El Centro de la Espiritualidad Salmo 2: Cuando Dios se ríe II parte


I.                    En primer lugar el CENTRO DE LA ESPIRITUALIDAD  es el PLAN DE DIOS. (2:1-3)

Lo primero que podemos notar en este contexto es el asombro que Dios tiene con respecto a que las naciones y la gente se oponen a un plan tan bueno y de tanto beneficio para el mundo. La tremenda oposición que se hace al Mesías y a su reino (vv. 1-3). Habría de esperarse que una bendición tan grande para este mundo fuese universalmente bienvenida y acogida. Sin embargo, no hubo jamás una doctrina o una escuela de filósofos, ni gobierno alguno de este mundo, que haya sufrido una oposición tan violenta como la doctrina y el gobierno de Cristo. Las naciones y los pueblos, las cortes y los países, van a veces por caminos opuestos, pero aquí les vemos a todos unidos contra Cristo. Aunque su reino no es de este mundo ni entra dentro de su programa el debilitar los intereses terrenos, reyes y pueblos se alzan inmediatamente en armas. Así como los filisteos con sus jefes, tanto como Saúl y sus cortesanos, se oponían a que David accediese al trono, así también Herodes y Pilato, gentiles y judíos, extremaron su violenta oposición contra Cristo y su obra benéfica (Hechos  4:27).[1] Si una persona reconoce y acepta el plan de Dios podrá desarrollar una genuina espiritualidad, si lo rechaza y lo desafía entonces sólo queda la expectación del juicio de Dios. ¿Cómo se reconoce el plan de Dios en este salmo?

A.     La primera evidencia es la OPOSICION

 

Es una oposición  activa. Esto es al nivel de la conspiración. El texto dice “¿Por qué se amotinan las gentes…?La pregunta (“¿Por qué…?”) debe ser entendida en el sentido de, ‘¿Con qué propósito?’ o ‘¿Por qué causa?’.  Según un comentarista, la pregunta implica un sentido de horror y gran sorpresa por parte del autor, como si dijera: ‘¿Cómo es posible que las naciones hagan tal cosa? El verbo, “se amotinan” (‘ragásh’), es inusual; ésta siendo la única vez que se usa en el A.T.   Algunos comentaristas afirman que denota personas reuniéndose en forma alterada o enardecida, como una turba[2].  La LXX traduce, ‘fruasso’ (= ‘relinchar’ [como un caballo, que salta y se sacude, queriendo tirar al jinete]); ver Hch 4:25. Un estudioso afirma que el verbo está en tiempo pasado: ‘¿Por qué se amotinaron las gentes?’[3].  La LXX confirma esto, traduciendo el verbo con un aoristo. La palabra, “gentes” (‘goi’) significa ‘pueblos’ o ‘naciones’;  particularmente pueblos gentiles (paganos).  Sin embargo, a la luz de Hch 4:25 podemos ver que estas palabras se aplican también a los judíos que rechazaron a Cristo.  Al rechazar a Cristo, los judíos actuaron como gentiles[4]. El uso del plural apunta a una conmoción generalizada.  No era asunto de una oposición por parte de una o dos naciones; sino de la humanidad en general (ver, “pueblos”, en la segunda línea). Un pasaje paralelo podría ser Salmo 46:6, que dice, “Bramaron las naciones…”.  Otro excelente comentario sobre estas palabras (y todo el tenor del Salmo 2) sería Is 17:12-14: “¡Ay! Multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar,  Y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas.   Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas;   Pero Dios los reprenderá, y huirán lejos;   Serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del torbellino,  Y como el polvo delante del torbellino.   Al tiempo de la tarde, he aquí la turbación,  Pero antes de la mañana el enemigo ya no existe”.

