Evidencias de una fe genuina: La fe perseverante en la condición social


I.                    En cuarto lugar una FE PERSEVERANTE  se prueba en la CONDICIÓN (1:9-11)

El mundo cada  vez más  nos sorprende con sus ideas y filosofías. Hoy por hoy nos encontramos en las grandes discusiones no solo a nivel global sino a nivel nacional sobre las opociones que las personas deben optar para poder tener recursos o carecer de ellos. Estamos saturados por los medio de comunicación acerca de los ricos y de los pobres. Aunque no podemos negar una realidad no cabe duda que el mundo si hace una diferencia entre los ricos y los pobres.  En un artículo que leí recientemente encontré esta tabla de cómo se clasifican a los ricos y a los pobres. [1]

 Rico con pistola………………. precavido

Pobre con pistola…………….. Delincuente

Rico con manicura……………. play boy
Pobre con manicura…………. gay

Rico con alas………………….. Ángel
Pobre con alas………………… murciélago

Rico leyendo el periódico…….. Intelectual
Pobre leyendo el periódico…… busca trabajo

Rico corriendo…………………. deportista
Pobre corriendo……………….. Ladrón

Rico vestido de blanco……….. Doctor
Pobre vestido de blanco……… heladero

Rico con maletín………………. ejecutivo
Pobre con maletín…………….. Traficante

Rico homosexual………………. alternativo
Pobre homosexual…………….. Degenerado

Rico rascándose………………. alérgico
Pobre rascándose…………….. Sarnoso

Rico junto a un auto…………. automovilista
Pobre junto a un auto……….. Mecánico

Rico manejando auto………… piloto
Pobre manejando auto………. chofer

Rico en una comisaría……….. Denunciante
Pobre en una comisaría……… detenido

Rico cansado…………………. ejecutivo con estrés
Pobre cansado……………….. Haragán desocupado

Rico con depresión…………… licencia médica psiquiátrica
Pobre con depresión…………. ¿De qué puedes estar deprimido, haragán?

 El tema a desarrollar en esta oportunidad es precisamente un contraste entre el pobre y el rico según el apóstol Santiago. ¿Pero como desarrolla esta tesis Santiago? Lo desarrolla desde la perspectiva de tres condiciones. Estos dos versículos revelan el paralelismo y contraste común a los salmos y a los proverbios. El paralelo se encuentra en la expresión enorgullecerse. Las frases hermano de condición humilde y aquel que es rico muestran un contraste. También los adjetivos alta y baja están en mutua oposición.

