“Dios de los montes pero no de los llanos”: Una advertencia a la mediocridad espiritual III


Ante este hecho innegable, podemos señalar sin temor a equivocarnos que las iglesias evangélicas especialmente en Latinoamérica están en un proceso de cambio. A las cuales en otros tiempos y por influencia de la cultura, las hemos entendido en términos de denominaciones. En otras épocas, los paradigmas denominacionales eran necesarios para  las iglesias en su teología, sus posicionamientos sociales, y hasta en la manera de hacer misión en el mundo. Hoy esas barreras denominacionales no son tan decisivas ni visibles, aún más se están derrumbando. Ser parte de una denominación,  cada vez más deja de ser relevante, alejándose así sigilosa y rápidamente del llamado denominacionalismo, y aperturándose cada vez más a reconocer la pluralidad religiosa en que se vive, e incluyendo en sus relaciones y entorno de vida a otras voces que en tiempos pasados serían ninguneados y excluidos. Todo esto nos lleva a plantearnos  preguntas tales como, ¿Qué significa lo denominacional hoy? ¿Qué significa hoy ser bautista, presbiteriano, pentecostal, metodista? ¿En verdad hoy se puede ser bautista, presbiteriano, metodista, pentecostal? (Ibíd.)

 Pablo Deiros señala que es sorprendente el proceso de la revolución eclesiológica en la época actual, pues el protestantismo latinoamericano está dejando de ser marcadamente denominacional para configurar lo que se podría calificar como posdenominacional. De hecho este autor enlista los elementos más comunes que caracterizan al cristianismo posdenominacional latinoamericano: Primero un liderazgo nacional autóctono; Dos, una trama apostólica de relaciones ministeriales e institucionales; Tres,   una adoración viva, entusiasta y contemporánea; Cuatro, un fuerte énfasis sobre la oración congregacional; sexto  un ministerio de poder a través de guerra espiritual, proclamación del evangelio, la liberación y la sanidad. (Pablo Deiros. Protestantismo en América Latina. Ayer, Hoy y Mañana. (Nashville, Tn: Caribe, 1997) 100-101)

El mismo autor manifiesta que todo parece indicar que estamos ante el desarrollo de un cristianismo evangélico no denominacional, pero no significa que las estructuras denominacionales dejen de existir, pero si está siendo superado por una nueva dinámica de fe y práctica. (Ibíd. 103)

Es decir debido a su pensamiento provincialista, las denominaciones están en crisis de identidad. Esto básicamente se debe a las fuertes influencias que ya se deja sentir en el llamado posdenominacionalismo, en el cual no existen las lealtades históricas. Las denominaciones se han transformado en sólo un pasado histórico religioso, ajeno e indeseable para las nuevas generaciones. Una razón para ello, es la tendencia a lo efímero que la posmodernidad misma postula como uno de sus valores. De tal manera que, el pasado como clave para el futuro ya no tiene importancia. (Arturo Piedra, en ¿Hacia Dónde va el Protestantismo? Herencias y Prospectivas en América Latina. (Buenos Aires: Ediciones Kairós, 2003) 52.

2. Reduccionismo

Si el provincialismo nos encierra, el reduccionismo nos limita al contexto. Note que el pasaje que estamos discutiendo sigue diciendo: “más no pudo arrojar a los que habitaban  en los llanos” Por un lado si pudo, pero por otro no pudo. Siguiendo con la exégesis que hacen Keil y Delitsch dice que este segundo término arrojar está en modalidad acusativa. (Con el acusativo, de los habitantes). Esta modalidad se debe traducir: “no intentaron extraerlos de los llanos” Y la implicación es que no es que Judá haya intentado sacarlos y no pudo. Sino que no lo intentó. Lo cual es diferente. (http://kad.biblecommenter.com/genesis/1.htm). ¿Cuáles serían las razones por las que no intentaron hacerlo?

