Espiritualidad apasionada: Salmo 26 I parte


Imagine  que usted está cenando  con una persona con la cual desea mucho compartir, una amistad, su pareja, una persona importante para usted. La cena es un restaurante  exclusivo  donde todo está dispuesto para crear una atmósfera  de privacidad. En su mesa hay una adecuada iluminación y todo lo  demás está en las sombras. Saben que hay otras personas y actividades en el salón, pero estas no interfieren en su intimidad. Pueden hablar y escuchar. Hay momentos de silencio  llenos de significado. Cada cierto tiempo un mesero se acerca a su mesa. Hacen preguntas, ordenan la comida, piden llenar sus copas de nuevo, devuelven el brócoli porque está frío, agradecen al mesero su atento servicio y dejan una propina. Usted abandona el lugar  en compañía de la persona con la cuál cenó, pero en la calle la conversación menos personal, más casual. No dejas de hablar, sigues en compañía de la persona especial con la que tuviste un tiempo.  Pero ahora imagine usted la misma cena, pero la persona es otra. La persona de un lado soy yo y la otra persona es el mesero. No puedes tener la cena sin él, pero él no participa íntimamente en ella. Es alguien a quien usted le da órdenes, se queja y tal vez, al final le da gracias y le deja una propina. La persona  a la cual usted da toda  su atención es a usted mismo, su humor, sus ideas, sus intereses, su satisfacción o falta de ella. Cuando usted deja el restaurante se olvida del mesero hasta la próxima vez. Es un lugar al cual usted va regularmente, e incluso puede que hasta sepa el nombre del mesero. Creo que estos dos ejemplos ilustran las dos tendencias de espiritualidad de la iglesia evangélica al reunirse. Para algunos es un momento especial, no se distraen de su alrededor, hay otros que están allí, pero su centro de atención es la persona con la que cenan, no se concentran en la comida, o en las luces del restaurante o en los arreglos, las figuras colocadas en la pared. Para ellos lo más importante es compartir con la persona que hace especial el encuentro: No dicen: “Wow” que lleno está este lugar, cuanta gente hay! No para ellos es Dios el centro de su cena. Por otro lado al terminar el encuentro no lo dejan allí como un recuerdo de una reunión especial, continúan caminando con él aún afuera de ese restaurante. Por otro lado hay muchas personas que su espiritualidad es como la segunda. Su reunión con Dios es como la de un mesero del restaurante. No puede prescindir de él porque el sirve la comida. Pero el énfasis está en cómo está la comida, si es un buen lugar, si lo atiende rápido, si es amable con él, si la comida estaba rica o caliente. Al final si le cayó bien, simplemente se le agradece o le pide que llene un reporte de cómo estuvo el servicio. Y si tiene suerte le deja propina. Sale y se olvida de Dios, en la calle es una vez más el solo. Se encontrará otra vez con el mesero cuando necesite de sus servicios nuevamente. A eso le llamo yo espiritualidad de mesero.

Cuando uno mira a David su espiritualidad  no lo muestra con algunos amigos reunidos  en una fiesta intercambiando  cuentos sobre Dios, poniéndose al día en los últimos  rumores sobre Dios. Porque para David Dios no es algo o alguien sobre el cual hablar.  Tampoco encontramos a David  en una biblioteca  estudiando sobre Dios: No estudiaba minuciosamente  los volúmenes sobre la historia de Israel con el objeto de analizar las tendencias sociales de la nación. No estudiaba las prácticas funerarias de los egipcios para descubrir que podría aprender sobre la inmortalidad. Dios no es una idea a ser estudiada. Tampoco encontramos a David en su escritorio  con lápiz y papel usando una mente aguda y gran inteligencia para elaborar  respuestas  a las preguntas sobre Dios (¿Cómo puede ser que un Dios buena permita cosas malas? Dios no es un problema a ser resuelto. Lo que vemos a  David es orando, hablando a Dios, escuchando a Dios. Orar es el acto en el cual nos acercamos a Dios como ser viviente, un tú a quién le hablamos  y no aquello de lo que hablamos. Orar es la atención que damos a aquel que nos presta atención. Es la decisión de acercarnos  a Dios como centro personal, como nuestro Señor y Salvador expresando y recogiendo  por completo nuestras vidas en este acercamiento: la oración es el lenguaje personal elevado a su máximo nivel. Es en pocas palabras estar apasionado por la persona de Dios. Si hay un salmo que muestra es pasión es el salmo 26. Es esa reunión íntima de David con Dios, después que se dio cuenta de las acusaciones y murmuraciones que hacían contra él. Spurgeon dice de este salmo: “El dulce cantor de Israel está delante de nosotros en este Salmo como alguien que sufre reproche; en esto era el tipo del gran Rijo de David, y un ejemplo alentador para que llevemos la carga de la calumnia al trono de la gracia. Es una suposición ingeniosa la de que esta apelación al cielo fue escrita por David en el tiempo del asesinato de Is-boset por Baaná y Recab, para protestar su inocencia de toda participación en aquel asesinato a traición. El tenor del Salmo ciertamente está de acuerdo con la supuesta ocasión, pero no es posible ir más allá de la conjetura con datos tan endebles”.[1]

