“Dios de los montes pero no de los llanos”: Una advertencia a la mediocridad espiritual VI


C.     Tercero, un desempeño  tradicional

1.                  Un desempeño argumental.  “Galaad se quedó al otro lado del Jordán; y Dan, ¿Por qué se estuvo junto a las naves? Se mantuvo Aser a la ribera del mar, y se quedó en sus puertos.” El segundo en ser mencionado es Galaad. ¡No fue a la guerra por causa de los obstáculos naturales! «Galaad se quedó al otro lado del Jordán…» (Jueces 5:17). Para que los galaaditas fuesen al monte Tabor, de donde los hijos de Israel partían a la guerra, ellos debían atravesar el Jordán. Creo que el registro del río Jordán aquí es para recordarnos que muchas veces podemos dejar de ir al campo de batalla con nuestros hermanos porque nos justificamos a consecuencia de los obstáculos naturales. «Atravesar el Jordán» para muchos de nosotros puede ser afanoso, y si está de crecida puede también ser peligroso. Y por eso, entonces, de la misma forma que los rubenitas, los galaaditas encuentran algo para acallar sus conciencias, disculpándose por tener frente a ellos un obstáculo natural. Pero el verdadero motivo es que sus corazones, de hecho, no deseaban ir a la guerra. ¡Cuánta diferencia hay entre ellos y Zabulón y Neftalí! Estos últimos expusieron sus vidas corriendo grandes riesgos, ¡pero fueron a la batalla y vencieron! Entretanto, los galaaditas son recordados aquí de modo negativo. Es muy común, aun en las cosas pequeñas de nuestra vida diaria, ponernos muchos obstáculos naturales para no estar identificados con el propósito del Señor. Tome como ejemplo las veces en que tenemos frente a nosotros las reuniones del pueblo de Dios, sea para recordar al Señor en el partimiento del pan, o de oración o de estudio de la Palabra. A veces ponemos los obstáculos naturales como disculpa para no participar de esas reuniones. Si comienza a llover, o si el frío aumenta, es suficiente para que dejemos de participar, y nos quedamos en la comodidad de nuestras casas. Otras veces estamos trabajando mucho, o nuestro día está tan atareado que nos sentimos cansados físicamente y por eso decidimos quedarnos en casa, y perdemos la oportunidad de ser bendecidos y fortalecidos. Hemos conocido a muchos hijos de Dios que, al contrario de esa situación, aun en momentos de debilidad física, y a despecho de todo y cualquier obstáculo natural, aun así son verdaderos soldados del Señor Jesús. Son incansables en la predicación del Evangelio, en las vigilias, en los ayunos, en las oraciones, peleando «la buena batalla». Para éstos vale la palabra del Señor: «yo honraré a los que me honran», mas para aquellos que se quedan al otro lado del ‘Jordán’, la palabra del Señor es: «…los que me desprecian serán tenidos en poco» (1 Samuel 2:30) ¡Que el Señor nos dé un corazón dispuesto a atravesar ‘nuestro Jordán’ y nos identifiquemos con Su propósito y estemos juntos en el campo de batalla con aquellos que oyeron el toque de trompeta!

