Sorprendido, desafiado y expandido


Introducción

Antes que termine debo contarles acerca del día que pasé toda la noche en vela orando en la sala de mi casa. Pero antes de que comencemos quiero relatarles de un día más reciente en que oculté la cabeza en mis manos. El episodio de la noche en vela  ocurrió cuando empecé a enfrentar un descubrimiento personal. Lo de la cabeza en las manos  sucedió por razones distintas. Frustración, desamparo, tensión. Estos tres sentimientos  crecieron hasta ahogarme cuando me esforzaba por escribir una serie de mensajes. En estos mensajes me proponía a enseñar mucho más cerebral, pero ha resultado en una serie de procesos que me han llevado por una senda que jamás pensé que existiría. Tenía mucha esperanza  de presentar un amplio espectro basado en la Biblia acerca de la pasión y la plenitud  de la vida cristiana que no pareciera sectario ni separatista; tan a menudo  el tema tiende a polarizar  y fragmentar, fraccionar más que fusionar. Por lo tanto  me proponía mostrar como los temas básicos  de la vida  y la verdad cristiana  se integran perfectamente  con una búsqueda personal apasionada de una vida llena del Espíritu Santo. Confiaba en vincular la pasión espiritual con preceptos escriturales, mostrar tanto los fundamentos  de la verdad como la plenitud  que se concreta  cuando la pasión  mueve extraer el potencial  del poder que reside en la doctrina correcta. Al analizar las doctrinas de la fe cristiana  como la base  de la dinámica de la vida cristiana  me proponía demostrar  que la búsqueda apasionada de Dios  y de sus obras extraordinarias en nuestra generación no es producto  de erráticas divagaciones  de místicos confundidos. Pero pronto descubrí algo  que debía haber sabido antes de comenzar: la pasión es algo más del corazón que del cerebro. Y entonces hice un tremendo descubrimiento, me di cuenta que la búsqueda de la experiencia  espiritual no es una búsqueda superficial  de sensaciones ni es la  flexibilidad de la que hablo una falta de firmeza que permite inclinarse ante cualquier moda espiritual. En lugar de ello integra toda la experiencia con un sólido cuerpo de verdades reveladas sistemáticamente que provee amarras firmes confiables al que sigue el camino de la fe. En realidad mi deseo en ese entonces  era consolidar el terreno escritural que fundamenta los grandes temas, a la vez declarar que nuestro llamado a experimentar las implicaciones  de esas verdades, llenas de poder y colmadas de emoción. Quería expresar  a todos que mi anhelo es que pudiéramos conocer la verdad y a la vez arder con ella. Pero al meditar en los mensajes  me sentía más llevado a la llama que hacia el conocimiento. Esto me molestaba en parte por la idea que podría  ser mal interpretado o chocante (hereje, ¿tal vez?) para algunos. El espectador que tenía en mente era un enemigo de mi descubrimiento, alguien que veía mi fe como mera palabrería y mi anhelo por lo sobrenatural como una superstición. Luego algo cambió. Oculté la cabeza entre las manos en oración y luego de este sencillo pedido de ayuda a Dios, El Señor quitó  esa idea de mi mente. Las dudas se fueron disipando, me sentí menos amenazado, menos temeroso de las críticas porque advertí que estas palabras estaban dirigidas a una generación de creyentes que amanece en un nuevo mundo, y porque no decirlo  a usted: una persona cuyo corazón espero  se parezca al mío; amamos a Cristo  con toda sinceridad, valoramos la Palabra de Dios, reconocemos su autoridad y nos incomoda todo esquema denominacional cuya autoridad en la tradición contradice el sabio consejo de Dios. Queremos que El Espíritu Santo llene nuestras vidas. Por todo lo anterior, la pasión me ganó y finalmente  escribí sobre ella, más que sobre los preceptos. Quizás sea condenado por los críticos  por falta de sustancia, quizás sea cuestionado porque me salgo del esquema histórico tradicional,  quizás haya sido demasiado superficial al no mostrar profundos asuntos doctrinales. Pero mientras  evaluaba esta posibilidad surgió en mi otro quizás. Quizás Dios esté mucho más interesado  en nuestra pasión por El que en nuestras percepciones racionales y académicas y denominacionales   de El. Sinceramente creo que es así. De manera que me dirijo a creyentes  que piensan , que quieren basar todo en la Palabra de Dios y en sus verdades y a creyentes que reflexionan, que saben que las verdades espirituales  son algo que meras ideas y que la Palabra de Dios  es más que meras palabras. En fin, el anhelo de mi corazón  es equilibrar las fuentes  que nos traen a la pasión, El Espíritu Santo  y la Palabra de Dios. Si he descuidado alguno de ellos confío en que serán tolerantes pues he llegado  a este punto de ocultar la cabeza entre mis manos para orar. Lo invito a hacer lo mismo. En un momento le contaré  de la noche en vela.

Esa noche en vela  me hice a lo menos cuatro preguntas importantes que señalaron el curso de mi vida en estos últimos 23 años. Esas preguntas y los descubrimientos que hice me han perseguido casi como una sombra inseparable. Por muchos años he caminado en la iglesia histórica e institucional creyendo que Dios podía renovarla y enfocarla en un nuevo derrotero. En realidad han sido 33 años de lucha continua en diferentes arenas denominacionales pero todas ellas con el mismo rasgo, iglesias institucionales. Este día y en este fin de año después de varios meses de orar, analizar y observar he llegado al final de mi ministerio en la Iglesia Nazaret. En realidad mi salida de la iglesia no es solamente la salida de un ministerio más,  para mí representa el inicio de una nueva etapa de un viejo sueño que tuve desde hace 23 años. Al principio me pregunté qué era lo que Dios había  hecho estos tres años últimos en esta iglesia en mi vida, pero luego me mostró que no eran sólo estos tres años sino que los 33 años completos. Así que me llevó a una pasaje en donde encontré tres grandes palabras que resumen mi peregrinaje en este tiempo y que podrán resumir el peregrinaje de muchos, sólo que a diferencia de muchos, yo si he tenido el valor de reconocerlo y de oír a Dios, a peregrinar en el estilo original que Dios intentó desde el principio. Quiero que me acompañe a a1 de Reyes 19:19-21. En esta porción Dios dice: “19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. 20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? 21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Tres palabras Dios me dio para compartir esta noche: “Sorprendido, desafiado, expandido”. Creo que estas tres cosas serán las tres acciones que acompañaran a muchos de ustedes el próximo año y porque no decirlo el resto de sus vidas. Así que quiero usarlas como tres puntos importantes.

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