Para tener éxito hay que estar en lo suyo III parte


II.                    Nuestro potencial se desarrolla con la ADVERSIDAD (1:11b).

El pasaje dice: “Y los suyos no le recibieron”. Es obvio que aunque estemos muy enfocados y bien definidos no todos aceptaran nuestra vocación espiritual en este mundo. Tenemos un mensaje que pone nerviosas a las personas porque confronta sus relatividades. ¿Pero cómo será la oposición en nuestro contexto del siglo XXI? He escuchado muchas veces las declaraciones que  los que vivimos en este tiempo nos es más fácil compartir el evangelio porque no se nos persigue, no se nos apedrea, o tratan de quemarnos. Muchas personas insisten en que la verdadera convicción se mostró hace muchos años con los pioneros que predicaron el evangelio en nuestro continente latinoamericano. Ellos sí realmente pagaron un precio pero nosotros no. ¿Es esto así? ¿Qué es más peligroso? ¿La reacción violenta del no creyente? ¿O la apatía camaleónica  en un mercado de diferentes opciones religiosas? Creo que los tiempos hoy son diferentes pero son tan peligrosos como los que vivieron los pioneros del evangelio en América Latina. En el pasaje puedo encontrar con tres grandes áreas de oposición para este mundo postmoderno. La frase “pero los suyos” nos habla del primer peligro y es el peligro de la familiaridad de la fe. ¿A que me refiero con esto? ¿Qué significa la familiaridad de la fe? O mejor dicho ¿Qué significa un espíritu de familiaridad? El texto “los suyos” implican su raza, su gente, su pueblo, su ciudad su propia nación. Es decir Jesús era judío  y vino a los judíos. Esto en realidad fue una piedra de tropiezo para ellos. Cuando decimos que el espíritu de familiaridad es el exterminador más grande de la frescura de Dios, muchos pueden resultar confundidos. A simple vista la familiaridad no representa ningún problema, pero quiero que veamos este tema con el enfoque correcto. Para comprender lo que significa el espíritu de familiaridad necesitamos definir la palabra “familiaridad”: Es un término que significa “conocer demasiado a alguien, y que debido a esa familiaridad, se pierde el sentido de admiración y respeto espiritual”. También conlleva un sentido de altivez y presunción, que hace que la persona muestre una falta de respeto hacia algo o alguien.[1] Jesús era el más grande sanador y maestro, y aún así su unción fue neutralizada por la presencia de gente conocida, familiar. En Marcos 6:1-3, 5 leemos: “Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él… Y NO PUDO HACER ALLI NINGUN MILAGRO, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos”  Este pasaje nos muestra que Jesús no pudo hacer milagros en su pueblo natal. Ellos lo conocían demasiado como para recibirle como el Hijo de Dios. Ellos tenían reservas o cuestiones acerca de sus padres, su familia y su trasfondo. Creo que esta familiaridad ha contribuido a que nuestros cultos sean tan monótonos, tan programados, tan predecibles, tan cotidianos. Estamos tan familiarizados con lo que hacemos que ya no hay sorpresa, admiración, frescura. Siempre hacemos lo mismo, cantamos lo mismo, de la misma forma, oímos los mismos mensajes, los mismos pasajes, los mismos enfoques. Por eso mucho se aburren y buscan frescura en otras cosas que no es Jesús y pierden el verdadero enfoque de la vida. Nuestros sistemas eclesiales son tan predecibles, efímeros y repetitivos. Un segundo gran peligro que veo aquí se desprende de la expresión “no le”. Es el peligro de la hostilidad a la fe ¿Qué es hostilidad? hostilidad es la cualidad, que indica una actitud provocativa y contraria, generalmente sin motivo alguno, hacia otro ser vivo.[2] Uno se pregunta la razón por la que se puede rechazar a un hombre tan perfecto como Jesús, con tanta pureza y con un proyecto de amor tan grande. Hoy por hoy viviremos en un mundo que provoca y se opone al cristianismo. La hostilidad de los creyentes en contextos occidentales es más ideológica y cultural. Las tendencias del homosexualismo, el matrimonio y la familia son grandes temas de debates y presión para la iglesia y el cristianismo. Pero pronto vendrá la hostilidad legal y estatal. ¿La iglesia estará preparada para enfrentarse a esta hostilidad que se viene? Albert  Mohler dice que  los evangélicos deben «recuperar el valor teológico y la convicción o nos enfrentaremos a la trágica realidad de que esta podría ser la última generación que evangeliza».[3] Mohler se muestra muy crítico con «algunas tendencias de «evangelismo contemporáneo» que amenazan la integridad del mensaje, ya que «por definición, los evangélicos deben ser gente del Evangelio, que aprecia, enseña y comparte el Evangelio de Jesucristo». Alerta además del peligro de abandonar el centro del evangelio, «la verdad objetiva de que Cristo murió por los pecadores, y de que esa salvación es únicamente por gracia a través de la fe solamente en Cristo». Señala Mohler el testimonio de Lutero, que sostuvo que la doctrina fundamental de la justificación por fe es «el artículo por el cual la iglesia se levanta o cae».[4] Charles Spurgeon dijo: «Hemos llegado a un punto decisivo en el camino. Si giramos a la derecha, quizás nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos irán por ese camino; pero si giramos a la izquierda, las generaciones venideras nos maldecirán por haber sido infieles a Dios y a su Palabra»[5]. Unas palabras que suenan con urgencia profética después de más de un siglo de que se hayan escrito.

