Evidencias de un verdadero creyente: La fe perseverante


Las personas estamos permanentemente sometidas a la agresión de distintos gérmenes. Virus y bacterias que al ponerse en contacto con nuestro organismo, despiertan al principal sistema de nuestras defensas: los glóbulos blancos o leucocitos.
Los leucocitos son activados por los gérmenes, y una de sus primeras acciones para comenzar a destruirlos es liberar en la sangre unas sustancias denominadas pirógenos (sustancias productoras de fiebre). Los pirógenos le indican al cerebro que se está produciendo la infección. El cerebro es el encargado de determinar la temperatura del cuerpo, entonces para ayudar a los glóbulos blancos en su lucha contra los gérmenes, fija el centro termorregulador a una temperatura mayor. La fiebre es un proceso metabólico finamente regulado y controlado, que facilita la actividad de las defensas contra los gérmenes. La fiebre es un proceso metabólico que facilita el trabajo de las defensas, pero también produce efectos adversos que es importante conocer. Entonces: ¿es beneficiosa o perjudicial?  ¿Cuáles son los beneficios de la fiebre: • Afecta directamente el metabolismo de las bacterias, inhibiendo la síntesis de proteínas e inactivando enzimas que son necesarias para su replicación, tanto es así que la mayoría de los virus detienen su diseminación con temperaturas de 40 a 42*  • Fortalece la respuesta inmunológica del enfermo. Los glóbulos blancos, encargados de descubrir y eliminar al  agresor tienen una movilidad mayor a mayor temperatura.  Una vez que estos migraron de la sangre hacia el sitio de la infección, la temperatura elevada favorece su permanencia allí. Los glóbulos blancos destruyen a los gérmenes fagocitándolos. Esta función también esta potenciada por la temperatura elevada.[1] En pocas palabras la temperatura alta no es tan mala como solemos verla.

¿Sabía usted que también en la vida cristiana existen momentos cuando la temperatura sube? Y que en realidad es una señal de lucha por la salud espiritual. ¿Cómo reacciona usted cuando sube la temperatura en su vida espiritual? La porción que Santiago va desarrollar precisamente habla de los momentos en que la temperatura espiritual del creyente sube. Veamos lo que dice Santiago 1:2-12: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor.El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación;10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas. 12 Dichoso el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que el Señor ha prometido a los que le aman

En esta oportunidad podremos ver que en la vida cristiana siempre hay momentos en que sube la temperatura, y  tenemos que ser probados. Si bien es cierto que a nadie le gusta pasar un examen, es inevitable en todo aquel que quiera agradar a Dios. Por eso el tema importante que venimos tratando es que Santiago muestra las nueve evidencias de una fe genuina o de un verdadero creyente. Vimos que la primera evidencia de una fe genuina es que es una FE SALUDABLE. Eso lo vimos en la ocasión anterior. Hoy nos enfocaremos en la segunda evidencia una fe genuina es una FE PERSEVERANTE. En el texto hay cuatro grandes áreas en la que debemos ser examinados para saber si tengo una fe genuina a través de la perseverancia.

Pero antes de entrar en el detalle quiero hablar un poquito acerca de la teología de la perseverancia, para que aclaremos adecuadamente a que me refiero cuando hablo de perseverancia en Santiago. Se puede resumir en dos perspectivas. La del Calvinismo y la del Arminianismo. El Calvinismo cree en la perseverancia de los santos, mientras que el Arminianismo sostiene que la salvación está condicionada. La perseverancia de los santos se refiere al concepto de que una persona que ha sido elegida por Dios, perseverará en la fe y nunca negará a Cristo o se apartará de Él. La salvación condicional es la opinión de que un creyente en Cristo puede, de su libre albedrío, alejarse de Cristo y por lo tanto, perder la salvación.[2] De allí que popularmente estas creencias se han diseminado en América Latina con dos puntos básicos, una la salvación no se pierde y la salvación se pierde. O por lo menos la salvación no se mantiene o la salvación se mantiene. Uno de los libros y argumentos es precisamente libro de Santiago. Entre las ideas que encontramos sobre salvación y perseverancia encontramos al Catolicismo Romano, Testigos de Jehová, Mormones, y toda religión  cuya concepción está centrada en el hombre y su capacidad de hacer buenas obras. Hay algunas corrientes pentecostales que sostienen la misma teoría de Arminio.  Por eso es que encontraremos muchas actividades en dichas iglesias. La razón básica estriba en que si a la persona se le dice que una vez salva es salva para siempre, se le está autorizando para pecar y vivir una vida de libertinaje. Sin embargo el que ha entendido bien el concepto de salvación por gracia tendrá el temor de Dios y será fiel en seguir a su Señor (que es otro nombre para la perseverancia). Así que en el debate del Calvinismo vs. El Arminianismo, ¿quién está en lo correcto? Es interesante notar que en la diversidad del Cuerpo de Cristo, hay toda clase de mezclas del Calvinismo y el Arminianismo. Hay cinco puntos Calvinistas y cinco puntos Arminianistas, y al mismo tiempo tres apuntan al Calvinismo y dos al Arminianismo. Muchos creyentes llegan a una clase de mezcla entre estos dos sistemas. A fin de cuentas, creemos que los dos sistemas fallan al intentar explicar lo inexplicable. Los seres humanos somos incapaces de abarcar un concepto como éste. Sí, Dios es absolutamente soberano y omnisciente. Sí, los seres humanos podemos ser llamados a hacer una genuina decisión de poner nuestra fe en Cristo para salvación. Estos dos factores nos parecen contradictorios, pero en la mente de Dios, ambos tienen perfecto sentido.[3]

