No necesito ir a Roma para que me declaren santo…



santos de roma

Cosas veredes…Sancho amigo…[1]

Estaba leyendo que hay muchas de las frases que repetimos como joyas de sabiduría que no son lo que realmente fueron en sus contextos originales. Una de ellas son las citas que muchas veces repetimos para demostrar un punto ya sea moral o filosófico. Alguien ha dicho que el récord de citas falsamente atribuidas se lo lleva El Quijote. Por ejemplo la famosa frase: “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras” para referirse a algo que nos causa sorpresa o perplejidad. La cita está atribuida a don Quijote, seguramente porque se dirige al personaje de Sancho y porque tiene un lenguaje arcaizante, pero lo cierto es que don Quijote nunca llega a pronunciar semejante frase ni ninguna parecida. El verdadero origen de esta expresión hay que buscarlo en el Cantar de Mío Cid, cuando Rodrigo Díaz de Vivar le dice a Alfonso VI «Muchos males han venido por los reyes que se ausentan…», y el rey contesta «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras». Como puede verse, en un principio la expresión era «tenedes» en lugar de «veredes». Así que es interesante como se distorsionan con el tiempo las frases populares y caemos en el error de aceptarlas así y luego repetirlas como verdades. Creo que algo similar está pasando hoy con esto de la canonización. Y  es que todavía no deja de sorprenderme lo adicto que somos los seres humanos a tener ídolos. Y esta adicción se manifiesta en todos los campos, ya sea artístico, deportivo cultural y por sobre todo de índole religioso. En todos los tintes religiosos tenemos una gran tendencia a subir a los hombres en pedestales. Y esto en todas las iglesias, ya sean evangélicas, católicas, orientales, etc.

Digo esto porque en estos días Karol Wojtyla y Angelo Giuseppe Roncalli  y no tardará Romero, fueron declarados santos. ¿Qué implicaciones tiene esta declaración? ¿De dónde se sacan estas ideas de que una vez muerta la persona se constituye en un intercesor entre los hombres y Dios? De la Biblia no lo creo. No sólo no se puede sacar información que apoye esta “doctrina”  sino que al buscarla la contradice con una tremenda claridad. Si esto es así ¿Por qué se sigue haciendo esta práctica y porque la gente sigue creyendo ciegamente en los supuestos “milagros” que estos “santos” hacen ahora? De hecho me temo que escribir esto podrá generar enojo en muchos. Pero es más importante hacer vale los principios bíblicos que la aprobación de la gente. ! Ay¡ cosas veredes Sancho amigo…

Los perros ladran Sancho…señal de que cabalgamos…

También  con Quijote ocurre la  frase «Ladran, Sancho, señal que cabalgamos», que es una invitación a hacer oídos sordos a las malas palabras de nuestros enemigos y a seguir adelante sin detener el paso. Una vez más se atribuye a don Quijote, por motivos casi idénticos a la anterior. Según el escritor Arturo Ortega Morán expresiones parecidas, con perros que ladran a caminantes como metáfora de las críticas, aparecen desde mucho antes del Quijote, aunque el origen más probable de la expresión parece ser el poema Labrador de Goethe. La causa que hizo que Sancho entrara en la cita es un absoluto misterio, pero lo que sí se sabe es que Orson Wells contribuyó a extender el error al colocar la frase en boca de don Quijote en su versión cinematográfica.

Es probable que al hablar de canonización muchos puedan ocupar la frase anterior pero a pesar de eso no debe caber la duda que el procedimiento es meramente extraño y muy religioso sin fundamentos bíblicos…

Quizás sería importante trazar un pequeño trasfondo de lo se cree como proceso de beatificación y canonización. La canonización es el acto mediante el cual la Iglesia católica (en ambos ritos: Oriental y Occidental) declara como santo a una persona fallecida. Este proceso comprende la inclusión de dicha persona en el canon, la lista de santos reconocidos. Anteriormente, los individuos eran reconocidos como santos sin requerimientos o procesos formales. La canonización, sea formal o informal, no santifica a ninguna persona. Se trata de una declaración de que ella fue santa al momento de su muerte, con anterioridad al mismo proceso de canonización. Tanto la Iglesia católica como la ortodoxa poseen sus formas y mecanismos de canonización. Las canonizaciones se efectúan después de un proceso judicial llamado «proceso de beatificación y canonización» o, simplemente, proceso de canonización. El «proceso de canonización» es el que dilucida la duda acerca de la santidad de una persona. Existen dos vías para llegar a la declaración de canonización:

La vía de las virtudes heroicas

La vía del martirio

En el proceso de canonización se establece la duda procesal de si el candidato a santo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico, o si ha sufrido martirio por causa de la fe. Además, para llegar a la canonización se requiere de la realización confirmada de dos milagros (uno solo en el caso del mártir). La canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papal de que una persona está, con toda certeza, contemplando la visión de Dios. El creyente puede rezar confiadamente al santo en cuestión para que interceda en su favor ante Dios. El nombre de la persona se inscribe en la lista de los santos de la Iglesia y a la persona en cuestión se la “eleva a los altares”, es decir, se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia católica[2]. El tiempo transcurrido entre la muerte y la canonización de los santos ha sido sumamente variable. Algunos tarden poco y otros muchos. El caso de Wojtyla fue breve y el de Roncalli más largo.

