Sorprendido, desafiado y expandido III parte


I.                    En segundo lugar Dios nos Desafía (1 Reyes 19:20)

Eliseo  una vez que fue sorprendido, fue llevado a por lo menos cuatro desafíos importantes en su vida.

A.     El primer desafío son  las interrupciones de Dios

Debemos estar listos a que Dios nos interrumpa la vida. Las interrupciones divinas son inesperadas, indudables, llenas de emociones y humanidad. Eliseo le pide permiso para ir a despedirse de sus padres. Las interrupciones divinas, son drásticas, radicales incomprensibles a la mente humana pero entendibles en el Espíritu. Exigen una decisión inmediata, abren la puerta a lo desconocido, expanden la visión, proyectan la eternidad sobre todo conectan mi espíritu con el espíritu Divino. Esas interrupciones divinas son necesarias y bienvenidas.

B.      El segundo desafío es quemar puentes

Observe que Eliseo va a tomar decisiones muy radicales, en otras palabras el está dispuesto a quemar puentes.  Tal era la seguridad y la firmeza de lo que Dios había traído a Eliseo, que quema  los posibles puentes que lo traerían de vuelta sin en dado caso no le iba bien.  Lo que yo  hubiera hecho era haberle dejado los bueyes a mi papá o a mi hermano para que me los cuidara y hubiera guardado el arado en el garaje para tenerlo de reserva, por si regresaba y tengo otra vez mis instrumentos de trabajo. Debemos entender que cuando Dios nos desafía nos va a pedir que soltemos algo, que matemos algo, y que quememos algo. Y ese acto cierra un capítulo en nuestra  vida y nos permite iniciar un nuevo camino con Dios, por otro lado impide la tentación de volvernos atrás. No hay vuelta atrás. Ahora la inteligencia nos dice que debemos aprender a diferencias que puentes cruzar y que puentes quemar cuando Dios nos desafía. Porque no debemos quemar todos los puentes. Esos puentes que hay que quemar son los que nos van a presionar a regresar atrás. Y esa es la parte más difícil.  Hay muchos, tu trabajo, tus sueños, tus ambiciones, etc. Pero en el pasaje, ¿cuáles son los puentes que Eliseo quema?

El primero es el puente de los vínculos emocionales. Este puente está relacionado con el hecho de que Eliseo, lo primero que viene a su mente es ir y despedirse de sus padres. Observe que no va a compartirles a sus padres, no va a pedirles permiso a sus padres, simplemente le dice a Elías que irá a despedirse. Eliseo se ubica en las prioridades de su vida. Su familia podrá ser su familia, sus padres podrán  ser sus padres, pero ellos no son el objeto de adoración, no vive para que sus padres sean lo número uno. Simplemente llegará el momento en que el camino te llevará entre tus padres o Dios. Es muy importante observar que Eliseo le pide permiso a Elías para poderse despedir de sus padres. Y la respuesta de Elías es ¿yo no te estoy impidiendo eso? Entonces porque creyó que Elías le había prohibido eso? Porque me imagino que como todo padre Eliseo se sentía con carga emocional con ellos.  El segundo puente es el de los vínculos materiales Dice que mató un par de bueyes y el arado. Sin su arado el rompía con su modo de producción y sostenimiento material. El tercer puente fue el de los vínculos sociales. Observe que llama a sus conocidos, y les da un banquete. Este sería su última fiesta con los conocidos y sería un testimonio de su decisión. El cuarto puente fue el de los vínculos  espirituales. Observe que Eliseo por sus posesiones era un hombre acaudalado (12 yuntas es bastante). Si observamos el tenía un estilo de vida y de actuar socialmente. Pero ahora decide ya no estar en la cabeza, sino que simplemente dice que “se levantó y fue tras Elías”. Es muy difícil renunciar a ser el primero, después que uno está acostumbrado a ser número uno. Pero ahora su peregrinaje será de aprendizaje y humildad siguiendo a Elías.