2.                  Un desempeño secular.

«Y Dan, ¿por qué se detuvo junto a las naves?» (5:17). Un navío nos evoca el comercio. Traer mercadería, llevar mercadería, transacciones comerciales. Y esa fue la razón que impidió a Dan. Dan nos recuerda a aquellos que no van al campo de batalla por causa del dinero. Este es un motivo que ha llevado a muchos del pueblo de Dios a no participar del propósito del Señor, y no van al campo de batalla. Mamón ha robado el corazón de muchos hijos de Dios. Esta situación terrenal de la búsqueda de riqueza, la búsqueda de una vida confortable, ha oprimido al pueblo de Dios impidiéndole pelear la buena batalla. ¡Y cuántos han naufragado en la fe! Pablo advierte a Timoteo sobre ese riesgo: «Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (1a Timoteo  6:8-10).  Muchos santos de Dios van bien en la carrera cristiana, pero de pronto no vigilan, ¡y he aquí que surge ese tirano: el afán por las riquezas! Desean tener una casa mejor, un automóvil último modelo… No hay nada impropio en eso en sí mismo. Pero aquello se torna un tirano en sus corazones. Sus corazones quedan sobrecargados con los cuidados de esta vida (Lucas 21:36). Por eso, ellos tienen que trabajar más. En lugar de estar con la familia, en vez de estar leyendo la Palabra, buscando al Señor, ellos están por allá, trabajando mucho, pues quieren ganar un poco más de dinero. Algunos ya tienen un empleo, pero también necesitan un segundo y un tercero. Esa es la situación: «¿Por qué se detuvo junto a las naves?». ¡Cuán actual para nosotros es esta palabra! ¿Por qué se detuvo? En verdad, es justo y es correcto tener nuestros navíos, ellos son el sustento de Dios para nosotros. Es nuestro trabajo, nuestros negocios, mas la palabra de advertencia es: ¿por qué nos detenemos en ellos. ¿Por qué nuestro corazón está preso en ellos? ¿Por qué ellos se vuelven un obstáculo para que participemos en el campo de batalla y así experimentemos la victoria que el Señor nos quiere dar? Cuán peligroso es este detener nuestras naves. Algunos participaban de las reuniones de iglesia, evangelizaban, visitaban a los enfermos, tenían una vida de oración, pero ahora no tienen tiempo para nada más aparte de sus negocios. Están muy ocupados con sus riquezas, sus bienes, su vida confortable, con aquello que sus ganancias pueden generar. ¡Qué tragedia ha significado esto en medio del pueblo de Dios! Cuántos hermanos sinceros se han dejado seducir por sus navíos. Cuánto daño espiritual ha venido a causa de esto. Oigamos las palabras del Señor Jesús: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33) .¡Galaad, Aser y Dan estaban muy ocupados haciendo dinero! Buscando éxito y prosperidad. ¡Eran demasiado adictos a la comodidad y a lo fácil! Lee Jueces 5:17 otra vez. Ellos se “quedaron en sus puertos”, envueltos completamente en su pequeño mundo de necesidades. ¡Absorbidos por sus pequeñas batallas particulares! Ellos “se quedaron en sus naves”, remando en su propio bote. ¡Estos son aquellos contra quien Amós profetizó! “¡Ay de los reposados en Sión… que duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José…” (Amós 6:1,4-6). ¡No estaban “afligidos por el quebrantamiento de José!” Ellos “dilataron el día malo”: ¡Durmiendo en camas de marfil, reposando!; reposando sobre sus lechos; comiendo y bebiendo abundantemente; gorjeando su música. Ellos estaban inventando nuevas formas de disfrutar la vida. Rubén, Galaad, Dan y Aser, fueron recordados en el cántico de Débora porque no fueron a la batalla, pues estaban muy ocupados consigo mismos. ¡Que el Señor nos ayude y nos libre de caer en la misma situación

