Anorexia Escritural


Estaba inquieto por este versículo. Bueno cada vez que me lo vuelvo a encontrar me da cierta espinita sobre el futuro de la iglesia. Lea  lo que dice el profeta: “He aquí vienen días,  dice Jehová el Señor,  en los cuales enviaré hambre a la tierra,  no hambre de pan,  ni sed de agua,  sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová,  y no la hallarán” (Amos 8:11-12). Es importante recalcar la gran carencia de predicadores expositivos hoy en día. Si este versículo tiene su cumplimiento inmediato en el tiempo de Amós, es decir fue para el tiempo en que Israel estaba viviendo una etapa cómoda y sin deseo de escuchar la voz profética, entonces debió ser muy triste cuando Dios envió esa “hambre de la palabra de Dios”. Sin embargo considero que este pasaje todavía tiene un cumplimiento a largo plazo y es más universal que local. Creo que estamos entrando en esta época nuevamente. Y es que la austeridad de la predicación bíblica se empaña de modo significativo debido a que los comunicadores contemporáneos están más preocupados de la relevancia personal que de la revelación de Dios.  La Escritura inequívocamente requiere una proclamación centrada en la voluntad de Dios  y en la obligación que tiene la humanidad de obedecer. El patrón expositivo  se recomienda a sí mismo, mediante hombres totalmente comprometidos con  la Palabra de Dios, como predicación que es fiel a la Biblia. La exposición   presupone un proceso exegético que extrae el significado que Dios le dio a la  Escritura y una explicación de ese significado  en una manera  contemporánea. Es necesario recapturar la esencia bíblica y el espíritu  apostólico  de la predicación expositiva en el entrenamiento y la predicación  de hombres que están dedicados a “predicar la Palabra”. Pienso que la iglesia le debería apostar en el futuro dentro de sus esquemas educativos a  la de formar predicadores de este tipo. Como vemos en el libro de Amós   ocho siglos antes de Cristo, el reino del norte se sentía confiado debido a la prosperidad económica y auge comercial de la nación. Sin embargo, espiritualmente, las normas verdaderas habían desaparecido: poca honradez, maltrato a los pobres, desenfreno aristocrático, etc. Como juicio divino, Dios les envió al cautiverio y sequías de la corriente de la revelación divina. Dios determinó poner fin al ministerio profético: no más palabra de orientación y seguridad de parte de Dios. El resultado fue almas inquietas y frenéticas.

Insisto la condición de hoy es similar a la de los días de Amós, aun en muchos círculos “evangélicos”: hambruna espiritual.  A diferencia de los primeros cristianos de los primeros siglos, de la reforma, del despertar puritano, del avivamiento evangélico y del gran movimiento misionero del siglo XIX, la iglesia de hoy carece de certeza. La razón no está en el secularismo, sino en el rechazo a la palabra de Dios. Se puede decir que, en términos generales, por 18 siglos, el mundo no tuvo dudas acerca de si la Biblia es la revelación inspirada de Dios. La enseñanza histórica de la reforma protestante con relación a las Escrituras se puede resumir en 3 enunciados: La inspiración, la autoridad y la dependencia.  1- La inspiración de las Escrituras como palabra de Dios: “Ahora solamente tenemos las Escrituras, en las que Dios ha querido que Su verdad fuese publicada y conocida hasta el fin. Los creyentes reconocen que es como si Dios mismo les estuviese hablando de viva voz por medio de ella”, Calvino, Juan, Institución de la religión cristiana, libro I, capítulo VII. 2- La autoridad de La Palabra como norma de fe y vida: “Mi conciencia está sujeta a la palabra de Dios, y no es honrado ni seguro obrar en contra de la propia conciencia” Martín Lutero; “Creemos, confesamos y enseñamos que la sola regla y norma por la cual todos los dogmas y todo maestro debe ser evaluado y juzgado, debe ser nada menos que los escritos proféticos y apostólicos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento”. Formula Luterana de la Concordia, 1580.                      3- Dependencia de las Escrituras como medio de gracia: “Las Escrituras de Dios es la carne celestial de nuestras almas;…es lámpara a nuestros pies, e instrumento de salvación seguro, firme y eterno;…consuela, alegra, regocija y guarda nuestra conciencia;…las palabras de las Sagradas Escrituras sean llamadas palabras de vida eterna; por ser instrumento de Dios para ese mismo propósito. Tienen poder para cambiar, a través de la promesa de Dios… y al ser recibidos en un corazón fiel, siempre tienen un espíritu celestial actuando en ellos”. Las Homiliadas. P.3.    