Un tercer peligro que veo en el pasaje se desprende de la palabra “recibieron”. Y es el peligro de la frialdad de la fe.  El verbo que se usa en el texto original es paralambano. Este verbo es muy interesante. El verbo lambano lleva el prefijo “para” que significa a la par. El verbo lambano es “recibir”, pero al poner esa preposición intensifica la acción. El término se puede traducir: Tomar (a uno mismo), tomar con o junto con el acompañamiento de las personas, recibir, comprometer, asociado con uno mismo como una esposa o amante, un hijo adoptivo, un socio o aliado. Se utiliza de José “tomando” a María como su esposa (Mateo 1:20, 24) y después de “tomarla” a ella y al niño Jesús a Egipto (2:13, 14). Una vez más, se usa del diablo “llevando” a Jesús al templo y al monte (4:5, 8), de Jesús tomando a Pedro, Santiago y Juan con él (17:1, 26:37), de él “tomando” a los doce (20:17). [6] Eso significa que el rechazo de los judíos para con Jesús fue total, y ni siquiera lo dejaron que se acercara a ellos. El verbo por estar en un aoristo implica que fue un rechazo real, fuerte y definitivo. Eso significa una decisión fría y rígida. Note una cosa importante, los judíos ni siquiera creían que Jesús pudiera pertenecer a su círculo por creerse superiores a él. Observe algo muy importante que va como un binomio frecuente. La frialdad genera rigidez. Cuando se enfría el agua a mayor frío más dura  se hace. Eso significa que nuestro mundo es frío hacia las cosas espirituales, y si la iglesia pierde su calor y  fuego por Dios terminará rechazando a Jesús.

Bueno este segundo punto relacionado con la adversidad nos ha demostrado que la adversidad en este contexto tendrá tres dimensiones. Una es la dimensión de la familiaridad de nuestra fe. Estamos tan acostumbrados, habituados y aletargados que no nos emocionamos ya con la fe. ¿Cómo se combate el espíritu de la familiaridad? Hay tres cosas importantes que ayudarían a romper con la familiaridad, por supuesto que habrán más pero  mi criterio éstas son importantes. El primero debemos rescatar la grandeza de Dios. El reconocer este atributo implica que el está fuera de cualquier esquema, que es más grande que nuestras concepciones. Dios es mucho más grande, magnífico, que lo que solemos entender, de cómo podemos reducir a Dios en nuestra mente a una cosa “dominguera”, de hecho, es enfático al señalar que varias iglesias han caído en esa rigidez, una visión mediocre de Dios, como si pudiéramos “guardarlo” en una caja. ¡Pero Dios es mucho más majestuoso que las cuatro paredes de una iglesia local! … uno también puede adorar, alabar a Dios en medio de la naturaleza.[7]  ¿Cuándo fue la última vez que contemplaste el océano y pensaste en la belleza que es capaz de crear tu Dios? … ¿Piensas en tu Señor cuándo te diriges al trabajo o enfocas tu mente en empequeñecerla con rigideces, colocándote un “silicio” mental? “La visión de Isaías 6  de una  escena por sobre el cielo raso es la que nuestra iglesia necesita hoy con desesperación ¿Por qué? Porque esta visión hace trizas la imagen del Dios manejable, blando, cómodo que hemos formado. Nos recuerda lo pequeños que somos y lo grandioso que es Él. Lamentablemente hablamos de Dios como si Él fuera compinche nuestro. Nos hundimos en el pecado y nos regodeamos en una gracia que ha sido abaratada porque la separamos de esta santidad, purificadora. Nos hemos perdido una porción tan grande de lo que significa estar vivos, ser hombres y mujeres conectados a Dios. Que Dios nos ayude a ser un pueblo que abraza no solamente los mensajes sobre Él, que deleitan nuestros corazones, sino también aquellos que nos estremecen e impactan hasta lo más profundo de nuestras almas. ¡No permitamos  que el  fuego se apague! ¡Debemos buscar primero la Palabra de Dios antes que a los hombres y su rigidez disfrazada de orden! Una segunda cosa que debemos rescatar es la Gloria de Dios.   Con respecto a este tema John Piper dice que hay que hacer un gran un esfuerzo por hacer lo imposible –definir la gloria de Dios. Esto  es imposible  porque esa gloria es más semejante a la palabra belleza que a las palabras pelota de baloncesto. Usted puede definir una pelota de básquet diciendo simplemente que es redonda, inflada, de cerca de nueve o diez pulgadas de diámetro, que es usada en un juego para hacerla rebotar y pasar por un aro. Pero no puede hacer lo mismo con la palabra belleza. Todos sabemos que existe, pero la razón por la que podemos hablar acerca de ella es que la hemos visto, no que podamos definirla.[8]

