Para tener éxito hay que estar en lo suyo V parte


III.                    Nuestro potencial se desarrolla con la OPORTUNIDAD  (1:11b).

“A los que le recibieron”. En contraste con lo anterior, debemos estar seguros que hoy por hoy hallamos no sólo oposición sino grandes oportunidades de impactar el mundo. En el texto original se puede traducir “y muchos lo recibieron” “hosos lambano”. ¿Qué tipo de oportunidades tenemos hoy en nuestro contexto? El texto nos está dando varias pautas importantes en cuanto a los desafíos y retos de este siglo XXI.

 A.     El desafío generacional (Un reto con la contextualización)

“Los muchos que le recibieron”. La primera observación que se desprende de este pasaje es ¿quiénes sí recibieron a Jesús? Los “suyos” eran los judíos contemporáneos de Jesús, que en su gran mayoría, principalmente los de la clase gobernante, no creyeron en él ni le recibieron. En ese sentido los que sí lo recibieron fue una generación compuesta por los que pertenecían a esa clase, y más adelante los gentiles. Se puede decir que la religión oficial  e institucionalizada se negó a un cambio. Por eso hubo un cambio generacional aquí. Estamos en una época de grandes transformaciones e incertidumbre. Estamos en una crisis. Pareciera que nuestro modelo ministerial ya ha perdido la relevancia y no está al alcance de las expectativas de la gente. Pareciera que no hemos respondido adecuada y eficazmente a las necesidades y los deseos de la gente del siglo XXI en nuestra iglesia. Pareciera que nosotros, los pastores, estamos ignorando o pasando por alto lo que la gente quiere de sus pastores y de la misión cristiana. Creo que para enfrentar y superar la crisis de nuestro modelo pastoral, la primera cosa que debemos hacer es preguntarnos qué es lo que quiere y espera la gente de nosotros, los pastores, y de nuestro ministerio pastoral en estos tiempos de cambio y de crisis.[1] La misión y el ministerio pastoral deben encarar los desafíos de esta época. No podemos seguir siendo indiferentes e ignorantes, refugiándonos en la tradición y la burocracia denominacional.

El siglo XXI, (denominado como época posmoderna) estaría caracterizado, en primer lugar, por la desconfianza hacia lo establecido. Hoy en día, a la gente ya no le importa la tradición ni la costumbre que exigía la sociedad. En segundo lugar, el hombre del siglo XXI se caracteriza por su amor a la velocidad. Es un ser instantáneo y espontáneo. Todo se hace en un instante. Es la cultura “fase”. La cultura “fase” es representada por la proliferación de “fast-food” en nuestra sociedad. Parece que la “fast-food” ya no es la exclusividad de los jóvenes sino de toda la población sin importar la edad. En tercer lugar, el ser humano del siglo XXI se informa digitalmente. La televisión se convierte en un alimento intelectual. Lo visual juega el papel esencial y fundamental en la percepción de los jóvenes En cuarto lugar, el ser humano del siglo XXI es anti estructural. Muestra un fuerte rechazo hacia lo jerárquico y lo estructurado, puesto que lo considera opresivo. No se identifica con las organizaciones existentes que demandan la fuerte adhesión y el vínculo. El hombre y la mujer del siglo XXI se caracterizan por la búsqueda de la relación fluida y emocional. Por lo tanto, no adquiere importancia la organización tradicional, sino que las comunidades emocionales aparecen como entidades alternativas. En el ámbito eclesial, los creyentes no dan mucha relevancia a las denominaciones de modo que se podría decir que el cristianismo manifiesta su metamorfismo de denominalismo a posmodenominalismo. El lazo que une a la gente no es la fidelidad a la denominación sino el sentimiento y la visión que comparte dentro de la comunidad.[2] En quinto lugar, la persona del siglo XXI es buscadora de la felicidad y la libertad. Con el fracaso de los grandes ideales modernos, hoy en día la gente no se compromete con los proyectos históricos, es decir ha llegado el tiempo del fin de la cultura del compromiso y del sacrificio. La gente busca estar bien consigo misma y con los demás, pero no en base a convicciones ideológicas. Para él o ella estar bien significa tiempo libre y cada vez más capacidad de consumo, lo cual es el requisito para la felicidad. Sin embargo, la liberad implicaría connotaciones diferentes de las de la modernidad. No se trata de la libertad personal, social y política, sino que se traduciría en la permisividad subjetiva en la que el único criterio de valor es la felicidad individual. Sin lugar a dudas, no existe el ministerio pastoral sin la persona a quien dirigirse. El ministerio pastoral no puede permanecer intacto e inmóvil ante el cambio de las actitudes humanas. El hombre y la mujer actual están cambiando, son diferentes. Entonces, el ministerio pastoral también debe cambiar.[3]