¿Qué es tener una espiritualidad fresca y apasionada? En el salmo hay tres indicadores que David practicó como, como hábitos y disciplinas que lo hicieron cada día más y más apasionarse de Dios.  Una espiritualidad apasionada parte de una PETICIÓN, Una espiritualidad apasionada produce POSICIÓN, y finalmente una espiritualidad apasionada  proyecta una PROPOSICIÓN. Veamos entonces cada una de estas ideas desarrolladas en el salmo 26.

 

  1. I.                    En primer lugar una espiritualidad apasionada parte de una PETICIÓN (26:1-3)

La expresión que puede resumir los cuatro verbos de esta porción de la Escritura, es la expresión “examíname” (vrs.2). David comienza su acercamiento a Dios con una petición de ser totalmente analizado en su vida espiritual. Los primeros tres versículos cuatro peticiones de David. Cada una de ellas, representa un área en la cual David quiere que Dios evalúe. Veamos esas cuatro peticiones:

  1. A.     La petición de inocencia.

La expresión “júzgame” nos ubica en la corte frente al juez. El reo está en calidad de acusado, se presentan pruebas  en contra de él y a favor de él. Sobre la base de los alegatos a la luz de la evidencia, el reo es culpable o inocente. David le pide a Dios que sea su juez. El sabe que las pruebas que va a presentar lo harán salir libre de cargos ante Dios, aunque las personas se constituyan sus jueces, el apela a la más alta autoridad legal en su vida. Lo importante no es si las pruebas que tienen los que te odian te condenan, sino las pruebas que Dios tiene en contra tuya es lo que te condena. La expresión “juzgar” en hebreo es la palabra “shaphat”. Esta expresión se refiere al momento de dar la sentencia final. Es cuando el Juez va  a dictar sentencia. Ya han pasado los momentos de las pruebas, y ahora o se le declara culpable o inocente. Observe que David le presenta a Dios tres pruebas importantes, que harán que su veredicto sea absolutorio. David no puede ocultar a Dios nada, así que es transparente. La individualidad espiritual. Observe que dice: “porque yo. La expresión tanto en hebreo como la traducción en la LXX, es enfática. La traducción es “yo mismo”. David va a dar cuenta de su propia espiritualidad. El sabe que el progreso de su relación depende de él y Dios y nada más. Así como asume una individualidad espiritual, el sabe que la cosecha de esa espiritualidad será para él  y nada más. Es búsqueda personal apasionaba a David. Su espiritualidad no dependía de otros o de eventos o de lugares geográficos. Era una búsqueda personal. Por eso podía referirse a Dios con su nombre personal “Yahweh”. David sabía acercarse a Dios no como  un rito, una idea, un discurso, o un evento espiritual. Se acercaba a él como una persona íntima. La integridad espiritual. Al mirar este texto viene a mi mente la imagen de muchas personas que dicen: “Nunca voy a poder ser un buen cristiano. No puedo vencer mis hábitos ni mis vicios. Nunca voy a conseguir andar en integridad”. Tal vez tú estás viviendo esa realidad. Luchas diariamente para vencer y sientes que no consigues avanzar. Fue lo que le oí decir a Iván mientras arreglaba mi reloj: “No me gusta ser así, lucho para vencer, pero no lo consigo”. “La expresión “integridad” en hebreo quiere decir, literalmente, “corazón enteramente dedicado”. El secreto no es vivir una vida correcta como medio o argumento para recibir lo que Dios prometió, aunque es claro que debemos vivir una vida correcta. La clave es el corazón enteramente dedicado a Dios y confiar en él sin vacilar. Es la confianza en Dios lo que hace que el débil sea fuerte, lo que levanta al caído, y lo que restaura al herido”.