Reflexiones en Santiago: Una fe Coherente


  1. Una FE VICTORIOSA es una fe coherente (1.19-27)

Cuando estaba en los Boys Scouts hacíamos un juego que se llama “Simón dice”. Creo que muchas personas lo han jugado alguna vez. El juego consiste en que la persona le dice al grupo que hacer. Pero la gente lo tiene que hacer siempre y cuando la orden incluya la palabra “Simón dice”, si la orden no incluye eso la gente no debe hacer nada. Si lo hace entonces queda eliminada. Es un juego muy sencillo, no se necesitan controles, no consolas. El principio básico del juego es que si Simón dice entonces hay que obedecer y hacerlo. Lo curioso de esto es que en nuestras iglesias nosotros tenemos el juego de “Jesús dice”, pero lo raro es que el juego es totalmente diferente al de “Simón dice”. En la iglesia si Jesús dice algo la gente lo que entiende es que debe memorizarlo y no hacerlo. Se estudia, se memoriza y no tiene mucho sentido lo que hacemos con lo que Jesús dice. Por ejemplo cuando Jesús dice: “Vayan y hagan discípulos”, la pregunta que viene a la mente es ¿Cuántas personas en nuestras iglesias en verdad están haciendo discípulos? Lo que hacen en realidad es memorizarlo. Esto es tan raro y patético que sería tan similar como cuando le digo a mi hijo. “Hey tú, Romeo ve y limpia tu cuarto”. El no regresa dos horas después diciéndome: “Memoricé lo que me ordenaste; me dijiste: “Hey Romeo, ve y limpia tu cuarto”. Incluso me lo sé en griego también. Y luego añade: “A propósito, mis amigos van a venir a un estudio que va a estar enfocado en “que sería si yo limpiara mi cuarto”. Mi hijo sabe que yo espero más que eso. Lo triste y peligroso de esto es que  un día estaremos presentes ante un gran Juez, y con lo único que nos vamos a presentar solamente será con nuestra capacidad de repetir de memoria lo que sabemos. Así jugamos el juego de Jesús dice en casi todas nuestras áreas.

En esta sección se afirma que la verdadera piedad, según Santiago, está unida a la práctica. La ética de Santiago es una ética de la interioridad, una que procede de adentro hacia afuera. La conversión del ser humano no se produce de afuera hacia adentro. Se puede cambiar todo el exterior de una persona sin que su corazón cambie. La verdadera conversión es la conversión del corazón, y luego todo el ser comienza a convertirse. Santiago se apoya fuertemente en la ética de Jesús. Por ejemplo, Jesús predicaba: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de afuera del vaso o del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! ¡Limpia primero el interior del vaso para que también el exterior se haga limpio!” (Mat. 23:25, 26). Con la misma intención, quizá sin tanta fuerza emocional, Santiago llama a su congregación dispersa a mantener los principios de la verdadera religión. La verdadera religión no es la de las formas, sino la de una interioridad transformada y renovada por el poder del evangelio.[1]

Además, como hemos visto en la Introducción, la carta de Santiago fue escrita en una época de grandes conflictos dentro de la emergente  iglesia cristiana. Esos conflictos, como los de la iglesia del día de hoy, eran mayormente éticos: se hacía acepción de personas, se juzgaba sin compasión y sin verdad, se afirmaba tener fe pero no se actuaba en consecuencia, se vivía de la vanagloria, se explotaba al pobre y se amaba la riqueza, se vivía sin consideración los unos de los otros. Todas estas faltas éticas de la vida cristiana serán referidas por turno por Santiago, pero antes de hacerlo el apóstol desea afirmar el fundamento esencial de toda ética cristiana: se hace lo que se dice. Santiago sostiene que en la vida, especialmente en la vida cristiana, hay tres elementos que se encadenan y se necesitan: el oír, el hablar y el hacer. Los tres están íntimamente relacionados. De la forma como se realice uno se realizarán los demás. Todos sabemos que una persona que habla mucho por lo general no escucha a los que le rodean. También sabemos que el que habla mucho hace poco. Decimos: “perro que ladra no muerde” y otros dichos semejantes para analizar estas relaciones humanas. Santiago las ha visto en su propia congregación y se dispone a advertir a sus oyentes acerca de ellas. Santiago ha descubierto que la verdadera religión no es algo que se dice, o algo que se declama, sino algo que se hace, algo que se realiza. Somos nosotros quienes distinguimos entre teología y ética. Para nosotros la teología es lo que se cree con la cabeza, y ética es lo que se hace con las manos. En la unidad de la fe según cómo la ve Santiago no se puede hacer nada con las manos que antes no haya estado en la cabeza. La ética y la teología están tan íntimamente ligadas que es imposible separarlas. La verdadera religión es aquella que no sólo se asienta en una sana doctrina sino que también destila una sana práctica. Teología y ética, doctrina y práctica, son los dos pies sobre los que camina la fe y sobre los que se sostiene la verdadera religión. [2]