3.      Un desempeño ornamental ¡Los de Meroz simplemente no se preocuparon! ¡Y fueron maldecidos por Dios por su complacencia! “Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes.” (Jue. 5:23). La maldición de Meroz es uno de los más serios temas en toda la palabra de Dios. Fue una maldición directa del cielo ¡Claramente revelando la actitud de Dios acerca de la complacencia! Rubén, Galaad y Aser no se comprometieron pero ellos no fueron maldecidos como lo fue Meroz. ¿Por qué la aterradora maldición sobre Meroz? ¡Fue una amarga controversia que Dios tuvo con Meroz! Yo creo que fue causada porque Meroz pecó contra la luz. Ellos habían escuchado el sonido de la trompeta y se hicieron sordos. ¡Ellos escucharon el clamor de Débora y se burlaron de ella! Los merozitas, creo yo, fueron maldecidos porque estaban tan cerca de la batalla, tan cerca de los carros de hierro, pero tan lejos de comprometerse o preocuparse. Los días se han acabado en que los cristianos puedan estar tan cerca de la batalla, ver tantas cosas alrededor de ellos y las tapen diciendo, “¡Me voy a encerrar en mi cuarto, voy a orar y voy a crecer en Cristo yo sólo, no necesito a nadie -solo yo y el Señor-!” ¡No! El juez nos va a llamar a cuentas. “¡Estuve hambriento y no me diste de comer! ¡Desnudo y en prisión y tú no hiciste nada! ¡No fuiste a los desviados y a los esclavizados, ni los forzaste a entrar! ¡Te encerraste, envolviste tu talento en una servilleta y esperaste la venida del Señor! ¡Tú eres el talento encerrado! Meroz trató de ocultarse del tumulto y tomó la salida fácil y segura. Ellos dejaron al resto del pueblo de Dios peleando contra los carros de fuego, mientras ellos se juntaban alrededor de sus acogedoras chimeneas. Pero Dios despreció su complacencia y puso una maldición sobre ellos. El tipo de maldición de Meroz es la peor de todas. Es ser abandonado al egoísmo, robado de toda energía y visión espiritual, para simplemente desaparecer en el olvido. Quiero terminar comentando algunas cosas que veo que se plantean como reto en este siglo XXI. El tiempo que vivimos hoy nos está dejando en claro que es imposible ser iglesia sin contexto. La Biblia ha de ser entendida en su contexto, pero también vivida en un entorno particular. Las iglesias evangélicas no pueden seguir pretendiendo “escapar” del mundo, como si esto las hiciera mas “santas”. Todo lo contrario, es en ese contexto en que las iglesias están insertas, en que su vida y misión toma relevancia y pertinencia. Es verdad, que el mundo sigue representando ese lugar de tinieblas, pecado, y rechazo del Dios Verdadero, pero, ¿no es acaso este el campo “fértil” en el que el Señor las ha dejado para ser sal y luz? No se puede seguir visualizando al “mundo” como enemigo del cual hay que escapar.  Todo lo contrario,  hemos de verlo, como ese lugar, que está repleto de hombres y mujeres necesitados urgentemente del el amor, la paz, y la justicia de Jesucristo. Hacer caso omiso, es condenarse a un aislacionismo y eclesiocentrismo lastimero que históricamente ha dañado. Segundo el tiempo que vivimos  nos está dejando o en claro que es impostergable el replantear una nueva eclesiología y misiología. Esas profundas diferencias que en otro tiempo se señalaban como insuperables entre las diferentes denominaciones, hoy, existen cada vez menos y están cerca de extinguirse por completo. El dialogo religioso y confesional es ineludible. Esto significa, que es inoperable que las iglesias sigan amoldadas a sus odres viejos y caducos.  Ya no podemos seguir “haciendo iglesia” como llaneros solitarios, como si sólo nosotros existiéramos en el planeta tierra. Este es el tiempo de la cooperación, que no sólo trasciende barreras denominacionales, sino también  raciales, de idioma y de liturgia. La manera de ser y hacer iglesia, se ha revolucionado de tal manera que es inaplazable hacer los “ajustes” necesarios a esas eclesiologías y misiologías de importación, que sin relación con el contexto latino fueron implantadas y aun más ensalsadas como la “única” manera de ser y hacer iglesia. Toca ahora a las iglesias evangélicas, hacer una reflexión propia para llegar a una “nueva eclesiología y misiología” que sin perder las bases bíblicas, sí pueda ser representativa de esta parte del mundo tan diferente a otros lares del planeta. Tercero  el tiempo que vivimos nos está  dejando en claro que es insustituible una espiritualidad pagana y/o denominacional por la espiritualidad bíblica. La nueva configuración religiosa del presente tiempo, es todo un reto especialmente para esta región latinoamericana que se caracteriza por tener una herencia religiosa pagana y que ha sido y seguirá siendo  campo fértil para casi cualquier movimiento religioso.  La confusión actual entre hambre y perversión por lo espiritual, es cada vez mas es notorio en el entorno latino. Esto ha permeado especialmente en los movimientos pentecostales y carismáticos, visualizándose un sincretismo, o el llamado cristiano-paganismo. A la vez, es notable que las llamadas denominaciones históricas, sigan soslayando “su liturgia” como si ésta fuera latina y bíblica, negando así no sólo las enseñanzas de la misma, sino alejándose del contexto que les rodea. Todo esto,  nos alerta a hacer una reflexión profunda y seria de las Escrituras, para encontrar en ella, el significado pleno de la espiritualidad que el Señor desea del ser humano en el contexto particular en que vive y se desarrolla. Es menester entonces, dejar a un lado los modelos de espiritualidad de importación que no sólo históricamente han tenido como satánico todo lo que huela a cultura latina, sino que han sido exaltados como los únicos e inequívocos, lo que a la postre ha provocado división, incredulidad y sospecha.   Cuarto el tiempo en que vivimos nos está dejando en claro que es importantísimo formar un nuevo tipo de líder. En una cultura dominada por el consumismo, hedonismo, lo acelerado, lo instantáneo,  etc., Se requiere de hombres y mujeres que tengan de Dios la imaginación, sabiduría, y la inteligencia suficiente no sólo para conocer su Biblia y la teología, sino para que de manera creativa traigan al “aquí y al ahora” el mensaje de Dios. El modus operandis de los teólogos no puede seguir igual que en otros tiempos. Significa entonces que las teorías, las ideas, los sueños, han de ser traídos y probados en la realidad en que vivimos. No podemos seguir formando a líderes que como dijera John A. Mackay: son teólogos del balcón. Cuando deberíamos bajarnos de él, y ser como el apóstol Pablo, teólogos del camino, de la vida diaria. Quinto el tiempo en que vivimos está dejando en claro que es implacable con aquellos que la ignoran o la ensalzan. ¿Qué sucederá con todas aquellas iglesias evangélicas que en vez de  ver en este fenómeno una oportunidad para ser de influencia con su mensaje celestial, lo ven con miedo, sospechoso y peligroso, lo cual les motiva a encerrarse en su “propio mundo”?  ¿Estarán destinadas a desaparecer aquellas denominaciones que ignoran esta lectura de la realidad? ¿Aprovecharemos fielmente este tiempo como una oportunidad de Dios, para más que nunca hacer pertinente y relevante Su mensaje de salvación? ¿Qué peligros corren aquellas iglesias que en el afán de  contextualizarse diluyan el significado y sentido de ser cristiano? La Posmodernidad ha llegado para quedarse por mucho tiempo, ignorarla, es el principio de nuestro fin. A la vez, visualizar a la Posmodernidad como “amiga” del cristianismo, no sólo es peligroso, sino es un error que nos puede costar muy caro. Más que nunca, no podemos pasar por alto, el anhelo expresado en la oración de Jesús, cuando dijo: Padre, no te pido que los saques del mundo sino que los guardes del mal. Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad (Juan. 17:15,17).