[2] La intensidad espiritual. Observe que dice: “He confiado asimismo en Jehová sin titubear”. La expresión “confiar” aquí es importante. La palabra “batach” habla de no tener duda, de sentirse seguro. El verbo denota una confianza plena, segura y total. Sin embargo, David entiende que aunque Dios es 100% confiable, el muchas veces puede tener problemas de confianza por su debilidad. Es por esta razón que añade “sin titubear”. ¿Qué es titubear? El diccionario dice que titubear es: “No saber qué hacer, qué decir o qué decisión tomar. También significa detenerse al hablar por no saber qué  palabras  elegir o cómo pronunciarlas, moverse una persona o cosa perdiendo la estabilidad. Un ejemplo importante de esto es Lot en Génesis 19:16 La  Versión Dios habla hoy dice: Pero como Lot se tardaba…Como él se tardaba, los varones lo asieron de la mano, al el, a su mujer y sus dos hijas…    Versión de las América dice: Y mientras él titubeaba… La  Nueva Versión Internacional. Cuando él vaciló (dudo) los hombres lo agarraron de su mano, y la mano de su esposa y sus dos hijas…también agrega la Nueva Versión King James en Ingles. Y mientras él se entretuvo los hombres agarraron su mano,  la mano de su esposa y mano de sus dos hijas… Detenerse significa: Pararse, entretenerse, vacilar, distraer, rezagarse, retrasarse. Se nos dice que la palabra titubear, implica apropiadamente que se le permitió a sí mismo ser estorbado con problemas distrayentes, quizás relacionado con sus propiedades. Leamos lo que dice el salmista salmo 119:60 “Me apresure y no me retarde en guardar tus mandamientos”. Esto muestra  un contraste notorio entre la prontitud del salmista y la tardanza de Lot. Trágicamente la iglesia está llena de parientes espirituales de Lot, cristianos verdaderos aman al Señor Jesús. Aborrecen completamente la maldad de Sodoma. Aman la buena predicación de la palabra, cantar muy bien, sin embargo hay en ellos algo resbaloso, algo indefinible que nos es satisfactorio al deseo y la perfecta voluntad de Dios. Frecuentemente hacen cosas que entristecen al Espíritu Santo, y desilusionan a sus pastores, ponen en dudad su fe e integridad a Cristo. Alguien con mucha precisión dijo: “Creen en el cielo, pero parecen desearlo muy poco, y también creen en el infierno, pero no parecen tenerle gran temor”: Aman al Señor Jesucristo pero las obras que hacen por Él son muy pequeñas  y a veces nada.  Odian al diablo, pero muchas veces parecen  tentarlo a  venir a ellos. Saben que el tiempo es corto, pero viven como si fuera largo. Saben que tienen una batalla que pelear, pero alguien podría pensar que están en paz, que todo está bien.  Saben que tienen  una carrera que correr, pero muchas veces parecen estar sentados sin moverse, distraído… Saben que el juez esta a la puerta, sin embargo, no le hacen caso. Como Pedro cuando el Señor fue llevado prisionero, Pedro estaba a cierta distancia de Jesús.[3]   ¿A qué distancia está  usted siguiendo a Jesús? ¿Qué está impidiendo que usted este más cerca de Jesús? ¿Habrá alguna razón justificada para usted vivir con esa actitud?