B.      El desafío relacional (Un reto con la  evangelización)

“los muchos que le recibieron”. Note que la gente se adhiere a una relación con una persona y no una creencia, una iglesia o una denominación. Debemos replantear que es tener una relación con Jesucristo. ¿Qué es tener una relación con Cristo? El sentido de la individualidad del mensaje.  Como cristianos por años hemos centrado nuestro interés en salvar almas, hemos gastado recursos en campañas de evangelización masiva, lo que muchas veces ha dado su fruto y es bueno, pero hemos dejado de lado la importancia del hombre, mujer y niños, como simplemente individuos y hemos cometido el error de convertirlos en simples números que llenan las butacas de una fría iglesia, poniendo nuestros ojos más en las masas que en la calidad de los convertidos.[4] Hemos abandonando la predicación de uno al otro, ese diálogo directo y que se da en la confianza que proporciona el contacto personal. El ministerio de Jesús se caracterizó por su trato personal con el necesitado, aunque también predicó a masas, pero siempre tomó en cuenta a las personas de manera individual. Lo vemos cuando su atención se posó en Zaqueo y sacó tiempo, para visitarlo en su hogar, o cuando se acercó a la mujer Samaritana, para ofrecerle agua de vida, también al sanar a la mujer que sencillamente llegó a tocar su manto, en una multitud que seguramente lo rozaba a cada instante, pero él conocía el sufrimiento de aquella mujer y su poder la sacó de la pesadilla que la tuvo atada por tantos años. Ese mismo sentir de Cristo es el que hoy en día debe guiarnos, esa sensibilidad por el trato personal y la urgencia de llegar al individuo, como si este fuera único en medio de la multitud, ya que es una de las necesidades que tenemos como personas, poder sentir que somos especiales.[5] La predicación centrada en la persona y su individualidad es una de las oportunidades más valiosas para destacar la plenitud en una congregación. La predicación muchas veces da lugar a oportunidades para el asesoramiento pastoral. En los primeros siglos de la iglesia, el cuidado pastoral recibía el nombre de “cura de almas”, sanar o “cuidar”. El significado de esta palabra incluía dos significados: sanidad y crecimiento. El sentido de la verbalidad del mensaje. El Evangelio implica mucho más que el mero compartir la Palabra, aun sabiendo de la importancia de ésta en todo acto evangelísticos. Y es que, en el fondo,  el que comparte la Palabra tiene que estar disponible y abierto a compartir mucho más. Muchas veces la verbalización no tiene efectos evangelísticos porque carece de autenticidad y coherencia de vida.  Sólo en la acogida incondicional, en el compartir, el otro que tenemos delante deja de ser un individuo más de la sociedad injusta y se nos convierte en un tú personal, en un tú con rostro humano, en un compañero… en un prójimo. Este es el lugar de la evangelización.[6]  El lugar evangelístico para Jesús fue el de la identificación con los más débiles, los proscritos, los despreciados y los oprimidos.  Jesús evangelizó para todos, ricos y pobres, pero no evangeliza nunca desde la prepotencia de los de arriba, de los asentados en el poder o en la riqueza, no evangeliza Jesús desde los integrados en la sociedad, sino que evangeliza desde abajo, desde su identificación con los humildes, desde la solidaridad con los desclasados y los tildados de pecadores, desde unos estilos de vida que le dejaban ver el rostro de la persona que evangelizaba, el rostro del otro con quien quería hermanarse.[7] La solidaridad con el prójimo es la que nos libera de los mecanismos que nos atan al poseer y nos traslada a la esfera de la comunión, de la común unión en donde la acogida y el compartir la vida, el pan y la Palabra es algo connatural que nos abre a la evangelización integral. Hablar sin esa comunión en donde la acogida y el compartir es algo connatural y no forzado, hablar sin estar dispuesto a compartir la vida, el pan y la Palabra, no es un auténtico acto evangelístico. Quizás sea por eso que la evangelización no avanza hasta convertir al mundo. No existe la entrega y el evangelizado no es para nosotros ese tú personal al que me debo de forma incondicional.[8] Muchas veces, en actos evangelísticos profesionalizados, rutinarios o realizados por organizaciones especializadas, puede permanecer el ego, la superioridad y la prepotencia que parece que lo que intenta es someter al Evangelio a las masas en vez de buscar el rostro del otro, del igual en dignidad, para acoger, ofrecer, compartir y, cómo no, recibir del otro en un acto de comunión mutua y dinámica.  