La primera razón es “los habitantes de los llano”. Es una razón de contexto. Es obvio que luchar en lo plano es más difícil estratégicamente hablando. Los judíos eran muy diestros en pelear en el monte pero débiles en cuanto al terreno plano. Este terreno llano involucra vulnerabilidad, desventaja y mucha confianza en lo que Dios les había dicho.  La falta de resolución para arrojar al enemigo. Así que para Judá había ciertos contextos que estaban fuera del alcance de la obra y poder de Dios. Una segunda razón era “los carros herrados”. Es una razón de competencia. Significa que Israel se amedrentó ante semejante avance tecnológico en el campo de la guerra.  Igual hoy la iglesia tiene las dos mismas razones para no ejercer todo su poder y dominio dado por Cristo en el mundo. Es una razón de contexto, no tenemos la capacidad de la encarnación y es un temor de ser competentes.   Al pensar en  esto, hay que reconocer que la iglesia evangélica en América Latina es una iglesia sin sentido histórico. Es una iglesia amnésica de sus propias raíces, y por ende, se encuentra en una permanente crisis de identidad. Es campo fértil a la vulnerabilidad de las modas, olas, herejías, y por tanto fácil de perder sus distintivos denominacionales. (Theo G. Donner. Fe y Posmodernidad. Una Cosmovisión Cristiana para un Mundo Fragmentado. (Barcelona: Clíe, 2004), 57

Claro que  la iglesia ha de ser sabia para no caer en el peligro de no perder su  identidad. Debe hacer una distinción clara entre lo que es esencia y lo contingente. Lo primero no debe ni puede cambiar pues se dejaría de ser cristianos e iglesia. Lo segundo, debe adaptarse según el contexto en que se vive. Por esencial, se entiende la obra salvífica de Jesucristo en la cruz del calvario, la aceptación por fe y gracia de Dios, y el establecimiento de un pueblo redimido por el plan redentor de Dios cumplido a cabalidad en Cristo, quien nos lleva a la vida por la eternidad. Esencia, que sin duda, está en la gran mayoría de las iglesias evangélicas en Latinoamérica. En relación a lo contingente podemos entender culto, métodos, estrategias, medios, a través de los cuales la iglesia expresa su fe en el mundo. Si bien esto no resuelve el gran reto que las iglesias tienen, si permitirá señalar los límites o fronteras que es necesario respetar, los cuales serán menester definir y delimitar dependiendo del contexto en el que la iglesia se desarrolla. (Herbert Butterfield. El Cristianismo y la Historia. (Buenos Aires: Ediciones Carlos Lohlé,  1957) 22-27.

