Las madres según apocalipsis II parte


I.    En primer lugar las realidades de la maternidad nos llevan a la COMPRENSIÓN  de ser madres. (12:1-4)

El capítulo doce del Apocalipsis presenta una narrativa sumamente dramática de una lucha desigual entre una mujer encinta y un feroz dragón con hambre.  Es la historia de una mujer acosada por las fuerzas de maldad en su más extrema realidad.  Comienza con dos “señales en el cielo”, lo que nos avisa de antemano que el relato será simbólico, con significado trascendental y arquetípico.

1Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. 2Estaba encinta y gritaba por los dolores y angustias del parto. 3Y apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo encendido que tenía siete cabezas y diez cuernos, y una diadema en cada cabeza.”  

El Apocalipsis bien podría haber terminado con la séptima trompeta, en que “el reino de este mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (11:15) y “ha llegado tu castigo, el momento para juzgar a los muertos” (11:18).  Los once primeros capítulos del Apocalipsis hubieran constituido un mensaje muy coherente y completo, con su clímax en la séptima trompeta.  Del doce en adelante, Juan vuelve a contar lo que es básicamente la misma historia desde un ángulo muy distinto. En el interludio entre la sexta trompeta y la séptima, Dios renueva la vocación profética de Juan, pero ahora, a diferencia de la primera mitad del libro, Dios le llama a profetizar “sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (10:11).  Ese mandato, Juan lo cumple en la segunda mitad de su libro.  Juan Stam dice que  “La fórmula cuatro partita de 10:11 es muy típica en Apocalipsis, pero casi siempre aparece distinta, y sólo en 10:11 incluye “reyes” (en lugar de “tribus”). Ese hecho, que no puede ser casual, intensifica notablemente la concentración política de la vocación de Juan para el resto del libro, y es precisamente lo que procede a hacer: denuncia, sin ambages ni pelos en la lengua, al imperio romano y a sus emperadores.  Sin esa clave política, anunciada ya en 10:11, es imposible entender bien los capítulos 12-22. Podemos identificar en los capítulos 12-19 por lo menos cuatro temas y propósitos de este macro-bloque textual: ofrecer un análisis y una crítica proféticos de la política de su época; articular una teología de toda la historia humana como lucha entre Dios y el diablo, desde la creación del mundo (Génesis 3:15) hasta la nueva creación; explicar el porqué de la persecución de los fieles cuando sabemos que Cristo ya venció y el diablo está derrotado; y finalmente, infundir esperanza por insistir una y otra vez en el triunfo final del reino de Dios.  En ese contexto, el relato del parto de la mujer es la introducción a todo el resto del libro y la clave central a su sentido y mensaje. (http://juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryId/112/Default.aspx)

En la narración de 12:1-6, 13-16 figuran tres personalidades centrales y reales cada una de ellas representara las tres realidades que tenemos en el mundo del siglo XXI: la mujer, el dragón y el niño.  El texto dice explícitamente que el dragón representa al diablo, la antigua serpiente (12:9-10), y la alusión al Salmo 2, que a la época se interpretaba mesiánicamente (12:5), nos permite entender que el niño es Jesús.  El significado simbólico de la mujer es más complicado y muy discutido.  La mejor conclusión es que el simbolismo de ella funciona en varios niveles.  En el nivel fundamental ella es Eva, la mujer de Génesis 3:15 cuya prole luchará en dura lid contra la serpiente, lo cual es precisamente lo que ocurre en este capítulo del último libro de las Escrituras.  Ella representa también a Israel, o más exactamente a Sión, la parturienta que engendra al Mesías (Isa 26:15-18; Jeremías  4:31; Miqueas 4:9-10).  Bien puede representar a María, también, como madre biológica de Jesús, pero una María que grita con dolores de parto (12:2) y tiene otros hijos (12:7).  Por otra parte, después de la ascensión del niño a su trono (12:5), la mujer se transforma en símbolo de la iglesia perseguida (12:6,13-17).  Aunque el dragón se presenta en este pasaje como feroz y muy temible, devorador de niños, de hecho nada le va bien.  Espera, con el agua en la boca, el nacimiento del niño (su rival), pero el niño apenas nace y es arrebatado al cielo; en vez de terminar dentro del estomago del malvado dragón, el niño termina sentado en el trono del universo (12:5). Quiero que veamos entonces

