Eutanasia Teológica


En múltiples notas de prensa se ha recogido lo que Hans Küng asevera en el tercer y último volumen de sus memorias: “no quiero seguir viviendo como una sombra de mí mismo”[1]. A sus 85 años, afectado por un estado avanzado de Parkinson, y temiendo perder por completo su visión, Küng ha considerado ponerse en manos de una clínica suiza donde practican suicidios asistidos. Muchos cristianos y cristianas se han sorprendido frente al hecho de que un teólogo se muestre dispuesto a terminar con su propia vida, sin embargo, dicha decisión es consecuente con sus ideas teológicas, y ello no sólo en este ámbito ético específico, sino que, principalmente, por lo que puede denominarse como el eje central de su teología, esto es, la libertad. No sé si realmente tendrá razón o no. No sé si es una persona que está en rebeldía con Dios. Habría que leerlo más detenidamente, creo que al final sólo Dios sabe exactamente su estado espiritual. Sin embargo me llamó mucho la atención del tema de la eutanasia.  Y si bien es cierto que no estoy siendo enfrentado con ninguna situación específica de “muerte asistida” a alguien que conozco o alguien que amo, me llevó a pensar en otro tipo de eutanasia al que hoy por hoy sin darme cuenta he sido testigo. Creo que en realidad en mi peregrinaje evangélico ha ocurrido una eutanasia teológica.

Creo que mis primeros inicios de mi carrera teológica los hice en  una Biblia Scofield. En ese entonces  me fascinaba el estudio bíblico, especialmente las enseñanzas proféticas. Todavía recuerdo a los elocuentes maestros que llegaban al lugar donde me convertí. Y comencé a leer a Darby,  Iván Barkuck, Shaffer y muchos más. Me encendieron una pasión por el estudio bíblico, y me inculcaron valores que todavía me orientan.  Si me hubieran preguntado  en ese  tiempo qué era, hubiese contestado que “conservador y seguidor de la sana doctrina”, por supuesto.  Durante mis primero años algunos pastores y luego mis profesores del Seminario, cuyo ministerio profundizó mi amor por las Escrituras y la buena predicación expositiva fueron mi fuente de conocimiento. En ese Seminario en alguna manera  me enseñaron a pensar teológicamente e inyectaron una considerable dosis de calvinismo dentro de mi cabeza y mi corazón. El resultado de todo ese caldo espiritual podría llamarse, supongo, algo así como un calvinista pietista, evangelístico, y más o menos fundamentalista. Después de graduarme seguí fielmente todas las enseñanzas dispensacionalistas, y me convertí en algo así como un santo inquisidor de toda doctrina pentecostal herética. Creo que en múltiples ocasiones “pedí cartas” que me autorizaran para “arrastrar a todos los herejes que hablaban en lenguas”. Sin embargo no muchos años después, gracias quizá a la diversidad de las  influencias que convergían sobre mí, había comenzado a cuestionar las cosas que aparecían abajo en las páginas de mi Biblia Scofield, aunque no lo de arriba en la página, y me daba cuenta que esa mitad inferior (en ambos sentidos de la palabra) no era inspirada ni idéntica con el texto arriba de la Palabra de Dios. Me parece ahora, mirando hacia atrás, que esa experiencia mía era algo parecido al “despertar del sueño dogmático” de que habló Emanuel Kant, en que él descubrió su vocación para el  filosofar crítico y creativo. Desde ese momento en adelante, yo sabía que nada debía aceptarse sin ser examinado lo más cuidadosamente posible. ¡Y mucho menos, interpretaciones de la Palabra de Dios!  En nuestro ambiente, resultaba un poco incómodo romper con el esquema “conservador” o el pensamiento del dispensacionalista fundamentalista en que todos creían. Sin embargo  el profundo respeto por las Escrituras, que Dios había puesto en mi corazón, chocaba de frente con la tentación del conformismo a las opiniones prevalecientes y me obligó a “pescar en otros mares”. Así que por un largo proceso de años (33 años) aprendí el valor de disentir de la opinión común, sin sentir por eso culpa ni ansiedad. Por supuesto me doy cuenta que todo eso no era nada extraordinario. No soy el único que ha roto con Scofield, ni con ni  dispensacionalismo fundamentalista.[2]  Pero se me ocurre contarlo ahora porque siento que esa experiencia me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida. Me enseñó el deber inexorable de buscar la verdad, en primer lugar y sobre todo al interpretar la palabra de Dios. Me enseñó que el teologizar es en sí no sólo un proceso intelectual sino también ético, porque  conformarse con opiniones no examinadas y equivocadas no es sólo un error doctrinal sino también en el fondo una falla de integridad intelectual. Me enseñó el deber ético de cuestionar todo, con una mente abierta y crítica (1 Tesalonicenses 5.21). En ese proceso, murió el fundamentalista y el  dispensacionalista, por eutanasia teológica, y nació (espero) un cristiano evangélico.