  1. B.      La petición de la inconsistencia

Ahora David nos lleva de la sala de jurados a la fábrica de metalurgia. Las tres expresiones nos pasan de un juez a un metalero. Vers. 2. “El Salmista usa tres palabras: «examina», «escudriña», «prueba». Estas palabras tienen por objeto incluir todos los modos en que la realidad de algo puede ser puesta a prueba; e implican, juntos, que deseaba que se hiciera la más concienzuda investigación; no trataba de esquivar la prueba. Examina, escudriña, prueba. Como el oro es purificado de la escoria por el fuego, así la sinceridad del corazón y la simplicidad del verdadero cristiano se ven mejor y se hacen más evidentes en las tribulaciones y la aflicción. En la prosperidad todo hombre parece piadoso, pero las aflicciones hacen salir del corazón lo que hay en él, sea bueno o malo”. [4] Sobre la base de estas tres palabras, hay tres cosas que o aprueban su consistencia espiritual o su inconsistencia espiritual.  El examen involucra el criterio  y la experiencia del que trabaja con metales. Una espiritualidad es inconsistente cuando no reconoce la experticia de Dios. Es una lucha con la autoridad de Dios.  Observe el proceso de la persona que hace metales. Por ejemplo toma un pedazo de oro. Lo primero que hace es examinar. Es decir no hay una evidencia interna o análisis por parte. El metalero simplemente ve el metal y basado en su manejo y experticia puede declarar si es un buen metal o no. Sin embargo no puede saber cuánta impureza tiene y cuanto necesita para hacerlo puro (las otras dos palabras). Segundo una espiritualidad es inconsistente cuando no reconoce la exigencia de Dios. Es una lucha con la autenticidad de Dios. En realidad esta expresión  “escudríñame” tiene que ver con observar el contenido de una cosa. Fijarse en los detalles y los elementos que componen un todo. Esta expresión en hebreo se puede traducir como oler, percibir un olor y es usada para los perfumeros. Pero también se puede usar para decir que es algo que se refinar. Cuando los joyeros han de comprobar el verdadero valor de una pieza que se presuma como oro, la sumergen en ácido nítrico, el cual tiene la capacidad de consumir todo metal que no sea oro. A esta prueba se le conoce como la “Prueba del ácido”. Algo muy parecido se hacía en la antigüedad para comprobar si alguna pieza era en verdad de oro o solo era una pobre aleación con otro metal: le llamaban la “Prueba de fuego”, y consistía simplemente en derretir la pieza, y el oro que era más pesado se iba al fondo del recipiente, mientras que cualquier otro metal, simplemente flotaba.[5] Note que la expresión “escudriña”,( que en el texto es examina) tiene dos cosas que son lo que le da el valor a lo que se le ofrece a Dios. Primero está “los pensamientos íntimos”. La expresión es “kilyah”, que se puede traducir el asiento de las emociones, es más la expresión se puede traducir riñones. ¿Qué implicaciones tiene esto? Si el corazón es la persona secreta que somos, la sede nuestras emociones y nuestra vida emocional, ¿qué son los riñones? Los riñones son el auténtico centro de lo que somos. Es el núcleo de nuestro corazón, el epicentro de lo que verdaderamente somos. Lo comprendemos mejor entendiendo ciertos aspectos de nuestra vida emocional. Sabemos, por ejemplo que vivimos experiencias a lo largo de nuestra vida. Y hemos dado un valor y una importancia emocional a lo que vivimos. Pero el punto es, ¿puede decirse cuán conscientes somos de nuestras emociones? [6] Los riñones están ubicados en la cavidad retroperitoneal. Si tuviera la oportunidad de ver unos riñones de una persona, en una operación por ejemplo, vería lo difícil que es acceder a ellos. Se requiere de experiencia, conocimiento, y saber maniobrar en la cavidad abdominal para llegar a ellos. Espiritualmente hablando, ¿quién puede acceder a sus emociones más profundas, a las emociones o experiencias-raíz de su propia vida? Porque existen experiencias y emociones que son  la génesis de nuestra vida emocional, que son el origen del por qué actuamos o hablamos de cierta forma.  En el Salmo 16:7 el salmista reconoce que sólo Jehová puede darle consejos, que él, en la quietud de la noche, puede usar para corregirse a sí mismo. Curiosamente hablando, los cristianos en general suelen buscar a otros para que les ayuden a conocer y manejar sus propios conflictos y estados emocionales. Eso es apropiado, es bíblico, pero, ¿da resultados positivos? Nadie puede saber mejor que uno mismo lo que son las propias experiencias, y cómo les han marcado en la vida. Por supuesto, la exhortación es a buscar a Dios, pues sólo Él puede ayudar a corregir y guiar a una persona, comenzando por la mismísima raíz de la vida interior, que son los riñones, o emociones más profundas, esas que nos han acompañado toda la vida, y de las que probablemente no somos conscientes[7]. La pregunta es: ¿cuántas personas que dicen ser cristianas realmente están dispuestas a pagar el precio de la refinación de sus “riñones”? Estar dispuesto a hacer realidad la promesa de Jesucristo de llegar a ser como niños, y de dejar odios, resentimientos, egoísmos y falsas ilusiones de vida, es todo un reto. Es más fácil ser cristiano de obras, de exhibición externa de piedad que ser un cristiano que se deja transformar por el poder de la palabra de Dios.  Segundo está el corazón. Es allí donde están las verdaderas intenciones de la persona. Así que Dios usa el escudriñar para ver mis acciones (riñones) pero también mis intenciones (corazón). Tercero, una lucha contra la actividad de Dios. Esto nos lleva a la expresión “pruébame”. Ya antes mencioné que la prueba del oro es por medio del ácido o del fuego. Es obvio que aunque Dios es experto, y es también evaluador, sabe qué grado de pureza o impureza tenemos, el procurará que nuestro metal se libre de las impurezas. Y eso será solamente por medio del fuego o del ácido espiritual. Sólo así podremos lograr consistencia espiritual.

