¿Algo bueno puede salir de Nazaret? III parte


III.                    En tercer lugar Jesús rechaza a Nazaret

No sólo  Jesús en Nazaret, y Jesús rechazado por los nazarenos, sino que Jesús rechaza Nazaret y los nazarenos. Leemos también esta página en los evangelios y es preciso comprenderla. Llega un momento en que Jesús no se reconoce como nazareno. Si las otras dos páginas deben ser comprendidas y profundizadas, esta tercera no es tan fácil de aceptar.

A.     Nazaret es rechazada por ser elitista

¿Significa eso que hay un momento en que hay que salir de Nazaret?  ¿De qué Nazaret hay que salir? Los textos son evidentes cuando se reflexiona sobre ellos en el conjunto de los evangelios y de la historia de Jesús. Nazaret se sitúa fuera de la historia oficial, tanto la de los hombres, como la de la salvación de Dios, pero no es eso lo que alejará a Jesús, incluso se podría decir lo contrario. Si ha elegido Nazaret es porque allí se vivía la historia, la más sencilla, la más humana. Pero se percibe al final, en el periodo último de la vida de Jesús, que hay un cierto Nazaret con el que hay que tomar distancias en un momento determinado. Cuando Nazaret se manifiesta cerrado a Dios y a sus sorpresas, cerrado a los hombres y al universalismo, en este momento hay que abandonar Nazaret. No se puede vivir en una Nazaret que vive como un élite que no tiene apertura a los demás y al plan de Dios.

B.      Nazaret es rechazada por ser costumbrista

Hay un texto que se lee en los tres evangelios, donde Jesús rechaza a sus parientes, su madre, sus hermanos cuando se encuentran con  ellos en Cafarnaúm (Mc 3, 31-35). Eso se ve también en los textos paralelos de Mateo y Lucas. Jesús ha elegido una nueva familia, abierta a la palabra de Dios, que escucha la palabra y la realiza, que se deja conducir por Dios. Esta familia más grande no es la de Nazaret. Existe otro texto más fuerte aún en los evangelios. Es una declaración de Jesús, que se repite, en la que declara a sus discípulos que pueden encontrar tentaciones y riesgos  si se quedan demasiado estrechamente unidos a las seguridades que vienen de la familia. “He venido para ser espada que separa padres de hijos”. Esta es la traducción exacta de la palabra de Jesús y no se puede dudar de ello leyendo Mateo 10:14-47. ”No creáis que he venido  a traer paz […]”, “Quién ama a su padre o a su madre más que a mí  no es digno de mí”[…] En el texto de Lucas 14: 26-29 y 18:29, que es más completo, por estar orientado en tres direcciones, se ve que hay que preferir Jesús al padre o a la madre, o sea, a la familia de origen; preferir Jesús a los hermanos y hermanas, es decir, al clan de apoyo, al “pueblo” es decir, al medio donde uno se siente seguro y, en fin, preferir  Jesús a la mujer y a los hijos, es decir, a crear un hogar. Hay ahí varias indicaciones sobre la manera de vivir la libertad, pero también sobre la primacía de la referencia a Cristo frente a otras seguridades, sean afectivas o sociales. Esta página está para nosotros cargada de sentido y, como sucede varias veces en el evangelio, nos obliga a comprender cuál es la actitud de cara a Nazaret. Hasta aquí los textos sobre los que podemos reflexionar y meditar para comprender  todo el horizonte de Nazaret: Jesús en Nazaret, Jesús rechazado por los nazarenos, y Jesús que rechaza Nazaret, al menos, un cierto tipo de Nazaret.