  1. A.     La realidad de la mujer

En este pasaje encontramos la primera realidad de la mujer. Tiene que ver con la explicación de la realidad. “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida  del sol con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce  estrellas”. El verbo “apareció”,  es ophtei) es el aoristo indicativo, voz pasiva de “horao” que significa “ver, aparecer y en la voz pasiva (“verse”, “dejarse ver”. El sustantivo “señal” (Simeoin) aparece aquí por primera vez en  el Apocalipsis. Dicha señal  es calificada como grande.  La mencionada “gran señal” sugiere que se trata de algo que  posee un profundo significado espiritual. Al ser usada la mujer como una señal en Apocalipsis demuestra la tremenda importancia que tiene el rol de la mujer en los ambientes espirituales. No es posible que las madres no se den cuenta  del tremendo impacto que tienen en sus hijos. El  sustantivo “señal” sugiere además que lo que es visto en el cielo es una manifestación o representación de algo simbolizado por dicha señal. Para Juan   “simeion” es una (señal, un indicador, una marca, o algo que  uno puede ver) en realidad lo ve. Es una realidad llena de significado, pero que no es  un fin en sí misma, sino que tiene  como objeto  que los hombres miren más allá de ella. En el caso concreto de Apocalipsis 12:1, la “señal” no es un acontecimiento sino una persona que posee un significado especial. Esta señal se proyecta tanto hacia el pasado (el nacimiento del Mesías) como hacia el futuro (el día en que regirá las naciones como soberano de todo). La segunda  es la implicación de la realidad. Y estando en cinta” y el vrs. 5 “dio a luz”. Es importante nota que estos versículos  constituyen una prueba  que la mujer simboliza a Israel. El cuadro que representa en el texto señala muchos  pasajes del AT en los que Israel  se asemeja a una mujer  que está en dolores de parto. (Isaías  13:8; 21:3,26: 17 18; Oseas  3:13; Miqueas 4:10).Los verbos usados con el versículo son descriptivos de dolor profundo. “Clamaba” (kratse) es el presente indicativo, voz activa, el verbo que significa ( gritar con voz fuerte”). El tiempo presente destaca el aspecto continuo de la acción. La expresión “dolores de parto” es el participio  presente, voz activa  de “odíno”. Esta forma verbal  describe el trauma  de los dolores que siente una mujer  durante el proceso de alumbramiento. La frase “en la angustia del alumbramiento” es epexegética, es decir, añade una descripción adicional de lo dicho anteriormente. Literalmente dice: (y estando atormentada para parir). El profeta Isaías  expresa el sentido  de dicha frase cuando dice: “Como la mujer  encinta  cuando se acerca el alumbramiento  gime  y da gritos en sus dolores… (Isaías  26:17). Las implicaciones de esta realidad estriban en que tanto el embarazo como el parto son símbolos del costo que una madre debe pagar para traer los hijos a este mundo.  Por esta razón las madres son más sensibles al sufrimiento de sus hijos porque desde el alumbramiento lo han sentido.  La complicación de la realidad. La historia de una madre sola: Lo primero que nos llama la atención es que para este mensaje tan trascendental, Juan comienza narrando la historia de una madre sola.  Ahí, gimiendo y retorciéndose en sus dolores de parto, frente al monstruoso dragón, ella se encuentra absolutamente sola, aislada, abandonada, sin nadie a su lado.  En todo el relato no aparece José ni otros defensores de ella, ni tampoco otras mujeres solidarias con ella.  Sólo la acompaña en el escenario su horrendo enemigo, el dragón, y no le quedarían dudas a ella de cuáles fueron las intenciones de ese malvado monstruo. Ella gritaba, pero sólo el dragón escuchaba su clamor, y lo escuchaba con la malévola satisfacción de quién estaba al punto de devorar a la criatura. Claro, sabemos bien que ella no estaba sola, que Dios estaba con ella y la iba a amparar, ¿pero lo sabía ella? Dios sólo aparece en el relato después; la narrativa destaca con sumo dramatismo la absoluta soledad de ella.  Aun cuando Dios interviene para rescatar al bebé, ¿lo habrá entendido ella?  Nada indica que sí. Lo que ella debe de haber sentido, en la angustia de su soledad, probablemente era también la ausencia de Dios, igual que el salmista en diferentes momentos.  ¿Qué puede haber más angustioso que creer en Dios pero sentir sólo su ausencia, nada de su presencia? Es sorprendente darnos cuenta que este pasaje nos relata la navidad según el Apocalipsis.  Para esta mujer no fue nada de “oh santísimo, felicísimo, grato tiempo de Navidad” ni tampoco “Navidad, navidad, es un día de alegría y felicidad”.  Esta mujer no cantaba villancicos sino gritaba alaridos de sus dolores de parto.  El pasaje nos advierte contra el peligro de sentimentalizar y romantizar demasiado la navidad y celebrarla con total insensibilidad hacia los que sufren.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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