Evidencias de un verdadero cristiano: La fe perseverante en la condición social II parte


Un hombre había perdido su trabajo, y luego de buscar varios meses, acude a un anuncio clasificado de Microsoft que busca barrenderos…  El gerente de Recursos Humanos le pregunta sus datos, lo hace barrer, lo felicita y le dice: -El puesto es suyo, deme su e-mail, y le enviaré el día y la hora que se tiene que presentar.   El hombre desconsolado contesta que no posee e-mail y el Gerente de RR.HH. le dice que lo lamenta mucho pero que si no tiene E-mail, virtualmente no existe, y que como no existe no le puede dar el trabajo.   El hombre sale desesperado, no sabe qué hacer tiene solo 1 peso, con eso compra una manzana, la vende a 1,25, vuelve a comprar manzanas, y en menos de 2 horas había duplicado la plata, repite la operación tres veces mas… luego cena en un puestito y vuelve a su casa!  Se da cuenta que de esa forma puede sobrevivir, y sale cada vez más temprano
y vuelve más tarde y así duplica, triplica y hasta cuadriplica el dinero en un solo día. Con bastante suerte de su lado logra comprarse una camioneta que al año cambia por un camión, y a los tres ya tiene una pequeña flota. Luego de 5 años el buen hombre era dueño de una de las principales distribuidoras alimentarias del país. Un día, recibe a un Asegurador de vida, y cuando termina la charla este último le dice que le dé el e-mail para enviarle la póliza, a lo que el hombre contesta que NO TIENE E-MAIL, entonces el asegurador le dice: -Si usted no tiene e-mail y llegó a construir este imperio, ¿se imagina lo que sería si tuviera correo electrónico?   A lo que el buen hombre contestó: -Seria barrendero de Microsoft

Esta historia me hace pensar en el tercer concepto que Santiago tiene sobre la limitación

En tercer lugar la limitación no sólo es inevitable, sino también evidenciable, pero también es edificable.  El lugar más apto para la vivencia de la fe en Jesús y para la correspondiente praxis de seguimiento es la limitación. Hay lugares peligrosos para la fe auténtica como es, entre nosotros, la riqueza y el poder; cuando Jesús habla de la dificultad de que los ricos y los poderosos entren en el Reino de los cielos no se refiere tan sólo a una dificultad moral, sino que se refiere primariamente a una dificultad teológica: los instalados en la riqueza tienen una enorme dificultad para la fe cristiana, entendida como aceptación real de la totalidad concreta de Jesús  como seguimiento real y concreto de lo que fue su vida. Pero si hay lugares peligrosos para la fe, hay también lugares privilegiados. Y uno de ellos muy especial es el tugar que representan los pobres, sus problemas reales y sus luchas de liberación; y esto no sólo porque sea el contrario al lugar especialmente peligroso que es la riqueza, sino porque fácilmente pone en juego el escándalo revelante Jesús y aquellas disposiciones en las que florece más fecundamente lo que es el seguimiento pleno hasta la muerte en cruz de quienes han puesto los ojos en Jesús y han apostado por él. De ahí que Santiago no habla tocante al hermano pobre con palabras de lástima, sino que lo exhorta a “gloriarse”. En griego es la palabra “kauchastho” o sea en su estado elevado. Es evidente que Santiago  está contrastando la pobreza material del hermano aludido  con la riqueza espiritual que posee por el hecho de hallarse en “Cristo”. Este verbo “gloríese” es el presente imperativo voz media  de “kaucheomai”. El tiempo presente sugiere la continuidad de la acción de gloriarse, y la voz media indica que el sujeto se beneficia  de la acción verbal.[1] Cuando se está pasando por una prueba, se sorprende a menudo evaluando la vida…La mayoría de los lectores de Santiago eran pobres y se habían vuelto aún más miserables  bajo la persecución desatada contra ellos. Pero Santiago no dejó que se desanimaran. Les dijo que debían regocijarse en el hecho que estaban siendo exaltados. ¡Habían estado en el fondo  y ahora irían a la cima! Por medio de la pobreza  ellos habían desarrollado  un espíritu de humildad que mantendría abiertos para Dios sus corazones.[2]

Hasta aquí hemos visto entonces que la FE PERSEVERANTE se prueba por la CONDICIÓN, y hemos visto la primera condición que es la condición de la limitación. En la condición de la limitación hemos dicho que la limitación es inevitable, y esta es inevitable por la formación de la pobreza, la fundamentación de la pobreza y finalmente la función de la pobreza. Por otro lado dijimos que la limitación es evidenciable y finalmente que la limitación es edificable.  Procederemos al segundo concepto de que la fe perseverante se prueba en las condiciones.