Para pensar…

Hoy en nuestro contexto tenemos grandes desafíos. Si no los aceptamos tendremos serios problemas muy pronto- Creo que algo anda mal cuando una congregación se estanca, cuando no crece. Es verdad que no debemos ni podemos caer en la agonía numérica que ha embarcado a muchas iglesias en proyectos de crecimiento local que muchas veces no guardan ninguna relación con el Evangelio, pero tampoco podemos ni debemos quedarnos en una apatía y conformidad ante la debacle de muchas congregaciones a nivel nacional. Muchas se han convertido en clubes sociales o en círculos de familias que, generacionalmente, manejan a la iglesia como señores feudales. No hay pasión por anunciar la buena nueva. Las “campañas evangelísticas” se hacen en los templos para los mismos miembros. Talleres de evangelización sin ninguna relevancia en la práctica. En fin, ¿Cómo se puede hablar a otros de lo que Dios no está haciendo en y entre nosotros? No hay mayor angustia congregacional en esta época  que presentar el Evangelio de todas las formas posibles a cuantos podamos, no importando los sacrificios y exigencias que este llamamiento requiera. Debemos retomar como los primeros creyentes que vinieron a nuestras latitudes. Como aquellos ancianos que hablaban sin parar de su amor por su Señor, que caminaban horas para anunciar la Buena Nueva. Así cómo no escatimaban nada con tal de ver la fuerza del Evangelio obrando en la vida humana. Pero, ser iglesias que sólo pasan celebrando los aniversarios como si la fiesta cristiana es sobrevivir a la cronología sin ninguna referencias a las acciones poderosas de Dios en la actualidad de la comunidad. No es ningún desafío. Iglesias que han convertido sus reuniones en actividades sociales (Celebración de cumpleaños, 15 años, día del padre, día del pastor, día del niño, etc. -no significa que estas actividades sean malas en sí mismas, pero cuando esa es la agenda de la celebración y la misión, sí que algo no anda bien-).  Iglesias que sus cultos parecen más reuniones de lamento que de celebración. Iglesias donde sus líderes jamás comparten su fe en Jesús donde viven, donde trabajan. Eso ya no desafía. Iglesias donde solo viven en conspiración, fraudes, y frecuentes divisiones. Iglesias donde reina el irrespeto a los líderes de la iglesia. Iglesias que se ven simplemente como una organización jurídica. El modo en que la iglesia vive y se proyecta al mundo revela que ha dejado de ser embajadora de Dios y se ha convertido en una sinagoga donde se quiere preservar la “tradición de los ancianos”.  Al igual que en el ministerio de Jesús, sus más grandes opositores fueron los fariseos (custodios de la ortodoxia) y los sacerdotes (administradores del templo,) hoy día parece que las estructuras religiosas son el obstáculo a la renovación del Espíritu.  Nos volvemos guardianes de doctrinas rancias y de templos humanos. Se nos ha olvidado que Dios quiere la vida, la vida abundante de una humanidad marcada por el pecado, la muerte, la miseria, la enfermedad, el odio. Se nos olvida que lo más decisivo para la iglesia es la misión en el mundo.

Una cosa final, Dios nos lleva a sorprender, a desafiar, pero finalmente a expandir.

III.                  En tercer lugar Dio nos Expande  (19:21)

Note las tres áreas de la expansión. “Se levantó”. Esto implica movimiento. Eliseo va a ser parte de un nuevo mover de Dios. También dice que “fue tras Elías”. Esto implica seguimiento.  Eliseo será parte de un nuevo enseñar de Dios. Su maestro será ni más ni menos que Elías. Y al irse el recibirá una doble porción de hombre de Dios. Y luego dice “y le servía”. Esto implica pensamiento. Eliseo será parte de un nuevo sentir. Dios nos expande no para que nos engrandezcamos, ni para ser servidos sino para servir. Esta es la máxima meta de expansión. Porque la clave de la vida es servir. La cosa más grande en la vida está en servir no en ser servido. Quiero que cerremos esta reflexión con el capítulo 13 de Juan.  Veamos los vrs. 1-5. Allí encontramos tres recursos para ser un verdadero siervo. Todos están relacionados con el concepto de sabiendo. Primero “sabía” que su hora había llegado. Segundo, sabía que Dios le había puesto todas las cosas en sus manos. Tercero sabía de dónde había venido y a donde iba. Esas tres cosas le permitieron a Jesús servir sin ninguna reserva a los demás. Lo curioso es que estas tres cosas cada creyente las tiene igual que Jesucristo. Y van a determinar lo que hagamos en la vida. Primero debo saber con certeza que mi tiempo ha llegado. Donde yo estoy, estoy haciendo lo que hago porque es mi tiempo. El trabajo que tienes es  tu tiempo. El tiempo que tienes con tu familia hoy, es tu tiempo. Mientras Dios no te mueva, debes entender que es tu tiempo. Llegará un momento que Dios te moverá de ese tiempo a un nuevo tiempo. Muchos no están entendiendo que están donde están porque es su tiempo. Están mirando el tiempo de otro, o el tiempo de otro tiempo. Están queriendo estar en otra época. Por eso es que tenemos que quemar el pasado, porque el tiempo es hoy y es tu tiempo. Y estás en tu tiempo para servir. Esto es un sentido de pertinencia.  En segundo lugar dice que Jesús sabía lo que le había entregado. Este es un sentido pertenencia. ¿Qué te ha dado Dios en tus manos? ¿Qué es lo que tendrás que dar cuenta de los recursos de Dios? Dios te ha dado recursos, dones, habilidades y herramientas que ha puesto en tus manos. Cuando sabes lo que Dios te ha dado, lo pones al servicio de los demás.  La tercera cosa es que sabía de dónde venía y hacia donde iba. Esto es procedencia. Nunca debemos olvidar de dónde venimos, y nuestra procedencia no es muy buena, pero nuestro destino es glorioso porque Dios lo ha cambiado. Y como sabemos de dónde venimos pero aún más sabemos para donde vamos entonces servimos alegremente.