¿Dejarán entonces de existir las  eclesiologías denominacionales? ¿Está condenada a perecer la Eclesiología bautista, presbiteriana, metodista, etc.? ¿Estaremos frente a una renovación radical de las eclesiologías, para llegar a una eclesiología común, que si bien no signifique edificar una sola iglesia, un solo gobierno, una sola estructura, una provincia que nos permita que en medio de la diversidad podamos ser uno en Cristo? ¿Serán las iglesias sin denominación y con una eclesiología común las que predominen en el siglo XXI? ¿Más que iglesias denominacionales, serán las iglesias globales las que sean punta de lanza en este nuevo paradigma? Además, esta nueva manera de ser iglesia, ¿será para bien de América Latina? ¿Qué peligros se corren sí en vez de cuerpos denominacionales existen iglesias sin denominación? ¿Este efecto centrífugo en qué contribuye en el marco de la pluralidad religiosa? Justo l. González en su libro Mapas para la Historia Futura de la Iglesia señala que el mapa del cristianismo que nos servía hace algunas décadas ya no funciona, es un viejo mapa.  (Justo González. González, Mapas para la historia futura de la iglesia. (Buenos Aires: Kairos   Ediciones, 2001) 13. Este reduccionismo  evangélico no sólo no ha interpretado el mundo en que vive sino que también no ha interpretado su nueva espiritualidad. Primero, es una espiritualidad bajo la paradoja. Es decir no podemos entender el contexto del mundo posmoderno ni tampoco sus convicciones. En cuanto a esta nueva espiritualidad Dietrich Bonhoeffer, dijo, “estamos entrando en una edad sin religión”. Pero esto no es del todo cierto, pues la religión más que nunca está en expansión. Más que nunca la gente está deseosa de cualquier cosa que huela a religión. El gran reto es que no estamos preparados del todo para satisfacer a toda esa gente que tiene un inmenso deseo de lo religioso. Es claro, que la religión no ha desaparecido con la modernidad como algunos pronosticaban. Más aún, estamos asistiendo a su revitalización, aunque no esto no significa que sea a través de la vía institucional, sino en nuevas formas antes insospechadas. Es decir es una espiritualidad en dos dimensiones, por un lado hay un hambre espiritual pero hay una búsqueda por medios diferentes a los tradicionales.  En segundo es una espiritualidad bajo la sospecha. América Latina ha pasado por un proceso de secularización, que aunque no es igual que el europeo que ha desplazado a lo cristiano, sí es notorio que la tradición ha ido perdiendo fuerza. Lo novedoso se ve con más simpatía que lo tradicional.  El cristianismo dominguero se ha ido tornando más común en los círculos cristianos. La práctica religiosa se ha visto fuertemente afectada, incluyendo la que se desarrolla en el seno de las familias. (Pablo Deiros. Protestantismo en América Latina. Ayer, Hoy y Mañana. (Nashville, Tn: Caribe, 1997) 83.) Esta nueva espiritualidad se muestra alérgica a los dogmas o doctrinas sistematizadas e intelectualizadas. Es por ello, que aunque el hombre posmoderno siente la necesidad de creer en algo, se resiste a integrarse al seno de una religión institucionalizada, de tal manera que las religiones históricas se ven como burocráticas y sin credibilidad. Es decir si queremos beber el vino no nos queda de otra que usar otras copas. El modus operandis de las religiones institucionalizadas quedó obsoleto. (In Sik Hong en Ética y Religiosidad en Tiempos Posmodernos (Buenos Aires: Ediciones Kairos, 2001) 7. Es innegable que hay  un profundo reto al cristianismo evangélico. Un autor  en relación a la pérdida de credibilidad del catolicismo hace una descripción de estos retos, que son aplicables por igual a las iglesias evangélicas latinoamericanas. El autor señala que algo ha sucedido, pues la misa aburre a los jóvenes. Hay acartonamiento en la liturgia en general. A la vez, hay una carencia de experiencia personal. Un ritualismo que no hace eco en el interior de las personas. Y una devaluación del cuerpo, menospreciándolo como si la religión no la hicieran y vivieran seres encarnados. (José María Mardones. ¿A dónde va la Religión? Cristianismo y Religiosidad en Nuestro Tiempo (Santander, España: Sal Térrae, 1996) 48-50.) Podemos hacer un paralelo al respecto y decir, que algo ha sucedido en nuestras iglesias evangélicas que ha provocado un estancamiento de las mismas, sino en otros casos su extinción. Hemos fallado en la liturgia,  que ciertamente no tiene su razón de