Espiritualidad desafiante: Salmo 14


Esta historia la recibí en mi blog hace algunos años atrás. Es de un joven que escribía sus convicciones y al que le pedí que me dijera que le pasó con Dios. Así lo escribió el: Crecí en un hogar protestante, fui a iglesias locales de mi país, Verbo, Verbo Sur, La Frater, Shekinah y para mi mala suerte un par de veces en “Casa de Dios” entre otras, he asistido muchas veces ya de grande a iglesias católicas como la San Judas Tadeo y Nuestra Señora de la Paz en Guatemala, escuchaba a diario las prédicas y estudios bíblicos de “El hermanito” Luis Fernando Solares que en lo personal considero de los mejores estudios bíblicos y de los maestros más conocedores de la teología judeocristiana. Siempre fui un niño travieso, super-ultra-increíblemente curioso, desesperaba a cualquiera con mi constante preguntar “por qué” y siempre que dejaba a mi mamá en jaque me decía “hay, porque dios así quiso” jajajajaja. De mis tres hermanos el niño más problemático, de hecho juntando a mis otros tres primos con quienes convivíamos bastante yo era literalmente la oveja negra y perdida de la familia, eso antes de los 8 años. Hubo varias épocas en mi vida que fui cada domingo a la iglesia, mi mamá siempre me dio el dinerito de la ofrenda para la escuela dominical porque “qué pena que no des ofrenda”, fui de los pocos que estaba siempre fascinado con las curiosas historias de la biblia y en teoría alrededor de mis doce años hice el rito cristiano protestante de “nacer de nuevo en Cristo”, ese día no lo puedo olvidar para nada, toda mi familia me adoraba porque era “nacido de nuevo”. Empecé a leer la biblia no por génesis sino por el apocalipsis porque consideraba más importante saber qué iba a pasar que saber lo que ya pasó, ese ingrato libro me hizo estar siempre temiendo del final del mundo, vivía con miedo de todo, luego leí otros libros y otras historias de la biblia, me pareció algo cruento el genocidio de los israelitas contra los habitantes de Jericó, me pareció algo irresponsable y contradictoria la forma de actuar del dios omnipotente, omnipresente y amoroso al querer sacar a “su pueblo elegido” de la tiranía egipcia en vez de solo aparecerse y ya, en repetidas ocasiones leí que dios endurecía el corazón del faraón y no dejaba de preguntarme ¿En qué bando estaba dios entonces? ¿Cuál era su gana de enfrentarlos?
Si era un dios omnipotente, omnipresente y amoroso ¿por qué iba a matar a los primogénitos de los egipcios si eran 100% inocentes? engo bastante tiempo de tener pendiente este artículo en mi blog y antes de empezar quiero aclarar varias cosas para los que no me conocen personalmente:

  • No soy ateo, pero me llevo muy bien con los ateos.
  • No creo en dios (todas las versiones de dios y/o dioses) pero…
  • No estoy en contra del concepto de dios.
  • Tampoco creo en el diablo obviamente ni en hadas, duendes, unicornios y demás seres míticos creados de la magnífica fantasía humana.
  • Tampoco odio o estoy en contra del concepto de esos seres míticos.
  • Mi criterio aquí expuesto es 100% objetivo, no subjetivo, el subjetivismo aguanta con todo, el ser académicamente correcto y objetivo nos ayuda a hablar en el mismo plano.
  • Este post no se trata de “qué siento” se trata de “qué es”, de nuevo, objetivo.
  • En lo personal quisiera creer que existe un dios, pero la validez de mi juicio, mi mente, mi razón y de lo que puedo objetivamente ver, tocar, comprobar me hicieron darme cuenta de que algo anda muy mal en torno a la creencia de dios en cada cultura.
  • Esto no es un ataque a ninguna creencia o religión, es un análisis personal.
  • No soy satánico ni odio a dios ni como bebés ni soy un maleante, soy una persona más que se considera buena sin dios.
  • No soy “ateo militante”, no pretendo que la gente crea en mis propias convicciones, solo tengo la difícil pretensión de que piensen un poquito antes de entrar en debate conmigo, no es pecado pensar, al menos no aún.
  • No predico el ateísmo (no es religión porque no se congregan, no adoran nada, no consagran nada ni son supersticiosos), y no me interesa si ser ateo está o no de moda, me gustaría más que dijeran “pensar está de moda”. [1]