Una oposición reflexiva. “¿…Y los pueblos piensan cosas vanas?Esta frase guarda un paralelismo con la primera línea; sin embargo, es un paralelismo compuesto, porque el significado no es idéntico, sino complementario.  Aquí los protagonistas son “los pueblos”.  El término en hebreo, ‘laom’, parece apuntar a un grupo de personas reunidas en comunidad[5].  La palabra indica pueblos paganos (comparar el uso de esta palabra en Sal 7:7; 9:8; 47:3; etc). La acción rebelde de estos pueblos es ‘pensar cosas vanas’.  El verbo (‘jagá’) tiene una gama de sentidos, pero la idea fundamental es ‘meditar’.  Se usa en este sentido en Sal 1:2.  El ‘justo’ medita en la ley de Jehová (Josué 1:8)[6], mientras que las naciones rebeldes (el ‘mundo’) meditan en ‘cosas vanas’[7].  ‘Meditar’ significa ‘pensar’, ‘deliberar’; implica tiempo y esfuerzo dedicado a considerar algo.  La palabra en hebreo para ‘cosas vanas’ es ‘ruc’. Este término está relacionado con el verbo ‘vaciar’ (Génesis  42:35), y describe el ‘vacío’ producido por esta acción.  En el A.T. la palabra se usa principalmente en el sentido de ‘falta de propósito’ (Sal 73:13; Is 30:7)[8].  El ‘mundo’ que se rebela contra Dios, dedica su tiempo a pensar (y hablar) acerca de cosas que no tienen sentido.   Comentaristas observan que el verbo ‘jagá’ está en tiempo futuro: ‘los pueblos pensarán cosas vanas’.  Tomando esto en relación con el uso del tiempo pasado en la primera línea, llegamos a la conclusión que en este verso tenemos un excelente resumen de la rebelión humana contra Dios – tanto en el pasado como en el futuro.  El rechazo del gobierno de Dios, por parte de la humanidad, es antiguo y permanente.  En días pasados los pecadores se resistieron a Dios, y por delante seguirán pensando vanidades y despropósitos.   ¡Hollywood ejemplifica esto, como también toda la farándula!    ¿Y quién dirige todo esto?  Nada menos que Satanás, el ‘Príncipe de este mundo’.   Él fue el primero en rebelarse contra Dios, y pensar ‘cosas vanas’ (Isaías  14:12-14).  Ahora se encarga de hacer que toda la raza humana siga su mal ejemplo (Efe 2:1-3).  ¡Esta es la triste condición de toda la humanidad! Lo que David describe en forma general, en v.1, ahora procede a describir más específicamente (v.2-3).  El murmullo humano, y su ‘vanidad’ de pensamiento, se manifiestan en una abierta rebeldía contra Dios.

En todo Plan de Dios siempre hay dos dimensiones de oposición. Primero se actúa desafiante y en grupo a escondidas y segundo se piensa diferente al pensamiento de Dios. El problema no es el hecho de pensar diferente, sino de pensar humanamente de tal manera que ya no pensamos como Dios piensa.