En cuanto a mí respecta, denme el valor y el fuego de Débora, denme su determinación en el Espíritu Santo, su confianza y su fe sin límites, su renuencia a acobardarse delante de los enemigos de Dios. ¡Que la iglesia de Jesucristo declare la guerra a todos los carros de hierro satánicos y obtenga la victoria con oración! ¿Qué hacer frente a estas realidades? ¿Nos conformaremos  en vivir siempre con el enemigo? ¿Podemos vencerlos? El apóstol Pablo nos revela que en alguna etapa de su vida  vivió con un terrible enemigo; una especie de “amorreo persistente”. Lo llamó “el pecado que mora en mí” (Ro. 7:16-25). En su descripción nos deja ver la batalla que muchas veces libramos con ese enemigo, hasta decir como él: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”v.24. Sin embargo, su grito de victoria  también debe ser el nuestro, pues aunque hayan enemigos que persisten en seguir viviendo, decimos: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo señor nuestro” v. 25. Arrojemos a los enemigos de nuestras almas. Dejemos que el poder del amigo Cristo, por medio de su Espíritu Santo, lo haga. Dios no nos ha dado un “espíritu de cobardía”. El libro de Hebreos lo expresó de esta manera: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39). Quiero cerrar con algunas ideas de cómo enfrentarnos en este tiempo a nuestro contexto:

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