Ahora bien Santiago utiliza el concepto desde otra perspectiva, que es la perseverancia pero en relación a la resistencia y a la lucha. En el texto será usada una palabra que es importante para captar lo que Santiago entiende por perseverancia. Ahora quizás un autor aclara algo importante con respecto al tema diciendo: “La Biblia enseña la eterna seguridad del creyente nacido de nuevo. El hombre que ha confiado en Jesucristo tiene vida eterna y nunca perecerá. Pero la eterna seguridad del creyente no depende de su perseverancia. No conozco un solo versículo de la Biblia que diga nada acerca de los santos perseverando, pero hay varios versículos bíblicos que mencionan el hecho de que los santos han sido preservados. La perseverancia es una cosa. La preservación es otra. No. Los santos no perseveran; son preservados…”[4] Habiendo establecido lo anterior, entremos de lleno al pasaje en mención de Santiago.

I.                    En primer lugar una fe perseverante  se prueba  EN LAS CIRCUNSTANCIAS

Todos vivimos diferentes tipos de circunstancias en la vida. La vida de los hombres está llena de circunstancias las cuales no todas son favorables, deseables o buenas. Todas las personas, sin excepción alguna, enfrentan a lo largo de su vida situaciones adversas que muchas veces no saben cómo enfrentar. Santiago comienza precisamente hablando de estas circunstancias en donde una evidencia de una fe genuina es la perseverancia en medios de circunstancias terribles. Observemos los niveles de circunstancias en las cuales nuestra fe es probada.

A.     Las circunstancias filiales

Santiago comienza usando la palabra “hermanos míos”. Aunque en el texto original el orden cambia un poco. Es decir el texto dice: “con pleno gozo considerad hermanos míos”

Aquí deseo introducirme a un aspecto que puede ser trivial para muchos, y sobreentendidos para otros de tal manera que nos hemos acostumbrado a usar la terminología sin hacer una evaluación profunda  y solamente desde la perspectiva humana costumbrista. Esto tiene que ver con la palabra “hermanos”. En lo que va de mi experiencia evangélica nunca he oído una reflexión sobre este concepto. Pero lo que más me preocupa es si en realidad a los que llamo hermanos, son en realidad mis hermanos. Y de allí que en nuestras iglesias podemos tener personas que en realidad no clasifican en esta categoría de hermanos, y están engañados creyendo que tienen al mismo Padre. El Pastor Alvarenga dice que la pregunta  “¿Quién es mi hermano? Se ha hecho a través de los tiempos  por muchas personas quienes tienen esta inquietud. Luego cuestiona   si la Biblia nos da la respuesta a esta pregunta, a lo que establece que sin lugar a dudas la Biblia  responde claramente a esta pregunta; debido a que Dios nos ha dado todo  lo que pertenece a la vida y a la piedad (II Pedro 1:3). [5] Termina exhortando a que por favor aceptemos  lo que Dios enseña en Su  Palabra y no lo que su corazón o la mayoría de la gente diga, ya que esta es la única  manera de cómo podemos llegar a una conclusión que agrade a Dios. Debemos recordar, dice Alvarenga, que el poder está en la Palabra y no en nuestras opiniones.[6] ¿Porqué me tomo el tiempo para hablar de algo tan sobreentendido? Porque hoy necesitamos redefinir lo definido por muchos años. Empezaré diciendo que la palabra griega para “hermanos” es αδελφον que transliterada es adelfos. Un estudio cuidadoso de esta palabra nos muestra que se utiliza de  diferentes maneras en el Nuevo Testamento. Observemos cada uno de sus usos.  La palabra “hermanos” se utiliza…  Primero, para referirse a hermanos de carne y sangre (Juan 1:40). Segundo,  para referirse a la persona desde el punto de vista de su nacionalidad (Hechos 2:29). Tercero,  para referirse a la relación de familia espiritual que existe entre los cristianos (II Tesalonicenses 1:3). [7] Ahora notemos que Santiago dice “míos”. Santiago entiende que son sus hermanos desde la perspectiva de sus cualidades. Nadie puede decir que son sus hermanos sino tienen parecido. ¿Quiénes son entonces nuestros hermanos en Cristo? ¿Cómo sabemos que realmente se convirtió?