Para terminar quisiera tomar tres temas a propósito de Nazaret y gracias a ellos podemos acercarnos cada vez más a la meditación, a la comprensión del mensaje de Nazaret. Serian: sencillez, vida cotidiana y tiempo para Dios. Nazaret nos habla de sencillez. En  Nazaret existe un mensaje y un signo de sencillez. Llegando a Nazaret nos encontramos en el camino opuesto al de los grandes acontecimientos de la época, tanto de los acontecimientos humanos, como de los acontecimientos de salvación. Parece como si se tuviera que salir de la historia de la salvación para llegar a Nazaret. ¿Cómo comprender esta llamada de Nazaret, cómo llegar a ella con una actitud exacta de fe y también de acercamiento a la vida? Antes de nada hay que saber que este camino hacia la sencillez había sido ya indicado en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, cuando se decía que a Dios, se le encuentra después que haya pasado. A Dios solo se le ve “de espaldas”. “No estaba en la tormenta, ni tampoco en el terremoto…” Se le percibe cuando ya ha pasado, en la pequeña marca que deja en la historia  y que se descubre después. Nazaret recuerda en esto las grandes páginas del Antiguo Testamento y de la experiencia de fe.  Ya en el Sinaí Dios hablaba de un encuentro en la sencillez  (1 Reyes 19, 9-18  y Éxodo 33,18-34,8). Otra indicación bíblica nos permite situar Nazaret en la experiencia posible de Dios. Hay que prestar atención a las declaraciones de  Pablo y del mismo Jesús cuando nos dice que Dios ha elegido para revelarse las cosas sencillas, pequeñas, y no las grandes páginas de la historia (1Cor  1, 18-25) y también la provocación extrema de Pablo 2 Corintios 12: 7-9 cuando grita a Dios “Basta, no resisto más” y la respuesta es: “Mi gracia te basta, mi fuerza se manifiesta en tu debilidad”. El tema de la simplicidad está en el centro de la verdadera experiencia de Dios. El camino de la sencillez va exactamente al contrario de la gran historia y de las apariencias evidentes a primera vista. Es en esta línea que nos ponemos de rodillas delante de la presencia de Dios. Los signos de la presencia de Dios son signos de una sencillez extrema, no hay que olvidarlo: Nazaret y la sencillez. Es así como Jesús echó a perder la credibilidad fácil, popular  de su mensaje (popular no del pueblo, sino superficial). En Nazaret no podían sospechar que estaban tratando con el misterio y es por eso que Nazaret permanece como una provocación misteriosa. Únicamente si se descubre Nazaret, si se percibe Nazaret, se vive el asombro de la sorpresa y de la alegría. Pero nadie es obligado a  llegar a Nazaret. Y ahí surge la cuestión: ¿Cómo ser ciudadano de Nazaret hoy en la Iglesia? ¿Cómo continuar dando testimonio hoy de la simplicidad de Nazaret? Me parece, que tenemos que ser signos discretos, es decir, signos que están ahí sin esperar resultados, signos gratuitos, si quieren, no programados, si nos podemos expresar así, en función de los resultados. Uno da, ofrece y, quizá, alguien se da cuenta. No  ser violento, no imponerse, sino ser sencillo. Evidentemente en la manera concreta de realizar estos signos sencillos y discretos habrá variantes según el tiempo y las situaciones. Las presencias discretas  pueden ser diversas. Sin embargo, incluso si esto es verdad, aunque las presencias sean diferentes, el camino de Nazaret, el criterio de Nazaret, nos obliga a alejarnos de la tentación de los gestos inmediatamente eficaces, que producen frutos, que son organizados para producir frutos. El camino de Nazaret, la sencillez de Nazaret, nos piden  renunciar a una actitud de protagonistas en la historia. Sencillez que no solo es opuesta a protagonismo, sino que corrige continuamente, que pide la conversión de la tentación de protagonismo, de ser responsables de las grandes tareas de la historia. Un segundo tema es el de la vida cotidiana   Es el otro mensaje de Nazaret  o la otra manera de comprender, de meditar, de llegar a la fuente de Nazaret. La vida cotidiana es muy cercana a la sencillez, pero quisiera hacer referencia a ese otro aspecto de Nazaret, para que lo escuchemos y lo meditemos. Lo que nos interesa aquí es que  Jesús en Nazaret nos ha anunciado, viviendo la vida cotidiana, que Dios estima la vida del hombre, y la estima tanto que la ha elegido y la ha vivido.  Aquí hay algo que no es sólo la tentación del hombre, sino también la de la cristiandad: la tentación de los grandes signos…. incluso  a  veces el signo de las buenas obras, el gran signo de la caridad o de la santidad heroica, cuyos resultados se pueden poner en evidencia. Y Nazaret nos advierte quizá que no es exactamente esa la elección de Jesús. La otra tentación, que está estrechamente ligada a la primera, son las grandes declaraciones, las declaraciones apologéticas, demostrativas, para poner en evidencia las buenas intenciones del cristianismo en la historia y que comprometen, a veces, los resultados. Es la tentación de interpretar, de  agotar el sentido de un signo que deja de ser signo cuando se define. No queda ya sorpresa o mensaje que descubrir,  cuando se pretende presentarlo. Se destruye el signo, cuando se habla demasiado de él. Frente a esta tentación que no permite que el diario vivir permanezca