A. La condición de la limitación.

El axioma aquí que Santiago establece es: “Cuando el mundo te desprecia  recuerda que Dios te aprecia”. En las palabras que él dirige a la persona pobre, Santiago da estas instrucciones: “El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su alta dignidad. En otras palabras, cuando el mundo te mira con desprecio porque no eres rico, o porque no perteneces a la crema y nata de la sociedad, recuerda que tienes de qué sentirte orgulloso. Pero, ¿qué es eso? ¿Qué razón tenemos de sentirnos orgullosos? Ante Dios, por supuesto, no tenemos ninguna razón; pero ante el desprecio del mundo tenemos buena razón. La razón es simplemente ésta: que Dios nos ama y nos ha llamado a un gran destino. El autor C. S. Lewis dijo en alguna ocasión que si pudiéramos ver a las personas que pasamos cada día en la calle como ellos algún día serán, tendríamos deseos de postrarnos a sus pies en reverencia, o huir espantados. Cada uno de nosotros tiene el destino eterno de ser increíblemente glorioso o espantosamente vil. [2]Todo depende de nuestra respuesta a Cristo. Si tú oyes esto y no eres creyente, no pienses que los cristianos nos creemos mejores. No tenemos nada que no hayamos recibido como un libre regalo de Dios. Es más, tú también puedes tener lo que nosotros tenemos. Dios da su salvación libremente a cualquiera que se arrepiente y confía en Cristo Jesús. Todo ser humano tiene un valor básico por ser hecho a la imagen de Dios. Todo cristiano tiene un honor adicional, pues es hijo de Dios y vivirá por siempre con él. Así que, si tú eres un creyente de condición humilde, no creas las cosas que el mundo te dice acerca de tu valor. Ellos no saben lo que es realmente importante. Dios mira detrás de las apariencias, y él sabe lo que realmente vales. Puedes sentirte orgulloso de tu alto valor. No tienes que tratar de ser rico o popular. Ya tienes un valor que sobrepasa cualquier cosa material. Pero quizás algunos de nosotros nos sentimos cómodos en el mundo. Hemos llegado a alguna posición, tenemos cierto dinero, y las cosas marchan bien. ¿Qué nos dice este pasaje? Observe como se maneja esta limitación en el pasaje. El pasaje nos dice que La limitación es inevitable. Observe que el texto dice: “El hermano de humilde condición”. En esta frase en el original debe observarse el uso del artículo definido. Es decir cuando Santiago habla de la pobreza de los hermanos tiene en mente algunos ejemplos que él conoce. Por el uso del artículo parece que estuviera apuntando con un dedo. En ese sentido la limitación no respeta condición espiritual. Recuerde que se trata de un “hermano” y no de un inconverso. Aquí entramos en un mundo de interminables doctrinas, teorías y posiciones tanto a nivel social como nivel escritural.  ¿Por qué un creyente tiene la necesidad de la pobreza? ¿Es todo estado de pobre una condición de Dios? ¿O Simplemente las condiciones del ser humano sobre otro ser humano es un instrumento permisivo en las manos de Dios para probar el carácter de la persona? El Sacerdote Ignacio Ellacuría dice algo pertinente (aunque no estoy de acuerdo con todo su pensamiento): “Es evidente que el fenómeno de los pobres y de la pobreza no se da de la misma manera en cualquier parte del mundo y en cualquier situación social, esto es así, aun sin confundir interesadamente a los pobres evangélicos con cualquier sufriente o doliente. Es claro que Jesús y la fe cristiana tienen palabras de salvación para los sufrientes y los dolientes y, a su vez, es claro que los dolientes y los sufrientes aportan salvación cristiana al mundo o pueden aportarla; pero lo hacen en otro contexto y de otra forma que los real y materialmente pobres. Pues bien, aun sobrepasando esta confusión, queda lugar para decir que es distinto el modo de ser pobre en diversas situaciones. Pero esto no puede convertirse en escapatoria porque en esto de los pobres hay también grados de perfección, de modo que sólo poniendo los ojos en los más-perfectamente-pobres es como se puede valorar todo lo que da de sí la pobreza evangélica[3]. Más adelante el desaparecido sacerdote dice: “Quisiéramos mostrar que esos más- perfectamente-pobres se dan de modo excepcional en situaciones como las que hoy están viviendo las mayorías populares en países y situaciones como las de El Salvador, Guatemala, y, en otro sentido, Nicaragua. Esto es lo que se quiere afirmar cuando hablamos de los pobres como lugar teológico en América Latina. La explicación y comprobación de esa frase es lo que van a procurar mostrar las siguientes reflexiones. Pero no olvidemos el punto de partida concreto. Vamos a ver cómo los pobres evangélicos de América Latina están siendo lugar teológico.”[4] Ahora quiero que veamos varios conceptos para definir la pobreza. Pienso que cada uno de ellos se desprende de alguna manera de la cosmovisión bíblica.  Y para entenderlos debemos partir de la premisa si la pobreza es inevitable ¿cómo se capea desde una perspectiva cristiana? Bueno se puede enfocar desde tres puntos usuales y comunes de acercamiento. Primero, está la formación  de la pobreza. (Llamado también la dialéctica de la pobreza). Segundo,  está la fundamentación   de la pobreza (Llamado también por algunos como la política de la pobreza) y en tercer lugar, está la función  de la pobreza. (Llamada también la espiritualidad de la pobreza). Cada una de ellas nos puede ubicar en una realidad que se necesita conocer para entender porque Santiago dice que el hermano de humilde condición tiene exaltación. Observemos pues la formación de la pobreza. Está, ante todo, el carácter dialéctico de los pobres y de la pobreza. El pensamiento concreto es: Hay pobres “porque” hay ricos; hay una mayoría de pobres porque hay una minoría de ricos. Lo cual vale en semejante medida tanto de los distintos grupos sociales dentro de un país como de los distintos países en el contexto de la geografía universal. Si todos fuéramos pobres porque los recursos disponibles fueran escasos, no podría hablarse propiamente de pobres. Ni siquiera podría hablarse propia y formalmente de pobres, si hubiera únicamente desigualdad; esto ya permitiría hacerlo de algún modo, incluso de algún modo propio, porque sería ininteligible dentro de la fraternidad universal de los hijos de Dios este grado abusivo de iniquidad entre los que tienen todo hasta el despilfarro y los que apenas tienen nada. [5] Este  aspecto nos acerca más al problema real y su problematismo está presente de lleno tanto en la Biblia como en la predicación de Jesús mismo. Si los pobres son los empobrecidos, los ricos son los empobrecedores; si los pobres son los desposeídos los ricos son los poseedores; si los pobres son los oprimidos y reprimidos, los ricos son los opresores y los represores. Aun entonces tendrán problemas espirituales graves, aquellos, por ejemplo, que tienen que ver con el apego del corazón o con la idolatría del dinero, pero no aquel problema estrictamente “mortal” que tiene que ver con la injusticia y con el dar muerte al hermano.  