 Es obvio que para contrastar a la pobreza es necesario hablar de la riqueza. Y entramos en un mundo bastante diferente. Cierta vez se reúnen cinco niños ricos y dice el primero:

– Le voy a decir a mi papi que me compre el Océano Pacífico.
Y luego dice el otro:
– Le voy a decir a mi papi que me compre el Océano Atlántico.
Y luego el otro:
– Le voy a decir a mi papi que me compre el submarino que sale en Atlantis.
Y el cuarto dice:
– Le voy a decir a mi papi que me compre el Golfo de México.
Y el último dice:
– ¡Pues yo le voy a decir a mi papi que no les venda nada!

B. En segundo lugar la condición de la ilimitación

El axioma aquí que Santiago establece es: “Cuando el mundo te aprecia  recuerda que Dios lo desprecia”

Alguien dijo que: “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. [3] ¿Por qué unos países son tan ricos y otros tan pobres? Ante esta pregunta llegamos a la conclusión de que existen dos líneas de pensamiento para contestar este interrogante. Una dice que nosotros somos ricos y ellos pobres debido a que “nosotros somos buenos y ellos malos”, es decir, nosotros, los países ricos, trabajamos duro, poseemos conocimientos y educación, un buen gobierno, somos eficientes y productivos. La otra explicación es la contraria y sostiene que la causa de la pobreza está en que “nosotros somos malos y ellos buenos” puesto que nosotros somos codiciosos, no tenemos escrúpulos, somos agresivos y los explotamos, mientras que ellos, los países pobres, son débiles, inocentes, virtuosos y vulnerables.[4] Sobre este importante tema, que preocupa a los economistas, no está claro que una argumentación excluya necesariamente a la otra. Sin embargo Santiago hace una aclaración importante cuando se refiere al tema de los ricos.  Santiago  advierte cuatro consejos para los de condición ilimitada.

1.  La realidad de la riqueza    La primera realidad es la existencia del rico. Observe que dice: “el que es rico” aquí  notamos que Santiago habla del rico pero no de las riquezas. No repudia las posesiones terrenales y que uno se regocije en la pobreza.  No, él enseña que Dios es el dador de “toda dádiva buena y perfecta” (1:17). Santiago no centra su atención en las riquezas sino en la persona que las posee. La biblia no niega la realidad de los ricos de las riquezas. Y no los condena persé. Lo que condena es cuando esa riqueza se convierte en el fin y la seguridad de la persona. Carballosa dice que indiscutible  que tanto en la era apostólica como en épocas posteriores  ha habido hombres ricos que han servido al Señor. Pero lo que la biblia si condena es la avaricia, o sea, el deseo desenfrenado hacia la posesión  de más bienes materiales con fines meramente egoístas[5].

 

Transición…

Cuando una persona ha vivido la vida de riqueza se resiste a pensar de otra manera más que con su mentalidad material. Lo que trae a mi mente la historia de aquel hombre que Era uno de esos nuevos ricos que les gusta lucir sus juguetes. Salió a pasear en su Ferrari, cuando en medio de la calle se cruza una anciana y por no atropellarla hace un giro repentino y tiene un accidente brutal.
Ya cuando lo rescatan, en la ambulancia despierta de su inconsciencia y le pregunta al médico:
– Doctor ¿Qué ha pasado?
– Ha tenido usted un grave accidente señor.
– ¿Cómo? Y ¿Mi coche?
– Cómo se puede preocupar por su coche en estas circunstancias, además ha perdido el brazo izquierdo.
– No! Dios mío!mi Rolex!