¿Cómo desarrolla Santiago esa fe coherente? Lo hace a través de cuatro filtros. Cada uno de ellos tiene que ser evaluados y si hay necesidad ser cambiados para que podamos practicar la Palabra de Dios.

  1. Una fe coherente es REFLEXIVA (1:19-20)

Al pensar en los evangélicos de América latina ¿podríamos definirlos como creyentes que tienen profundidad reflexiva con respecto a la Palabra de Dios? Un alto porcentaje de hispanos en Estados Unidos cree que la Biblia es divinamente inspirada, pero son muy pocos los hispanos que consideran que las enseñanzas bíblicas son aplicables en la vida diaria o que leen la Biblia diariamente, revela un estudio difundido recientemente por el Grupo Barna.[3] El estudio, titulado América Hispana: Fe, Valores y Prioridades, es el primero realizado por Hispanics Barna, la nueva división creada por esa conocida organización dedicada al análisis de la situación religiosa estadounidense. Aunque el reporte se completó antes de las elecciones, se hizo precisamente anticipando el nuevo poder político de la comunidad hispana. Por otro lado pienso que es aplicable a América Latina. El reporte busca analizar el impacto que las creencias religiosas de los hispanos tendrán en Estados Unidos en las próximas décadas, cuando, según datos del censo, los hispanos serán el 30 por ciento de la población del país.

El sondeo se realizó entre agosto y septiembre pasado e incluyó contactos con poco más de 2.000 hispanos de todo el país. El principal hallazgo del estudio es que, aunque la religión (especialmente cristianismo) sigue siendo una influencia muy fuerte en la vida de la gran mayoría de los hispanos, la comunidad hispana en general es una comunidad “en transición espiritual”, especialmente entre los jóvenes hispanos que se siente “insatisfechos” con las tradiciones cristianas. Esa transición y esa insatisfacción quedan en evidencia en el hecho de que “aunque los hispanos mantienen una fuerte cultura de fe, esa fe no se aplica en la vida diaria”, dijo Kinnaman.[4] El 85 por ciento de los hispanos encuestados se considera cristianos (la gran mayoría de ellos católicos), aunque solamente el 40 por ciento asiste regularmente a servicios religiosos y sólo uno de cada cuatro hispanos lee la Biblia con regularidad. De hecho, sólo el 8 por ciento de los hispanos son “lectores involucrados” de la Biblia, es decir, leen la Biblia por lo menos cuatro veces por semana. “No hay que convencerlos que la Biblia es la palabra de Dios, pero necesitan ser convencidos que la Biblia tiene aplicaciones en la vida diaria, incluso entre los cristianos activos”, sostuvo Kinnaman.[5]

Así que la trágica noticia es que los latinos, no leen la biblia y mucho menos reflexionan sobre ella. A eso se debe la fe tan superficial que muchos exhiben en sus prácticas. ¿Por qué las nuevas generaciones tienen poco interés en la fe y en la Palabra de Dios? Porque nosotros hemos transmitido esa sensación de que la Biblia es el libro de Dios pero que tiene poca relevancia para el diario vivir aquí hoy. El Dr. Jeremiah cuenta la siguiente historia que creo que es muy pertinente para este tema. Él dice:

