Espiritualidad Buscadora: Salmo 27


Introducción

En la historia de las misiones mundiales, a mi criterio se destacan dos hombres. Y básicamente los veo destacarse, por su hambre de Dios. Literalmente estos hombres eran buscadores incansables de Dios. Esa búsqueda de Dios los llevó a desarrollar obras y retos impresionantes e increíbles para su época. El primero de ellos fue David Livingston, el gran explorador que abrió brecha hacia África. En su diario David Livingston dice: “Desde aquí voy a irme al más distante de los países. Allá Dios ha plantado el estandarte de su cruz como una señal a su Iglesia para que se llenen todos los espacios intermedios, hasta que no haya un solo lugar en la tierra que no haya sido pisado por un mensajero de la salvación, ni un solo hombre al que no se le haya predicado el evangelio. La voz del Señor pregunta: “¿A quién mandaré?” Ojalá cada uno de vosotros que tenga la intención, por la gracia de Dios, de dedicarse al ministerio conteste inmediatamente: “Aquí estoy. Mándame.”[1] El otro hombre que a mi criterio fue importante para el desarrollo de la obra misionera del siglo pasado fue J Hudson Taylor. En su diario el también escribió: “Para mí fue un asunto muy serio el pensar en ir a la China, lejos de todo apoyo humano, dependiendo solamente del Dios viviente para mi protección, sostén y toda clase de ayuda. Sentí que había necesidad de fortalecer mis músculos espirituales, por así decirlo, para tal empresa. No había duda que si la fe no faltaba, Dios tampoco faltaría. Pero ¿qué si la fe de uno no fuera suficiente? En ese tiempo yo no había aprendido aún que “si fuéremos infieles él permanece fiel; no se puede negar a sí mismo.” Por lo tanto, fue asunto de gravedad para mí, no que Dios fuera fiel, sino que yo tuviera una fe lo suficientemente robusta para embarcarme en la empresa que me había propuesto. Cuando llegue a China no podré disponer de nada ni de nadie. Mi único apoyo será Dios. Cuán importante que aprenda, pues, aun antes de salir de Inglaterra, mover a los hombres, por medio de Dios, sólo por la oración.”[2] Indistintamente de los logros que realizaron estos caballeros cristianos, una cosa los unía: Su búsqueda apasionada de Dios.

En lo que a mí respecta, la mayor parte de mi vida, al igual que la suya, ha transcurrido en un viaje espiritual. Así ha ocurrido  con todos los que viven  en este confuso y problemático mundo, aún con quienes no tienen interés en asuntos religiosos o espirituales. El Dr. Collins dice: “Parte de la condición humana es la inquietud, o la comprensión, de que existe algo o alguien más grande que nosotros. Agustín observó hace mucho tiempo que los seres humanos hemos sido creados para estar en comunión con Dios y no hallamos paz hasta encontrar descanso en El. Pascal escribió: “En cada corazón hay un vacío que tiene la forma de Dios y que no podemos llenar con nuestros propios esfuerzos”[3]

Usando las palabras del autor anterior puedo decir también que mi vida ha sido un viaje espiritual, un viaje del alma lleno  de altibajos, con períodos de intenso fervor espiritual mezclado  con momentos de letargo espiritual. En algún momento de la jornada he sentido que Dios anda conmigo como un amigo íntimo, aparentemente tan cercano como para tocarlo. También he pasado por prolongadas experiencias  desoladoras de sequedad espiritual; temeroso de haber caído en el olvido; y deseando  saber si Dios se ha a alejado  de mí, cerrándome sus oídos ante mis apasionadas súplicas y dejándome solo en el viaje.[4]

Días como los que he pasado en estos años, también los pasó David. Este hombre de Dios vivió experiencias muy profundas con Dios, pero también pasó por momentos en los cuales no podía entender ni a Dios si su plan. Sin embargo, en lugar de alejarse, David siempre buscó el rostro de Dios. El salmo 27 es precisamente un testimonio de esa espiritualidad buscadora. Ese deseo de enfrentarse cara a cara con el rostro de Dios para sanar la sequedad del alma. En este salmo es retado a buscar el rostro de Dios. Y ese seguirá siendo el reto para todos aquellos que no quieren conformarse con una caricatura de Dios sino que anhela ver su rostro. ¿Qué son las características de una espiritualidad buscadora? Bueno en el salmo podemos ver a lo menos cuatro característica de un buscador del rostro de Dios.