Si contrastamos la gloria de Dios con la santidad de Dios pudiéramos lograr una definición de la gloria de Dios. Decir que Dios es santo expresa que Dios, por sí mismo, está en un nivel de perfección y grandeza y crédito. Él es incomparable, su santidad es su esencia divina absoluta, única y perfecta. Ella determina todo lo que él es y hace, y nada ni nadie fuera de sí mismo puede determinarla. Su santidad es lo que él es como Dios, y que nadie más es, o nunca será, y denota su dignidad intrínseca, infinita. Así que este es el resultado del  esfuerzo en una definición: La gloria de Dios es la infinita belleza y grandeza de sus múltiples perfecciones.[9]

 ¿Ama usted la idea de que existe que Dios sea exaltado y glorificado? ¿Ama el pensamiento de que toda la creación existe para mostrar la gloria de Dios? ¿Ama la verdad de que toda la historia ha sido diseñada por Dios para que un día sea una gran carpa que muestre, de la mejor manera posible, la grandeza y belleza de Dios? ¿Ama el hecho de que Jesucristo vino al mundo para vindicar la justicia de Dios y reparar la injuria que habíamos hecho a la reputación de la gloria de Dios? ¿Ama la verdad de que existe como individuo para que Dios sea visto como realmente es: glorioso?[10]  ¿Ama el hecho de que su salvación fue preparada para dar a conocer la gloria de la gracia de Dios? ¿Ama ver y mostrar la gloria de Dios? Por esta razón Dios creó el universo. Por esta razón Dios ordenó la historia. Por esta razón envió a su Hijo. Por esta razón usted existe. Para ver por siempre, y disfrutar, y mostrar la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios.[11]  Una tercera cosa importante además de la grandeza de Dios, la Gloria de Dios, es la gracia de Dios.  Hay una palabra que Pedro usa en su Epístola, quiero usarla como referencia para poder definir el pensamiento que tengo con respecto a este punto. El texto en mención es 1 Pedro 4:10: Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. Pedro usa la palabra “multiforme” para calificar a la gracia. En griego la palabra es poikilos. La Versión Reina Valera Antigua traduce diferentes gracias de Dios (1 P. 4:10). Cuando recordamos lo que poikilos significa, esta declaración se revela como un tremendo pensamiento. Primero poikilos significa de colores variados; por tanto, hablar de la gracia de Dios como poikilos significa que sea cual fuere el color de la situación humana la gracia de Dios puede casar con él. No importa si un hombre está viviendo en el oro de la luz solar, del gozo y del éxito, o en la umbría del dolor y de la angustia; en la gracia de Dios hay ese componente que la hace ponerse a la altura de las circunstancias de la situación que sea. No hay tesitura humana que la gracia de Dios no pueda alcanzar, adaptarse a ella y responder. La gracia de Dios es una realidad con esa cualidad de policromía que le permite encontrarse con cualquier situación en la vida. Por otro lado  poikilos significa mañoso, diestro, inteligente, ingenioso; por tanto, decir que la gracia de Dios es poikilos significa que no hay problema que ella no pueda solucionar; cualquiera que sea la tarea que se nos imponga, la gracia de Dios siempre tiene el método para realizarla. No existe circunstancia, crisis, emergencia o demanda que la gracia de Dios no pueda tratar con ella y, al final, vencer. No hay nada en la vida con lo que la gracia de Dios no pueda competir.  Poikilos, esta vívida palabra, dirige nuestros pensamientos a la multicolor gracia de Dios, la cual es, en verdad, suficiente para lo que haya menester.[12] Tenemos la gracia de Dios para ser frescos y creativos de tal manera que rompamos con el espíritu de la familiaridad


[4] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd.

[12] Barclay, William. Palabras Griegas del Nuevo Testamento: Su uso y significado. Editorial Caribe. USA, 1998. Pág. 86

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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