ser en el entretenimiento, pero que si ha de edificar la vida de quienes participan en él, pero que en la práctica no es relevante ni pertinente. Por igual, la expresión de las emociones, que aunque no son el foco principal en el que se expresa la fe, sí es parte elemental en la vida de todo individuo, pero que en gran medida ha sido reprimida sino es que satanizada. Y qué decir, de ese cristianismo superfluo, que encuentra su máxima expresión en una reunión dominical, pero que carece de trascendencia en lo cotidiano de la vida. Y peor aún, un olvido negligente del templo de Dios, el cuerpo, de tal manera que nos hemos convertido en mas docetistas que los docetas mismos. Es de esperarse entonces,  que las críticas contra las iglesias denominacionales, especialmente las históricas sean recurrentes y destructivas. La fe entonces, se ve lejana a una institución o tradición, las cuales no son dignas de confianza, y por ende la verdad religiosa se fundamenta en la experiencia subjetiva del individuo. (Ibíd.) Tercero, es una espiritualidad bajo menú. Es decir una espiritualidad a la carta. La religión se presenta hoy, no tanto como una herencia que se recibe, sino como el resultado  de una búsqueda, de una elaboración personal. La religión  se ha individualizado, y por ende la sensibilidad religiosa gira alrededor del individuo, de tal manera que cada persona puede construir como bien le parezca su propia religión, estamos pues, en la era de la privatización de lo religioso. Es por ello que, hoy se habla de la fe cómoda, pues el hombre mismo ha creado a su dios a su manera, y que no le demanda un comportamiento ético concreto o un estilo de vida determinado. Hoy se es creyente pero a la carta, se mantiene tal creencia, se eliminan otras, se mezclan los evangelios con el Corán, el budismo, etc., Vivimos en una época caleidoscópica del supermercado y servicio religioso. Estamos ante un cóctel de individualismo religioso. Peter Berger ante esta nueva configuración la llama “mercado religioso”; una abundante y variada cantidad de opciones espirituales que se ofrecen a los potenciales “consumidores”. (Peter Berger El Dosel Sagrado. Hacia Una Teoría Sociológica de la Religión (Barcelona: Editorial  Kyrios, 1986) 198. Es ente entorno que la Nueva Era  tiene mucho que decir y ofrecer al hombre postmoderno. Pues representa la negación de lo religioso a favor de una sacralidad cósmica. Un movimiento sin textos sagrados y sin líder, sin organización estricta y sin dogmas. Es una expresión de la espiritualidad de nuestro tiempo, en el que se está con sed de lo sagrado. Pero si se piensa bien esta es una oportunidad para elaborar otra lógica para las iglesias latinoamericanas, especialmente en la liturgia que como es sabido fue trasplantada. Sin embargo, lo que ha resultado hasta hoy, es otro cristianismo a la carta, en especial en la liturgia, pues mientras el culto en las iglesias evangélicas históricamente estaba centrado en la predicación de la Biblia, con el surgimiento del culto como entretenimiento, la música compite con la predicación. Los púlpitos vacíos de las iglesias y la cultura del entretenimiento, son algunos de los factores que han provocado que el culto y la iglesia se vean como recreación, como al gusto de cada grupo. Así que, cuando analizamos la liturgia evangélica latinoamericana, especialmente la carismática, que representa nuevas opciones o lógicas, hemos de reconocer que en realidad estamos ante una espiritualidad a la carta. Al estilo de la Nueva Era, este es un retorno de lo pre moderno. Época en la cual el hombre reposaba su fe en amuletos, reliquias o conjuros. Especialmente esto es fácil de distinguir por el sobre énfasis en la guerra espiritual y una imagen simplista de lo demoníaco. Entonces, ¿estaremos realmente ante una nueva lógica cultica contextualizada en América Latina, o más bien, será producto de la concepción de la religión del ser humano de hoy? Esto sin duda señala que aunque la posmodernidad nos abre la posibilidad de una nueva lógica en muchos sentidos, en especial la cultica, pero es probable que la liturgia sea más hedonista que cristiano, más postmoderno que bíblico, y hasta más satánico que del cielo, con lo que se palpa que esta nueva lógica, en realidad es producto del paradigma de la postmodernidad. Lo anterior deja en claro que esta nueva lógica cúltica está todavía muy lejos de ser la respuesta que las iglesias pueden ofrecer en su contexto. Lo que nos