La Herencia de la Espiritualidad: Salmo 16 IV parte


 

III.                    Tercero,  la herencia de la espiritualidad incluye LA PROMESA DE DIOS  (16:8-11)

Nunca  cesamos de asombrarnos de la visión de los autores del Antiguo Testamento  al revelar los acontecimientos futuros. ¿Cómo puede alguien dudar de la validez y la autoridad de la Escritura al observar este rasgo?

A.     Promesa de vida

David se regocija en su propia resurrección Dice: “No dejarás mi alma en el Seol.” Quizás reconozca la antigua palabra Seol. Se utilizaba para referirse a la morada de los muertos  o a la propia tumba. David continúa: “Ni permitirás que tu santo vea corrupción” (vrs. 10). Debemos tener claro de que antes que David previera la resurrección  de Cristo, vio su propia resurrección. Aunque no comprendía bien lo que ocurriría. David ha repasado todas las cosas buenas que Dios ha hecho  por él y que está haciendo por él. Reflexiona sobre  todas estas edificante  verdades, y en su increíble penetración  espiritual  llega a darse cuenta  de que un Dios  tan amante y protector continuará cuidándolo en su muerte y más allá.

B.      Promesa de victoria

David dijo: “No dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción” (10) Aquí se destaca una frase, y esta lleva al versículo a un nivel  completamente nuevo, nivel que se convierte en uno de los grandes y victoriosos picos del AT. Si bien David ha estado hablando sobre su muerte, se ve que piensa en términos  más profundos, en términos sobrenaturales que van mucho más allá de la realidad de sí mismo, su tiempo y su lugar. David no se refería  a sí mismo como el santo. Eso era completamente ajeno al carácter de David  del resto de los salmos, el David conocido por su profunda humildad y su sentido de indignidad delante de Dios. Nunca se atreve a proclamar santidad de ningún tipo en cuanto  a sí mismo. Por eso, cuando habla  de victoria  sobre el sepulcro, el Espíritu Santo está levantando una punta de la cortina  y le está dando un atisbo  del futuro y la piedra angular de la historia humana, y los primeros cristianos se apresuraron a reconocerlo. El NT selecciona y cita cuidadosamente  en dos ocasiones las asombrosas palabras visionarias del vrs. 10. La primera en Hechos 2:24-28y la segunda en Hechos 13:35-37.  Ahora quizás  con las limitaciones de su entendimiento, desde el punto de observación  de su lugar particular en la  historia, puede que David no haya podido penetrar en las plenas implicaciones de lo que escribía. Pero nosotros con la ventaja  de conocer y aceptar los Evangelios podemos ver lo que David puede no haber visto. Gracias a Dios, no tenemos que sufrir de la corrupción del sepulcro. Cristo ha escrito la última palabra. Nos ha dado la victoria y nos ha salvado de la muerte eterna.