Ahora ¿qué sucede cuando uno asiste a una “muerte piadosa” de su percepción teológica? Es decir ¿qué pasa cuando uno ha sufrido una eutanasia teológica? Es obvio  que no estamos hablando aquí de una renuncia a la fe ni la aceptación de una herejía, sino que simplemente una afinación de lo que pensamos a la luz de la investigación profunda y honesta de la Palabra de Dios. Es una variación que fundamenta su creencia no en lo que han dicho los hombres que debemos creer, por muy santos, dedicados y estudiados que sean. Sino en lo que plantea la Palabra de Dios. ¿Cuántas veces asistió Dios a una “eutanasia teológica de sus discípulos? Muchas veces, tuvo que hacer morir sus percepciones por una percepción más profunda que la que habían adquirido de su medio ambiente. Y cuántas veces, Jesús externó su disgusto y cansancio con las actitudes de sus discípulos? Muchas veces. En el evangelio de Lucas capítulo 9:37-62 Jesús tiene que enfrentar a sus discípulos con tres ideas teológicas que ellos tenían. Por un lado los desafía y por otro lado los encara con el hecho de que sus actitudes lo tienen ya harto. Cuantas confusiones tenían acerca de cómo Jesús pensaba. Ese es el problema de asumir que uno tiene ciertas concepciones y estar totalmente alejados del pensamiento de Dios. Al leer ese pasaje me di cuenta que hay una frase principal que evalúa o mide toda la situación de los versículos antes mencionados. Esta frase es: “¡Cuando Jesús escuchó esto, dijo: Partida de incrédulos y pervertidos! ¿Cuánto tiempo más tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”. De hecho la frase más puntual que me llama la atención en el pasaje es: “¿hasta cuándo os he de soportar?” La expresión griega es “anecho” y significa mantener firme o mantener erecto algo o a alguien.

Eso también me hizo pensar que nosotros clamamos al cielo, para decirle a Dios Señor “no sabes con lo que estoy cargando”. Pero este pasaje me ubicó en la pregunta de que si Dios diría: “¿Alguna vez te has puesto a pensar con que ando cargando yo? Me pregunto cuántas veces llevamos nuestras cargas a Dios, pero también le ponemos cargas a nuestro Dios. Es más cuantas veces nosotros somos la carga de Dios. En realidad este pasaje demuestra que la deficiencia de nuestro pensamiento teológico pone una carga y molesta a Jesús. Este pasaje por lo menos demuestra tres deficiencias teológicas o campos  que le molestaron a Dios y lo cargaron. Estas deficiencias eran de los discípulos, pero también pueden ser la mías.