Con la iglesia hemos topado…

Por último, otras citas, aunque son más fieles a la forma original, han alterado notablemente su significado. La frase «Con la iglesia hemos topado», que originariamente era «Con la iglesia hemos dado, Sancho», hay que situarla en su contexto dentro del libro: por la noche la inmortal pareja está buscando a ciegas el palacio de Dulcinea cuando se encuentran la iglesia del Toboso. Aparte de la significación literal, ¿estaba en el texto original el sentido anticlerical que hoy en día se le da a esta expresión? Algunos de los más grandes expertos cervantinos ‒Francisco Rodríguez Marín, Martín de Riquer o Francisco Rico‒ niegan esta segunda interpretación y afirman que solo significa lo que dice literalmente. Pero aunque sea cierto su origen literal no es pecado usarla metafóricamente en cuanto a la canonización en la Iglesia Católica.

¿Qué dice la Biblia de ser santo?  La palabra “santo” viene de la palabra griega “hagios” que significa “consagrado a Dios, santo, sagrado, piadoso.” Casi siempre es usado en plural, “santos” “…Señor, he oído de muchos a cerca de este hombre, cuántos males ha hecho a Tus santos en Jerusalén.” (Hechos 9:13). “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.” (Hechos 9:32) “Lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos,….” (Hechos 26:10). “Saludad a todos los santos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:21). En la Escritura hay 68 usos del plural de “santo.” La idea de la palabra “santo” es un grupo de gente apartada para el Señor y Su reino. Hay tres referencias que aluden al carácter piadoso de los santos; “que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos,..” (Romanos 16:2) “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:12) “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5:3). Por lo tanto, bíblicamente hablando, los “santos” son el cuerpo de Cristo, los cristianos, la iglesia. Todos los cristianos son considerados santos. Todos los cristianos son santos… y al mismo tiempo son llamados a ser santos. 1 Corintios 1:2 dice claramente, “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…” Las palabras “santificados” y “santos” provienen de la misma raíz griega, como la palabra que es traducida comúnmente como “santos”. Los cristianos son santos, en virtud de su unión con Jesucristo. Los cristianos son llamados a ser santos, para que permitan que paulatinamente su vida se ajuste cada vez más a su posición en Cristo. Esta es la descripción bíblica y el llamado de los santos. ¿Qué entiende por “santos” la Iglesia Católica, en comparación con la enseñanza bíblica? No mucho. En la teología Romana Católica, los santos están en el cielo. En la Biblia, los santos están en la tierra. En la enseñanza Romana Católica, una persona no se convierte en santo, a menos que él/ella sea “beatificado” o “canonizado” por el Papa o un obispo prominente. En la Biblia, cualquiera que ha recibido a Jesucristo por la fe, es santo. En la práctica Romana Católica, los santos son reverenciados, se les reza y en algunos casos, son adorados. En la Biblia, los santos son llamados a reverenciar, adorar y orar únicamente a Dios.

Así que la beatificación y posterior canonización de Wojtyla y Roncalli no son bíblicas, y ninguna de las beatificaciones, canonizaciones hechas anteriormente tampoco lo son.

No es necesario usar medios para llegar a Dios, ni venerar santos o vírgenes para que Dios nos oiga, porque ya tenemos un mediador que es Jesucristo.

1 Timoteo 2:5 Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; 6 El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos: Solo un  mediador puede realizar las paces entre Dios y los hombres pecadores. Solo Cristo que dio su vida en la cruz en rescate por nosotros, derramando su preciosa sangre, tiene el poder de salvarnos como “único puente” entre Dios y los hombres. ¡No necesitamos ni a la virgen María, ni a San Pedro, ni a Wojtyla, ni a Roncalli ni a Romero  solo necesitamos a Jesucristo, Salvador del mundo y Salvador nuestro!

[1] http://www.lapiedradesisifo.com/2013/10/20/cosas-veredes-sancho-y-otras-frases-nunca-dichas/

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Canonizaci%C3%B3n

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