“Leí acerca de un padre muy religioso cuyo hijo estaba estudiando para dedicarse al ministerio. El chico había decidido irse a Europa para obtener allí un título avanzado  y al padre le preocupaba que su fe sencilla fuese corrompida  por sofisticados profesores ateos. “No les dejes que se alejen de Jonás”, le advertía pensando que la historia del hombre tragado por la ballena sería la primera en ser suprimida. Dos años después cuando el hijo regresó, el padre le preguntó: ¿Todavía  guardas a Jonás contigo? El hijo riendo respondió: ¿Jonás? Esa historia ni siquiera está en tu biblia. ¡Claro que está! Replicó el padre. ¿Qué quieres decir? Te digo que no está, continuó el hijo, y riendo insistió. Vamos, muéstramela. El anciano hojeo rápidamente las páginas de su Biblia en busca del libro de Jonás, pero no pudo encontrarlo. Por último revisó la tabla de contenido tratando de localizar la página exacta. Al llegar donde debía estar, descubrió que las tres páginas del libro de Jonás habían sido cuidadosamente mutiladas de su Biblia. Fui yo, quien lo hice, antes de marcharme, repuso el hijo. ¿Qué diferencia hay entre perder el libro de Jonás por estudiar con ateos que perderlo por negligencia?[6]

¿Cómo podemos desarrollar una fe victoriosa coherente que sea reflexiva? Esa fe en primer lugar debe ser actualizada. Observe esta actualización en el pensamiento de Santiago. El usa la expresión “Por esto”. En realidad la mejor traducción de esta expresión debería ser “sabéis esto”. El comentarista Clayton Harrop dice al respecto que los modernos traductores han modificado  “por lo tanto”, que se encuentra en unas versiones antiguas.[7] Muchos otros concuerdan que esta es la mejor traducción.[8] Al usar este concepto se demuestra que los creyentes habían recibido  la nueva vida por voluntad divina, que el instrumento usado para llevarlos a ese conocimiento  era la Palabra de Dios y que eran primicias  de las criaturas de Dios.  El término es un  imperativo activo perfecto. Aunque esto también se podría tomar como un indicativo (morfología griega), lo introductorio de los imperativos del 1:16 y 2:5 nos da la pauta de que esto es también una orden relacionada con el entendimiento del evangelio (ver I Juan 2:21). La palabra “conocer” es usada en el Hebreo de “relación personal con” y en el griego “hechos de.” Ambos son aspectos cruciales del evangelio, cuales son (1) una persona bienvenida; (2) verdades acerca de esa persona a creer; y (3) una vida emulando a esa persona para  vivir.[9] ¡Los creyentes deben de vivir apropiadamente. En este sentido ya los creyentes de la iglesia a la que Santiago escribe saben bastante. ¿Sabemos bastante los evangélicos de este siglo? Si eso es cierto, ¿cómo lo sabemos? ¿De dónde lo sabemos? ¿Para qué lo sabemos? Pienso que serían preguntas pertinentes para hoy. ¿Será que Santiago establece el mismo proceso de preguntas en el texto? Sospecho que sí. Antes de entrar a estas preguntas que buscan actualizar nuestro saber, es importante entender que implica estar actualizado. Para muchos la actualización es un asunto de estructura. Es decir sus sistemas son similares a las tendencias organizativas, empresariales, arquitectónicas, etc. Copian todo lo que administrativamente y gerencialmente existe como nuevo en el mundo. Para otros la actualización es asunto mediático. Se trata de utilizar todos los recursos tecnológicos contemporáneos, y estar a la vanguardia en sonidos, aparatos, instrumentos e informática. Para otros la actualización es asunto cultural. Como lo pone un movimiento contemporáneo juvenil en su propaganda: “Hablamos igual pero de no decimos lo mismo”[10] Para otros la actualización es asunto doctrinal. Es decir quitar y variar las doctrinas de la Biblia de tal manera que sea más accesible y digerible al mundo contemporáneo. Sin embargo lo que se está planteando en esta reflexión no tiene nada que ver con estos criterios. Sino con tener un cristianismo actual, fresco y contemporáneo. Es lo que Stott dice:

“Ser «contemporáneo» es vivir en el presente, y movernos con los tiempos, sin ocuparnos necesariamente ni del pasado ni del futuro. Para ser un «cristiano contemporáneo», sin embargo, es preciso asegurarnos de que nuestro presente este enriquecido, en la medida más plena posible, tanto por nuestro conocimiento del pasado como para nuestra expectativa en cuanto al futuro. La fe cristiana lo  exige. El Dios en el cual confiamos y al cual adoramos es «el Alfa y la Omega… el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso», en tanto que el Cristo Jesús con el cual estamos comprometidos es «el mismo ayer, y hoy, y por los siglos»[11]