invita  a no imitar e importar modelos que se origina en otros lares, y adoptarlos sin reflexión alguna, como si éstos fueran la solución a las demandas de la sociedad en la cual está inserta la iglesia. ¿Qué hacer ante este gran mercado religioso que ha permeado hasta en las iglesias evangélicas? ¿Qué nos ha de distinguir de las demás ofertas religiosas? En un mundo secularizado el cristiano era fácil de distinguirse, pero en un mundo religioso, es en verdad difícil definir su identidad cristiana. Tal parece que las marcas litúrgicas ya no son los distintitos claves en la expresión de la fe, pues son imitados con facilidad por la gran masa de movimientos religiosos, o viceversa. Por lo que quizás, es la vivencia día a día de la fe, lo que será el único distingo visible de la identidad cristiana. Cuarto es una espiritualidad bajo el placer. Hoy en día la falta de compromiso se observa en todos los ámbitos de la vida. Contrario a ello, se encuentra lo que un autor denomina como la “felicidad light”. El placer está masivamente valorado en todas las áreas de la vida. El deseo del hombre posmoderno es buscar más y mejores experiencias, pues no queda satisfecho con lo que tiene y experimenta.   (In Sik Hong en Ética y Religiosidad en Tiempos Posmodernos (Buenos Aires: Ediciones Kairos, 2001) 26-29. El ser humano postmoderno es un hedonista que anda en busca de la felicidad. Todo lo que le interesa es pasarla bien, concentrándose en su realización personal. Esta búsqueda está centrada especialmente en el consumismo. Ejemplos de ello, son, por una parte el deporte en general, que se ha convertido en una religión. Las catedrales son los campos de fútbol, de baloncesto, las pistas de tenis, autos, etc. Peregrinaciones tumultuosas se dirigen a estos santuarios cada fin de semana. Aunado a esto se encuentra la religión del cuerpo, pues hoy ocupa un lugar muy importante dentro de los valores occidentales, provocando un boom por lo light, que no obedece en primer término al cuidado de la salud, sino al culto del cuerpo. El narcisismo en su máxima expresión lo encontramos en el sobre cuidado que se le da al cuerpo, pues se debe ser alto, delgado y juvenil, que sepa moverse con dinamismo, elegancia y que físicamente sea  sexy tal cual un maniquí. (Antonio Cruz, Postmodernidad. El Evangelio ante el Desafío del Bienestar. (Terrassa: Clíe, 2003) 142-145. Sin embargo, las iglesias evangélicas en América Latina, especialmente las de corte carismático no se escapan de esta espiritualidad emocional. Es frecuente encontrar frases tales como “Dios me ha hablado”, “Dios me ha revelado”. El acento recae sobre la experiencia emocional subjetiva del creyente. Las reuniones de oración, de alabanza y otras más están cargadas de emocionalismo que explotan a cada momento. La gente va a estas reuniones a descargarse emocionalmente. La música y las canciones reflejan esta espiritualidad, así como el desplazamiento de lo central de la predicación por el testimonio y la experiencia personal. (Ibíd.) Míguez Bonino hace una importante observación sobre los consumidores de la religión, señala que el consumismo religioso se produce principalmente en los movimientos carismáticos. Lo primordial que prevalece en estos grupos es el hedonismo espiritual, la felicidad espiritual y la descarga del yugo pesado que lleva el individuo en su vida. (Ibíd. 21)  Hemos de recordar lo que acertadamente  señala Paúl Tournier: “El error está en querer reformar el mundo sin reformar al hombre; el cambio de las instituciones es en vano si el corazón del hombre permanece sin cambio”. (Paúl Tournier. De la Soledad a la Comunidad. (Barcelona: Editorial Andamio,  1997) 148. Así que ¿a qué cambios podemos aspirar en la espiritualidad de las iglesias evangélicas latinoamericanas sí nosotros mismos estamos atrapados en lo light, el emocionalismo, el consumismo y lo estético? ¿Cómo refrendar nuestra identidad cristiana cuando el mundo se ha metido hasta la médula en nuestras propias iglesias? ¿Cuáles y cuantas espiritualidades “evangélicas” existen hoy en América Latina? ¿Qué hacer para evitar que siga secuestrada la espiritualidad evangélica en manos de los grupos carismáticos que son campo fértil de la espiritualidad postmoderna? Las preguntas son vastas, sin embargo, las respuestas son todavía interrogantes sin resolver, pero el desafío permanece.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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