Cuando la mirada se desvía…


 

Estaba leyendo algo sobre las costumbres y términos de los beisbolistas. Y hay una frase que se llama “cojera del perdedor”. Y me hizo pensar en algo que a veces me pasa a mí (puse a veces, para disfrazar que es siempre, hablando de cojera del perdedor, ja). Esta “cojera del perdedor” sucede cuando un jardinero calcula mal una bola alta y no logra atraparla, o cuando un receptor abierto se le escapa entre los dedos un pase fácil. Se caen al suelo y se levantan cojeando. El propósito de la cojera es camuflar su error. La impresión que quieren dar a sus compañeros de equipo y a los admiradores es que la razón por la que no atraparon la pelota fue por un calambre, un tirón muscular o alguna otra disfunción repentina de la pierna, en vez de su cálculo equivocado. De modo que la cojera se convierte en la excusa del deportista, su intento por verse libre de culpa de su error. Pero aunque las consecuencias de un error en un partido de béisbol son relativamente pequeñas, lo lamentable es que muchos han desarrollado una “cojera del perdedor” cuando se trata de la vida cristiana. En lugar de admitir sus errores y responsabilidades, los excusan, dando la impresión de que fuerzas que escapen a su control son las responsables de sus circunstancias. Ahora, no estoy diciendo que los cristianos de verdad superan cada obstáculo como Superman. No, todos tropezamos y caemos. Pero ser creyentes de verdad significa no permitirnos que nuestro pasado controle nuestro presente al salir con “una cojera” para ocultar nuestros errores. En cambio, aceptamos la responsabilidad por nuestras acciones, identificamos lo que es necesario para corregir y empezamos a ser los hombres y las mujeres que Dios quiere que seamos. Creo que esto se refería el proverbista al decir: “Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse. En cambio, basta una sola calamidad  para derribar al perverso.” Proverbios 24:16. Si hay un área donde los hombres tenemos “cojera de perdedor” es en la tentación sexual.  Los  hombres somos “normalmente” (no sé si eso será normal) muy mirones. En  consecuencia, también somos muy susceptibles a la tentación sexual cuando se presenta. Dicho claramente: la mayoría de los hombres tenemos ojos que siguen a cualquier falda corta que pasa por allí. Pareciera que estamos todo el tiempo en cacería. Esto termina muchas veces en un impedimento serio para la intimidad con Dios y la intimidad matrimonial. Una mujer descontenta decía: “Los hombres son unos perros, todos son iguales” Y en la medida en que elegimos nuestro propio camino en lugar de purificar nuestros ojos y mejorar nuestro testimonio, se vuelve cada vez más cierto el comentario.  ¿Es realmente mala esta práctica? Parece que cada día más en los círculos evangélicos practicarlo no es malo, como el hecho de usar malas palabras o contar chistes obscenos. Cuando Job hace una evaluación sobre que podría estar causando sus sufrimientos agrega un comentario interesante en su evaluación personal y lo declara: “Hice un pacto con mis ojos, de no mirar con codicia sexual a ninguna joven. (NTV) y me gusta aún más  la versión Palabra de Dios para Todos, dice: “Hice un pacto solemne con mis ojos: no mirar con deseo a una muchacha.” O sea que para Job el andar de mirón podría ser algo que causara el juicio de Dios. ¿Interesante no cree? Alguien podría decir que a Job no le costó porque era un santo, pero yo no soy Job La verdad es que es todo lo contrario. Debe saber que la   primera expresión que aparece en el vrs.  “hice”, es una expresión muy fuerte. La palabra en hebreo es karath que significa cortar, destruir, eliminar y a veces se traduce como decapitar. En el idioma hebreo la modalidad qal (que es la modalidad en la que se encuentra el verbo) denota iniciativa, vigor del sujeto, toma de decisión. Lo que viene a indicar que Job tomó la decisión no sin mostrar la fuerza de su lucha. El tuvo que decapitar, destruir su deseo. Por el uso del verbo y luego por la asociación con la palabra “pacto” esta frase es una figura metafórica de la manera en que cortaban el sacrificio y luego lo ponían al fuego del altar del pacto de adoración con Dios. ¿Sabías entonces que Job había hecho un pacto para no mirar a una mujer de forma lujuriosa? No sé si te habías percatado de este versículo, pero sí, Job hizo un pacto radical para no mirar lujuriosamente a una mujer. La Biblia Nueva Versión Internacional, traduce este versículo de la siguiente manera: “Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer.” Es interesante pensar, como un hombre que Dios lo describió como un hombre “recto e intachable” tuvo que en un momento de su vida tomar la decisión de no mirar más a una mujer con lujuria sexual. Esto me da a entender que Job reconoció que estaba luchando con la lujuria sexual y en un momento de su vida tuvo que erradicarla por completo haciendo un pacto con sus ojos. Nuestra cultura latina nos ha enseñado que nosotros los hombres tenemos el derecho de mirar a toda mujer que nos pase por el lado para confirmar nuestra masculinidad. Eso es un error porque Dios aborrece la codicia.

Así que Mr. Job nos enseña que los hombres no es que sean normalmente “mirones”  sino que son mirones  por naturaleza caída y que es una tendencia aún entre los más santos. Así que lo primero de esta verdad es la guerra de todo hombre.