Más adelante el sostiene:

“Las expresiones mismas, «el cristiano contemporáneo» y «cristianismo contemporáneo»… Les parece a muchos una contradicción terminológica. ¿Cómo se Ie puede llamar «contemporáneo» al cristianismo? ¿Acaso no se trata de una fe antiquísima? ¿Acaso su Fundador no vivió y murió casi dos milenios atrás? ¿Acaso no es el cristianismo una pieza de época, un ejemplar de museo, una reliquia antigua del pasado remoto, carente de actualidad para los hombres y mujeres modernos?… No se trata de una nueva versión del cristianismo que estamos empeñados en inventar, sino del cristianismo original, histórico, ortodoxo y bíblico, que con sensibilidad procuramos relacionar con el mundo moderno.[12]

Y sobre esa premisa es que intentamos hablar de una fe victoriosa coherente reflexiva actualizada. Pasemos hoy al proceso de esa actualización según el texto. La primera pregunta sobre la frase “esto sabéis” es la pregunta ¿Qué sabemos?  Esto se asocia con el mensaje. Santiago vuelve usar “mis amados hermanos”. En esta expresión podemos encontrar tres dimensiones en las cuales los evangélicos somos muy conocedores.  Primero “mis hermanos” está frase tiene que ver con la comunidad. Significa que Santiago desarrolla un vínculo entre él y sus hermanos de la iglesia. Él es el facilitador de la fe y ellos son su audiencia. Significa que podemos hablar de la iglesia, de lo que sucede en ella, y de quienes son los que dirigen y  quienes son los receptores de esa dirigencia. El hno. Wilbur Madera escribe un artículo en donde determina muy atinadamente la forma en que como iglesias evangélicas latinoamericanas mostramos lo que sabemos. Él dice:

“Las siguientes observaciones son el fruto de una corta, pero dinámica experiencia en la vida y el ministerio de la Iglesia evangélica.  Hablamos de tendencias y énfasis porque la realidad es fluctuante y dinámica.  La realidad observada varía dependiendo de la región, la iglesia local, el liderazgo y un sin fin de factores.  Sin embargo, estos diez elementos parecen ser una constante en la vida diaria de los evangélicos”.[13]  Entre las más importantes tendencias que el autor señala está lo que él llama la tendencia a celebrar el pasado en vez de soñar con el futuro. Y agrega como ejemplo las celebraciones de aniversarios de las iglesias y organizaciones son actividades muy regulares en las iglesias evangélicas.  Y dice que nuestra tendencia es celebrar el pasado y no ver hacia al futuro. Es decir, el futuro no es tema de discusión en muchas iglesias; sobre todo el futuro a largo plazo.  La reflexión y planeación de muchas Iglesias sólo llega hasta el futuro inmediato: la próxima semana, el próximo mes, y en el mejor de los casos, el próximo año. Muy pocas iglesias tienen una estrategia bien definida para afrontar el futuro y avanzar el reino de Dios.[14] Otro punto relevante que sabemos como evangélicos y que este escritor señala es el énfasis en mantener en vez de alcanzar. La preocupación de muchas iglesias es mantener a los que ya están. Esto, por supuesto, no está mal.  El problema empieza cuando los líderes no sueñan con los que podrían alcanzar, sino se conforman con mantener a los que ya están. Casi siempre las decisiones se toman con base en la comodidad y preferencias de los que ya son creyentes, sin desafiarlos a esforzarse a ser “todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (1 Co 9:22 NVI).  Se habla de evangelizar y de alcanzar al perdido, pero no somos capaces de cambiar nuestras cómodas costumbres con tal de acercarnos al que necesita de Cristo.[15] En fin, no sabemos ser anfitriones porque tenemos la mentalidad de que la iglesia es como un club para “santos”.  Nos interesa mantener el status quo del club; los pecadores vendrían a estropear nuestro club y sus prácticas tradicionales.  Necesitamos romper con este falso concepto de lo que es la Iglesia.  La Iglesia es la estrategia de Dios para alcanzar al mundo.  Debemos ser una comunidad que atraiga a los pecadores, que reciba a los que necesitan al Señor; una comunidad que se esfuerza por compartir, con sus palabras, acciones y actitudes, las mejores noticias jamás conocidas: el Evangelio. Una tercera cosa que sabemos es enfatizar la tradición en lugar de la relevancia. Para muchos evangélicos es de suma importancia conservar la tradición ministerial recibida del pasado.  De acuerdo con esta mentalidad, lo que se ha hecho en el pasado se vuelve la norma para definir lo que se puede o debe hacer en el ministerio presente.  El tiempo y la repetición van dejando la idea de que las prácticas ministeriales tradicionales son necesariamente la única manera aprobada por Dios para realizar el trabajo de la Iglesia. Toda propuesta que atente contra la tradición ministerial del pasado es considerada liberal, peligrosa y fuera del orden evangélico. No cabe duda que la tradición es importante porque nos conecta con los santos del pasado, provee el sentido histórico de nuestra identidad y es un freno amigable para nuestras tendencias extremosas.  Sin embargo, la tradición simplemente es una manera en la que la Iglesia ministró en un contexto cultural particular, en cierta época de la historia, atendiendo necesidades y personas específicas.  No necesariamente es la única manera endosada por Dios para el ministerio. Por lo tanto, es necesario considerar el contexto cultural, social, político y religioso en el que ministramos para determinar cómo la herencia del pasado nos ayuda o nos distrae para servir en las circunstancias actuales.  No se trata de rechazar del todo la tradición, sino evaluarla y ajustarla al entorno presente para poder ser relevantes en nuestra cultura. Cómo seremos relevantes con nuestro ministerio femenil, por ejemplo, en una cultura urbana donde las mujeres forman parte activa de la fuerza laboral y tienen horarios tan variados. Cómo alcanzaremos con el evangelio a una juventud que está creciendo en la era del ciberespacio y multimedia. Cómo ministraremos en una época en la que la familia compuesta por papá, mamá e hijos es una especie en extinción. Cómo seremos relevantes a estas nuevas condiciones de ministerio. La tradición es muy buena, pero nunca olvidemos que somos llamados a ministrar relevantemente en un contexto diferente.  Los propósitos bíblicos para el ministerio nunca cambian, no obstante, las estrategias específicas para lograrlos pueden variar de cultura en cultura, de lugar en lugar y de época en época.[16]

