Creyentes de la puerta: Hechos 3 III parte


D.     “Cada día a la puerta”: INVOLUCRADO

Notemos cuál era su costumbre. Dice que cada día. Esto significa que ya se había formado en él un hábito. Ya era una rutina, ya se había  acostumbrado día a día a solo llegar a  la puerta y no pasar de allí. ¿Qué es un creyente de puerta?. Es sorprendente que este hombre vivía en la puerta. Nadie le gusta vivir en la puerta. La puerta es un sitio de transición. La puerta es un sitio de observación, es un sitio de decisión. Alguna vez te han dicho: “O entras o te sales”. La puerta no es un sitio para vivir. El que está en la puerta es alguien que está muy quebrado. No lo suficiente para irse lejos, pero está allí en la puerta. Es un sitio de observación. Una puerta no es un lugar para instalarse. Primero porque molesta a los que quieren entrar o salir y por otro lado el que está en la puerta, sabe mucho de lo que pasa adentro pero también sabe mucho de lo que pasa afuera. Y en nuestras iglesias tenemos cristianos de puerta. Saben lo suficiente para no considerarlos inconversos, pero viven tan poco como para considerarlos comprometidos y santos para Dios. Están en la puerta. Parecen pero no son. Pecan un poquito de lunes a viernes, adoran a Dios un poquito los domingos. Tienen pensamientos impuros el día miércoles, santifican sus pensamientos el día domingo. Viven en la puerta, en la mitad. Con una mano hacen algo que no deberían hacer, y con la otra hacen algo para Dios, porque están en la puerta. Quienes permiten que sus áreas cojas lo pongan en la puerta son aquellos que dicen: “Yo voy a la iglesia, sí yo no falto nunca, ahora oración me faltas bastante tengo que reconocerlo” . Está en la puerta no está lo suficientemente adentro para ser ungido, pero no está los suficientemente lejos para ser un perdido. Saben todo lo que pasa adentro, los sermones del pastor, cuales es la alabanza, los himnos. Todo lo que pasa adentro, pero también sabe todo lo que pasa afuera. En nuestras iglesias siempre se ve el fenómeno de que la gente se sienta atrás y no adelante. Es como si dijeran, estamos adentro pero estamos mirando para ver si nos gusta. No nos comprometemos demasiado, pero tampoco nos vamos de aquí solo estamos mirando. El cristiano de puerta solo observa. Y muchos de nosotros diremos: “Bueno por lo menos están en la puerta” He aprendido en el reino de Dios que los “por lo menos” no sirven no suman. Los “aunque sea” son los peores indicadores del conformismo.  Y los peores enemigos de lo mejor. Hay personas que dicen: “Bueno no es cristiano, pero aunque se  viene los domingos”. Los “aunque sea” no nos salvan. Los “aunque sea” no nos comprometen. Yo no quiero una mujer que diga, no me ama pero aunque sea me cocina”. Bueno mi hijo no me soporta, pero aunque sea me dio un regalo el día del padre.  Los aunque sea son los peores enemigos de lo mejor. El cojo sabe lo que pasa en la iglesia y lo que pasa en el mundo. Pregúntele como van los partidos de la liga BBVA y sus estadísticas y las sabe. Pregúntele que predicó el pastor el domingo y también lo sabe. Porque está en la puerta. Oye todo lo que pasa adentro: “Oh me enteré que algo está pasando en la Iglesia Bautista Nazaret! Y le preguntamos: “quieres entrar? Y el dice no muchas gracias, estoy viene en la puerta. Me enteré lo que está pasando afuera, la gente está divirtiéndose, está tomando muchos alcohol. ¿Vas a ir? No, no puedo soy cojo.

 

II.                   En segundo lugar LA OPERACIÓN DEL CONFORMISMO (3:3 Y 5)

“Limosna…recibir algo”: INDIFERENCIA. Note que el texto nos dice que tenía varias cosas que demostraban su indiferencia. Primero está la expresión “pedir y rogar”. La indiferencia te convierte en alguien que pedigüeño. No es alguien que da. Sino que toda la vida anda rogando que alguien le dé. Son personas pasivas, que solo levantan la mano para recibir siempre. Son aquellos que vienen y se sientan y dicen a ver que me da Dios hoy. A ver cómo me ministran, a ver cómo me gusta el canto. A ver si no me piden mucho dinero. A ver si no me piden que me bautice. Por otro lado la indiferencia te convierte en alguien poquitero note que dos veces en el texto dice que el cojo estaba allí para recibir “limosna”. La palabra limosna ” viene del  griego “eleemosyne” (‘piedad’, ‘compasión’) derivado del verbo “eleéin” (‘compadecerse’). En nuestro contexto la connotación tiene que ver con el pequeño donativo que dan las personas en el ámbito religioso. Ya el concepto “limosna” implica una pequeña cantidad, y que es sacada a la fuerza debido a la incomodidad del ruego de alguien que tiene una necesidad. Las personas que dan limosnas escogen según su criterio lo que desean dar, y muchas veces no es una gran cantidad. Por otro lado la indiferencia te convierte en alguien perdedor.  Ahora no bastaba con ser una persona que viviera de limosnas, sino que ahora llega a otra categoría. El cojo dice que ya ni siquiera esperaba una limosna sino que “algo”. Ya llegó a otro nivel de su indiferencia. A veces pasa esto en los solteros. Dicen Señor yo quisiera a un hombre o mujer como artista de cine. Pero luego pasa el tiempo y dice: Señor me conformo con algo. Es como aquel predicador que estableció las etapas y niveles por los que pasa una persona soltera que quiere casarse a medida que pasa el tiempo. Cuando son muy jovencitos dice: “Muchos son los llamados pero pocos los escogidos”. Avanzan un poco más en la edad y cambian su filosofía teológica dicen: “Examinadlos todos retened los buenos”. Pasan unos años más y hay un nuevo ajuste en su teología: “El que a mi viene no le echo fuera”. Cuando ya va llegando a los enta dice: “Venid a mí todos los trabajados y cargados que yo os haré descansar” y si paso más allá de esa edad dice: “Juntamente con el estoy crucificado”. Son los versículos que le van marcando la vida. El ciego había llegado a un momento en el cual se conformaba con algo. Si somos gente de que nos conformamos con “algo” entonces hemos llegado a un estado de muchas bifurcaciones espirituales. La bifurcación negativa sería, que decir “algo” implica que no sabemos qué queremos. Decir algo implica que tampoco sabemos la cantidad que queremos. Simplemente es algo. Y tercer cuando decimos algo implica que es otro el que pone lo que quiero y la cantidad que quiero, así que debo subordinarme a la voluntad de otro y depender de su buena o mala voluntad. También el decir algo refleja desesperación.  Por otro lado está la bifurcación positiva. Primero decir algo implica que tenemos un deseo insatisfecho. Segundo implica que queremos un cambio y tercero implica que estaremos expectante. Lo curioso es que Dios no es Dios de algo es Dios de todo. Eso es un diagnóstico para muchas personas, uno les pregunta que quieres que Dios te de este años y ellos dicen: “No lo sé, algo”.  La gente no es bendecida porque no sabe en qué quiere ser bendecida. La gente no tiene éxito porque no sabe en qué quiere tener éxito. Mentalmente estamos pidiendo las sobras. Pero a veces tenemos un área tan tullida en nuestras vidas, tan crónica que solamente queremos algo. Pero podemos cambiar de esa mentalidad de “algo” a “todo” en El Señor.

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