Un rato colorado que toda una vida descolorida: Esaú II parte


II.                    En segundo lugar disfrutar el momento a costa del mandamiento es PECAMINOSO (25:31-33)

Hemos pasado del peligro al pecado. Esaú se introdujo en una arena muy peligrosa, y como consecuencia terminaría en un serio pecado. ¿Cómo cayó en pecado? Bueno en el texto vemos tres dimensiones del peligro de no darnos cuenta que ya estamos en un serio pecado y desafío a Dios.

  • Lo pecaminoso es SUTIL: Jacob…véndeme tu progenitura”

Siempre me ha intrigado que lo malo y el que nos hace caer a veces es el más cercano a nosotros y del que esperamos que no nos vaya a tender una trampa. La forma en que el enemigo atacó a Esaú fue por medio de su hermano, en un momento débil y con  una propuesta a corto plazo pero llena de placer. Jacob se aprovechó de él una vez que lo vio en sus manos.

  • Lo pecaminoso es INFANTIL: “He aquí yo me voy a morir”

La venta de la primogenitura cuando viene con hambre, muestra un hombre que no le importa nada hasta comer y satisfacer su hambre. Seguramente que Esaú venía cansado, y “olía” bien fuerte a alguien que no se había bañado por varios días, viniendo del campo, y seguramente que sí traía mucha hambre; pero cuando Esaú dice: “Me voy a Morir” muestra que está exagerando, y muestra su verdadero carácter, que busca lo suyo propio, aún hasta si tiene que vender su alma. ¿Cómo puede pensar que se va a morir? Ya está cerca de la casa, y allí tiene todas las viandas que quiere. Pero simplemente exagera su necesidad, de tal manera que la justifica para que sus decisiones no sean juzgadas. Si hay una cosa que me he dado cuenta es que el pecado nos hace vernos infantiles. Piense por un momento en Aarón. El cede ante la presión del pueblo de Israel. Dice Éxodo 32:2: “Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos…y el los tomó…y le dio forma…e hizo  de ellos un becerro de fundición”. Es decir la Biblia es clara en decir que el fue el de la idea del becerro de oro. Ahora ¿Qué sucede cuando Moisés lo confronta? Éxodo 32:22: “No se enoje mi  señor…Y me lo dieron  y lo eché en el fuego, y salió este becerro” Jajaja! Que tremenda respuesta. El becerro salió de casualidad. Que infantil su respuesta.

  • Lo pecaminoso es FÚTIL: ¿Para qué pues me servirá la primogenitura?

El diccionario dice de fútil: de poco aprecio o importancia. Esaú ha perdido todo contacto con la realidad. Sólo debía caminar un poco más y hacer uso de su primogenitura. De hecho esa primogenitura le daba derecho al doble de todo.  Para los orientales, la primogenitura era muy valiosa. El hijo mayor recibía casi siempre una doble porción y la responsabilidad de estar encargado de todos los hermanos. Parece como que uno se preguntara, ¿qué tiene que ver la primogenitura con lo espiritual? Bueno, había una bendición de Dios para el hijo mayor. Despreciar la responsabilidad de hijo mayor, mostraba un carácter irresponsable. En esa Primogenitura estaban incluidas las promesas que Dios le había dado a su abuelo Abraham, y luego a su padre Isaac, y que él, como primogénito, sería parte de esa herencia y Promesa. Debemos notar que la cita de Hebreos lo junta con los inmorales (fornicarios), y los que están a punto de dejar la gracia de Dios. El profano, siendo que es irreligioso, o que no le importa, bien puede unirse a esos otros. (http://pastordanielbrito.wordpress.com/2011/02/06/esau-el-profano/). Pero perdió de vista ese mandamiento por el momento de urgencia que tenía. También muestra su deseo de GRATIFICACIÓN INSTANTÁNEA. ¡Qué lección para nosotros hoy día que estamos siendo testigos de eso mismo! Estamos viviendo en medio de una sociedad egoísta, que solo piensa en la gratificación instantánea sin importar las consecuencias hacia sus semejantes. Esaú se come el plato, y se levanta como si nada. Despreció lo que le pertenecía por un plato de lentejas, sin pensar en ese momento en las consecuencias. El relato de Génesis 25:34 es bien claro: “Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. El comió y bebió, se levantó y se fue. Así despreció Esaú la primogenitura.” (NBLH) Para nosotros hoy día, esta porción del Texto Sagrado nos deja una gran lección, y es sobre aquellos que como Esaú, buscan un evangelio fácil.

