Aprender a escribir es aprender a Borrar: Como Administrar los Fracasos


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Leía en alguna parte de la Internet los siguientes enunciados que me parecieron interesantes. “Si tu plan “A” y “B” han fallado, no te preocupes todavía te quedan 25 letras más en el abecedario. Y ojo con esta: Si 9 de cada 10 empresas fracasan, el éxito está en crear 10 empresas. Y es que el mundo está interesado en hablarnos del éxito y del fracaso. Para muchas personas este asunto es importante. Desean vivir una vida en la cual sean notados y por lo menos reconocidos por sus logros. Todos aspiramos al éxito, nadie desea el fracaso. Queremos trabajos de éxito, carros de éxito, matrimonios de éxito, etc. Sin embargo la mayoría de veces no es así. En múltiples ocasiones nunca ocurre como esperamos que ocurran las cosas. Así que cuando nos toca morder el polvo muchas personas no se logran recuperar de sus fracasos y deciden vivir una vida llena de amargura e insatisfacción porque su vida ha dado un giro que no esperaban y que no les gusta. ¿Qué hacemos cuando fracasamos? ¿Es el fracaso algo permanente o es na etapa que se supera?  ¿Por qué fracasamos? ¿Qué es en realidad el fracaso? ¿Por qué Dios lo permite más a menudo de lo que esperamos?  Eso es lo que pretendo enfocar al estudiar la vida Giezi en esta porción de la Escritura.

Para poder entender este tema, nos vamos a enfocar en cuatro grandes premisas para entender o administrar el fracaso. La primera tiene que ver con las condiciones del fracaso. En segundo lugar tiene que ver con las características del fracaso, la tercera tiene que ver con las consecuencias del fracaso y finalmente tiene que ver con la cura del fracaso.

 I. En primer lugar, las condiciones del fracaso. (2 Reyes 4:1-14)

La historia gira alrededor de tres personajes principales. Una  mujer, un profeta y un criado. Estas tres personas están envueltas en una situación muy curiosa, el nacimiento y la muerte de un niño.  En la historia sobresalen varias características que abonaron en la condición del fracaso de Giezi.

En las condiciones del fracaso podemos enfrentarnos en primer lugar  con la espiritualidad.