La superioridad del ego debe desaparecer en la Evangelización para dar paso a un deseo de sororidad universal, de búsqueda de fraternidad en la que quiero que el otro sea mi hermano y se salve junto conmigo. Cuando estamos dispuestos a compartir sólo la Palabra, es posible que ni siquiera ésta se comparta en plenitud, en autenticidad y en verdad. No se da la evangelización integral. El sentido de la no verbalidad del mensaje. Jesús agregó a la evangelización un lenguaje no verbal que fue determinante en su predicación del Evangelio, y que dio credibilidad a su palabra, un lenguaje de gestos concretos, de modos de ser, de signos, de señales y de milagros. ¿Podemos usar nosotros algo de este lenguaje no verbal?  En Jesús, la proclamación del mensaje iba unida a milagros, signos y señales, normalmente de rehabilitación y dignificación de las personas, que daban una garantía y credibilidad a sus palabras. No me cabe duda que hoy, los signos y señales que deben acompañar a la evangelización están también en línea con la rehabilitación y dignificación de las personas.  Lo que más nos ubica en esta línea de comunicación no verbal que debe unirse a La Palabra, es la acción social comprometida en defensa de los que sufren, de los pobres, de los desclasados y proscritos de la sociedad. Es uno de los muchos   “milagros”, signos y señales que todavía hoy podemos hacer, sin negar la posibilidad de que Dios, no nosotros, pueda seguir haciendo otros tipos de milagros que nos superan como humanos. Ahí tenemos un lenguaje no verbal que conforma una gramática muy especial, todo un estilo de comunicación que debe redundar en dar credibilidad a los mensajes comunicados a través de la gramática tradicional. Nuestra palabra evangelizadora debe ir acompañada de gestos comprometidos siguiendo el ejemplo del Maestro. Gestos que son parte de la sintaxis evangelizadora y que conforman todo un lenguaje evangelístico.[9]El sentido de la efectividad del mensaje ¿Cómo concluimos que una persona es salva? ¿Quién lo declara? ¿Quién lo sabe? ¿Somos nosotros los seres humanos autorizados para declarar que una persona ha encontrado la salvación? Paul Washer dice algo muy atinado al respecto: “No conocemos el Evangelio. Hemos tomado el glorioso Evangelio de nuestro Dios bendito y lo hemos reducido a cuatro leyes espirituales, y cinco cosas que Dios quiere que tú sepas, con una pequeña oración supersticiosa al final y si alguien lo repite después de nosotros con la suficiente sinceridad nosotros papalmente lo declaramos ser nacido de nuevo. Es decir hemos cambiado la regeneración por la decisión.[10] Luego añade: “… He visto esto en todas partes. El calvinista, el arminianista; muchos de ellos tienen algo en común. Es esto. La misma invitación superficial. Ellos hablan mucho sobre muchas cosas, y luego comienzan a dar la invitación, y es casi como si todos perdieron la cabeza. Caminan hacia alguien y dicen, “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida.” ¿Puedes imaginarte decirle eso a un americano? “Señor, Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida.” “¿Qué? ¿Dios me ama? Bueno, eso es fabuloso, porque yo también me amo! Oh, esto es maravilloso! Y Dios tiene un plan maravilloso? Yo también tengo un plan maravilloso para mi vida. Y si lo acepto en mi vida voy a tener ‘mi mejor vida ahora’. Esto es absolutamente maravilloso!” Eso no es evangelismo bíblico”.[11] No comenzamos con, “Dios te ama y tiene un plan maravilloso.” Comenzamos con un discurso sobre el consejo completo de quien es Dios. Y le decimos desde el inicio que pudiera llegar a costarle su vida.  Después de eso tenemos preguntas exploratorias. “Oye, sabes que eres un pecador, ¿verdad?” Eso es como hace varios años que mi madre murió de cáncer. Es como el doctor entrando por la puerta preguntándole, “Oye Barb, sabías que tienes cáncer, ¿verdad?” Lo tratamos con tanta superficialidad. No hay peso; nada solemne. “Señor, hay una terrible maldad sobre de ti, y un juicio venidero.” Porque si solo le dicen a un hombre, “Señor, ¿sabe que es un pecador?” Vayan a preguntarle al diablo si sabe que es un pecador. Y va a decir, “Bueno, sí, lo soy. Y soy muy bueno para pecar, o, uno muy malo, dependiendo de cómo lo ves. Pero sí. Yo sé que soy un pecador.”[12]