Estas enseñanzas se resumieron bajo la famosa frase reformada, “Sola Scritura”, la cual surgió en contra de la posición Católico Romana afirmada en el concilio de Trento, 1545-63), la cual proponía: 1- Dos fuentes de Revelación: La Escritura y la tradición. 2- La Escritura no es suficiente para dar el conocimiento salvador de Dios. 3- Por encima de la Escritura y la tradición está la autoridad de la iglesia en la persona del papa, quien es infalible y es quien, en realidad, define la doctrina.   En este país de El Salvador existen Universidades autonombradas evangélicas y cuyas facultades de teología en lugar de enseñar estas verdades escriturales, están enseñando toda una filosofía herética teológica.  Y es que las dudas con relación a las Escrituras comienzan en el siglo XVII, cuando influenciado por el racionalismo, el médico francés, Jean Astruc, puso los cimientos del criticismo, al poner en duda la paternidad literaria del Pentateuco. Al atacar a Las Escrituras por su mismo cimiento, se comenzó a romper la relación entre la revelación (la palabra de Dios) y la Biblia. Surgieron varias posiciones erradas al respecto: liberalismo teológico y neoortodoxia. El  Liberalismo teológico se puede resumir en un simple enunciado: La Biblia contiene la palabra de Dios. Inspirado por el racionalismo, niega todo lo sobrenatural y por tanto, la revelación, la cual es sobrenatural en sí misma. Dos vertientes se desprenden de esta presuposición: a) Ala derecha (Visión de la iluminación): La revelación se encuentra en algunos lugares de la Escritura, en los cuales, Dios concedió a hombres piadosos una percepción profunda de Su verdad. b) Ala izquierda (Visión de la intuición): La Biblia no revela a Dios, sino al pensamiento cambiante del hombre con relación a Dios.  El otro movimiento  es 2- La neoortodoxia (reacción contra liberalismo). Y cuyo pensar se puede resumir  en este concepto La Biblia se convierte en la palabra de Dios. Al igual que la anterior  se divide  en a) Ala derecha (La visión existencial de Karl Barth): Enseña que la Biblia se convierte en la palabra de Dios cuando El escoge usar un medio imperfecto (la Biblia) para tener un encuentro con El (experiencia existencial). b) Ala izquierda (La visión de desmitificación de Rudolf Bultmann): Enseña que el exégeta Bíblico debe descubrir dentro de todos esos mitos la revelación de Dios. ¿Qué pasó con estas teorías y cuál ha sido el impacto en el estudio de la Palabra de Dios? Los resultados de este giro con relación a la revelación han sido los siguientes: 1- Se ha socavado la predicación, pues el verdadero concepto de la predicación es que el predicador se convierta en un vocero del texto.  2- Se ha debilitado la enseñanza. Si la Biblia no es la revelación de Dios, no hay interés en aprender doctrina bíblica. 3- Se ha debilitado la fe, la cual se alimenta de las promesas de la Biblia.  4- Se ha desalentado la lectura de las Escrituras entre los laicos.  Así que tenemos por delante un gran reto como iglesias cristianas bíblicas. Debemos comenzar a preparar predicadores expositivos para que el último gran avivamiento de la tierra llegue, antes de que aparezca el fin.  “Avivarnos de nuevo es prerrogativa de Dios, y solo de Él. Pero podemos sacar las piedras de tropiezo sobre las que hemos caído. Podemos ponernos a reconsiderar las doctrinas de revelación e inspiración de un modo que, a la vez que no rechacemos la luz que el estudio moderno ha arrojado sobre los aspectos humanos de las Escrituras, lo cultural, lo lingüístico, lo histórico, etc., elimine todo escepticismo acerca de su divinidad y eterna verdad. Es un momento en que debemos prepararnos para alimentar toda esa hambre espiritual que está a punto de venir, profetizada en Amós. Dios dijo: “Enviaré hambre a la tierra…de oír la palabra de Jehová”. No sería por casualidad. Dios dijo: “Enviaré”. No debemos pensar que esta hambre de la Palabra se refiere a la lectura de la Biblia solamente. Obviamente tenían el Torah, los primeros cinco libros de Moisés. No lo tenían en sus casas, porque fue escrito a mano en pergaminos. Pero podrían escuchar su lectura en el día de adoración. Esta hambre era hambre de predicación, hambre de contundente predicación profética. Dios, en Su infinito amor por Israel envió sus mensajes a través de sus siervos para llamarle de vuelta en el camino de Su elección y Su conformidad de Su voluntad para con ella. Pero estos profetas….fueron