¿Algo bueno puede salir de Nazaret?


 

 

El pasaje en mención, recalca la duda que tenía Natanael sobre si algo bueno podía aportar el pueblo de Nazaret. Es obvio que su duda tenía fundamentos históricos muy fuertes. Cuando leía este pasaje siempre me llevaba a pensar en el hecho de que en realidad sí algo bueno había salido de Nazaret. Pero luego vino a mi mente que eso bueno que salió de Nazaret fue bueno, porque al fin y al cabo se fue de Nazaret, ya que ese mismo pueblo al que Dios le había dado dignidad lo terminó rechazando y echando. En este tema de Nazaret es menester profundizar, recorrer caminos nuevos, porque Nazaret es ante todo un acontecimiento sobre el cual el Nuevo Testamento no ha insistido  mucho. Además no existe en el Antiguo Testamento. Y, sin embargo, para la fe y para la reflexión cristiana, Nazaret es un encuentro que no se  puede soslayar. De otro modo no se pueden comprender algunas declaraciones de Jesús que están sostenidas por la referencia a Nazaret, por su experiencia allí, por su actitud durante esos 30 años. Nazaret es, sobre todo, un acontecimiento. No hay muchos comentarios que lo interpreten, solamente algunas líneas en el Nuevo Testamento. Somos invitados a la meditación. Y una meditación que obliga al cristiano que quiere hacer de Nazaret  la fuente de su vida espiritual a abrir casi toda la Biblia y a buscar en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento un reflejo, una conexión con estos treinta años de vida escondida, de esta vida tan sencilla de Jesús. Si no somos capaces de contemplar, no encontraremos nunca Nazaret, porque Nazaret obliga a contemplar largamente (no a  adivinar lo que no existe) intentando comprender lo que está ahí escondido.

En la Escritura, disponemos de tres temas, de tres referencias evangélicas, sobre Nazaret: La primera tiene que ver con Jesús en Nazaret, sus treinta años de vida en Nazaret (Lucas 2, 39-52; Mateo 2, 23). La segunda tiene que ver con  Jesús rechazado en Nazaret (Mateo 3,58; y paralelos). La tercer tiene que ver con que  Jesús rechaza Nazaret. Veremos que es Él el que se va, que toma sus distancias en relación a Nazaret. Cada una de las tres etapas tiene sus énfasis y sus intenciones espirituales de enseñanza.

I.                    Veamos en primer lugar a Jesús en Nazaret.

 A.     Nazaret es obediencia

Tanto Mateo como Lucas nos ofrecen algunas líneas de orientación para acercarnos a Nazaret. Es conocido el texto de Lucas 2: 39-52 donde el evangelista habla de la llegada de Jesús a Nazaret, de su visita al templo de Jerusalén (la “casa de su Padre”) y, por fin, su regreso a Nazaret. En este primer texto nos damos cuenta que la palabra más misteriosa de Jesús, que se intenta interpretar, es la primera que tenemos de él, a los doce años, cuando contesta a sus padres dándoles  la razón por la que se quedó en el templo. Se traduce de diversas maneras: “Debo interesarme por las cosas de mi Padre”,  “Tengo que estar en la casa de mi Padre” u otras interpretaciones. Creo que ahí se esconde algo que nos acerca al misterio de Nazaret,  sobre todo por esta referencia a las “cosas de su Padre”, que vuelve varias veces en la vida de Jesús, especialmente en Lucas que lo traducirá más tarde por: “Hace falta, es necesario para mi, cumplir la voluntad de mi Padre, obedecer  a mi Padre”. Existe siempre en el Evangelio de Lucas esa urgencia de fidelidad, de obediencia al plan del Padre.  Creo que es en esta línea como hay que comprender Nazaret según Lucas. Lucas nos dice que Jesús llega a Nazaret como Hijo obediente al Padre. La primera palabra de Jesús en Lucas es: “Tengo que interesarme por el plan, por las cosas de mi Padre”, y su última  palabra en la cruz: “Padre, confío mi alma en tus manos”. Encontramos siempre en Lucas esta gran referencia de la obediencia  al plan del Padre. Después de la formula típica de Lucas “es menester, es necesario quedarme en el horizonte de mi Padre”, añade que José y María no acabaron de comprender lo que les decía, y, sin embargo “Jesús volvió con ellos a Nazaret y les estaba sumiso”. Se podría decir que para Lucas Nazaret significa obediencia. El misterio de Nazaret es un misterio de obediencia. Y no hay que reducirlo a algunos gestos de obediencia, sino buscar el sentido de treinta años de obediencia. El nivel más profundo que tenemos que buscar y escuchar es el del “Sí” de Jesús a su Padre y a sus padres en Nazaret. En esta línea descubriremos todo el evangelio de Lucas. Se comprende Nazaret a la luz del evangelio de Lucas y se comprende también que el evangelio empieza efectivamente en Nazaret.

