué no cambio de vida?” Pero una duda se hace en su interior: “¿Podré yo vivir sin todo lo que ahora me llena?” y “si me decido, ¿ese Maestro me aceptará o me rechazará como hacen los demás maestros de Israel”? El sí y el no se convertían en una marea que sube y baja según las horas y los tiempos.

  • El potencial de Mateo: Un enfrentamiento con su interioridad

Si observamos, Mateo jamás podría haber pensado en términos humanos a que fuera un candidato a discípulo de Jesús. Me imagino que él podría haberse resignado al hecho de ser detestado por su familia, sus pueblo e incluso Dios. Tal vez podría haber visto caminar a Jesús esos días por Capernaum, con sus únicos cuatro discípulos. En algún momento quizás soñaría ser uno de ellos, pero al ver su realidad, desistió por el hecho de que Jesús no se fijaría en un empleado de Roma que roba a sus propios hermanos. ¿Qué fue lo que vio Jesús en Mateo? La expresión “vio a un hombre” es interesante. Ver, aquí significa “analizar, ver detenidamente, algunas veces se traduce como investigar. En ese sentido Jesús lo vio profundamente con su mirada de Señor y Salvador. Dios ve su interior, ¿y que encuentra en la vida de Mateo que podrá ser útil para su reino? Primero su interioridad reflejaba que era limitado. Dice que vio un hombre. Eso significa que era sujeto a pasiones, a pecados, a limitaciones y que simplemente era vasija de barro. Eso entonces implica que la humanidad no es un obstáculo para que Dios nos extienda su reto de  seguirlo. El potencial humano es importante si se pone en las manos de Dios. Segundo su interioridad reflejaba era necesitado. A pesar de que los publicanos no eran queridos, es obvio que eran muy buenos en lo que hacían. Aunque errado había desarrollado una agilidad en lo que hacía odioso con los de alrededor.  Tercero en su interioridad se reflejaba que era complicado. Los evangelios narran, por un lado que este recaudador de impuestos tenía dos nombres. ¿Por qué eso? ¿Por qué un doble nombre? y ¿por qué domina el de Mateo sobre el de Leví? Esta es una cuestión que puede ayudar para conocer mejor a este apóstol que, además, es evangelista. El nombre Leví conecta con la tribu elegida para cuidar del culto de Dios, y por eso no se le atribuye un territorio como a las demás. Todas las otras tribus deben pagarle un diezmo o tributo por los servicios que ejercen en beneficio de la comunidad. Nada hay reprobable en el nombre, y quizá explica el motivo de su dedicación a las cuestiones económicas. Su profesión es la de recaudador de impuestos, tanto si la ejerció con justicia como con abusos, el nombre de Leví le recordaba su vida anterior antes del encuentro con Cristo, y prefiere utilizar otro como es el de Mateo.  El nombre de Mateo tiene un origen etimológico de gran belleza: Mattai que significa “Don de Dios”. No sabemos si era un nombre que ya tenía -hemos visto lo frecuente que era en aquel tiempo tener varios nombres- o bien lo adoptó con libertad, bien consciente de lo que era su vida a partir de entonces. Ciertamente toda vida es un “don de Dios” ¿quién se ha dado la vida a sí mismo, o simplemente la salud?. Es de sabios ver todo en la vida como un don de Dios. Pero dentro de los dones de Dios hay algunos que, por ser tan frecuentes y usuales, parece que no son dones sino derechos, y realmente son dones. De distinto modo vivirían muchos hombres si viesen su vida como un regalo que pueden disfrutar, aunque no derrochar. Hay otros dones tan extraordinarios que nadie se siente capaz de exigirlos como derechos, ni casi de soñarlos. La vocación es uno de ellos. Cierto que todo hombre tiene una vocación divina, personal y única; pero cierto también que nadie puede exigir determinada vocación como un derecho. Ni se puede exigir a Dios que nos eleve a ser partícipes de su vida íntima como hace por la gracia en la filiación divina, ni se puede exigir ser sacerdote de Cristo y, mucho menos, se puede pretender ser Apóstol del Mesías. La llamada es un “don de Dios” tan grande, que llamarse “don de Dios” o Mateo, que es lo mismo, se hace con gozo. Es muy posible que cada vez que Mateo escuchase su nombre sintiese como el cosquilleo del agradecimiento de esa verdad: su vida es realmente un “regalo de Dios”. Hay una lucha entre lo que somos y lo que Dios quiere que seamos. Somos gentes de dos nombres que luchan entre sí y a veces gana uno y  otras veces gana otro. Cuarto su interioridad reflejaba que era arriesgado. El caso de Mateo, es el único caso donde solo se le da una palabra sin más explicaciones. Sin argumentos de convencimiento, ni declaraciones de propósito, ni esperanzas de liderazgo. Simplemente es una orden que nace con autoridad. ¿Por qué Mateo era tan radical? ¿Qué es ser radical  en el compromiso con Jesús? Primero ser radical en el compromiso con Cristo es cambiar de visión. Dejó de ver las monedas y vio a Cristo. Segundo ser radical en el compromiso es cambiar de dirección. Se levantó dice el texto. Ya no más en una posición pasiva, siendo la atención de los demás, tomando decisiones sobre ellos, y usándolos para su propio beneficio. Ahora seguirá en una sola dirección, seguir a Jesús. La única manera en que el hombre se levanta es cuando su dirección es hacia Jesús. De lo contrario jamás se podrá levantar.   Tercero es cambiar de convicción. La convicción no se genera con discursos, Jesús no dice nada, solo “sígueme”. La convicción no se genera por los lugares. No están en el templo, ni en la sinagoga. La convicción no se genera con  argumentos sino con la autoridad de Jesús. El cambio viene por la presencia autoritativa de la Palabra de Dios y no por actos manipuladores. No se socializa el mensaje, sino que se ejerce con autoridad.  La convicción no se demuestra con disertaciones sino con decisiones valientes. Observe que no hay una respuesta verbal de parte de Mateo, pero si una respuesta actitudinal. Dice. “dejándolo todo, le siguió”.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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