rechazados; sus mensajes eran despreciados, y se les dijo que [dejaran de predicar]. Ahora el Señor le dice [a Judá] que, puesto que había despreciado Su Palabra a través de los profetas cuando había sido traída a ella, ella conocería el [fin] de toda comunicación profética. La Palabra del Señor, será retirada de ella. Cuando la gente no quiere oír la predicación llena del Espíritu Santo, Dios la retira – como castigo judicial. Hay varios ejemplos de esto en la Biblia. El Rey Saúl rechazó las palabras proféticas de Samuel, y Jehová no le respondió (I Samuel 28:6). En el libro de Ezequiel leemos: “Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo” (Ezequiel 7:25-26). Miqueas 3:6, 7 dijo que Dios iba a juzgar a Judá deteniendo a los profetas de predicar. Dios trajo el fin a la predicación profética como un “castigo divino por esta oposición a la verdad. El impío sacerdote Amasias dijo a Amós: “No profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino” (Amos 7:13). Y, así, Dios juzgó a Israel mandando un hambre “de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). En el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo lloró sobre la ciudad de Jerusalén, diciendo: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta…Y Jesús salió del templo y se iba” (Mateo 23:37, 38; 24:1). En otro momento, después de que Jesús sanó al endemoniado de Gadara, “toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos” (Mateo 8:34). Él se fue. Y nunca volvió de nuevo. Ellos lo rechazaron, y Él los dejó permanentemente en sus pecados. En el Libro de los Hechos “Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo” (Hechos 18:5). “Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles” (Hechos 18:6).En el último capítulo de II Crónicas leemos: “Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio. Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos” (II Crónicas 36:15-17). Así vemos en la Biblia que Dios a menudo elimina la fuerte predicación profética como un juicio cuando es rechazada. Es un castigo judicial de Dios. He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed” (Amós 8:11-13). El diablo no va a causar ningún problema a un predicador que está muerto de miedo de su congregación y preocupado por su trabajo al grado que él predica durante treinta minutos y el resumen de lo que dice es “Sé bueno y te sentirás mejor”. ¡Puedes ser tan bueno como desees y todavía ir al infierno si no has puesto tu confianza en Jesucristo! El diablo no va a perder su tiempo en causar algún problema para el predicador, cuyo único mensaje es: “¡Se bueno!” Cualquier hombre con dones del púlpito puede seguir adelante con la congregación promedio si él sólo los “alimenta” y los deja en paz. Dales mucho de la verdad objetiva y no insinúes que están equivocados, y estarán contentos. Por otro lado, el hombre que predica la verdad y la aplica a la vida de sus oyentes sentirá los clavos y las espinas. Llevará una vida dura, pero gloriosa. Que Dios levante tales profetas. La iglesia los necesita mucho.  Hay hambre de gran predicación, hambre de predicación que agita la conciencia, hambre de predicación que rompe el corazón, hambre de predicación que desgarra el alma, hambre de la predicación que nuestros padres conocían que mantenía a los hombres despiertos toda la noche para que no cayeran en el infierno. Repito: “Hay un hambre de la palabra de Jehová.” Hay un hambre de fuerte predicación del evangelio. Hay un hambre de la predicación que nuestros padres conocían que mantenía a los hombres despiertos toda la noche para que no cayeran en el infierno”. Tenemos que decirte la verdad. Hemos sido llamados, como el profeta Amós, para decirte la verdad. No debemos retener la verdad. ¡Estamos obligados por Dios a decirte la verdad! ¡Estamos obligados por el Espíritu Santo a decirte la verdad! Deja que otros se rían. Que se burlen de nuestra predicación. Que rechacen lo que decimos, como el malvado sacerdote Amasias rechazó las advertencias del profeta Amós. Estamos obligados a decir lo que el profeta dijo a ese hombre pecador: “Tú morirás en tierra inmunda, y [tú] serás llevado cautivo lejos de tu tierra (Amós 7:17). Más pronto de lo que piensas te llegará la muerte. ¡Y allá irá tu alma, cayendo de cabeza en el fuego eterno! Deja que los demás se burlen y rían, y nos calumnien, como el falso sacerdote le hizo a Amós. Pero no podemos detener la Palabra del Señor.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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