Paul Washer agrega algo más álgido en cuanto a su aproximación de la efectividad del evangelio en una persona. Observe lo que dice: “La pregunta no es que sí sabes que eres un pecador. La pregunta es que sí el Espíritu Santo ha obrado en tu corazón a través de la predicación del evangelio de tal manera que hubo un cambio, que como resultado, el pecado que alguna vez amaste, ahora odias, y el pecado que alguna vez aceptaste, estas queriendo ahora huir de ello como si estuvieras huyendo de un dragón. Y luego la pregunta: ¿Quieres ir al cielo? Esta es la razón por la que no dejo que mis hijos vayan al 98% de las escuelas dominicales y campos de verano cristianas en iglesias evangélicas, porque una persona bien intencionada se pone de pie y dice, “No es maravilloso Jesús,” después de enseñarles una película sobre Jesús. Si. “¿Cuántos de ustedes aman a Jesús?” “Oh, yo lo amo.” “Quien quiere aceptar a Jesús en su corazón.” “Oh, yo quiero aceptarlo” Y luego los bautizan. Y a lo mejor caminan un poco porque han sido… Han sido criados en una cultura cristiana, o una cultura de iglesia. Y cuando llegan a tener 15, 16 años, cuando tienen la fuerza de voluntad, comienzan a romper las cadenas. Comienzan a vivir en maldad, y vamos detrás de ellos diciendo, “Son cristianos. No estás viviendo como cristianos. Deja de retroceder,” en vez de ir con ellos bíblicamente y decirles; “Hiciste una confesión de fe en Cristo. Profesaste a Cristo aun en bautismo, pero ahora parece que le has dado la espalda. Examínate. Pruébate. Hay poca evidencia de una verdadera conversión en ti.”[13] Tenemos un gran reto en cuanto a replantearnos una evangelización más bíblica que humana. Ese es el estilo evangelizador que el mundo necesita, esa es la gramática evangelizadora que debe enseñar la iglesia. La pedagogía de la evangelización misericordiosa que comparte la vida, el pan y La Palabra y que no sólo anuncia el Reino, sino que lo acerca y lo realiza entre los hombres, fundamentalmente entre los más débiles. Gramática evangelizadora impregnada de amor, un amor que unas veces se concretará en palabras, otras en lenguajes no verbales y otras en hecho liberadores, pero no de forma puntual y aislada, sino como elementos que forman parte del proceso evangelizador, de la gramática evangelizadora que nos puede llevar incluso a dar la vida por los demás.[14]

  • C.      El desafío educacional  (Un reto con la transformación)