Ahora esto no tiene nada que ver con el  marxismo o de lucha de clases estrictamente tal. El marxismo comienza cuando se da a este hecho real, cuya interpretación cristiana se hace de momento en términos religioso-morales, a explicación analítica a través de la plusvalía de la acumulación original, de las clases sociales. Por tanto, carece de justificación cristiana el acusar a la interpretación dialéctica de la pobreza de estar inficionada por el marxismo. Esta acusación lo que pretende es desvirtuar la pobreza evangélica. Una cosa es que no se haya acentuado en la predicación y praxis de la Iglesia ese carácter dialéctico de la pobreza y otra que ese carácter dialéctico haya sido tomado del marxismo; una cosa es que ese planteamiento dialéctico de la pobreza cristiana esté más cerca de los planteamientos marxistas que de los capitalistas y que, por tanto, favorezca en parte a aquellos y desfavorezca a éstos y otra muy distinta que sea un ardid del marxismo, que introduce en la fe cristiana y en su praxis aspectos que no le son propios. Como decía antes, no sería nada difícil mostrar cómo es plenamente evangélico y cristiano este aspecto de la pobreza, que hemos llamado dialéctico[6]. En ese sentido no podemos negar que la formación de la pobreza existe por esa contradicción existente entre los pobres y los ricos. Un estado permanente en todas las sociedades. Lo curioso es que Santiago parece describir esa condición de discriminación en su epístola. Carballosa dice que tal vez una  de las pruebas más difíciles  por las que algunos  pasaban en la audiencia de Santiago era la pobreza material. Es muy posible  que los creyentes ricos discriminaban a los pobres y esto constituía un motivo de frustración y desánimo para los pobres. Ya los ricos y los pobres  en las iglesias tenían sus ocasiones para mostrar sus celos.[7] En segundo lugar encontramos la fundamentación  de la pobreza. Está, por otro lado, el aspecto funcional  de los pobres y de la pobreza, es decir el carácter político de los pobres. Este factor fundamentacional consiste en dos aspectos primordiales. Primero la pobreza y los pobres son la fuerza fundamental de cambio social y   segundo son un referente imprescindible para la reestructuración de la sociedad. Desde el punto de vista político de la pobreza cristiana y en respuesta al carácter dialéctico de la misma nos encontramos con unos pobres activos obligando a los ricos a despojarse de las condiciones materiales de su riqueza empecatada. Esto no es posible sin lucha política, que las más de las veces tendrán que ser revolucionaria y que en casos extremos podrá ser violenta y armada. En  ese sentido la biblia también expresa ese eje de dos líneas con respecto a la justicia tanto en el discurso de los profetas como en el discurso de Jesús. Es ese marco de referencia lo que hace las exhortaciones y las condiciones del juicio de Dios a una clase opulenta y a una minoría desposeída.  En tercer lugar la función de la pobreza.  Pero no basta con ser “materialmente” pobres. Hay que serlo también “espiritualmente”. La espiritualidad no es aquí un sustitutivo de la materialidad, sino un coronamiento de la misma. Ser ricos materialmente y pobres espiritualmente es una contradicción inasimilable e insuperable desde un punto de vista cristiano, al menos mientras haya pobres materiales y, al parecer, “siempre habrá pobres entre vosotros”. Esta contradicción no se puede asimilar  cuando los pobres no son unos pocos marginados por incapacidades congénitas o por desidia voluntaria, sino que son la mayoría. Y no olvidemos que, tomado el mundo en su conjunto, los pobres materiales son la inmensa mayoría de la humanidad. De ahí la actualidad y la universalidad de nuestro problema. ¿Qué es, entonces, la espiritualidad cristiana de la pobreza? Así que nos lleva a la segunda característica. También el pasaje nos dice que  la limitación evidenciable. Nótese que si bien Santiago evita usar la palabra pobre en este versículo, su intención de describir la pobreza es evidente (compárese con 2:2, 3, 5, 6). Él llama al hombre de condición humilde “hermano”.  Santiago escribe una carta a los cristianos “dispersos entre las naciones”. Sabe que muchos de ellos viven en una pobreza abrumadora y están en el último escalón de la sociedad. Esta gente necesita palabras de aliento, ya que las condiciones económicas son opresivas y causan perplejidad. De allí que Santiago exhorte al hermano cristiano “a enorgullecerse de su alta posición”. Aunque este hermano vive “en condición humilde”, es interesante que el verbo “tapeinós” significa estar al ras del suelo o abatido por la pena.[8]  El mismo no sólo debe conocer su posición exaltada sino que hasta se lo alienta a enorgullecerse de la misma. El contraste es notable. ¿Cómo puede un cristiano económicamente empobrecido entender que es altamente  exaltado? Antes de poder alardear de una posición honorable, debe primeramente aprender a apreciar el significado de su posición. En otras palabras, no debe fijarse en las posesiones materiales sino en los tesoros espirituales. Debe tener un enfoque totalmente diferente de la vida. El ve la vida no desde el punto de vista materialista sino en relación con los valores espirituales. Sabe que Dios mismo ha elevado al creyente a un alto rango. Se ve a sí mismo como hijo del Rey—como hijo o hija de Dios. Por ser miembro de la familia real de Dios, el hermano “debe enorgullecerse” de su árbol genealógico. Con orgullo él señala a su Padre Celestial y a su hermano Jesucristo. Por las venas del cristiano corre sangre real. Santiago dice: “Escúchenme, amados hermanos míos: ¿no ha escogido Dios a aquellos que son pobres ante los ojos del mundo para ser ricos en fe y para heredar el reino que prometió a los que le aman?” (2:5)¡Con razón debe enorgullecerse el cristiano de su alta posición! Es heredero del reino de Dios.[9]