He allí el gran reto y dilema que tenemos por delante. Quizás un pasaje importante desde mi punto de vista es el que Pedro establece en 1 de Pedro 2:7: “Para vosotros, pues  los que creéis él es precioso…” En esta frase habla de que la persona que es creyente una característica importante es que ve a Jesucristo “precioso”. La expresión en griego es sumamente interesante. Esta expresión significa que es un valor pecuniario en que se estima algo, lo que se paga como expresión de valor, el valor valoración, precio  honor, honra; respeto, aprecio, reconocimiento.[8] La palabra griega “timé” se usa tres veces en el pasaje en mención. Pero hay una diferencia significativa en el texto griego. En este pasaje la expresión se usa dos veces con el prefijo “en” (entimé) y una vez sin el prefijo “en”. Es curioso que la palabra con el prefijo se usa cuando se asocia al aprecio que le da tanto el Padre como la Palabra de Dios a Cristo  (vrs.4;6) y no cuando se refiere a la actitud del hombre. La palabra “entimé” es la raíz para nuestra palabra “íntimo” que significa compartir la naturaleza completa. La palabra “íntimo” viene de la conjunción del vocablo latino “inti”(interior) y del vocablo de origen europeo “mus” que expone carácter superlativo. Así, íntimo es algo muy interior. Igual que santísimo, generalísimo, amiguísimo, hace referencia a ponderaciones más altas en cada caso. [9] En conclusión este pasaje nos reta al hecho que para los creyentes una evidencia que son hijos de Dios es el tener a Cristo como algo superior, precioso, primario.  Por otro lado el ser humano no podrá desarrollar una relación íntima como la Palabra y Dios tienen con Cristo si puede hacer de su relación con Cristo algo superior.

Así que es importante entender que los verdaderos hermanos son hijos del mismo padre, son m unidos por un vínculo fuera de su decisión, reconocen su procedencia, aceptan su parecido con su padre. La fe genuina perseverante es probada por las relaciones filiales. He aquí un llamado urgente para valorar si realmente somos hermanos o simplemente como Pablo lo decía “seudohermanos” o “falsos hermanos”

B.      En las circunstancias emocionales

Observe que ahora Santiago dice algo importante. “…Tened por sumo gozo”. Una de las áreas en las que los cristianos tienen serios problemas para la perseverancia y son reprobados, es en lo concerniente a las circunstancias emocionales. Llámela como quiera los creyentes tenemos problemas manejando los asuntos relacionados con las emociones o con los problemas del alma. Es obvio que en la carta de Santiago los lectores de la epístola estaban pasando por serios y abundantes problemas. Pero el apóstol la llama a que en lugar de amargarse y frustrarse deben tener una actitud de extremo gozo ¿Cómo se puede lograr esto? El gozarse en este pasaje es una decisión y no una reacción.  “Considerad”. La expresión en griego es hegesasthe, y es un aoristo imperativo, voz media del verbo hegeomai. En castellano tenemos la palabra “hegemonía” que incluye la raíz de este verbo. Según el Dr. Carballosa este verbo tiene dos significados: “En algunos casos significa  “ir adelante”, “ser un líder”, “gobernar”; en otros caso significa  “considerar”, “reconocer”, “pensar”.[10] Aunque el Dr. Carballosa se inclina por el segundo uso, creo que el verbo tiene las dos connotaciones. Es decir una persona que se goza en las pruebas se convierte en una persona que puede liderar y ser de ejemplo. En ese sentido el gozarnos en las pruebas nos produce autoridad que es vista por otras personas.