“Pero muchos lo recibieron” dice la última parte del texto.  En primer lugar la expresión “recibieron” es lambano  y es un verbo aoristo. Significa una decisión real y cumplida.   A diferencia del verbo anterior que decía “no le recibieron” (paralambano) aquí no usa la preposición que intensifica la relación (para). Al usar sólo lambano implica un proceso de recibimiento, habla de asirse a alguien. Es indudable que esta primera parte de recibimiento de parte de la gente con Cristo es una decisión de emoción, de poca información. La gente en un momento determinado no tiene toda la información pero está dispuesta aceptar a Jesús. Así que desde esa perspectiva, comienza el proceso educacional de la Iglesia. Una decisión primaria establece la relación pero un proceso secundario (educación, formación discipulado, como sea que se llame) es un imperativo. ¿Pero qué ha sucedido con la iglesia? ¿Porque hemos fallado en la transformación de la persona? Creo que no hemos logrado que los creyentes desarrollen una mente cristiana, sino religiosa. ¿Qué elementos debe incluir una mente cristiana? John Stott hace una disertación que incluye cuatro elementos necesarios. El dice: “La mente de Cristo  comprende  estos cuatro acontecimientos que a su vez  corresponden a cuatro realidades: la Creación («lo bueno»), la Caída («lo malo»), la Redención («lo nuevo») y la Consumación («lo perfecto»). Esta realidad bíblica en cuatro fases nos permite a los cristianos observar el panorama de la historia desde una perspectiva adecuada, contemplar su desarrollo entre las dos eternidades, y ver a Dios cumplir su propósito. Nos da un marco de referencia en el cual encuadrar todo, un modo de integrar nuestro entendimiento, la posibilidad de pensar correctamente, aun acerca de los problemas más complejos. Los cuatro acontecimientos o eras que hemos considerado, especialmente si los comprendemos en su interrelación, nos enseñan verdades fundamentales sobre Dios, el hombre y la sociedad, que ayudan a orientar nuestro pensamiento cristiano.[15]

Ahora bien eso sería a manera de pensamiento pero ¿qué metodológicamente?

Hay varias cosas que están generando sólo información, formación pero no transformación en las personas que dicen ser cristianas. Creo que nuestra aproximación educacional se basa principal y esencialmente en el paradigma moderno. Por otro lado, nuestro modelo es denominacional e institucional. Una tercera cosa es que tenemos que revisar nuestra manera de formar los pastores y obreros, es decir, el contenido de la educación teológica y pastoral. Creo que nuestra educación teológica se dirige principalmente a formar los pensadores y profesores de la teología, pero no a los pastores. Una cuarta cosa, la crisis tiene que ver con nuestra manera de predicar. Nuestra predicación refleja la herencia de la modernidad, siendo una predicación retórica, dogmática y descriptiva sin énfasis en la narración de la vida cotidiana. Por otro lado en quinto lugar, la liturgia es auditiva, no produce la participación de los concurrentes en el desarrollo del culto y los convierte en espectadores pasivos. En este sentido, creo que es necesario que nosotros podamos revisar, investigar, reflexionar y analizar el desarrollo del culto en las iglesias pentecostales y carismáticas que, pueden aportar bastante en cuanto a dinamizar sin caer en la copia eclesial.

Por otro lado en su libro: “Una Iglesia Posmoderna” In Sik Hong dice que tenemos varios desafíos para replantear nuestros modelos educativos, y que seremos cada vez más presionados por el mundo a hacerlo[16]. El dice: “En primer lugar, la gente hará presión a favor de la desinstitucionalización y desdenominalización de la iglesia. A la gente ya no le interesa la denominación o la iglesia como institución, sino que la entiende como una comunidad de fe y de vida. A ellos, la denominación o institución se le presenta como algo obsoleto que ha perdido toda vigencia práctica en la actualidad. La estructura rígida y jerarquizada aparece como una organización opresora. Hay expectativas diferentes sobre la iglesia. Más que una mera denominación o una organización, esperan que ella sea una comunidad más fluida donde pueden compartir libremente sus sentimientos, sus aflicciones y sus luchas en la vida. La iglesia es considerada como una comunidad emocional y afectiva. En segundo lugar, la gente exigirá la transformación del estilo y el concepto de la liturgia cristiana. Se les requerirá a los pastores que tomen nuevas maneras de desarrollar el culto y hacer la misión cristiana, hasta ahora basada fundamentalmente en el paradigma del sistema análogo.  En tercer lugar, los laicos de hoy demandarán la igualdad de derechos y responsabilidades en los quehaceres de la iglesia y en el ministerio pastoral. En cuarto lugar, la gente solicitará una autoridad caracterizada por la espiritualidad y no aceptará más la autoridad organizativa. Es decir, ya no reconocerá simplemente la autoridad impuesta por la organización. Habrá un rechazo hacia la autoridad institucionalizada, y una preferencia por la autoridad auténtica y espontánea. En quinto lugar, la gente exigirá que los pastores y la iglesia consideren seriamente las necesidades que emanan de la realidad y de los gustos de los laicos, quienes experimentan cambios muy fuertes en sus vidas cada día  En sexto lugar, los laicos esperarán de sus pastores la recuperación de la espiritualidad en el ministerio pastoral. Es decir, requerirá la predicación más espiritualizada que la predicación política. En séptimo lugar, la gente exigirá la democratización de la función y del cargo eclesiástico.[17]