C.      La promesa de la VEREDA

En el vers. 11. Dice  “Me mostrarás la senda de la vida”. En este versículo se pueden observar cuatro cosas: Primero vemos un Guía “Tú”, segundo  un viajero “yo”, tercero un camino “la senda” y cuarto el fin “la vida” descrita después. Y esa vida que sigue es descrita después en el salmo.  Porque lo que sigue no es otra cosa que la descripción de esta vida.  Veamos más detenidamente estos conceptos. Primero el Guía lo hallamos mencionado en el primer versículo: Jehová. Aquí podemos empezar, como debemos en todos los ejercicios santos, con adoración. Segundo podemos ver al viajero es decir habiendo hallado al Guía, no buscaremos ya a uno que carezca de Él; porque si es así, aquí hay un hombre fuera de su senda. Así como hay un solo Guía, así también habla en la persona de un solo viajero. Es para mostrar su confianza. En tercer lugar veamos  ahora lo que El nos mostrará: «la senda» “vereda” en hebreo. Hemos de saber que así como los hombres tienen muchos caminos fuera de la senda en el mundo, pero todos ellos terminan en la destrucción, así Dios tiene muchas sendas en el camino general de su Palabra, y todos ellos terminan en la salvación. Luego el texto señala un verso que es sumamente impactante, pero a la vez difícil de experimentar. Dice vrs. “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. Aquí se dice cuanto se puede decir, pero las palabras son demasiado débiles para expresarlo. Por un lado el verso habla de calidad de vida. Es decir como calidad hay los placeres y gozo del cielo; pero también habla de cantidad, es decir como cantidad hay plenitud, una corriente en la que beber sin cese o saciedad; pero el vrs. Habla también de constancia, esa constancia está a la diestra de Dios, el cual es más fuerte que todos, y nadie puede arrebatarnos de su mano; es una felicidad constante, sin interrupción; y por último hay perpetuidad, o sea que como perpetuidad, es para siempre. Los goces de la vida eterna son sin medida, mezcla o término.» Todos los que estamos aquí presentes ahora somos meros extraños en medio del peligro, estamos perdiéndonos a nosotros mismos y perdiendo nuestras vidas en la tierra de los muertos. Pero antes de poco hallaremos nuestras vidas, y nosotros mismos otra vez en el cielo con el Señor de la vida, y seremos hallados en El en la tierra de los vivos. Si cuando morimos, morimos en el Señor de la vida, nuestras almas con toda seguridad serán unidas al haz de la vida, de modo que, cuando vivamos otra vez, podamos estar seguros de hallarlas en la vida del Señor. Una onza, una libra, una tonelada de pesadez; ahora tenemos sólo una gota de gozo para un océano de penas, un momento de sosiego para un siglo de dolor; pero entonces tendremos un solaz interminable sin dolor, la verdadera felicidad sin pesadez, la mayor medida de felicidad sin la menor miseria, la medida más plena de gozo que pueda haber, sin mezcla alguna de aflicción. Aquí, pues hemos de soltar nuestras pesadas cargas de sufrimientos, y endulzar nuestras copas amargas de penas en la meditación continua y en la expectativa constante de la plenitud del goce de la presencia de Dios, y el placer a su diestra para siempre. Note bien que el pasaje dice “en tu presencia hay” no dice  – habrá, ni tampoco puede que haya, sino que hay-; hay plenitud de gozo sin cese ni interrupción, está siempre y ha estado y tiene que estar. Porque ¿qué es lo que el hombre aquí en el presente desea más que el gozo? ¿Y qué medida de gozo puede desear hombre alguno más que la plenitud del gozo? La consumación de la felicidad. En el cielo están libres de necesidades; no les falta nada, a menos que sea el mismo faltarles. Pueden hallar la falta de mal, pero nunca sienten el mal de carencia. El mal no es sino la carencia de bien, y la carencia de mal no es sino la ausencia de carencia. Aquí algunos comen sin hambre, mientras que otros tienen hambre sin comida, y algunos beben en exceso sin tener sed, mientras que otros, sedientos, no tienen nada que beber. Pero en la presencia gloriosa de Dios ninguno será mimado en exceso ni ninguno languidecerá deseando algo.  En esta vida nuestro gozo está mezclado con aflicción como las espinas con la rosa. Jacob tuvo gozo cuando sus hijos regresaron de Egipto con los sacos llenos de trigo, pero mucha aflicción cuando se dio cuenta de la plata en la boca de los sacos. David tuvo mucho gozo al subir el arca de Dios, pero al mismo tiempo mucha pena cuando Uza cometió su infracción. Ésta es la gran sabiduría del Señor, templar y moderar nuestro gozo. Como el hombre de constitución débil ha de beber el vino diluido con agua por temor de sufrir del estómago, así también en esta vida (debido a nuestra debilidad) tenemos nuestro gozo mezclado con aflicción, para que no nos volvamos altaneros e insolentes. Aquí nuestro gozo está mezclado con temor (Salmo 2). «Gózate temblando». Las mujeres partieron del sepulcro de nuestro Señor «con temor y gran gozo» (Mateo 28:8). Como nuestro gozo aquí está mezclado con temores, también ocurre lo mismo con nuestras aflicciones. En resumen este pasaje nos dice que al buscar a a Dios tendremos como calidad hay placeres; como cantidad, plenitud; como dignidad, a la diestra de Dios; como eternidad, para siempre. Como quisiera poder experimentar cada día lo que este salmo enseña.

Conclusión

Una mujer estaba a punto de morir víctima de una enfermedad terminal y cuando se acercaba el día de su muerte le pidió al pastor que en su funeral cuando la estuvieran velando, la enterraran con un tenedor en sus manos. Ante tal petición inusual, el pastor le preguntó ¿Por qué? Y ella dijo que jamás se había perdido una de las comidas de su iglesia. Y recordaba que siempre uno de los anfitriones de la comida decía: “Guarden su tenedor, ahora viene lo mejor” Y servían el exquisito postre.  Cuando la gente en mi ataúd me mire con el tenedor le preguntarán a usted la razón de ello y quiero que les diga que para mí, ahora viene lo mejor.  ¿Puede creer eso? ¿Puede mirar más allá´ de su curva en el camino y confiar en que, aun cuando no puedas ver donde se tuerce el camino, lo mejor está por venir? ¿Puedes ver más allá de las terribles frustraciones  de una salud pobre, y creer que Dios  prepara una suntuosa fiesta para ti? ¿Puedes pararte en medio del trauma familiar y alabar el nombre de tu Padre, porque sabes que El es tu roca y salvación? David pudo hacerlo  e innumerables almas a través de los siglos se han unido  en un gozo que escapa a toda explicación racional aunque se han visto perseguidas por gigantes de la vida, celosos monarcas de la experiencia cotidiana, las limitaciones en las relaciones  y las esperanzas y los sueños  frustrados. Han encontrado que esos momentos  desalentadores no han estado definidos por la ausencia de Dios, sino de alguna manera, por la milagrosa y más cercana presencia del Señor. Han mirado el vacío de la muerte y se han dado cuenta de que contiene la plenitud de un convite. Se han aferrado a Él, han encontrado su amor, paz y su sabiduría y se han unido  a la gran muchedumbre que se sienta en la mesa del banquete. El postre no ha llegado todavía, pero ya está en el aire la expectativa. Quizá  de alguna manera  este sea el mejor momento de todos,  el momento del presentimiento, el momento cuando nos damos cuenta que lo mejor está aún por llegar.

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