Reflexiones en Génesis: Cuando Dios vuelve hablar


En segundo lugar no sólo cuando no habla Dios hay caos, sino que cuando Dios vuelve hablar… corrige

Observemos aquí que una vez que el hombre está hecho un caos en su creencia y en su vivencia aparece nuevamente Dios.

Corrige la situación  (3:8-9)  Es sugerido aquí, y yo creo que es en una forma deliberada, que hablar con Dios  era algo común en las vidas de Adán y Eva. Es de notar que la primera oración registrada fue después de la caída. Aún el relato sugiere claramente que la relación  había sido una delicia continua y bendición para Adán Y Eva, y fue parte de su vida diaria. Esto deja ver que es una acción común de parte de Dios. El viene al jardín en el fresco del día a conversar con los dos que son creación de sus manos, y juntos hablaron en el jardín. No estamos seguros como Dios se le apareció a ellos. No se nos dice en las Escrituras, pero aparentemente él se apareció como otro ser humano. Es notable, que de hecho, es que en una manera sutil al menos, esto proyecta la encarnación, cuando Dios mismo vendría hacerse hombre– no meramente como hombre sino actualmente como uno de nosotros. Pero aquí, aparentemente, Dios aparece como hombre porque ellos le oyeron caminado en el jardín. El sonido de sus pasos (por la frase hebrea “se paseaba”) les recordó a Adán y Eva que el tiempo había llegado para tener su conversación diaria e intercambio con Dios. Ahora bien, Dios sabía lo que había pasado y decidió aún llegar al momento del encuentro diario con ellos. Su situación tiene tres dimensiones después del pecado. Es una situación traumática. Observen que el texto dice que “oyeron”, es implica lo traumáticos que sería en este momento enfrentarse a Dios sabiendo que algo había cambiado en sus vidas. Es una situación  dramática. Dice que “se escondieron” ¿Cómo podemos escondernos de Dios?¿ Será posible eso? ¿Por qué piensan que se podrá ocultar uno de Dios? Es una situación problemática.  Pero ahora noten algo más es este recuento. El pecado ha entrado ya, y Adán y Eva se estaban escondiendo de Dios. Toda la informalidad se había acabado, reemplazada con miedo, sentido de culpa, y reacios a venir a su presencia. Pero Dios mismo otra vez toma la iniciativa de corregir esa condición. El comienza a hacerles preguntas a Adán y Eva. Ahora, es muy, muy importante entender esto, porque es evidente en este recuento hay un mar de separación entre el hombre y Dios, y es Dios quién emprende conectar el puente de ese mar. Hay ocasiones en nuestra vida  cuando también sentimos ese sentir de que un mar nos separa de Dios. Tenemos miedo o estamos muy cansados, o desinteresados para venir a él. Lo que me ánima en este recuento es que Dios mismo asume la responsabilidad de cambiar eso. Él lo hace  al hacer las preguntas. Prosigue con las siguientes preguntas que salen de sus labios divinos:”¿Dónde estás, Adán?” (Gen 3:9b), “¿Quién te dijo que estabas desnudo?” (Gen 3:11a) “¿Qué es lo que has hecho? (Gen 3:13a). Es muy importante, de hecho, entender que Dios no hace estas preguntas porque  no sabe las respuestas. El conoce todas las respuestas a las preguntas antes de hacerlas. Él nunca hace una pregunta para su beneficio propio; no hay recuento en las Escrituras de preguntas hechas para satisfacer la curiosidad de Dios. Jesús estaba siempre haciendo preguntas a sus discípulos, no porque él no sabía la respuesta, sino porque las preguntas requerían una investigación, una búsqueda de parte del individuo, y él mismo aprendería algo en la búsqueda.

