Amor de Moteles


Bueno, les diré que no sé porque escribo sobre este tema. No lo sé,  a lo mejor Dios tiene sus propósitos. Quiero comenzar contándoles que durante casi 26 años viví en una colonia en donde habían instalado un motel. Durante mis tardes juveniles nos reuníamos a jugar fútbol con mis amigos de la cuadra. Y precisamente jugábamos al final de la calle en donde los vehículos entraban al motel. Para los que no conocen el concepto que estoy manejando, en nuestros países latinoamericanos un motel es una instalación donde se rentan cuartos por precios módicos con el propósito de que parejas (por supuesto en la mayoría de casos no esposos) puedan rentarlos para tener encuentros sexuales.  Para nosotros era muy divertido que a medio partido de fútbol nos hacíamos  a un lado para dejar pasar los vehículos que entraban en el sitio. Por lo general era común que cuando entraban las parejas, la mujer se agachaba para que no la vieran. Y así desaparecía por obra de magia y sólo se veían entrar al hombre. Y esto era tanto al entrar como al salir. Para serles sinceros, nunca estuve en un motel. Aunque durante 20 años fui una persona sin Cristo, nunca acostumbré tal práctica. Así que no conozco más de lo que había detrás de la puerta de aquel motel de mi colonia. Era obvio que lo que se hacía dentro no era lícito y era solamente de índole sexual. Después de vivir varios años el cristianismo me he dado cuenta que no sólo los inconversos usan los moteles sino que también muchos creyentes. Porque para serles honestos andan muchos por allí que practican todavía estas costumbres. ¿Qué sentirá un cristiano cuando está en una habitación con una mujer que ya sea no es su esposa o es una que encontró para tener una experiencia sexual (¿o una prostituta?) ¿Se queda Dios afuera? O ¿Es testigo de aquel acto? Dos pasajes me llamaron la atención con respecto a este tema. Y los dos están relacionados con un mismo personaje.

 El primero aparece en  Génesis 38:8-9. Oiga lo que dice: “Y  Onán sabía que la descendencia no sería suya; y acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba en tierra para no dar descendencia a su hermano. Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor; y también a él le quitó la vida”.

Es impresionante esta narración. A propósito no voy a usar este texto para condenar la masturbación, porque no encaja en esa práctica. De hecho algunas veces a la masturbación se le ha llamado el Onanismo, en honor a este señor. Pero no se le hace justicia al pasaje. Lo que sí quiero enfatizar en este texto es que Dios es testigo de nuestras prácticas sexuales conyugales e íntimas. El ve tanto lo que hacemos correctamente con nuestra pareja como lo que hacemos degeneradamente. Y por supuesto que esto cambia el panorama de la intimidad sexual.  Note algunos conceptos que se desprenden del pasaje.

Primero en este pasaje de amor de motel lo primero que vemos es que Dios conoce el corazón de todos los hombres y las motivaciones de sus acciones. Note que el texto dice que era responsabilidad de Onán darle descendencia a Tamar. Pero en realidad Onán no quería darle esa descendencia. Onán no quería darle un hijo a su hermano porque el primogénito no sería suyo, no llevaría su nombre y la herencia sería de él y no del padre. Sería padre biológico del hijo pero no legal.  Y ¿qué más le daba? De todos modos la herencia no sería suya tampoco si no engendraba un hijo. No quería tener un hijo, criarlo y que llevara el nombre de otro Sin embargo si quería acostarse con ella hasta el momento de su clímax y luego derramar su semen por tierra. Así que tenemos a un señor que quiere sexo pero sin compromiso. Ok. ¿Ya me entendió? Muchos de nosotros los hombres actuamos así. Vemos el sexo como una práctica beneficiosa pero no de compromiso. Así que los amores de motel promueven esto. Sexo “que se derrama por tierra”. Es decir sin ningún significado de vida solo de desahogo. En otras palabras, Onán tomó el sexo solo como una experiencia placentera. Si él realmente no quería tener un hijo para Tamar, nunca debió haber tenido relaciones sexuales con ella en lo absoluto. Se negó a cumplir con su obligación a su hermano muerto y a Tamar.

En segundo lugar en  el amor de motel  el Señor también mira con quién se tienen relaciones sexuales y cómo se efectúan. Note lo descriptivo que es Génesis. Siempre me he preguntado cómo supo Moisés (autor del libro, lo que sucedió en una alcoba cerrada). Y es que lo que hacemos a oscuras sexualmente no queda en el anonimato. Hay un registro celestial y un récord de lo que hicimos. Note que el texto describe el acto. Dice “se llegaba a su mujer”. Es decir cuando ambos están desnudos teniendo el coito. Pareciera ser blasfemo o muy directo lo que voy a decir, pero Dios ve el acto.  Nota que también dice no sólo del acto sino de la manera del acto. Dice la Escritura: “vertía en tierra”. Dios veía todo el encuentro. Es decir hay un tiempo que transcurre entre el sexo y el clímax. Dios fue testigo de eso y del momento del orgasmo. Perdónenme si soy muy “explícito en esto” pero incluso Dios es testigo en donde cae  el semen. ¿Muy fuerte para usted? Me lo imagino, lo ha sido para mí. El Espíritu dijo que el lecho matrimonial debe estar “sin macilla” (Hebreos 13: 4). ¿No dice el Señor que se cierre la puerta de la habitación y se ore en secreto porque Dios ve en secreto? (Mateo 6:6). ¿O es que Dios entra, si es que el Viviente que me ve, tiene que entrar, sólo cuando lo que se va hacer en la alcoba es un culto religioso? Cuando se cierra la puerta Dios no se queda afuera, está dentro y ve y oye todo lo que pase. Siempre el matrimonio se halla en la presencia de Dios. Y no crea,  también las prácticas sexuales en la intimidad están en la presencia de Dios. Muchos cristianos tienen en su mente preguntas curiosas. Una de las que muchas veces me han hecho en la intimidad los hombres, es ¿Hasta dónde es lícito la sexualidad entorté esposos cristianos? Bueno los dos principios anteriores como que nos ubican en la respuesta a esas preguntas.