  1. Su primer campo deficiente  tiene que ver con la efectividad de su creencia. (9:37-42).

Es decir se enfoca en la expresión que usa la gente, el padre del muchacho y aún de los mismos discípulos  en referencia a su efectividad. La frase en mención es “no  pudimos ““no pudieron”. Así que encontramos la ausencia de poder.   Siempre me he preguntado porque razón seguir en un esquema teológico cuya creencia no me da capacidad para enfrentar la maldad, las necesidades y ser respuesta en la sociedad a mi alrededor. Si Jesucristo en el capítulo 9 les había dado la siguiente declaración: “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades” (Lucas 9:1) Eso implicaba que los discípulos estaban dotados con poder y autoridad para vencer a los demonios. Si eso era así ¿porque razón con este muchacho no pudieron hacerlo? Es obvio que algo malo está sucediendo con ellos, ya que Jesús no es culpable de su pobre intervención. Creo que los discípulos habían confundido varias cosas que los habían llevado a un estado de incapacidad y poca efectividad. Veamos algunos de esos problemas.  La primera es una confusión con la influencia. Es decir pensaron que cantidad es igual que poder. Note eran 9 y los nueve juntos no pudieron hacerlo. No por ser muchos implica que tengamos más influencia.  La segunda cosa es una confusión con la vivencia. Es importante que entendamos que los discípulos  confundieron rito por relación.  Ellos de alguna forma ya habían hecho esto y con cierto resultado y éxito. Pero ahora se enfrentaron a una nueva situación y se olvidaron que cada nueva situación requiere un estado espiritual actual y presente y no una técnica. La tercera cosa es una confusión con la presencia. Es decir no es lo mismo efectividad que  potencialidad.  La sociedad espera que la iglesia sea efectiva tocante a su poder. Este padre esperaba que le ayudaran a sanar a su hijo.  Las tres  narraciones demuestran que el padre tenía grandes expectativas con el poder de los discípulos. Pero ellos habían descuidado áreas como el ayuno y la oración. Pensaron que las batallas espirituales todas se ganan de la misma manera. Una cuarta cosa es una confusión con la competencia. Los discípulos tenían excusas sobre  el poder pero no explicaban su falta de poder. Los pasajes de todas las descripciones de los tres evangelios narran que los discípulos ante la ausencia de poder hubo argumentación pleito, para compensar el fracaso del poder en sus vidas. Y a veces es similar a nuestras iglesias. Hay gente clamando para libertad y tiene expectativas de la iglesia y somos derrotados. Y nos falta poder. Así que Dios les dice: “hasta cuando soportaré su falta de poder”. Ahora en el pasaje  de Lucas 9:1 Nosotros podemos ver que Jesús les había dado autoridad sobre demonios. Es decir estos discípulos no están fallando por falta de equipamiento. Debe haber algo más detrás de todo esto. Cuando ponemos todos juntos, nos damos cuenta cuáles fueron las razones por las cuales no funcionó. La primera es que  eran incrédulos (Mateo 17:20). Ese poder no podría funcionar porque no ejercían fe. De acuerdo a tu fe sea hecho. Es decir el poder está, el potencial está disponible, pero la efectividad no funciona. No creemos realmente  lo que él nos dice. Dios ha dicho que recibiremos poder en Hechos 1:8.  La segunda razón es porque habían dejado de orar. (Mateo 17:21). No habían orado. ¿Saben que posiblemente estuvieron haciendo mientras Pedro, Juan y Jacobo fueron al monte? ¡Quejándose! ¡Porqué se fue con ellos tres! ¡Porque no nos llevó a nosotros! Bla, bla, bla. La Biblia dice que en cuanto a honra prefiriendo a los otros. Estos discípulos en lugar de estar murmurando, debieron decir, oremos por Pedro, Juan y Jacobo para que tengan un excelente tiempo con Jesús y cuando venga Pedro nos cuente lo glorioso que pasó con ellos. Cuando Jesús se fue, no oraron. No tenían ese sentido de urgencia y emergencia, que al no estar Jesucristo ellos estaban de turno. He notado en las salas de emergencia de nuestros hospitales, que la mayoría de médicos ya graduados no pasan toda la noche en emergencia sino que dejan a sus estudiantes subalternos para que le hagan todo el trabajo. A menos que sea un caso que necesite más experiencia son molestados los médicos residentes. ¿Cómo creen que están los estudiantes? Cuando ellos saben que están de turno, están en un estado de emergencia y pendientes de todas las disciplinas que han aprendido. Así deberían haber estado los 9 discípulos que se quedaron en el valle.  