Ahora bien, el modo imperativo  del verbo implica que se está dando un mandamiento  o una exhortación. Pero el hecho que sea un aoristo imperativo  sugiere la idea de urgencia hacia la ejecución  de una acción definida. El aoristo se usa para algo que debe emprenderse inmediatamente.[11] Por otro lado el uso del verbo en voz media, enfatiza que el hecho de que el sujeto, además de ejecutar la acción, participa de los resultados  de dicha acción. De allí que el gozarse es una decisión y no una reacción.  Por otro lado el  gozarse   es una reflexión  y no una acción. En el pasaje  la exhortación del apóstol  es para que sus lectores reflexionen en lo más íntimo  de su ser y, como resultado de esa reflexión, de manera consciente y para beneficio propio adopten una nueva actitud.  En tercer lugar el gozarse es una devoción y no una representación. Notemos que la expresión “sumo gozo” es interesante. La idea en el original  es “gozo total o sin mezcla”. Podría decirse un gozo ciento por ciento puro. ¿Cómo se logra esto?  Normalmente, el gozo es el resultado de algo que nos hace bien, algún acontecimiento, alguna palabra, alguna experiencia que encontramos agradable para nuestro ser. En estas situaciones, nuestro gozo se desborda y lo compartimos con otros. He aquí nuestra dificultad, entonces. ¿Cómo gozarnos cuando nos encontramos en situaciones de prueba? La mayoría de nosotros no logramos sentir el más mínimo gozo cuando estamos sumergidos en situaciones que consideramos negativas o tristes. Santiago, sin embargo, nos está ayudando a entender que esto NO es el resultado de tener los ojos puestos en la prueba o tribulación por la que estamos atravesando. Lógicamente, ninguna crisis va a inspirarnos para dar gracias, ni tampoco a sentir alegría. Al contrario, cuanto más la analizamos más profundamente nos desanimamos. La exhortación de Santiago no es a mirar la prueba, sino el resultado de la prueba.[12] Así que dos miradas nos pueden dar un gozo profundo. Mirar los resultados y mirar a Cristo. Philip Yancey  en su libro ¿Dónde está Dios cuando sufrimos? Habla de Claudia, una hermosa recién casada, que descubrió que padecía de la enfermedad de Hodgkin. Uno de sus grandes  retos al enfrentar la prueba se lo presentó un grupo de amigos  bien intencionados que iban a visitarla al hospital .Una muchacha a quien Claudia  identifica como la persona más espiritual de su iglesia, iba  a menudo a leerle textos sobre alabanzas a Dios. Sus sermones  a Claudia solían ser, como este: “Claudia necesitas llegar a un punto en el que puedas decir: “Dios mío te amo por hacerme sufrir así. Es tu voluntad. Tú sabes qué es lo mejor para mí. Y yo te alabo por amarme tanto y por permitirme pasar por esto. Te doy gracias por todo, incluyendo mis sufrimientos”. Según Claudia refiere, mientras valoraba estas palabras, su mente se llenaba de horribles visiones de Dios. Ella se imaginaba una figura con forma de ogro, grande como el universo, que se deleitaba en oprimir entre sus dedos a inermes seres humanos pulverizándolos con sus puños, lanzándolos contra afiladas rocas. Aquel ser continuaba torturando a los humanos hasta que estos clamaban: ‘Dios mí, te amo  tanto  por hacerme esto”. [13] La idea repugnaba a Claudia. Ella sabía que jamás podría amar a un Dios así.  Cuando Santiago nos recomienda considerarnos dichosos cuando tengamos que enfrentar  diversas pruebas, no nos está dando el consejo de su amiga Claudia. Considerarnos dichos dice el Dr. Jeremiah en medio de las tribulaciones  es reaccionar con una evaluación  deliberada e inteligente de nuestra situación. El noventa  por ciento  del éxito radica en su mente y su espíritu. Deben aprender a ver la experiencia  desde la perspectiva de Dios, y reconocer que la prueba, aunque no es una experiencia  agradable en sí mismo, es un medio  para producir algo muy valioso en sus vidas. [14] En ese sentido los apóstoles no pretendían  aconsejar una actitud  de “haz como si nada hubiera pasado”. No hay  trazas  de semejante actitud en la reacción de Cristo al sufrimiento, ni tampoco en la de Pablo. Ni hay indicio masoquista alguno de que hayan disfrutado del dolor. Regocijarse en el sufrimiento  no significa que un cristiano debe mostrarse  feliz ante la tragedia  y dolor cuando en realidad siente ganas de llorar. Tal perspectiva distorsiona la honestidad y la expresión genuina de  los sentimientos. El cristianismo no es algo falso. El foco de la Biblia  está en el resultado final, en el uso que Dios puede hacer del sufrimiento en nuestra vida. Sin embargo, antes de que el pueda producir  ese resultado, necesita que hagamos el compromiso de confiar en Él, y es el proceso  de ofrendarle ese compromiso lo que se puede describir como regocijo.[15]