No solamente sabemos de la comunidad, sino que también sabemos de la identidad. Observe que Santiago vuelve usar la palaba hermanos.  No somos empleados, no somos socios, no somos accionistas,  no somos propietarios, somos una familia. Por lo tanto toda la dinámica de la interacción se basa en esa cosmovisión, esa es nuestra identidad. ¿Qué implica la identidad de hermanos?  Nuestra identidad se vincula primero con cercanía.

La palabra “hermanos” denota relación cercana con la familia. Por consiguiente, según la Biblia, nuestros hermanos en Cristo son todos aquellos que forman parte de la familia de Dios. Nuestra identidad se vincula con simpatía. Es decir no somos primos, o sobrinos, o tíos, somos hermanos. Esa simpatía es generada por la posición y no por la disposición. Es decir soy hermano no porque sienta que soy hermano sino porque se declara que lo soy. La tercera cosa es que no sólo habla de cercanía, simpatía sino también de soberanía. Es decir nosotros no escogemos los hermanos. Dios nuestro Padre nos lo asigna. Sin embargo a pesar de que sabemos esto, simplemente nuestras relaciones entre hermanos son totalmente diferentes. Creo que estamos llamados a un despertar en nuestras relaciones como hermanos, no solamente en la iglesia local, sino también a nivel denominacional.

Estamos tratando de responder la pregunta ¿qué sabemos cómo cristiano? Y hemos dicho que sabemos lo que es la comunidad, lo que es la identidad, pero también sabemos lo que es la actividad. Observe que Santiago dice “amados hermanos”. La expresión implica una traducción “mis hermanos amantes”. Esta expresión  de profundo afecto fraternal que Santiago usa por segunda vez habla de intimidad familiar y ternura pastoral y es evidencia  del interés personal del apóstol hacia sus lectores. La exhortación se centra en ir más allá del conocimiento. Es necesario avanzar a una práctica  fructífera de la fe. [17] ¿Cuál es la principal actividad o enfoque de una iglesia? Indudablemente la práctica de la vida a través de principios. Observe el llamado a un amar incondicional, por el uso del término ágape. Este amor es voluntario y si condiciones. ¿Cómo se demuestra el amor entre los hermanos? Es obvio que entendiendo el enfoque del amor. ¿Y cuál es su enfoque? Las personas, simple y sencillamente. Las personas son el primer lugar en nuestras iglesias y no las tradiciones, las estructuras, el dinero, etc.

