El alboroto homosexual


La rapidez con la cual los activistas homosexuales están presionando en centroamerica para extender el matrimonio entre el mismo sexo es pasmoso. Los mandatarios de varios países latinoamericanos se han encargado de buscar expedir certificados matrimoniales para los cónyuges homosexuales en sus naciones (Argentina, Ecuador, etc). Estos eventos eran inevitables debido a la decisión sin precedente histórico o constitucional de muchas legislaciones para eliminar las leyes en contra de la sodomía Las decisiones legislativas en estos países ha sido un cambio contra los principios que esas mismas constituciones defendía las leyes estatales contra la sodomía y reforzaba la postura histórica que la homosexualidad no es un derecho constitucional.

Por ejemplo los técnicos sociales de la “corrección política” han estado trabajando horas extras por más de 40 años para reestructurar la moralidad pública. La Asociación Psiquiátrica Americana borró la homosexualidad de su nomenclatura oficial de desórdenes mentales, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM—siglas en inglés) lo hizo en 1973 (vea “Gay and Lesbian…”, 2002). La Asociación Psicológica Americana siguió su ejemplo en 1975 (Herek, 2002). Los Fundadores de los Estados Unidos no lo creerían y estarían furiosos e indignados. Ellos entendieron que la aceptación de la homosexualidad socavaría y corroería los fundamentos morales de la civilización.

La sodomía, el término histórico antiguo para las relaciones entre el mismo sexo, fue tratada como una ofensa criminal en todas las trece colonias americanas originales, y finalmente en cada uno de los cincuenta estados (vea Robinson, 2003; “Sodomy Laws…”, 2003). Se invocaban penalidades severas para aquellos que se comprometían en la homosexualidad. De hecho, pocos americanos todavía saben que la penalidad para la homosexualidad en varios estados era la muerte—incluyendo los estados de New York, Vermont, Connecticut y South Carolina (Barton, 2000, pp. 306,482). Mucha gente hoy en día se escandalizaría al saber que Thomas Jefferson defendió la castración como la penalidad para la homosexualidad en su estado natal de Virginia, e incluso escribió un proyecto de ley con ese fin (1903, 1:226-227).

¿De dónde derivaron sus perspectivas sobre la homosexualidad los Fundadores y ciudadanos norteamericanos? La respuesta históricamente inequívoca es de la Biblia. El matrimonio “tradicional” (i.e., bíblico) en los Estados Unidos ha sido entre un hombre y una mujer. En las palabras de Jesús: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:4,5, énfasis añadido). Él estaba citando simplemente el enunciado que Dios hizo concerniente a Su creación del primer hombre y mujer (Génesis 1:27; 2:24). Dios creó a Adán y Eva—no a Adán e Iván o Eva y Melva.

En la escena principal de la historia humana, mientras las civilizaciones han tomado el camino al deterioro moral y al fracaso final, la aceptación de las relaciones entre el mismo sexo típicamente han desencadenado las etapas finales de la implosión social inminente. Nuestras naciones están siendo atraídas al mismo borde de la destrucción moral. Parece que la advertencia dada por Dios a Israel concerniente a su capacidad de mantener su existencia nacional en la Tierra Prometida es igualmente adecuada para Centroamerica:

No te echarás con varón como con mujer; es abominación… En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones… no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros” (Levítico 8:22-28, énfasis añadido).

A menos que se haga algo para parar la degeneración moral, Centroamérica haría bien en prepararse para la expulsión divina.

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