Así que más les valía ponerse a orar para saber hacia dónde dirigirse y cómo actuar. Y es por eso que no tenemos poder. Se nos ha olvidado que Jesús nos ha dejado de turno en este tiempo mientras el vuelva. Para muchos orar es hacer algo cuando no hay nada que hacer. Pero hay una tercera cosa que les había quitado el poder. Es la falta de ayuno. Este término es extraño. Si convocamos a un ayuno pocos vienen y la gente cuestiona o murmura pero si convocamos a un desayuno todos vienen y estamos muy contentos. Hasta decimos que así debe ser la iglesia. Hemos sustituido el aposento alto por el sustento alto. En realidad no hay nada malo con comer. La Biblia nos exhorta a disfrutar de todo con acción de gracias. Pero en realidad el ayuno nos lleva a pensar en términos de negación. De sentido de urgencia y dependencia. La tecera razón entonces es falta de negación Cuando ayunamos no pensamos en la comodidad de la vida, sino en las batallas que debemos luchar y que se deben ganar por depender de Dios. De tal manera que Dios puede vernos en este momento y decirnos ¿hasta cuándo soportaré su falta de poder, su incredulidad, su falta de oración, y su falta de negación? Pero hay una segunda deficiencia en este pasaje de Lucas 9.  Aquí surge una pregunta que siempre me ha inquietado. ¿Cómo puede uno estar preparado para un enfrentamiento de este tipo? Si tradicionalmente se dice que este tipo de exorcismo necesita ayuno y oración ¿cómo se puede saber cuándo uno estará expuesto a un encuentro? ¿Debemos ayunar todos los días para que podamos estar preparados siempre? Difícilmente. ¿Entonces qué es lo que sale con ayuno y oración? Tengo las sospechas que en realidad a lo que Jesús se refiere es al espíritu de incredulidad que los discípulos tenían. Esto parece más sensato y práctico en el contexto del pasaje. Alguien lo plantea de esta forma: “Ya sabemos que el padre del muchacho era incrédulo,  pero también los discípulos estaban en esa condición de incredulidad, pues esa es la respuesta que el Señor Jesús le da a ellos cuando preguntan el por qué no pudieron echarle fuera el demonio, y lo reafirma el Señor cuando les dice “,que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible.”, entonces de las tres preguntas anteriores solo queda una por responder “¿está usted seguro de que se está refiriendo al demonio?”. Examinemos y consideremos lo siguiente: El Señor Jesús no puede contradecirse en lo que él dice por lo tanto cuando leemos la respuesta a la pregunta del v.19 (¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?), esta respuesta es clara y categórica, por vuestra incredulidad. Era  la incredulidad de ellos lo que había estorbado en que echaran fuera el demonio, ellos ya habían recibido poder y autoridad sobre todos los demonios en Lucas 9:1 mucho tiempo antes de que ocurriera Lucas 9:37, pero ellos no lo habían creído. No es posible que por una parte el Señor diga que no lo pudieron echar fuera por su incredulidad (poca fe) y por otra diga que este género sale es con oración y ayuno, eso sería una  falta de consistencia en la respuesta.[3] Por otro lado este mismo autor añade: “Cuando el Señor dijo: ” Mat 17:21  Pero este género no sale sino con oración y ayuno.” observe el contexto en que se está hablando, es en el contexto del sujeto indirecto “Por vuestra incredulidad;”, realmente lo que el Señor está diciendo es: “el género de incredulidad en ustedes sale  con oración y ayuno para que ustedes puedan llenarse de fe”, la falta de fe en ellos fue la causa por la cual no pudieron echarle fuera el demonio, así que el Señor Jesús ataca el problema y les da la solución, sería inconsistente que el Señor no les diera la solución a su problema interno y solo se limitara a reprenderlos. Así que lo que sale con oración y ayuno no es el demonio, lo que sale con oración y ayuno es la incredulidad de la persona, ya que por medio del ayuno y la oración tu mantienes una comunión íntima con el Señor nuestro Dios, y esa comunión intima te da una seguridad de lo que tú eres en Cristo y teniendo esa seguridad en ti entonces podrás ejercer poder y dominio ya que sabes y estas completamente seguro de que Dios te ha puesto por cabeza y no por cola.[4]


[2] Con respecto a este comentario entiendo que ha habido una gran variación desde Scofield hasta el dispensacionalismo actual. Creo que el sistema ha sufrido muy buenas variaciones y evaluaciones honestas con las que concuerdo. Es obvio que mucho del dispensacionalismo actual tiene una honesta reinterpretación. Para conocer un poco sobre las variaciones recomiendo: “http://www.projetoomega.com/espanha_estudo7.htm”

[4] Ibíd.

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