Esa espiritualidad está ilustrada por la Sunamita. Observemos como era su espiritualidad. Hay una espiritualidad de sentimiento. El texto dice que la primera etapa del contacto con Eliseo era cuando el “pasaba”. Esta expresión “pasaba” nos habla de encuentros visuales casuales. La mujer no buscaba, y tampoco era una relación cercana. Esta espiritualidad de “paso” es una espiritualidad de las más comunes en nuestro contexto evangélico latinoamericano.  Esa espiritualidad de sentimiento está relacionada sólo con lo visible, lo pasajero. Creo que esta espiritualidad tiene a lo menos tres rostros en nuestro contexto latinoamericano. La primera la llamó espiritualidad del simulacro. Antes de describir esta espiritualidad debemos definir que es un simulacro. Simulacro es la acción que se realiza imitando un suceso real para tomar las medidas necesarias de seguridad en caso de que ocurra realmente.[1] Aplicado a la espiritualidad es aquella precisamente que simula todas las disciplinas, prácticas y conductas espirituales con el fin de prevenir por si algo peligroso pasa en el mundo o en las circunstancias de la vida. Muchas personas viven simulando toda su espiritualidad, por simplemente una ventaja, o una precaución por si “acaso. Es decir es la espiritualidad por si acaso pasa algo malo. La segunda es la que yo llamo espiritualidad de decoración. Decorar es distribuir los elementos funcionales y ornamentales en un lugar o un espacio de determinada manera para embellecerlo o crear cierto efecto.[2] La gente busca esos tipos de ambientes espirituales decorativos. Buscan espiritualidades que sean agradables, y que tengan cierto efecto de imagen. La tercera es la que yo llamo la espiritualidad del balcón.  Juan A. Mackay escribió una idea sobre este tipo de espiritualidad  y él dice: “hay que hacer teología desde el camino, no desde el balcón”. En esta perspectiva se plantea que muchas personas viven una espiritualidad demasiado objetiva y que describen el caminar espiritual desde su comodidad del balcón. En cambio la espiritualidad del camino estriba en que no se puede pensar o reflexionar sobre la fe sino caminamos el camino de Jesucristo junto a los caminantes de la fe. La iglesia evangélica latinoamericana fomenta esta espiritualidad con sus prácticas. Por ejemplo es sabido en nuestros círculos evangélicos que las soluciones para la violencia del país es una propuesta de oración y clamor, y no en ir a los lugares conflictivos y transformar a los que generan violencia. Y entonces nuestro clamor se convierte en orar por la violencia (forma abstracta del problema) y no por los violentos (forma concreta del problema) porque no conocemos ningún nombre de violento por nuestra falta de contacto con ellos. Lo mismo les ocurre a las instituciones que hablan de pobreza y no conocen el nombre de ningún pobre. Gondim dice que debemos buscar  una espiritualidad menos mágica y más responsable. La idea de un Dios intervencionista que invade a cada momento la historia para rescatar a sus hijos dándoles alivio, abriendo puertas de empleo y resolviendo querellas judiciales, terminó produciendo creyentes alienados, sin responsabilidad histórica y sin iniciativa profética. Con ese egoísmo, las iglesias se distanciaron de la arena de la vida. Creyeron que sería suficiente atar a los demonios territoriales para terminar con la violencia y la miseria. El Evangelio no propone que la historia sea transformada por arte de magia, sino con acciones políticas que defiendan la justicia.[3] Así que muchas personas evangélicas de este siglo al igual que la Sunamita tienen un espiritual de “ver pasar”.  Por otro lado hay una espiritualidad del acontecimiento.Observe en el texto  que dice: “le invitaba insistentemente a que comiese”. (Vrs.8) Esta expresión es interesante. ¿Qué es comer con alguien? Pues es un evento. No se participa las 24 horas sino que se reserva un momento especial, con comida especial y para disfrutar algo especial. Una vez pasa el evento cada quien se va y se vuelve a ver hasta que comen otra vez juntos. Y así por el estilo en los evangélicos de esta generación. Se definen como “espirituales” cuando asisten a un evento o por el número de eventos que asisten. Y entonces las iglesias se enfocan para que el lugar del evento y los componentes del evento sean tan atractivos para que no pierdan audiencia. Ricardo Gondim dice algo interesante relacionado con lo anterior: “Creo que debemos ir en búsqueda hoy de una “espiritualidad menos eficiente”. Es decir que los pastores desistan de asociar la aprobación de Dios para sus ministerios con proyectos exitosos. La fe cristiana no se propone reflejar el mundo corporativo, donde la competencia se prueba con resultados. En la espiritualidad de Jesús, los hechos de algunos siervos de Dios pueden ser anónimos, inadvertidos y pequeños. La urgencia por el crecimiento de las comunidades y pastores intentando demostrar como Dios los bendijo con “ministerios aprobados” acabó produciendo este tumor: iglesias que se parecen más a mostradores de servicios religiosos que a comunidades de fe.[4] Hay muchas iglesias que programan eventos con propósitos de “forzar a Dios” a que actúe a favor de ellos. Los conciertos de alabanza y adoración, así como las vigilias y las reuniones de oración y hasta el más simple culto de domingo, muchas veces no son más que un tipo de superstición que rayan la hechicería, cuando son realizados con la intención de ‘forzar’ una acción benévola de parte de Dios; como si el culto y la alabanza fuesen un ‘sacrificio’ como los antiguos sacrificios paganos. En este caso no tenemos liturgias pero si teúrgias, en las cuales se busca manipular el poder de Dios.[5] Esta espiritualidad de evento está produciendo compromisos de evento. Es decir comprometidos solo con el momento asistencial al evento. Una tercera espiritualidad que veo en el texto es la del esposo de la Sunamita. La llamo espiritualidad del asentimiento. Esta espiritualidad está representada por el esposo de la Sunamita. Observe que el esposo es un total desconocido, no se sabe su nombre, no se sabe que dice. Sin embargo la mujer le consulta, y es obvio que él aprobó y construyó el lugar. Este tipo de espiritualidad es la espiritualidad que algunas personas tienen. Piensan que con aportar, hacer, algo para Dios les excluye del ser para Dios. Cuantos hombres están en nuestras iglesias y hacen mucho, construyen muchos pero de lejos. Si los invitan colaboran, pero siempre quieren mantener su distancia de Dios. Muchos esposos de mujeres cristianas son así, muchos hijos de parejas cristianas son así. Y piensan que durante el tiempo que acompañaron a los que estaban comprometidos con Dios, les servirá cuando den cuenta a Dios. Mientras no les conozcan, no se metan en su mundo, colaboraran.