misterioso,  es decir  fuente de reflexión, de descubrimiento y también de mensaje, conviene insistir, para tranquilizar a los hombres y mujeres de hoy, en que la vida cotidiana de trabajo con los contactos y relaciones normales es evangélica, y es incluso la finalidad del mensaje evangélico. Lo extraordinario sigue siendo extraordinario, pero el gran mensaje de Nazaret es normal y cotidiano, si se trata verdaderamente de Nazaret. Esa es la tentación de siempre: buscar lo extraordinario para sustraer al cristianismo de lo normal, de lo cotidiano. Quiero añadir incluso que si la normalidad, lo cotidiano es el mensaje de Nazaret, no hay que olvidar que existen muchas tentaciones para salir de Nazaret. Es difícil  permanecer en Nazaret. La fidelidad a Nazaret no es espontánea, no es algo que se mantiene fácilmente en su fuerza original una vez que se ha conseguido. Es evidente que para permanecer en Nazaret hay que alimentar el espíritu de Nazaret, hay que motivar lo cotidiano de Nazaret  y motivarlo continuamente. Es decir, que a Nazaret se llega con obediencia y generosidad, no con fantasía. Y se permanece por un acto de fidelidad, podríamos decir, por un acto de amor, no por ventajas personales o en búsqueda de equilibrio. La fidelidad a Nazaret es abierta, no cerrada, pero para vivirla hay que saber decir “no”, rechazar opciones que podrían de alguna manera disminuir la seriedad de Nazaret, la fidelidad fundamental a Nazaret. Hace falta a veces salir de Nazaret para volver a entrar de nuevo, para volverlo a encontrar a un nivel más exacto, más evangélico. Nazaret no es vivir lo cotidiano sin conversión, es un cotidiano que exige una conversión continua. Por eso, se puede ser infiel a Nazaret adoptando un Nazaret cualquiera. Añadiría también que no hay que tener prisa en alcanzar el último grado de radicalidad de Nazaret. Se camina paso a paso, sin tener la pretensión de tener ya la plena ciudadanía del Nazaret de Jesús. Esta es la sencillez, la humildad indispensable a Nazaret, donde se va renovando la fidelidad. Y un tercer concepto Nazaret es tiempo para Dios.  Nazaret no es solo la sencillez, lo cotidiano, sino que es también un tiempo para Dios. Hay algo muy serio que tenemos que comprender, en este “tiempo para Dios”. Hay que preguntarse por qué treinta años de Nazaret y sólo tres de vida pública. Esta indicación tan sencilla nos obliga a reflexionar. Treinta años sin mensaje, sin conversión, sin anuncio del evangelio, sin milagros, salvo los inventados por los apócrifos. Esto requiere una visión, una actitud de fe muy  profunda y quizás no muy corriente en la mentalidad actual. Intentando interpretar este último mensaje del “tiempo para Dios” diremos que en Nazaret se aprende que lo más valioso es el hombre ordinario, más que las cosas y los hombres extraordinarios, lo que vale en Nazaret es la otra cara de las cosas, las relaciones cotidianas, más que las relaciones importantes y las cosas extraordinarias. Lo que vale en Nazaret es evidentemente este “tiempo para Dios”  más aún que el “tiempo para los hombres”. No es totalmente exacto, pues no se pueden oponer estos dos tiempos, pero la motivación, la elección es diferente. ¿Cómo comprender este “tiempo para Dios”? En la Biblia se encuentra el  tema del tiempo, el tiempo al servicio del plan de Dios que se acepta, se comprende y se intenta respetar. Es el tiempo en  que se descubre que Dios obra en la historia, el tiempo del “kairos”, de estas intervenciones de Dios en la historia que da alegría contemplar. Es un tiempo de contemplación, un tiempo para descubrir el plan de Dios, entrar en él para colaborar y no para hacer otros planes. Es el registro contemplativo o el momento contemplativo de la historia. Contrario a él, y muchas veces más evidente, es el registro de las tentaciones, del cual ya he hablado, es decir, el deseo de realizar las obras que consideramos urgentes en lugar de respetar las obras de  Dios  y de colaborar con ellas. Tener otro plan debido a la preocupación por entrar en la historia y actuar en ella. Esta tentación, que es contraria a la actitud del “tiempo para Dios”, consistiría en pedir a Dios que entre en nuestro tiempo humano con sus milagros en vez de entrar nosotros en la simplicidad de la historia querida por Dios. Sería la búsqueda de lo extraordinario y, de alguna manera, pedir a Dios que transforme la historia que hemos organizado, en lugar de dejarnos transformar por la sencilla historia que ha organizado Él.

Para concluir: la verdadera espiritualidad de Nazaret a propósito del “tiempo para Dios” nos pide momentos de contemplación de la providencia ordinaria de Dios sin invocar siempre la providencia extraordinaria. Contemplar la providencia ordinaria, cotidiana de Dios, con la cual conduce la historia de cada día. Nos pide que colaboremos con su plan de una manera subordinada, un plan que descubrimos y respetamos. Nos pide también que tengamos la paciencia de Dios con los demás y no que anunciemos la urgencia escatológica  de la intervención de Dios, para asustarles. Estas son algunas indicaciones sobre Nazaret: simplicidad frente a los artificios y a las ampliaciones, cotidianidad y tiempo para Dios.

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