B.      La segunda evidencia es INTIMIDACIÓN

Se levantarán los reyes de la tierra”. Una  vez que se han unido fuerzas y criterios entonces la  actitud es más agresiva. Note que en términos de personajes  se pasa de la simple gente a los reyes y los príncipes. Estos ya son por sus características natas, personas de poder e influencia en el mundo y la sociedad. No hay nada como la cuota de poder para ser usada en la intimidación. El verbo en hebreo (‘yatsáb’) significa ‘colocar’ [algo, como para que se quede en ese lugar].  Cuando se usa en forma reflexiva (como aquí), tiene la idea de ‘ponerse’, ‘parase’, o ‘colocarse’. Frecuentemente, el verbo se usa en forma neutral – simplemente para describir la acción de ‘colocarse’ en un lugar (p.e. la hermana de Moisés, quien se colocó junto al río Nilo para ver qué iba a pasar con su hermanito; Éxodo 2:4).  Sin embargo, a veces el contexto indica una actitud de hostilidad o resistencia (p.e. el Ángel de Jehová, colocándose en el camino, para frenar la locura de Balaam; Números 22:22).   Para otros ejemplos, ver Deuteronomio  7:24; 9:2; 11:25. El contexto de Sal 2 indica que la acción de estas personas constituye un acto hostil contra Dios.  Se levantan para resistir a Dios, y oponerse a Sus leyes y propósitos. ¿Quiénes son las personas que resisten a Dios?   Son “reyes”; reyes “de la tierra” (es decir, de varias naciones, o del mundo entero).  La palabra, “reyes”, indica gente de poder e influencia en el mundo.  El uso del plural apunta a una resistencia generalizada.  No es solo uno o dos, sino varios; la mayoría. Esto es algo que vemos hoy en día.  La Iglesia generalmente está compuesta por gente sencilla.  Ellos se someten a Dios, y reconocen Su autoridad.   Pero los líderes, los gobernantes, los reyes – ellos se oponen a Dios (en su orgullo y vanagloria). Cuantas cuotas de poder existen en la iglesia que cuando son desafiadas con el plan de Dios usan esa cuota de poder para intimidar y frenar la obra de Dios.  Pero también están Y príncipes consultarán unidos”. La intimidación no sólo puede provenir de las generaciones mayores sino de las siguientes generaciones (por el uso de príncipes).  La palabra que David usa para, “príncipes”, solo se encuentra seis veces en todo el A.T.  En cinco casos, se usa como sinónimo de “reyes” (como en este caso).  En una oportunidad se usa como sinónimo de “jueces”. Si la palabra, “levantarán, en la frase anterior, conlleva la idea de ‘pararse para resistir a Dios’, el término traducido aquí, “consultarán”, tiene el sentido de ‘sentarse para resistir’.  El verbo se usa casi siempre de ‘echar cimientos’, ‘sentar bases’, o ‘fundar la tierra’ (ver Josué 6:26; Sal 102:25). La idea que David está expresando es que los ‘príncipes’ se sentaron juntos, para decidir cómo resistir a Dios.  David mismo experimentó esta actitud hostil contra su persona, como rey de Israel (ver Sal 31:13) Es interesante notar que estos líderes mundiales se sentaron juntos (unidos) para conversar acerca de cómo resistir a Dios.  Hay muchas cosas que dividen al ‘mundo’ (filosofías, religiones, culturas, etc).   Sin embargo, cuando se trata de rebelarse contra Dios y el evangelio, el ‘mundo’ manifiesta una extraña y extraordinaria unidad (ver Hch 4:27, y comparar Marcos 3:6; Lucas 23:6-8 y 12, y Mateo 16:1).  Con esto podemos comparar la actitud de las naciones hacia Israel (Sal 83:4-8), que es una ‘sombra’ de la actitud del ‘mundo’ hacia la Iglesia de Cristo.   Pablo experimentó lo mismo, al predicar el evangelio (Hch 16:22; 17:5, 13; 19:28-32: etc.).  Apocalipsis describe la gran batalla de los últimos tiempos, cuando todas las naciones, bajo la dirección de Satanás, se levantarán, como un solo pueblo, contra Cristo (Apocalipsis 17:12-14; 19:19). Sin embargo, a pesar de toda esta confabulación del ‘mundo’, es Dios quien tendrá la última palabra; por ende, Su pueblo puede estar seguro, confiando en Él (ver Isaías 8:9-14a). ¿Contra quién se dirige esta hostilidad y resistencia universal?   David contesta:

C.      La tercera evidencia es CONFUSIÓN

Contra Jehová y contra su ungidoAlgunos comentaristas toman la palabra, “ungido”, como una referencia al rey davídico.  Sin embargo, aunque es cierto que los reyes de Israel eran ungidos, el contexto aquí (del paralelismo con “Jehová”) indica que alguien mayor que un rey humano está en mente.  El uso que Pedro hace de este Salmo, en Hch 4:25-27, confirma esto.   El “ungido” es nada menos que Cristo. La palabra, “ungido”, en hebreo es ‘mashiaj’ (= ‘Mesías’).   Sacerdotes, reyes y profetas eran ungidos con aceite.  Cristo fue ungido con el Espíritu Santo (del cual el aceite era símbolo). Sin embargo, debemos notar que la palabra se usa aquí como un título. La unidad entre el Padre y el Hijo es tal, que es imposible rebelarse contra Uno, sin al mismo tiempo estar en rebeldía contra el Otro (ver Lucas 10:16; Juan 5:23; 1 Juan 2:23).  Los judíos, al rechazar a Cristo, estaban rechazando a Dios (aunque externamente parecían ser verdaderos adoradores de Dios). Aunque estos versos tienen un significado general, Hch 4:25-27 indica que fueron palabras proféticas que hallaron su cumplimiento en la actitud de los judíos y romanos     frente a Cristo, que resultó en Su linchamiento. Pero, ¿por qué se rebelaron estas naciones?  ¿Qué era lo que pretendían hacer?   La respuesta está en v.3.