 Corrige la condición   (3:10-14) El pecado ha entrado ya, y Adán y Eva se estaban escondiendo de Dios. Toda la informalidad se había acabado, reemplazada con miedo, sentido de culpa, y reacios a venir a su presencia. Pero Dios mismo otra vez toma la iniciativa de corregir esa condición. El comienza a hacerles preguntas a Adán y Eva. Ahora, es muy, muy importante entender esto, porque es evidente en este recuento hay un mar de separación entre el hombre y Dios, y es Dios quién emprende conectar el puente de ese mar. Hay ocasiones en nuestra vida que sentimos también que un mar  nos separa de Dios. Tenemos miedo o estamos muy cansados, o desinteresados para venir a él. Lo que me ánima en este recuento es que Dios mismo asuma la responsabilidad de cambiar eso. Él lo hace al plantear  las preguntas adecuadas:”¿Dónde estás, Adán?” (Gen 3:9b)”¿Quién te dijo que estabas desnudo?” (Gen 3:11a)”¿Qué es lo que has hecho? (Gen 3:13a). Es muy importante, de hecho, entender que Dios no hace estas preguntas porque él no sabe las respuestas. El conoce todas las respuestas a las preguntas antes de hacerlas. Él nunca hace una pregunta para su beneficio propio; no hay recuento en las Escrituras de preguntas hechas para satisfacer la curiosidad de Dios. Jesús estaba siempre haciendo preguntas a sus discípulos, no porque él no sabía la respuesta, sino porque las preguntas requerían una investigación, una búsqueda de parte del individuo, y él mismo aprendería algo en la búsqueda. Primero es una pregunta de evaluación.”¿Dónde estás?” (Gen 3:9a). No sé de ninguna pregunta más importante en la vida que esa. Dios está enseñándonos por medio de esto que, en esta tierra maldita por el pecado en que los seres humanos tienen que morar, es importante que frecuentemente nos preguntemos, “¿Adónde estoy yo?” y evaluemos que está pasando en nuestras vidas. Si alguien que nunca hubiese estado aquí anteriormente y se dirigiera a nuestro servicio hoy pero se perdió buscando el lugar y llama a alguien por teléfono aquí, y dice, “No sé cómo llegar allá. ¿Me podrían ayudar?” ¿Cuál sería la primera pregunta que se le haría? Seguro que sería, “¿Dónde estás tú?” La primera cosa que el hombre o mujer, niño o niña deben hacerse así mismo es, “¿Dónde estoy?” ¿Dónde estoy en esta jornada, en esta vida? ¿Qué me ha pasado? ¿Estoy cerca del cumplimiento de mis sueños que tenía hace un año atrás, o estoy más lejos y estoy encontrando que están desapareciendo en la distancia rápidamente? ¿Estoy cerca del objetivo, el ideal, o lo que quiero ser como hombre o mujer ahora comparado con algunos años en el pasado? ¿Dónde estoy yo?” Esa es la primera pregunta importante que debemos hacernos frecuentemente. Qué maravilloso es que Dios enseña al hombre esto acerca de sí mismo. Adán tuvo problemas con la respuesta. “¿Dónde estoy?” Bueno, aquí estoy Señor, aquí en los arbustos, sintiendo vergüenza y desnudo y alejado de ti.” Él tuvo que haber entendido en su corazón que no estaba donde estuvo el día anterior. El comienza, quizás por primera vez, a entender la enormidad de lo que le ha pasado a él. Yo he visto hombres y mujeres muchas veces pasar a través de esto; y ustedes también. Todas las dificultades de nuestra vida tienden a hacer la voz de Dios gritándonos, “¿Dónde estás? ¿Ha estado usted hace poco acostado en un hospital, por accidente o enfermedad, y allí en el silencio del cuarto del hospital cuando nadie está presente y usted tiene algún tiempo para pensar, y la pregunta surge en su corazón, “¿Dónde estoy?” Adán tartamudea la contestación a la pregunta (Verso 10), “Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. (Gen 3:10). La segunda pregunta es de igual significado: “¿Quién te dijo que estabas desnudo?” (Gen 3:11a).Esta es una pregunta de reflexión. Esa es una pregunta muy perceptiva. Dios implica, “Yo no te lo dije, pero en algún sitio tú has aprendido esto. Tu nunca lo supiste antes.” Es interesante imaginarse esta escena. Aquí están Adán y Eva jugueteando alrededor del jardín, disfrutándose, y haciendo su trabajo, totalmente desnudos, completamente ignorantes de las implicaciones de lo que pasa, ignorantes de que son candidatos de un señalamiento en algún lugar! Ahora, de momento, sin ninguna señal visible de cambio, están llenos de vergüenza por este suceso. La pregunta de Dios implica, “Alguien te dijo eso. Tú no lo encontraste por ti mismo porque