 Ellacuría dice: Así, tenemos que el Reino de Dios, a pesar de lo que digan los hombres de la Ilustración europea, no es sin más el “reino de la libertad”, sino que es más bien el “reino de la justicia y de la fraternidad”, en el que se busca servir más que ser servido, en el que se busca el ser el último de los hermanos, en el que se tienen grandes reservas contra todas las formas de poder.[10]  Es importante entonces señalar que lo que Santiago dice con respecto al hermano de humilde condición es que hay dos elementos sintonizados en esta frase. Lo primero es el asunto de la pobreza y lo segundo es el asunto del pobre. La pobreza misma dice más en relación a lo estructural; y los pobres dicen más relación a lo personal. Hay muchas organizaciones sociales que hablan muchísimo de la pobreza y la tienen bien “mapeada” pero difícilmente pueden mencionar uno o dos nombres de pobres.

La experiencia nos demuestra una y otra vez que apenas es posible una vida personal justa en medio de estructuras injustas y sometidas a ellas, pero nos demuestra también que no basta con cambiar las estructuras para que mecánica y reflejamente cambien las personas y que incluso sólo hombres cambiados radicalmente por los valores de Jesucristo  pueden propulsar y mantener cambios estructurales adecuados. Es aquí donde la fe cristiana como mensaje y la gracia de Jesús como dan operativo tienen un campo inmenso de acción. Necesitamos imperiosamente “pobres con espíritu” y ese espíritu es, sobre todo, el espíritu de las bienaventuranzas y del sermón del monte, porque ahí especialmente se hace presente lo que es en definitiva el Espíritu de Jesús.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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