Tal vez muchas personas  ignoran la extensión a la cual el ateísmo y el agnosticismo han cegado a nuestros países. Virtualmente cada departamento en nuestras universidades del estado ha sido infiltrado por las presuposiciones humanísticas y ateísticas. El estudio y la investigación se conducen desde un sistema evolutivo y relativista que se deshace de la noción de Dios en absoluto, o que la diluye lo suficiente para nulificar efectivamente la representación bíblica de la deidad. El salmista anticipó todo este comportamiento siglos atrás cuando escribió: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1; 53:1). A  causa de su incapacidad de discernir cosas espirituales (1 Corintios 2:14), los cosmonautas soviéticos miraron fuera de su nave espacial en la década de 1950 y, mofándose, preguntaron, “¿Dónde está Dios?”, haciendo eco otra vez a las palabras del salmista: “¿Por qué han de decir las gentes: dónde está ahora su Dios? Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Salmos 115:2,3). El orgullo es un peligro mortal que no nos deja ver la verdad. “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Salmos 10:4). Pero el Universo “declara” la obra evidente del Creador (Salmos 19:1). ¿No consideraríamos a una persona como “necia” si levantara un reloj y proclamara, “no existe relojero”? Aunque él no hubiera visto al creador y diseñador del reloj, la misma existencia del reloj prueba la existencia del relojero. Se requiere muy poca investigación para ver que un reloj es un instrumento crudo y simple comparado a los cronómetros gloriosos y complejos del Universo. Aquellos que ven “las cosas hechas” y niegan al mismo que las hizo “no tienen excusa” (Romanos 1:20). El reconocimiento de la existencia del Creador debe guiar a toda persona a buscar Su voluntad. Alguien puede expresar una creencia verbal en la existencia de Dios mientras que puede ser un ateo en práctica. Tal persona declara, “No hay Dios” por medio de sus acciones. Al no ser devoto a Dios, incluso cuando se considere un cristiano, esta persona está negando al Señor (1 Timoteo 5:8; 2 Timoteo 3:5; Tito 1:16). Esta persona puede negar Su gran acto de amor, misericordia y gracia (Tito 2:11,12; Hebreos 2:3). Puede olvidar e ignorar la gran destrucción venidera (2 Pedro 3:10-12). ¿Quién desea ser un necio? ¿Quién quiere vivir realmente una existencia necia? La persona sabia, perspicaz y noble, es aquella que examina la evidencia y saca la conclusión justificada (Hechos 17:11; 1 Tesalonicenses 5:21). Solamente un necio declararía: “No hay Dios.[2]

A veces deberíamos ser tan sencillos y humildes al reconocer la existencia de Dios. Es como el caso de aquella niña que estaba haciendo un dibujo y su maestra le preguntó: ¿Qué haces? A lo que ella le dijo: “Hago un retrato de Dios”. La maestra le respondió “Nadie conoce como es Dios”. Y la niña le dijo: “En un momento lo sabrán”

En esta oportunidad quiero tomar tiempo para poder enfocar la espiritualidad como una respuesta a los desafíos del mundo en que vivimos. Hoy más que nunca debemos hacer que nuestra fe sea defendida ante la agresión de la maldad, del relativismo moral y de la corrupción social y sexual del presente siglo. Quiero hablar de cuatro  cosas que nuestra espiritualidad debe hacer ante los desafíos de este mundo. En primer lugar nuestra espiritualidad cristiana desenmascara la concepción  material. (14:1). Esto sería un desafío contra el humanismo. En segundo lugar la espiritualidad  cristiana denuncia la corrupción moral. Esto sería un desafío contra el relativismo. (14:2-4) Y en tercer lugar la espiritualidad cristiana declara la consecuencia  espiritual (14:5-7) Esto sería un desafío con el cristianismo.

I.                    En primer lugar LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DESENMASCARA la concepción material. Es un desafío al humanismo. (14:1)

En el salmo que tenemos en  estudio  hay tres grandes retos importantes  que debemos desenmascarar si queremos tener una espiritualidad fuerte y firme.

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