Para pensar…

 

Creo que nadie en sus cabales  teológicas no guarda agradecimiento a nuestra pertinencia, pertenencia y procedencia histórica. Yo guardo  con respeto el recuerdo de nuestros mayores en la fe en cuanto a estudiar, conocer y hablar a partir de la Biblia. Los creyentes genuinos en la historia creían que no había concilio, papa o iglesia que estuviera sobre la Biblia. Sus conclusiones bíblicas les hicieron ganar el rechazo de la religiosidad establecida, pero confiaron en ser fieles a la Palabra de Dios más que a las tradiciones humanas. Desde esto, puedo decir que admiro esa herencia. Pues cada persona que asiste a nuestra congregación puede ver que no hay otro libro que estudiemos que no sea la Escritura. Debemos colocarla como guía de nuestro ser iglesia. No para repetir fórmulas mecanizadas de fe sino para avivar nuestro seguimiento y fidelidad a Jesús de Nazaret. Devolver la Escritura al pueblo de Dios debe ser nuestro mayor cometido. Reencontrarnos no con las fórmulas de Calvino, Lutero o Meno Simons, sino con el Evangelio. Ese Evangelio que reclama nuestra vida, nuestra eclesialidad, para traer esperanza, vida y justicia a esta creación que se hunde de las manos de una generación que ha dado la espalda a Dios. Volver a la Escritura, volver al Evangelio, volver a las preocupaciones de las comunidades cristianas originarias. Eso les preocupó a los primeros creyentes históricos y es lo que agita mi alma. En esto, claro que soy creyente histórico. Buscamos ser fieles a esto. Pero ser iglesia dónde los Estatutos y el reglamento interno estén por encima de la Escritura; donde la palabra de los misioneros valga más que las de los apóstoles del Señor; donde la iglesia le diga al pastor lo que quiere escuchar en el púlpito; donde la llamada identidad denominacional está por encima de la identidad evangélica; donde el Espíritu no decida los asuntos concernientes a la misión de la iglesia como en el libro de los Hechos de los Apóstoles; donde el cacicazgo es el nuevo feudalismo; Entonces, así ya no soy histórico. Soy histórico  en coherencia con las preocupaciones originales. Creyentes históricos  como degeneración que raya en la perversión sí, es verdad, ya no lo soy. Muchos no ven esta crisis, Si la ven no la aceptan. Si la aceptan no están dispuestos a pagar el precio para superarla. La iglesia verdadera es la iglesia que se parece a Jesús. La iglesia que se parece a Jesús no es la que repite las tradiciones de la sinagoga, ni cumple con los ornamentos y sacrificios del templo, ni la que se esconde en los rincones de la comodidad, ni la que se arma de espada para buscar la liberación política, ni la guardiana pretoriana de fórmulas caducas de entender la fe .  La iglesia que se parece a Jesús es aquella que prolonga en sus palabras, en sus obras, en su modo de vivir la buena noticia que alegra al mundo. Es aquella para quien el Evangelio es una manera de existir en el mundo.  Es canal de la gracia de Dios que quiere reverdecer una creación marchita. En pocas palabras una iglesia que sirve como Jesús lo hizo.

 

A Jesucristo se le describe como nuestro sacerdote. ¿Pero cómo puede llamársele sacerdote si nunca ministró en el templo, ni vistió las orlas sacerdotales, ni sacrificó en el altar?  Así pues hemos de concluir que: el sacerdocio de Jesús consistió en una determinada manera de vivir su existencia humana delante de Dios. La iglesia, entonces, ha de buscar su semejanza sacerdotal con Jesús no en los límites de un templo sino en su conversión hacia la entrega de la vida (Marcos 9, 45) La única autoridad similar a la de Jesús es la del servicio y la entrega. Nada de entronizaciones reveladas ni de señoríos heredados, sólo el servicio, el sacrificio da autoridad real.

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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