 Ahora, viendo y reflexionando sus posibles demandas y expectativas. ¿Qué podemos hacer? ¿En qué debemos cambiar? Para educar para la transformación debemos replantear la estructura de la autoridad: debemos pasar de la estructura centralizada hacia una descentralizada. Por otro lado  debemos reformular el ministerio pastoral del modelo generacional hacia el intergeneracional. Es decir ya no podemos seguir diciendo que el presente  de la iglesia es de los viejos y el futuro de la iglesia de los jóvenes.  Por otro lado urge un fortalecimiento de un vínculo de relaciones intereclesiales. Por otro lado es urgente fortalecer el núcleo local: debemos procurar que el centro de reunión de la gente no quede dentro de la iglesia durante el domingo, sino que se extienda hacia la localidad de pertenencia, y que los creyentes de la misma comunidad puedan compartir en el lugar mismo de la vida cotidiana. En cuanto a la liturgia y la predicación, debemos considerar los siguientes elementos para la renovación del ministerio educacional. Creo que esto lo mencioné anteriormente pero es bueno reafirmarlo aquí. El cambio y el giro deben ser: Desde la predicación temática hacia la predicación expositiva. Desde la predicación proclamativa y dogmática hacia la narrativa. Desde la predicación análoga basada en la lengua descriptiva hacia la lengua audio-visual y digital.  Repensar la fórmula litúrgica: desde la liturgia solemne hacia la liturgia festiva. Es decir, recuperar la festividad del culto. El ministerio pastoral es una tarea divina que nuestro Dios nos encomendó, de manera que debemos llevarlo adelante con seriedad y cumplirlo cabal y eficazmente. Es una tarea que no puede estar limitada al capricho o idea nuestra, sino que debe responder siempre a la voluntad de Dios, el gran Pastor. El ministerio pastoral, constituido debidamente, existe por la propia intención y designio de Dios. Si queremos responder al modelo pastoral de Jesús, no podemos eludir la situación agobiante y cambiante de nuestra gente hoy. El ministerio pastoral debe estar a la altura de sus necesidades e inquietudes. Debemos procurar responder satisfactoriamente a la gente por la cual Jesús dio su vida. Sin embargo, esto no debería significar el sacrificio de la autenticidad evangélica a costa de la efectividad, sino que deberemos buscar primeramente el modelo ministerial de Jesús. Entonces, las demás cosas (la efectividad, el resultado pragmático, y tal vez la prosperidad) vendrán por añadidura a nuestro ministerio pastoral.


[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[5] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[10] Washer, Paul: Las 10 acusaciones  en contra de la Iglesia Moderna en América. Revival Conference  2008, pág. 12

[11] Ibíd.

[12] Ibíd. Pág. 14

[13] Ibíd. Pág. 15

[15] Stott, John: La Fe Cristiana Frente a  los Desafíos Contemporáneos. Edit. Línea Nueva Creación. USA, 1984. Pág. 60

[16] Hong, In sik. Una Iglesia Posmoderna: En busca de un modelo de Iglesia y Misión en un Mundo Posmoderno. Ediciones KAIROS, Buenos Aires, Argentina., 2001. Pág.  128

[17] Ibíd.

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