 Una cuarta  espiritualidad es la que vemos con la expresión “…He aquí ahora yo entiendo….que este es varón de Dios”…Hagamos un pequeño aposento…y se quede en él”. Esta es una espiritualidad de crecimiento. Una vez que la Sunamita construye podrá disfrutar un crecimiento de intimidad con Dios. Eliseo la llevará a un momento más íntimo con Dios. Una espiritualidad de crecimiento es disconforme. La Sunamita ya no se sentía llena con ver pasar a Eliseo, comer con Eliseo, sino que quería que Eliseo le orientara más tiempo y con mayor profundidad. Una espiritualidad de crecimiento es disforme. No se sujeta a una sola expresión de búsqueda. Observe que la Sunamita hizo muchas estrategias para llenar su vida. Primero estableció una relación con el profeta. Luego involucro su familia, sus bienes y por último su esposo. Finalmente ella decide generar los elementos necesarios para no perder ese crecimiento espiritual. Una espiritualidad de crecimiento es multiforme. Es decir no hay estéreo tipos que impliquen que se es verdaderamente espiritual. Por ejemplo no se asume que un pastor es más espiritual que una persona que no lo es, sólo por el hecho de ser pastor.  Una persona es más espiritual por la forma en que viste al hacer el acto religioso. En otras palabras una persona no es más espiritual porque use saco y corbata a uno que usa guayabera. Observe que la espiritualidad de la Sunamita se manifiesta en plática con el profeta, pero también come con el profeta y finalmente construye para el profeta. En términos de inversión la Sunamita muestra toda la intención de que Eliseo no sólo se quedara sino que estuviera cómodo y que supiera que era bienvenido y se podía quedar todo el tiempo que quisiera. Observe que le construye con paredes, pone cama, pone silla, pone  candelero. No es temporal la bienvenida. Pero es una construcción con sobriedad. Eso le hubiera agradado a Eliseo, pues sabía que él era un varón santo de Dios.

Así que una de las primeras condiciones que abonan al fracaso de Giezi tiene que ver con la espiritualidad. Esa espiritualidad es una espiritualidad de sentimiento, una espiritualidad de acontecimiento, una espiritualidad de asentimiento, y una espiritualidad de crecimiento.

[1] https://www.google.com.sv/?gws_rd=cr&ei=EheKU9CRDoq3sAS3-4H4Aw#q=qu%C3%A9+es+un+simulacro

[2] https://www.google.com.sv/?gws_rd=cr&ei=EheKU9CRDoq3sAS3-4H4Aw#q=qu%C3%A9+es+un+simulacro

[3] http://gondimenespanol.blogspot.com/search/label/Estudios

[4] http://gondimenespanol.blogspot.com/search/label/Estudios

[5] Gouvea, Quadros Ricardo, “A Piedade Pervertida” (Grapho Editores), pág. 28

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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