D.     La cuarta evidencia es  REBELIÓN

En realidad el salmo cierra esta tercera porción que la gente al final se opone al plan de Dios porque no quiere obedecer sus leyes y disposiciones  con respecto a su revelación y su palabra. Note  que dice  el texto Rompamos sus ligadurasEl verbo (‘natác’) es fuerte.  Significa ‘arrancar’, ‘romper’, quebrantar’.  Se usa de Sansón, rompiendo las cuerdas que le ataban (Jueces 16:9, 12). Las “ligaduras” eran bandas que amarraban.  En Sal 107:14 se traduce, “prisiones”, dando a entender que en ese caso, las ‘ligaduras’ eran las cadenas de una cárcel (comparar v.10 y 16).  En Jeremías 5:5 tenemos la misma frase que aquí, pero en ese caso la traducción de la RV es, “rompieron las coyundas”.  En algunos versos, esta palabra se usa como sinónimo de ‘yugo’ (ver Jeremías 27:2; 30:8; Nahúm 1:13). “Y echemos de nosotros sus cuerdasEsta frase es paralela a la anterior.  El verbo, ‘echar’, traduce la palabra ‘shalák’, que significa ‘lanzar’ o ‘arrojar’.   Como si exclamaran, ‘¡Botemos…!’.   Lo que los gentiles desean arrojar de sí mismos son “sus cuerdas”.  La palabra, ‘abot’, significa ‘algo entrelazado’; por ende, ‘cuerda’ o ‘soga’. La forma en la cual están expresados los verbos (en hebreo) indica que estas frases no son simplemente afirmaciones (quizá bajo el impulso del momento), sino proposiciones o cosas que han determinado hacer (‘Vamos a romper sus ligaduras, y vamos a echar de nosotros sus cuerdas’).  Las naciones están resueltas a rebelarse contra Dios. ¿Qué son estas “ligaduras” y “cuerdas” que tanto molestan a los líderes mundiales?  Son las leyes de Dios, que representan Su soberanía sobre todo ser humano.  Son las leyes de las cuales el Señor dijo, “ni una jota ni una tilde pasará” (Mat 5:18; comparar Lucas 16:17-18).   En realidad estas leyes son benéficas, y no deben constituir una ‘atadura’ para el ser humano (comparar las palabras de Cristo acerca de Su ‘yugo’, en Mat 11:29-30).  Pero, la naturaleza pecaminosa de los hombres les lleva a resistir las leyes de Dios, y a resentirse de tener que someterse a ellas.   ¡Los inconversos odian el gobierno de Dios!   Son como Herodes, ante el anuncio del nacimiento de Cristo.   El argumento de los incrédulos es que quieren ser ‘libres’.  No reconocen que el ‘yugo’ de Cristo es lo que nos hace verdaderamente libres.  En su afán de ser ‘libres’, rompen las ‘ataduras’ de Dios, solo para terminar ‘amarrados’ por las ligaduras de Satanás, que en nombre de la libertad, los arrastra al infierno. Bajo la influencia de Satanás, las naciones paganas procuran deshacerse de estas leyes ‘molestosas’ de Dios, para poder vivir según sus propios criterios.  Tal acción consiste en una abierta rebeldía contra Dios.  En Lucas 19:14 (en la parábola de las diez minas), los ciudadanos malvados mandaron decir al rey (Cristo), “No queremos que éste reine sobre nosotros”. 1,000 años antes de Cristo, David describe la hostilidad de las naciones ante el gobierno de Dios.  A lo largo de los años esa hostilidad continúa, y al final de los tiempos se acentuará, hasta la manifestación del anticristo.  En estos tiempos ya estamos viendo el comienzo de todo eso, con leyes que favorecen el aborto, matrimonios homosexuales, la eutanasia, etc.  En estos versos tenemos una tremenda descripción de la condición pecaminosa del ser humano.   El pecado es falta de sometimiento a la voluntad de Dios, expresada en Su Palabra (ley).  Ver 1 Juan 3:4.  Se manifiesta en una abierta rebeldía contra Dios y contra Cristo; un odio irracional contra nuestro Creador. Calvino: “Debe ser entendido con toda claridad, que los que no se someten a la autoridad de  Cristo hacen guerra con Dios.  Dado a que a Dios le ha placido gobernarnos por medio   de Su Hijo, los que rehúsan obedecer a Cristo niegan la autoridad de Dios”. Ahora, ¿qué hace Dios frente a esta rebeldía humana?  Versos 4-6 nos contestan.

