Es hora de hablar en serio sobre nuestros liderazgos: Los Criterios de Isaías 22:15-25


No cabe duda que nuestra forma de servir a Dios en este tiempo está a kilómetros de distancia de cómo la hacían en la Biblia. Muchas personas en nuestras iglesias literalmente se han enquistado en sus puestos por décadas y de generación en generación. Una de las cosas que más me asusta a la hora de elegir líderes en este tiempo es el criterio basado en el deseo de alguien por servir a Dios. Es decir la lógica es: “Si quiere servir a Dios ese deseo es de Dios, por lo tanto debe servir a Dios” ¿En serio? Bonito criterio. El hecho que alguien desee un privilegio eclesial no necesariamente es un indicador que Dios lo quiere en un privilegio eclesial. La Escritura dice: “Si alguno anhela”….desea. (1 Timoteo 3:1) En la primera expresión “anhelar” la palabra griega es “oregó”. Esta palabra significa “esforzarse para alcanzar algo”. Su raíz original se usa para describir un monte. Es una metáfora para dar a entender que no es un simple antojo sino algo que genera esfuerzo, pasión. Luego el texto usa la palabra “epithuméo” para la expresión final del texto y esta palabra es más fuerte, a veces se traduce como lujuria, una pasión fuera de control. El término se puede usar en dos dimensiones dependiendo que motive a la persona y el objeto que desea conseguir. En este texto el sentido es positivo, es una persona que anhela fervientemente ser líder. Pero debemos notar que simplemente aunque el deseo es fuerte, no es suficiente para darle el privilegio a convertirse en un anciano de la iglesia. De hecho dice “buena obra desea…pero es necesario…” La expresión “es necesario en griego es “dei” es fuerte y enfático. Describe una necesidad imperante. El tiempo presente implica que la persona necesita en el momento del deseo por el privilegio tener una vida que se caracteriza por los valores que a continuación da Pablo. Eso significa que lo que se toma en cuenta en el momento de exteriorizar el deseo de una persona no es su anhelo sino su vida. ¡Qué contradictorio ¡ Eso es lo que menos hacemos hoy. Por lo general los elegimos por su billetera, por su pedigrí evangélico o porque son los hijos de fulano o mengana dueños fundadores de la iglesia. Y el otro criterio que usamos, porque son buena gente. ¡Cuántos líderes bonachones han hecho demasiado daño a la dirección de la iglesia! Son buenos pero son analfabetos bíblicos. ¿Debemos seguir promoviendo este tipo de liderazgo en nuestras iglesias? ¿No habrá llegado el tiempo en que hagamos un cambio radical en esto?

En Isaías 22:15-25, hay una enseñanza muy instructiva concerniente al cambio de liderazgo de Sebna, el mayordomo, a Eliaquim, el hombre levantado por Dios. Sebna es el tipo de líder levantado por el hombre, tal como el moderador elegido en la asamblea, el obispo ordenado por los hombres, el pastor presidente que asume el liderazgo, etc. Si usted hoy se encuentra funcionando en el ministerio y liderazgo de la iglesia, ¿conoce el llamado y nombramiento de Dios o ha sido usted sólo colocado en el ministerio y liderazgo por elección del hombre?, si esto último es cierto, no quiere decir que usted “no sea un llamado por Dios” sino que significa que su llamado fue sometido a las normas institucionales humanas y consecuencialmente, usted nunca pudo no haber sido lanzado a uno de los cientos de los ministerios que Cristo ha ordenado para usted. El texto dice así: “Jehová de los ejércitos dice así: ve, entra a este tesoro, a Sebna el mayordomo, y dile” Isaías 22:15.  Hay varios pasos que debemos considerar al evaluar el liderazgo que tenemos hoy.

  1. I.                    Primero, ¿quién lo puso en el liderazgo?

La palabra del Señor es revelada al profeta Isaías y dirigida a Sebna quien es el mayordomo de la casa. La casa referida es la casa de Judá y la ciudad de Jerusalén. Este era el mayordomo jefe en el reino de Ezequías. Era un hombre nombrado [por el rey] y Dios no estaba satisfecho con su liderazgo o con el fruto de su ministerio. ¿Qué es un mayordomo en el contexto de la iglesia de hoy en día? El mayordomo está representado por el “obispo”, o el administrador, o el “pastor” el hombre a cargo de la iglesia local, el hombre a cargo de las iglesias en la ciudad o a cargo de toda una denominación. Este mayordomo en el contexto contemporáneo ha sido ordenado por hombres, elegido por hombres (y en algunos casos), elegido por sí mismos. Si lo eligieron los hombres y no Dios entonces asegúrese el cinturón que su viaje va a ser tumultuoso. ¿Cuáles son los mecanismos más humanos que tenemos para poner a hombres en liderazgo sin la aprobación de Dios? El primero son los criterios denominacionales. Nuestras santas tradiciones denominacionales con sus miles de estatutos. La segunda  son los criterios seculares. Es decir  se cree  que la capacidad en el mundo es igual a capacidad en la iglesia. De esa cuenta que usted tendrá líderes en su equipo que son asesores presidenciales, empresarios famosos y de éxito, y sólo porque en lo secular tuvieron cierto despegue asumimos que en la iglesia será igual. ¡Qué triste! Porque lo que suele suceder es que se hacen dueños de la iglesia porque una cosa que no pueden tolerar estos hermanos es que no tengan el poder en la iglesia como lo tienen en sus reinos en el mundo. Al final introducen procesos humanos  y seculares y violentan a la Esposa de Cristo en sus procesos orgánicos y no organizativos. La tercera son criterios populares. Aquí se cumple el axioma “vox populi vox dei”: la voz del pueblo, la voz de Dios. ¡Cuántas reuniones y asambleas he visto de gente votando y poniéndose de acuerdo para fulano o mengano (candidatos o familiar favorito de ellos) quedé por mayoría de votos. La cuarta es criterios coaccionales. El diccionario de la RAE dice de coacción: Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo. Hay varios mecanismos que pueden detener una acción en contra de alguien que simplemente no está funcionando en el ministerio. Uno puede ser el salario del que trabaja en la Iglesia. Muchas veces este rubro hace que personas permanezcan en puestos de liderazgo, porque tienen la capacidad de quitarle el salario al pastor. Otra forma es que puede haber en el mismo pastor ineptitud y negligencia que pierde la autoridad y la gente le tiene como decimos en mi país “la cola pateada”. Otro es la superioridad académica y financiera de la persona que intimida y es intocable. Aquí también se agrega su despliegue  en la denominación a la que pertenece la iglesia, etc. Es decir no se le puede decir nada porque es líder al junta de tal cosa en la misión, es directivo de tal organización importante, o tiene grandes negocios. Una quinta cosa es el criterio organizacional. Es decir elegimos a los líderes en base a los puestos y ministerios que existen y no en base a la calidad del líder. Por ejemplo si en la iglesia existen 15 aulas ya construidas, entonces la necesidad es de encontrar 15 grupos y 15 maestros. Y esto se hace sacrificando el llamamiento y la calidad de los maestros. Si los estatutos dicen que deben ser 7 directivos, entonces busquemos 7 directivos. Si la regla denominacional dice que deben hacer 10 ancianos hay que llenar el puesto a como de lugar y sacrificamos la excelencia y la calidad espiritual.   En fin la lista sería interminable. Así que lo primero que debemos preguntarnos es ¿Quién lo puso en el ministerio? Y por regla general en nuestras iglesias la mayoría han sido puestos por los hombres.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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