  1. C.      La petición de complacencia

Leemos en el pasaje: “Porque tu misericordia está delante de mis ojos y ando en tu vedad”. La Traducción del Lenguaje Actual dice: Yo siempre recuerdo tu amor
y por eso te soy fiel.”
Y creo que le hace honor a lo que David está queriendo decir. Dos cosas trata de hacer David que le complazcan a Dios. Primero está su disposición. El amor de Dios lo motiva en todo. No había otra cosa, más que a cada rato se recordaba de cómo Dios lo había amado. Pero en segundo lugar está su decisión. Debido a que Dios lo amaba, entonces el decidía no sólo amarlo, sino amarlo solo a él. Ese es el problema de muchos hoy, si aman a Dios pero no solamente a El, tienen otros amores.

David tenía una relación muy directa con el Señor para el tiempo  en el que él está escribiendo este salmo.   En aquel tiempo había que ir a adorar a un templo, pero ahora, nosotros somos el templo del Espíritu Santo.  David tenía una relación tan íntima, que difícilmente alguien en  esos día y aún hoy la tendrían con Dios. . Sorprende la declaración que David hace: “júzgame”. . ¿Se atrevería usted a pedir lo mismo a Dios?  En algunos es muy común estar juzgando a los demás, pero:  ¿Cuántos se atreverían a pedirle al Señor: ¡Júzgame a mí!?  David se atrevió a decirlo ¿por qué? Salmo 26:1b porque yo en mi integridad he andado. Si ya le entregaste toda tu vida a Cristo:  ¡No puedes vivir a medias  Jesucristo quiere toda tu vida, así como él dio toda Su vida por ti. Cuando David dice: ¡Júzgame Señor!… está diciendo: ¡Estoy dispuesto a ponerme en la silla de los acusados para que tú me señales!  ¿Sabe quién es capaz de pedirle tal cosa al Señor? i. Solamente el que sabe que está por completo delante del Señor. David expresa: “Tú sabes Señor…que aunque me he equivocado, por completo quiero amarte, quiero seguirte y quiero honrarte. Aunque me he equivocado, por completo yo quiero adorarte  con mi mente, con mi vida, con mi cuerpo, con mi sexualidad, con todo lo que yo soy… ¡por completo quiero vivir para ti! ii. Por eso le dice ¡júzgame!  He confiado asimismo en Jehová sin titubear.  Hay mucha gente que cree en el Señor, pero hay muchas cosas que  no le cree a Dios. La fe de David no dudaba, no titubeaba.

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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