Pero paremos por un momento. Lo que hemos tratado de observar en estos tres primeros versículos es que el CENTRO de LA ESPIRITUALIDAD es el PLAN de Dios. Es decir reconocerlo y obedecerlo. Una persona que no hace esto, no llegará a tener la espiritualidad que Dios desea de él.  La mayoría de las gentes que rechazan el plan de Dios, tienen las mismas características arriba mencionadas. Es decir tienen oposición,  segundo intimidación, tercero hay confusión y finalmente rebelión. Por otro lado son gente que su actitud es de oposición. No hay nada que satisfaga sus expectativas. Así que cualquier cosa que hagamos  no será suficiente. Segundo son gente que es agresiva en cuanto a hacer ver sus pensamientos “vanos”. Y utilizan diferentes mecanismos para poder imponer su pensamiento. En el texto hay tres armas de poder. El arma de la influencia, es decir son los reyes y los príncipes. El arma de la muchedumbre, es decir no son unos pocos que oponen al plan de Dios sino dice “las gentes”, “los pueblos”, los reyes, los príncipes. O sea la famosa “democracia”. La presión de la mayoría plural.  El discurso ideológico.  Note que todos los que están conspirando, tienen el mismo discurso. Es un discurso abierto, popular y con fines de rebelarse contra los planes de Dios.  Este discurso es oculto, conspirador y luego prepotente.  Estos elementos hacen  a cualquiera que dude o que fracase muchas veces en desarrollar el plan de Dios en cualquier lugar. Junte estos tres elementos y verá usted un tremenda fuerza que intentará parar todo Plan de Dios.

En nuestras iglesias latinoamericanas existen este tipo de actitudes y conflictos. He caminado lo suficiente en el ámbito evangélico para darme cuenta la forma en que Satanás utiliza la oposición para acabar con sus planes. Por ejemplo una de las tendencias que he experimentado en las iglesias que he pastoreado es que la oposición se desencadena con las personas que han sido el contacto de mi ministerio y la iglesia. Esas personas por alguna razón se creen con el derecho de gobernar la voluntad del pastor. Hay un viejo adagio entre los pastores que resume esta tendencia. “Quién te lleva es quien te echa”. Y es casi en un 90% cierto. Otra tendencia que se usa para oponerse a los planes de Dios en nuestras iglesias latinoamericanas, son las personas que de alguna manera han estado involucradas en el inicio de la iglesia a la que uno trata de integrar el plan de Dios. Estas personas por alguna razón con el tiempo confunden el privilegio de haber sido instrumentos en las manos de Dios con señorío. La mayoría (por no decirlo todas) las iglesias o instituciones evangélicas en donde he estado, las personas declaran en teoría que lo que han hecho le pertenecen a Dios, pero en la práctica ellas se creen las dueñas. En algunos ministerios que he participado, es tan fuerte esta resistencia que ocasionan tal desgaste, que muchas veces uno se da por vencido.  Hay tantas otras cosas que se oponen muchas veces al mover de Dios. Una tercera cosa es la tradición. No hay instrumento más eficaz y mortal en una oposición al cambio que la tradición. De hecho esta fue la causa de que Jesús fuera asesinado. ¿Por qué nos ferramos tanto a la tradición? O quizás la pregunta más importante sería ¿Es la tradición mala?  Procuremos identificar al verdadero oponente.  No es la tradición en sí misma, sino el tradicionalismo. No estoy tratando de hacer diferencias inocuas sino certeras. Las tradiciones  buenas son como raíces profundas, fundamento sólido de realidades  fidedignas en un día  en que todo está a la venta  al mejor postor.  El Dr. Swindoll dice que entre algunas tradiciones, se encuentran esas vigorosas declaraciones  y principios que nos sujetan al mástil de la verdad, cuando las tormentas  de la incertidumbre  levantan sus pavorosas  olas  del cambio, impulsadas por los vientos de la duda. Debemos creer en la autoridad de la Biblia, conocer y amar a Dios, rendirnos al Señorío de Jesucristo, comprometernos con los demás y ser personas genuinamente alentadoras. Tales tradiciones (y hay otras desde luego) son valores absolutos  que nos guardan ser llevados por las corrientes del relativismo y de la incertidumbre de este mundo.[9]