ha sido una realidad por mucho tiempo y tú no lo sabías. Alguien ha estado hablándote.” De hecho, el único otro presente que apareció aquí en esta escena es la serpiente. El debió haberle dicho que estaban desnudos. Así que Dios el Señor en su misericordia y compasión guio a esta pareja a un entendimiento que hay una necesidad tremenda en la vida de discernir de las voces que escuchamos. Debemos nosotros también prestar atención a esta alerta. Hay muchas voces gritándonos todo el tiempo. Prendan la televisión y escuchen los anuncios comerciales, vean las redes sociales. Las voces supuestamente silenciosas están gritándonos constantemente, “Tú necesitas esto. Tú no lo tienes. Tú estás necesitado. Tú necesitas este enjuagador de boca para que puedas resolver situaciones sociales. Tú necesitas este crucero lujoso por el Caribe porque  te lo mereces. Alguien te está previniendo de hacerlo. Si puedes sobrepasar los obstáculos que se han presentado en tu camino quizás por personas que no tienen la intención tu puedes ganar lo que estás necesitando ahora y puedes tener la felicidad que estás buscando.” Eso viene todo el tiempo, ¿no es así? Ese grupo de voces que nos dice, “Tú estás desnudo. Tú no tienes nada. Tú has sido engañado. Si solo tuvieras esto encontrarías lo que estás buscando.” Pero aquí, El Señor es capaz de disipar esta ilusión, de removerla de los ojos y enseñarles que otra voz y no la de él está hablándole a ellos. No sé de nada que sea más importante hoy día que entender que hay voces en este mundo que debemos rechazar. Hay ruegos que se nos hacen continuamente que debemos echar a un lado. No debemos oírles. Debemos cerrar nuestros oídos a ellas porque son las voces de otro y no del Señor nuestro Dios. Entonces Dios le hace la tercera pregunta. “¿Qué es lo que has hecho?” (Gen 3:13a). Esta es una pregunta de repercusión. En respuesta Adán y Eva comienzan el juego antiguo de pasar la responsabilidad. Adán lo tomó como un hombre y le echó la culpa a su esposa! Eva lo tomó como una mujer y le echó la culpa a los vecinos! Escondido en cada una de sus respuestas, está la implicación, “Es tu culpa, Dios.” La mujer que me diste. Ella me dio la fruta y yo la comí. “La serpiente que dejaste en el jardín me sedujo y la comí. Los comentaristas hacen de esto un asunto grande y lo hacen justamente. Este es el comienzo de la tendencia natural de cada uno de nosotros de minimizar el sentido de nuestra culpa, de culpar a otros por lo que hemos hecho. Pero, de alguna manera yo creo que eso pierde el sentido de lo que este pasaje está diciendo, porque, en cada caso, ambos Adán y Eva son reducidos a tres palabras pequeñas que son de gran significado aquí. Ambas, terminan su efecto débil de justificarse con estas palabras de reconocimiento, “y yo comí,” (Gen 3:12b, 3:13b). Ahí está la responsabilidad que ellos reconocen que es de ellos. Ellos hicieron la decisión final. Ellos están tratando de encontrar excusas por la presión que estaban, pero ultimadamente  han llegado al lugar donde lo reconocen, “Si lo hicimos. Comimos de la fruta que nos era prohibida.” Entonces todo cambia al instante. Dios ahora no los está probando; no hay más preguntas. Él asume el papel de abogado defensor. Él cambia ahora y enfoca en la serpiente y comienza a maldecirle, anunciándole ciertas consecuencias inevitables que seguirían al hombre y la mujer por su selección errónea. Sin embargo, Dios anuncia que él estaría con ellos en el asunto; el irá a través de la herida y tristeza con ellos. La escena termina con el Señor Dios mismo diseñando tiernamente de la piel de animales para vestir a Adán y Eva en su desnudes. Esto es un recuento precioso del perdón de Dios. Es una forma de traernos otra vez a una relación con el Señor nuestro Dios.

Corrige la complicación.   (3:15-24) Dios da tres grandes promesas que revertirán las complicaciones con el correr del tiempo. Primero habrá un conflicto pero habrá victoria (3:15). Segundo habrá dolor pero temporal. Dios no abandonará al hombre ni a la mujer, aunque sufrirá, y tendrá conflicto en este mundo al final la maldición será quitada. Y tercero habrá rechazo pero al final restauración. Aunque Dios los echa del jardín al final de las edades el hombre volverá a ese estado ideal que tenían antes.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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