Un tercer principio es que a Dios le repugnan algunas prácticas que se hacen en la intimidad de la alcoba. (Ya sea entre esposos como en los moteles).   Dios lo estaba mirando y le repugnó lo que hacía con su mujer porque en el matrimonio todo no es válido, hay cosas que se pueden hacer por común acuerdo de la pareja pero no de común acuerdo con Dios, y “son dignos de muerte los que tales cosas hacen” (Ro. 1:32). Las conciencias de ellos pueden quedarse tranquilas pero bajo condenación. Hay cosas que no se hacen en el matrimonio que desagradan a los ojos de Dios y hay cosas que se dicen e hieren sus oídos. Pero como “vergonzoso es hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efe.5:12) yo me callo; y como dice Calvino, llego sólo hasta donde la vergüenza me permita hacer comentarios sobre cierta alcoba conyugal.

El segundo pasaje aparece en Génesis 38:24,26  y allí dice: “Entonces Judá dijo: Sacadla y que sea quemada. Y aconteció que cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo”.   Este pasaje tiene que ver con el papá de Onán, ni más ni menos que el gran señorón  Judá. (¿Judá? Sí. El ancestro de David y de Jesús). Judá está pasando por una etapa difícil en su vida. Todo el capítulo 38 es como una reseña del alejamiento de Judá de los caminos de Dios. Note que el vrs. 1 del 38 dice que Judá “se apartó”. Como que el lío con José lo afectó tanto que decidió emigrar a otro lado para evitar cerrar el conflicto que tenía con el problema de su hermano menor. Judá fue quien sugirió vender a José como esclavo (Génesis 37:26) Así que el primer síntoma de su alejamiento es que mudó de lugar. El segundo es que se casa con una mujer adulamita. Tercero tuvo problemas con sus hijos. Finalmente cae en un amor de motel. La narración aparece chusca, parca sin mucho preámbulo. Note lo que dice el texto: “Y la vio  Judá, y la tuvo por ramera… y se apartó del camino… Luego dice “déjame llegarme a ti” “Y él se los dio, y se llegó a ella…” Hagamos una pausa aquí. Este pasaje nos demuestra a dos personas que están involucrados en un amor de motel. Veamos primero a Tamar. Dios es testigo de su motivación. Sea lo que sea es indudable que las mujeres podrán tener variadas motivaciones para comerciar con su cuerpo o para caer en una situación como esta. Dios es testigo de su manipulación. Note que ella está usando su vestimenta, su cuerpo para lograr propósitos materiales en su vida. Incluso Dios es testigo de la negociación. Puede entender el hecho de que Dios se dio cuenta de cuánto costó la transacción sexual. No me diga que Dios no es testigo de todas las prácticas sexuales que muchos hacen sobre todo cuando tienen relaciones con prostitutas. Dios fue testigo de la relación. “Note que una vez más dice “y se llegó a ella”. Dios vio la relación. Ahora veamos a Judá. Es obvio que Judá era un hombre con necesidades sexuales insatisfechas. Anda solo, de negocios y vulnerable. Así que no es extraño que no luche con su “calentura”. Fácilmente sin ningún freno hace la negociación. Dios ve nuestra hipocresía. “Sí, somos inclinados a condenar a muerte a los que pecan con los mismos pecados que nosotros cometemos. Pero Dios es justo y le descubrió su maldad justo en el momento de cometer una injusticia, porque el que tenía más conocimiento de Dios la había envilecido; y reconocer públicamente su incesto, su incredulidad y que ella era mucho mejor que él. Pudo haberse casado con ella, era viuda, o haberla liberado para que hallara un nuevo esposo. Pero no simplemente fue engañado.  Ahora recuerde esto en los amores de motel cuando uno peca suele dejar alguna señal de ese amor escondido, que a su tiempo será una prueba contra el que pecó. Si no es un sello de identificación, es un báculo o un cordón. Alguna huella. Pero tarde o temprano aparecerá.

¿Qué ha sido todo esto? ¡No lo sé! Pero déjeme decirle si por alguna razón usted se identifica con esto, hay tres cosas que sería bueno que pensara. (Sea hombre o mujer).

Primero todo amor de motel no hace en la oscuridad Dios ve cada detalle. Así que no crea que está solo con la amante o con el amante o con la prostituta que ha contratado o la mujer u hombre que ha convencido para que se encuentren en el motel.  Segundo a Dios le repugnan las cosas sexuales que se salen de lo establecido por Dios y en contextos de violación del pacto matrimonial o de santidad. Es decir el amor de motel tanto con una mujer aunque no esté casado (fornicación) y aunque esté casado (adulterio). Tres, todo lo que se hace en el amor de motel tiene consecuencias. En este caso embarazo, vergüenza pública. En pocas palabras todo sale a la luz.  Cuatro Dios juzga siempre nuestras desviaciones sexuales y nuestros encuentros guiados por la promiscuidad y en lo oculto de los “moteles”. Indudablemente no me refiero sólo al tipo de sexualidad que se hace dentro de un motel sino en la intimidad ilícita y oscura y pervertida. (Entendiendo que un pervertido es el que cambia las leyes de Dios). Una última pregunta ¿Por qué no se sale de ese amor de motel en el que anda metido?. Sí, a usted me refiero.

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