Muchos Jefes pocos indios: El mal de nuestras iglesias


 Quiero compartir estos pensamientos de mi estudio personal de 1 de Samuel. Cierro esta noche leyendo: “Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl; por lo cual Saúl lo alejó de sí, y le hizo jefe de mil; y salía y entraba delante del pueblo” (18:12–13). Los líderes carnales aunque lo nieguen o lo quieran ignorar, siempre reconocerán la presencia de Dios con ellos. Saúl sabía que Dios estaba con David y no con él. Los que pierden la visión espiritual , la autoridad espiritual, lo saben. Pueden aparentar, pueden pretender, pueden jugar a que la tienen, pero en su corazón saben que la han perdido. Saúl sabía que David tenía lo que él había perdido. Él tenía el puesto, David tenía el poder; él tenía la posición, David tenía la unción. Por lo tanto, Saúl optó por alejar a David de sí. Los no ungidos no pueden convivir con los ungidos. El estar cerca de ellos los hace sentirse incómodos. Su presencia los molesta. Delante de ellos se sienten fuera de lugar. Pero mire el peligro y la trampa del diablo en la vida de David. Saúl creyó que para alejar su influencia en palacio lo mejor era darle un puesto a David y así alejarlo del palacio. El siervo de Dios tiene que cuidarse de títulos y posiciones que lo puedan alejar de su verdadera misión y llamado. Notemos “y le hizo jefe de mil”. David fue hecho “jefe” por Saúl. Pero los títulos no embriagaban a David. No le interesaba ser “jefe”, sino servidor. Este titulo no enfermó la naturaleza espiritual de David. Los que están buscando ser “jefe”, es porque todavía no entienden el propósito de su llamado. Lo mejor es esperar en Dios y que Él nos dé la posición que a su juicio podamos desempeñar. No busquemos puestos, busquemos hacer la voluntad de Dios. Los puestos no dan ministerios, dan reconocimiento; solo haciendo la voluntad de Dios tendremos ministerios. El titulo de “jefe” no se le fue a la cabeza a David. Leemos: “y salía y entraba delante del pueblo”. El ministerio de David lo era la gente. Se identificaba con sus necesidades. Convivía con ellos. No era el “líder invisible de la hora”. Su presencia era visible. Era hombre de pueblo. David entraba y salía en presencia del pueblo. Sus salidas y entradas no lo cambiaban. De frente y de espalda era el mismo. No era un ministro de espectáculo, sino un ministro lleno de Dios, que
entendía bien su visión y su misión. Cuanto nos hace falta eso en nuestras iglesias. Tenemos demasiados puestos y demasiados jefes y pocos indios.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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