Una vez establecido lo que sabemos, es decir, de comunidad, de identidad y de actividad necesitamos pasar a la segunda pregunta ¿Cómo lo sabemos? Esto se asocia con el método.

El texto continua diciendo: “todo hombre sea pronto para oír”. La fórmula de Santiago es la opuesta: oír mucho, hablar poco y hacer todo lo que Cristo manda. Todo cristiano debiera saberlo. Sin embargo, continuamente lo olvidamos. Por eso Santiago comienza su advertencia con sabed, mis amados hermanos. No porque no lo sepan, sino porque lo han olvidado. Así también decían los otros apóstoles, y el Señor (Mat. 24:43; Lucas 21:31; Juan 15:18; Hechos 13:38; 28:28; Ef. 5:5; Hebreos 12:17; 2 Pedro 3:3). También el apóstol Pablo: “El escribiros las mismas cosas, a mí no me es molesto y para vosotros es más seguro” (Fil. 3:1). Santiago escribe de cosas sabidas, para que nadie se olvide. Un comentarista sugiere que “pronto para oír y tardo para hablar” es un dicho proverbial (ver Prov.  10:19; 13:3; 16:32; 17:28; 29:20). Versículos 22-25 se relacionan con esta  primera frase imperativa. Este mandato podría referirse a la informalidad y la  falta de estructura de la naturaleza de los servicios de adoración de la iglesia  primitiva (ver 3:1). Esta apertura fue a menudo abusada. Esta misma tensión  entre cantantes, gente que hablaba en lenguas y profetas rivales puede ser vista  en I Corintios 14:20[18] Esta expresión es importante entenderla dentro del contexto de Santiago y su iglesia. Santiago comienza sus instrucciones alentándonos a estar “listos para escuchar”. En sus días, esto era muy importante, porque si se sabía escuchar se aprendía más. Como pocos creyentes  poseían ejemplares  de las Escrituras, dependían de escuchar  su lectura y su predicación en los servicios públicos. Quien no estuviera  “listo para escuchar” ¡quedaba rezagado![19]  En nuestra civilización  hoy, muchos creyentes son indiferentes  a la P

[1] Cevallos, Juan Carlos. Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 de Pedro, Judas. Editorial Mundo Hispano, USA. 2005. Pág. 150

[2]Ibíd.

[3] http://hispanics.barna.org/a-shifting-faith/

[4]Ibíd.

[5]Ibíd.

[6] Jeremiah, David. Un Giro a la Integridad. Pág. 45

[7] Harrop, Clayton. La Epístola de Santiago. CBP, USA  1979. Pág. 30

[8]Por ejemplo el Dr. Carballosa dice que la traducción  que aparece en la Reina Valera  (por esto) está basada en el llamado Textus Receptus, pero que una lectura del texto crítico que traduce “sabéis esto” se considera más apropiada. (La Fe en Acción, comentario de Santiago, pág.114)

[9] http://www.freebiblecommentary.org/pdf/spa/VOL11_spanish.pdf

[10] Esta frase es tomada de un ministerio llamado “Rebaño de Lobos. Para una muestra de esta “actualización espiritual”  ver este video http://www.youtube.com/watch?v=Um1z-1nepO4

[11]Stott, John. El Cristianismo Contemporáneo: Un llamado a Escuchar con los Dos Oídos. Ed. Nueva Creación, Bueno Aires, Argentina. Pág. 11

[12] Stott, John. El Cristianismo Contemporáneo: Un llamado a Escuchar con los Dos Oídos. Ed. Nueva Creación, Bueno Aires, Argentina. Pág. 11

[13] Madera, Wilbur. Tendencias y Énfasis en la Iglesia Evangélica. Artículo Escrito. S.F.

[14]Ibíd.

[15]Ibíd.

[16]Ibíd.

[17] Carballosa, Santiago: Una Fe en Acción, pág. 114

[18] http://www.freebiblecommentary.org/pdf/spa/VOL11_spanish.pdf

[19] Jeremiah, David. Un Giro a la Integridad. Pág. 46

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