 

III.                  En tercer lugar disfrutar el momento a costa del mandamiento se paga un PENOSO (25:34; Hebreos 12:17)

Veamos el proceso que siguió Esaú: primero cedió a sus deseos carnales, segundo menosprecio sus valores espirituales, tercero  comprometió sus valores y cuarto entrego sus valores.  Hay ciertas cosas que comprometen tus valores y tú  testimonio: Lugares que visitas, cosas que toleras, amistades con  quienes intimidas, cosas del mundo que imitas, etc. Los creyentes que toman la mala decisión de participar de placeres  mundanos, están comprometiendo y vendiendo a Satanás sus  valores. Cuando vemos Hebreos 12:17 vemos que cuando  tomamos decisiones que luego lamentamos, no  podemos hacer retroceder el tiempo para reversarla. Los padres que pierden su reputación se quedan sin calidad moral  para pedir rectitud de vida a los hijos y nietos. La joven que vende  su pureza pierde el privilegio de exigir un matrimonio digno de una muchacha virgen. El tiempo no alcanzaría para citar  consecuencias de lo penoso de la vida después del momento gratificante. El joven que pierde la  condición de irreprensible se descarta para el pastorado. La mayor pena de Esaú es que perdió la bendición de su vida de por vida. Ya no sería el privilegiado, sino su hermano. Más adelante perdería la bendición de su padre.

  • El Punto Práctico

 

Mi meta especial, en este momento, es tomar este llanto sumamente amargo del desilusionado Esaú, y usarlo con dos propósitos: primero, a manera de advertencia; y, segundo, a manera de estímulo, tomándolo entonces fuera de su contexto inmediato.

A manera de advertencia. 

Primero, tengamos cuidado,  de no renunciar jamás a los beneficios espirituales a cambio de cualquier cosa que sea carnal, o permutar las bendiciones eternas por algo temporal. Esaú regresó hambriento y desfallecido de la cacería; el plato del guiso rojo tenía un olor exquisito para él, y cuando pidió comer del guiso de la manera que un hombre hambriento ansía la comida, su astuto hermano se lo vendió a cambio de la primogenitura que le correspondía a Esaú como hijo mayor de Isaac. El pecado de Esaú consistió en su resolución de vender la bendición del pacto a un precio como ese; sin embargo, ¡cuántas personas hoy en día, están vendiendo sus almas tan barato como el precio en que Esaú vendió su primogenitura!  Algunos venden sus almas por lo que ellos llaman “placer”. Afirman que desean ser consagrados, pero una pequeña diversión pasajera ejerce mayor fascinación en sus mentes, que todas las eternas dichas o los deleites de la presente comunión con Dios.  Algunos  venden sus almas por alguna ganancia. Están haciendo dinero. Para muchos, el brillo de las treinta piezas de plata es más fascinante que el Cristo de Dios; y, a la manera de Judas, toman la plata, rechazan deliberadamente al Salvador, y así cometen un suicidio espiritual.

Otros pueden vender  sus almas por causa del amor de sus amigos. Algunos han llegado a vender sus almas por la copa del ebrio. La copa intoxicante, que raramente es un beneficio para alguien, si es que pudiera serlo alguna vez aun cuando fuera tomada, según se dice, con moderación-, conduce a la certera condenación de muchos que tomen una sola gota de ella. Ha atraído a miles a las fauces del infierno; no pudieron resistir su embrujo una vez que fue ingerida. Es demasiado cierto que algunos hombres que una vez fueron honorables y amantes esposos y padres, se volvieron bestias y monstruos; es más, quizás calumniamos a las bestias cuando las comparamos  con muchos hombres que he visto que parecían haberse convertido en demonios encarnados gracias al fuerte licor.  Otros han vendido sus almas por la concupiscencia

Segundo, tengamos  cuidado de no contentarnos  con una bendición secundaria. A Esaú no parecía preocuparle que Jacob tuviera la bendición espiritual; como no podía obtenerla, parecía dispuesto a contentarse con una bendición temporal; y muchos hombres dicen: “a mí denme un próspero negocio, o abundancia de alimento y bebida; quiero divertirme, y vivir mi vida a plenitud; en cuanto a esos gozos de los que hablan los cristianos, me importan un bledo.
¿Vale la pena hacer un convenio como ese: comprar un plato de guiso rojo al precio de su alma inmortal? Debemos comprometernos  a que compremos la verdad, y no la vendamos.

Ahora a manera de estímulo.

Yo quisiera que, en este mismo momento, se alzara de muchos corazones este grito de Esaú, aunque dándole un significado mucho más elevado: “¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío.”  Yo desearía que continuaran reflexionando en ese tono, tanto aquí como en su casa; tal vez Dios bendecirá ese monólogo, y especialmente si le agregan esta oración: “oh Señor, ya es tiempo de que tenga Tu bendición. ¡Bendíceme, sí, bendíceme también a mí, oh Padre mío! ¡No me hagas a un lado, oh Tú, Dios amante, lleno de gracia y perdonador, ten misericordia de mí, y sálvame!   ¿Acaso no te estimula la plenitud de Dios, quienquiera que seas, a buscar Su bendición? Esaú sólo le pudo preguntar a su padre: “¿No tienes más que una sola bendición?” Y, verdaderamente, su padre sólo tenía una bendición que valiera la pena tener; pero nosotros no le estamos  hablando a Isaac, sino que le estamos hablando a Jehová; y cuando nos acerquemos a Él para buscar Su bendición, debemos saber que Él puede bendecir a tantos como quiera. Él es un Dios infinito, capaz de conceder a todos aquellos que se acerquen a Él todo lo que necesitan.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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