2.  La resistencia de la riqueza. Dice: “en su humillación”.  En otras palabras, lo que el mundo valora es pasajero; no empieces a creer lo que el mundo te dice. Por eso dice que el rico debe sentirse orgulloso de su humilde condición. Lo que esto significa, entonces, es que el creyente que se encuentra en una posición de comodidad económica, que ha alcanzado cierto nivel social, o que por cualquier razón es respetado por el mundo, debe de recordar siempre que todas esas cosas que tiene son pasajeras. Esa casa tan espléndida que tiene, esos carros tan lujosos, esa ropa de última moda y todo lo demás son simplemente pétalos de una flor silvestre – bella hoy, marchita mañana. Lo que Dios llama al hermano rico a hacer, entonces, es recordar que su valor no tiene nada que ver con sus negocios, sus pertenencias, o su posición. Todo eso se desintegrará, toda esa vida se acabará, y sólo quedará lo espiritual. El hombre rico tiene que recordar que no es más que un hombre, para que pueda recibir la vida que Dios quiere darle y entender lo que realmente importa. El contexto inmediato señala que Santiago ha estado enseñando en contra  de la inconstancia, la falta de fe y el ser de doble ánimo. En particular, el ser de doble ánimo significa estar dividido entre dos opiniones o mirar en dos direcciones al mismo tiempo. Es en este contexto  que menciona la actitud del hermano  pobre y del hermano rico. El creyente pobre puede  tener su mente dividida, puede decir que confía en Dios  y al mismo tiempo excusarse  diciendo que es pobre  y no puede servir como quisiera a Dios. Por otra parte  el rico puede ser cegado por sus riquezas  hasta el punto de confiar  en ellas más que en el mismo Dios. Es por ello que Santiago  recuerda al creyente rico  que debe regocijarse en su humillación.[6]

3. El resultado de la riqueza. Primero es  fugaz. El momento en que empezamos a creer que nuestro valor, nuestra felicidad o nuestra vida dependen de algo en el mundo, empezamos a olvidar la lección del pobre y nos acercamos a la trampa del rico. Tenemos que recordar siempre que lo del mundo es pasajero, y sólo lo espiritual es eterno. Santiago explica con una metáfora porque el creyente rico debe gloriarse en su humillación. “Porque el pasará como la flor de la hierba”. Evidentemente el concepto es tomado del AT La verdad de la vida. La vida del rico es transitoria  como la flor de la hierba. La ilustración no puede ser más apropiada. La belleza, perfume y atracción de una flor son indiscutibles, pero bajo el calor abrasador del sol se quema y se destruye. Del mismo modo la vida  del rico con todo su esplendor llega a su fin. Eso significa que si ha estado  confiando en el poder de sus riquezas, perecerá con ellas (Salmo 90:5-6). El verbo pasará  “pareleusetai” es un futuro indicativo e la voz media y se usa en el sentido  de “pasar a la historia”, desaparecer. La voz media sugiere que de sí mismo o por sí mismo pasará.[7]En segundo lugar la riqueza es  frugal. El vrs. 11 describe de una manera vívida la transitoriedad  de la vida. El escritor  usa cuatro verbos, todos muy dinámicos. “Sale”,” seca”,”cae”,”perece”. Cada uno de estos verbos describe la realidad  de lo que ocurre con la secuencia de una cinta  cinematográfica, sin tomar en cuenta el tiempo que ocurre. El sol sale acompañado  de su calor abrasador  y surte su efecto. El resultado es que los pétalos  de la flor se secan y caen a tierra. Santiago añade  literalmente, “y la gracia de su rostro perece”. La flor que el día anterior estaba llena de encanto y saturada de perfume, ahora de pronto  es sólo hojarascas y desperdicio. El apóstol concluye diciendo: “así también el rico se marchitará en todas sus empresas”. El rico experimentará el mismo ciclo de una flor.  El verbo marchitará es enfático  ya que en el original aparece al final de la oración. El futuro indicativo  subraya la seguridad del evento. La frase “en todas sus empresas” se puede traducir  “en todas sus ocupaciones”. De cualquier manera que se tome, la realidad es que Santiago  está enfatizando que la vida terrenal es transitoria y fugaz. También las riquezas que pudiesen acumularse  tienen un uso limitado. Lo permanente es una relación correcta con Dios.

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