C.      Circunstancias temporales

Santiago dice: “cuando os halléis”. La conjunción “cuando” (joran) es una conjunción temporal indefinida que denota el concepto “cuando sea que el evento ocurra”. Esta clausula indica tres cosas importantes. Primero, la certeza de la situación. No dice “por sí” o tal vez”. Dice que va a pasar. Segundo, la clausula también indica la sorpresa de la situación. Nunca dice que ni que cosas son las que van a suceder solo que va a suceder. Y tercero, indica la dureza de la situación. Observe que el verbo “halléis” es la traducción  del griego peripesete (aoristo subjuntivo, voz activa). Dicho verbo es una palabra compuesta  de “peri” (alrededor) y pipto (caer). La idea es caer “en medio  de”  o “caer de modo que al hacerlo está rodeado de algo.[16] Un buen ejemplo del uso de ese verbo aparece en Lucas 10:30, donde el hombre que iba de Jerusalén a Jericó “cayó en manos de ladrones”. Ahora bien el tiempo aoristo del verbo sugiere que la experiencia a la que el verbo se refiere es algo individual, y el modo subjuntivo con la conjunción temporal indefinida señala que el suceso al que hace referencia puede venir en un momento indeterminado, o sea en cualquier momento y sin previo aviso.[17]

D. Circunstancias espirituales

¿Qué es lo que los lectores  de la Epístola debían considerar como puro gozo y que podía venir sin previo aviso. Santiago lo llama “diversas pruebas”. En el griego la expresión es pierasmos poikilios, o sea pruebas de diversos colores, pruebas en todas sus variedades. La palabra pruebas procede del verbo peirazos que muchas veces también significa tentar. Ene este caso, el contexto sugiere que el autor está hablando de pruebas y luchas externas con que los creyentes  tienen que enfrentarse en la vida diaria y no de tentaciones. El cristiano se ve rodeado de circunstancias, pruebas y obstáculos que le producen tristezas.  Santiago exhorta a sus lectores  a considerar esas pruebas como motivo de gozo genuino. Por otro lado el vocablo poikilios sugiere la idea de variedad. Algo así como los colores del arco iris. Otra vez el énfasis  recae en el hecho de que el hijo de Dios puede hallarse en cualquier momento rodeado por una variedad de pruebas. Cuando eso ocurriese, Santiago dice: “tenedlo por sumo gozo”. El no está diciendo  que las pruebas equivales al gozo, sino que exhorta a sus lectores a tener capacidad de considerar que esas pruebas redundarán para beneficio de ellos y, por lo tanto, a regocijarse en el resultado final.  Así que las circunstancias espirituales tienen tres características especiales. Primero tienen inmensidad, hay una variedad inimaginable de pruebas creativas. En segundo, vienen con  intensidad estar rodeado implica intensidad de ataques. Y tercero buscan la integridad. Es decir debemos sacar lo bueno del proceso difícil.

Bueno hablar de pruebas y gozo no es un tema muy popular. Hablar de fe que persevera en circunstancias filiales, emocionales, temporales y espirituales puede causar temor y miedo de seguir a Jesucristo. Todo tiempo tiene  un propósito. En los planes de Dios. Y hay que verlo con sumo gozo. ¿A propósito sabe usted cuál es el mar más sufrido? El mar-ido.


[3] Ibíd.

[7] Ibíd.

[10] Carballosa, L. Evis. Santiago: Una Fe en Acción. Publicaciones Portavoz Evangélico. 1986. Pág. 88

[11] Ibíd. Pág. 89

[13] Yancey, Philip, ¿Where is God When It Hurts? , Zondervan, Grand Rapids, 1977, pags. 13-14

[14] Jeremiah, David. Un Giro hacia la Integridad, Editorial Vida, Miami Fla, 1993, págs. 14-15

[15] Yancey. Pág.16

[16]  Carballosa, L. Evis. Santiago: Una Fe en Acción. Publicaciones Portavoz Evangélico. 1986. Pág. 89

[17] Ibíd.

Anuncios

Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s