Cuando pensamos en una tradición debemos pensar en el cuadro mayor donde la verdad está en juego, no en diminutas escenas de inferior importancia, donde el puro gusto y las costumbres son asuntos de preferencias. Algunos  insisten, por ejemplo que los protestantes deben conducirse  según la tradición de los reformadores “solo porque ellos lo hicieron de esa manera”. Si bien tengo aprecio por esos grandes hombres, no estoy de acuerdo con ese pensamiento.  Por ejemplo Juan Calvino  usaba sombrero en la iglesia. Eso es suficiente para que algunos digan que todos deben hacer lo mismo. Pero antes que salga a comprar su sombrero para ir al culto el domingo, hay algo que debe saber  sobre porqué Calvino usaba sombrero. Realmente  hay dos razones: “porque el templo tenía (a) corrientes de aire y (b) palomas. [10].

Hay una gran diferencia entre la tradición y el tradicionalismo. Un autor dice que: “la tradición es la fe viva de los que están muertos y el tradicionalismo es la fe muerta de los que están vivos. [11] Con esta definición debemos considerar  que el tradicionalismo es la actitud  que se resiste al cambio, a la adaptación o a la alteración. Es aferrarse a una costumbre o comportamiento mantenidos  ciega y forzosamente. Es sospechar de lo nuevo, lo que está al día, lo diferente. Es encontrar la seguridad y hasta la identidad en lo conocido, y por lo tanto, oponerse a todo lo que amenace. Es sustituir con un sistema legalista la libertad y la renovación del Espíritu; estar más interesado en guardar rígidas reglas humanas que ser flexible y abierto a la creatividad y a la innovación.[12]

Por supuesto que nuestra posición debe estar a favor de la apertura, de dar espacio a lo que no se ha intentado, a lo imprevisible e inesperado, reteniendo siempre la verdad. Cuando se adopta esa filosofía, las águilas ponen sus huevos, los aguiluchos nacen y tienen espacio para volar. Cuando reina el  tradicionalismo, lo único que se puede esperar  son loros, criaturas de vuelo bajo que  se quedan  en el aro, imitando lo que les digan que repitan. Hay muchos que piensan que han sido llamados para decirles a los demás lo que tienen que repetir. Se auto eligen cortadores de alas para desaprobar todo lo nuevo y burlarse del vuelo encumbrado.  Así que el salmo establece que es insensato oponerse al plan de Dios, porque tarde o temprano oponerse al plan, y al instrumento de Dios es resistir en persona a Dios.  Veamos ahora nuestro segundo punto importante


[2] Aunque debemos notar que la palabra correspondiente en arameo (‘regásh’) se usa en el sentido simple de ‘reunirse’ en Dan 6:6, 11, 15.

[3] Ver Plummer, p. 39.

[4] Comparar la distinción que Pablo hace entre el verdadero judío, y aquel que solo lo es externamente, en Rom 2:26-29.

[5] Los dos términos (‘goim’ y ‘laom’) se usan como sinónimos en pasajes tales como la exclamación de Rebeca (Génesis 25:23), y el Salmo 44:2, 14; 149:7; Proverbios 14:34; etc.   Ver también Salmo 9:8

[6] En Sal 71:24 el verbo es traducido, ‘hablar’, y se usa en relación con la justicia de Dios; en Sal 77:12 se usa en relación con las obras de Dios.

[7] En Sal 38:12, el verbo se usa en relación con “fraudes” (‘mirmá’ = ‘engaño’).

[8] Aunque ídolos son ‘vanidad’, este no parece ser la idea que el Salmista tiene en mente aquí (pero comparar Sal 4:2).

[9] Swindoll, Charles. Como vivir sobre el nivel de la Mediocridad. Pág180. Ed. Vida, 1987

[10] Swindoll, pág. 181

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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