Pero luego dice que hizo un “pacto”. La expresión para pacto está dentro del contexto judío religioso. Note que no es un autodominio sino un sometimiento a otra visión. La visión del altar de Dios. Job sabe que la mejor forma de satisfacer su deseo de mirar es simplemente mirar a Dios como sustitución de su carencia. En los tiempos bíblicos los pactos tenían una característica peculiar. El pacto era un contrato de compromiso por ambas partes en donde se incluía un símbolo u objeto que tenía el propósito de recordar ese pacto. Es por eso, que cuando ocurría un pacto se acostumbraba colocar unas piedras una encima de la otra para que se vieran de lejos y cada vez que todos los que estuvieran involucrado en ese contrato vieran las piedras lo recordaran. Por eso es que Dios levantó un arcoiris, para que cada vez que llueva y parezca que ocurrirá una terrible tormenta puedas mirar el arcoiris y recordar que Dios hizo un pacto de no destruir nunca más la tierra con agua. El tener un objeto visible para recordar el pacto sólo se practicaba en los tiempos bíblicos. Hoy día, para hacer un contrato usamos un pedazo de papel que muchas veces se pierde o quizás se encuentre guardado en una caja que está escondida en algún rincón de la casa. Job hizo pacto con Dios de no mirar más a una mujer con lujuria. La idea de hacer un pacto tiene un significado muy poderoso. Aquí está la clave de todo esto, el pacto bíblico es visual, igual que la lujuria sexual para el hombre también es visual. Esto quiere decir que podemos usar el pacto bíblico para contrarrestar la tentación de mirar a una mujer con lujuria. Como el pacto bíblico tiene un componente visual puedes buscar objetos visuales que te ayuden a recordar el pacto. ¿Cuáles pueden ser esos objetos? Puede ser tu casa, puede ser un objeto especial que tu esposa te regaló y que siempre lo tienes en el carro, puede ser una foto de tu primer hijo o de tu familia, puede ser tu sortija de matrimonio o puede ser una foto de tu esposa en tu celular. La idea es que seas creativo, Dios fue creativo, creó un arcoíris. ¿Te atreves hacer un pacto con Dios de nunca más ver a una mujer con lujuria como lo hizo Job? Haz un pacto con Dios hoy para que cuando sientas la tentación de mirar a una mujer con lujuria, mejor mires el pacto bíblico que hiciste con Dios. Y si quieres llevar este reto a un nivel mucho más radical puedes incluir a tu esposa como una de las partes del contrato y si no tienes esposa incluye a un amigo de confianza. En ese sentido vamos de la guerra a la barrera de la lucha. El segundo elemento entonces es una barrera.

Luego el texto nos dice  que hizo un pacto con sus ojos  de “no mirar”. La expresión es importante porque implica detenerse, percibir y quedarse analizando. La preocupación en nuestra lucha contra la lujuria sexual juega un papel muy importante. Usualmente usamos ésta palabra para referirnos a algo que nos incomoda o un mal sentimiento. Según el diccionario Mirriam Webster en línea, “preocupar” se deriva de la palabra en latín praeoccupare que significa “apoderarse de ante mano” o mejor dicho ocupar de antemano. El ejemplo es de como un ejército grande que conquista a otra cuidad sin haber empezado la batalla. ¡Wow! ¿Te puedes imaginar lo terrible que sería eso, una cuidad perder una guerra y ser ocupada sin haber empezado la batalla? Entender esto es significativo cuando se practica pureza sexual y te explicó por qué. La idea de ver la preocupación como “apoderarse de ante mano” u “ocupar de antemano”, nos hace reflexionar más profundo. Muchas veces, en la mente del que lucha contra una atadura sexual está ocupada por una tentación que aún no ha ocurrido, lo que llamamos fantasía. Está ocupada por pensamientos de miedos, fracasos, deseos de la carne y cuando llega la tentación el soldado cae fácilmente ante la trapa del enemigo, ya en su corazón había perdido la batalla de ante mano. Sin embargo una mente que está ocupada por Dios, es una persona que camina en el Espíritu, tiene paz en toda su vida, y victoria. Su preocupación es no perder esa relación que fue restaurada a precio de sangre. Una mente ocupada por Dios, teme a Dios y no al enemigo. Cuando llega la tentación su enfoque no será la lujuria, sino Dios. Esto es temor de Dios. Uno adora lo que uno teme. Si temes a la lujuria, ella te quitará tu tiempo colocando tu mente en sólo pensar en ella y se convertirá en tu ídolo. Pero si temes a Dios, con temor reverente, tu mente estará llena de su palabra y El YO SOY será tu único Dios.  La tercera expresión no tiene que ver con la guerra, ni la barrera sino con la prisionera. ¿Quién puede acabar con  mi propio llamado y propósito? Dice el texto: “un virgen”. La frase es betulah, que implica una jovencita o una niña. El texto implica que podría ser una de sus criadas o una muchacha a la que Job tendría un constante acceso. Debo hacer hincapié en la importancia de esta frase. Lo que parece con relación a esta frase es que Job no tenía en mente una mujer desconocida de la calle (aunque puede incluir el nivel de la tentación) sino que a alguien que Job conocía. Eso implicaría que la tentación sería más fuerte porque estaría expuesto a la virgen constantemente. Sería a algo similar a lo que José experimentó.

Sin embargo Job decidió no mirarla con deseo. Ahora note que en el contexto del libro de Job podría decir que tendría problemas con la mujer, pero eso no fue excusa para que el tomara una decisión de quebrantar su pacto de pureza con Dios.

Pregúntate lo siguiente: ¿qué es lo está ocupando tu mente de antemano cuando empiezas el día? ¿Quién está invadiendo tu mente? o ¿Quién está rugiendo en tu corazón, el León de la Tribu de Judá o el león que anda buscando a quien devorar? Al empezar el día, ¿cual león ruge en tu corazón, el León de la Tribu de Judá o el león que anda buscando a quien devorar?

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