La primera cualidad de un buscador de Dios es la CONFIANZA en Dios (27:1-3). La segunda cualidad de un buscador de Dios es la COMUNIÓN  con Dios (27:4-6)  La tercera cualidad de un buscador de Dios es la COMPASIÓN  de Dios (27:7-12) y finalmente la cuarta cualidad de un buscador es el CONSUELO  de  Dios. (27:13-16)

 

I.                    La primera cualidad de un buscador de Dios es la CONFIANZA (27:1-3)

El concepto es resumido en el vrs. 3: “Yo estaré confiado”. David tiene aparentemente por el tema del salmo bastantes problemas. Hay adversidad, adversarios, y situaciones muy peligrosas que lo pueden llevar a tener mucho temor y por lo tanto inestabilidad. ¿Cómo desarrolla David su confianza en Dios?  Dos  conceptos se ven en los primeros tres versículos. Dios es su director, Dios es su defensor. Observe estos dos conceptos.

 A.     Dios es nuestro Director

¡Qué afirmación fuerte de confianza en Dios, basada en una relación personal con él que provee una triple defensa: mi luz, mi salvación, fortaleza de mi vida! La luz disipa la oscuridad; salvación o victoria enfatiza la habilidad de Dios de dar la victoria a pesar de las fuerzas en contra; refugio o fortaleza es un lugar de seguridad.[5]

 Con qué fe tan viva canta David victoria en su Dios y se gloria en su santo nombre.  «Yahweh es mi luz» (v1). Los súbditos decían que David era la antorcha de Israel (2 Samuel  21:17). Y por cierto que era una lámpara que ardía y alumbraba (in. 5:35); pero él confiesa que su luz no es propia como la de! sol, sino prestada como la de la luna, ya que Yahweh era su luz, metáfora que aquí significa protección y ayuda (Comp. 4:7; 36:10; 43:3; 44:4; Isaías 60:1), en el mismo sentido en que la luz expulsa la ansiedad que causan las tinieblas con sus peligros reales o imaginarios. « Y mi salvación, en el que me siento seguro y a salvo de todo peligro. »Por otro lado « Yahweh es el baluarte de mi vida, no sólo el protector de mi vida expuesta a peligros, sino también la fuerza de mi debilidad.[6]En este sentido hay tres cosas que Dios me ha prometido dirigirme. En la oscuridad (mi luz), oposición (mi salvación)  y en la opresión (mi fortaleza).  La expresión aquí para fortaleza, se refiere a un puerto donde los barcos pueden estar seguros, o los lugares de fortalezas o guarniciones militares que tenían instalaciones muy seguras.

 B.      Dios es nuestro Defensor

Con qué valentía tan indomable se enfrenta con sus enemigos; no hay bravura como la que la fe proporciona. Si Dios está con él, ¿quién podrá estar contra él? ¿De quién temeré? ¿De quién he de atemorizarme? Es interesante que las palabras temer y atemorizarme son  diferentes en el original hebreo. La primera es “yaré” y significa tener en respeto a la personas. Es decir tener una especie de sentido de inferioridad ante una amenaza. La segunda “atemorizarme” es la expresión “pachad” que se traduce como temblar y estar en aprieto. La diferencia es que la primera es sólo un sentimiento interno y la segunda ya es la manifestación visible del sentimiento.  Véase cómo describe el asalto y el fracaso de sus enemigos (v2): «Cuando se abalanzaron sobre mí los malhechores para comerse mi carne, mis adversarios y los que me son hostiles, tropezaron y cayeron» (lit.). No dice que El los matase o los hiriese y que por eso habían caído, sino que, por la intervención divina protectora, se habían debilitado y aturdido de tal forma que tropezaron y cayeron sin que los tocase mano de hombre. Así se explica la confianza con que habla en el v3: «Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón. » No hay huestes que puedan hacernos daño, si Yahweh de las huestes nos protege. «Aunque contra mí se levante guerra, en medio de ésta yo estoy confiado» Por otro lado también hay dos palabras para seguridad. Primero es la palabra “no temerá” y la segunda expresión es “estaré confiado”. La palabra “no temeré” en hebreo es yaré que significa no dejar entrar temor internamente, y la expresión estaré confiado en hebreo es “batach” que implica no moverse, estar firme. (v3b. Lit.). Así que Dios nos defiende de tres maneras en este versículo. Primero, nos defiende soberanamente (el permite en nuestra vida…malignos, angustiadores, enemigos, ejército, guerra). Segundo, nos defiende sorprendentemente. (Contra mí… No temerá mi corazón). Nos defiende sobrenaturalmente (Yo estaré confiado)

 

 


[2] Ibíd.

[3] Collins, Gary. La Búsqueda del Alma. Ed. Caribe/Betania, 1998. USA. Pág. 10

[4] Ibíd.

[5] Carro, Daniel. Comentario Bíblico Mundo Hispano. Pág. 125

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