B.      Nazaret es conciencia

Para Mateo, nazareno es también una palabra misteriosa. Aquí Jesús no vuelve a Nazaret desde el templo de Jerusalén como en Lucas, sino a partir del exilio. Jesús había tenido que dejar Belén por culpa de Herodes y huyó a Egipto. Una vez alejado el peligro, va a Nazaret, el pueblo de María. Sin embargo, la fuerza del anuncio de Nazaret, cuando se escucha a Mateo, no se sitúa ahí. La fuerza del mensaje está en el título que se da a Jesús: “se llamará nazareno”, título que darán también a sus discípulos. “Se llamará” para la Escritura significa “será” el nazareno, realizará su identidad de nazareno, será siempre un nazareno. Y esto, nos dice Mateo, “para cumplir las Escrituras”. Pero, ¿qué Escrituras hablan de nazareno? Hay que comprender esta palabra según la exégesis y el conocimiento del Antiguo Testamento y también del conjunto del Nuevo Testamento, pero  siempre con la preocupación de no encerrar ni reducir en una definición la vida de Nazaret. Se encuentran en la Biblia dos ecos que nos conducen hacia el sentido de Nazaret, uno de ellos está en Isaías 42,6 y 49,6. Se trata del texto del Siervo de Jehová: la palabra hebrea utilizada corresponde a Nazaret. Significa “escondido por Dios”, “mantenido a parte por Dios”, “reservado por Dios y para Dios”. Y los exegetas dan el mismo sentido a la palabra “nazir”, “nazareno”, como había sido Juan Bautista, Sansón y otros y que significa también “consagrado a Dios”, “reservado para Dios”. Si esto es así, hay que decir que Nazaret, nazareno, (para Mateo existe una relación entre los dos textos) nos habla de la total disponibilidad a Dios, de tiempo para Dios, de existencia al servicio de Dios. Pero eso lo dice de una manera misteriosa, no evidente. Es la conciencia de una  disponibilidad, una pertenencia a Dios, que no es evidente, que no es reconocida, pero cuyos efectos se perciben después. Se podría decir que ser nazareno es más un interrogante que una respuesta, porque la palabra no corresponde a la teología corriente, a la interpretación corriente. Es un  interrogante, una provocación. En esto se nota el estilo de Dios en la historia. No actúa para responder a las preguntas, sino para provocar preguntas. Es una presencia que provoca preguntas, no que resuelve las preguntas planteadas. Una presencia que provoca, eso es Nazaret. No es algo cerrado, sino abierto a la búsqueda. Se llega a Nazaret para buscar. He insistido un poco sobre el texto, pero es siempre el texto que hay que escuchar y volver a escuchar. Para llegar a Nazaret somos llevados en dos líneas: la de la obediencia y de  “reservado para Dios”. Orientándonos en la línea de la meditación bíblica del midrash, comprendemos  que obediente, según Lucas, es  el  que hace “la voluntad de su Padre” y realiza el plan de su Padre. Y esta obediencia nos hace coincidir con un gran tema del Antiguo y del Nuevo Testamento: ¿No sería Jesús en Nazaret el reverso de la primera pareja humana que proyectó ser como Dios, que desobedeció a Dios? Tenemos al obediente, a Jesús, enfrentado con la no obediencia original (Romanos 5:12-21). Si se quiere profundizar más en este tema de Nazaret como obediencia en Lucas, hay que recurrir a otros textos, por ejemplo1 Samuel 15:22-23 donde Samuel reprocha a Saúl el sacrificio sin la obediencia: “La obediencia vale más que el sacrificio” (v.22), un sacrificio en la desobediencia no tiene significado, no tiene fuerza. También recurrimos a los textos del Siervo de Isaías, que todas estas páginas nos evocan. Nazaret quiere decir obediencia en el sentido pleno, en el sentido profundo de la palabra sacrificio. El primer sacrificio es la obediencia y para insistir un poco más, es nazareno el que obedece, el que está al servicio de Dios, que está reservado para Dios y para su plan. . Esta es nuestra primera reflexión en torno a Jesús en Nazaret.

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