Recuperándose de tiempos angustiosos V


III. En tercer lugar LAS ACCIONES DE DAVID

A.     David hace una Pausa

“Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores?  ¿Los podré alcanzar?”  Noten bien que tan pronto David hizo lo recto delante de Dios, anheló  conocer la mente de Dios en relación a su siguiente acción. Ustedes y yo  habríamos dicho: “apresurémonos tras estos merodeadores; no nos detengamos ni un instante, podemos orar conforme avancemos, o en algún  otro momento. ¡Dense prisa! ¡Dense prisa!, pues están en juego la vida de  nuestras mujeres y de nuestros hijos.” Si acaso había un tiempo para  darse prisa, era ese; pero como reza  el buen proverbio, “la oración y el  alimento no obstaculizan el camino  de nadie.”

B.      David hace una Petición

 David se detiene sabiamente. “Yo te ruego que me acerques el efod,” clama, y espera hasta que  el oráculo responde a sus preguntas. Él no marchará hasta que el Señor  dé la voz de mando. Eso está bien. Es un dulce marco mental para que  seas conducido a sentir que debes esperar la orden del Señor, que tu fortaleza es quedarte quieto hasta que Dios te ordene seguir adelante. ¡Oh,  que siempre pudiéramos mantener esta  sumisión de corazón! ¡Oh, que  nunca nos apoyáramos en nuestro propio entendimiento, sino que confiáramos exclusivamente en Dios!  Observen que David da por sentado que su Dios le va a ayudar. Sólo  quiere saber cómo debe hacerse. “¿Perseguiré? ¿Podré alcanzarlos?”  Esta es una lección que nos enseña que cuando estés consultando al Señor, no te acerques a  Él como si no te fuera a ayudar, o como si difícilmente se pudiera esperar  que te ayude. A ti no te gustaría que tus hijos te pidieran un favor como si temieran por sus vidas cuando te hablan. Estoy seguro que no te gustaría que tu amado hijo, independientemente de lo malo que hubiera  hecho, dudara de tu amor, y dudara de tu disposición a ayudarle; pues, prescindiendo de lo que haya hecho, es aun así, tu hijo. David se ha fortalecido en su Dios, y está seguro que Dios está dispuesto a salvarle; todo lo que quiere saber es cómo debe actuar en este asunto.

C.      David da un nuevo Paso

Debe notarse, sin embargo, que David no espera que Dios le ayude sin  que él mismo haga lo mejor posible. Él consulta: “¿Perseguiré? ¿Podré alcanzarlos?” Él sabe que tiene que estar listo y seguir adelante. Triste como está, y desfallecido como está, está listo para la acción. Muchos de  los que se meten en problemas, esperan que venga un ángel y los alce  por los cabellos de su cabeza; pero los ángeles traen otros asuntos entre  manos. El Señor nos ayuda habilitándonos generalmente para que nos  ayudemos a nosotros mismos, lo cual es una manera de beneficiarnos  doblemente. Era para el mayor beneficio de David que él mismo abatiera  a los amalecitas, en vez de que Dios  arrojara desde el cielo piedras de  granizo sobre ellos y los destruyera. David tendrá su botín como la paga  por la batalla, y será recompensado por la marcha forzada y la lucha.   Hermano, tendrás que trabajar y esforzarte por desenredarte de deudas y dificultades, y así el Señor escuchará tu oración. La regla es confiar  que Dios acabará con los amalecitas, y luego marchar tras ellos, como si  todo dependiera de ustedes. Hay una confianza en Dios que despierta  nuestra confianza en nosotros y la enyuga al carruaje de la providencia,  preparando al hombre para la acción porque Dios está con él.

D.     David busca una promesa

Es instructivo notar que, aunque  David estaba listo de esta manera  para la acción, confiando en Dios, desconfiaba grandemente de su propia  sabiduría; pues preguntó: “¿los perseguiré?” El hombre que considera su  propia sabiduría como insensatez, es sabio. Y aquel que pone su criterio  a los pies de Jesús, es un hombre que posee el más recto criterio. El que  espera hasta que la sabiduría divina le guíe, será experto y prudente en  todas las cosas.   David desconfiaba también de su propia fuerza aunque estuviera muy  presto a usar la que tenía; pues preguntó: “¿podré alcanzar?” ¿Pueden  mis hombres marchar lo suficientemente rápido para  alcanzar a estos  ladrones? Y ¡qué bendito estado de corazón es aquel cuando no tenemos  ninguna fuerza propia, mas la buscamos en Dios! Es bueno que seamos  insuficientes y que encontremos al Dios todo suficiente. Hago aquí una  pausa de un minuto y le pido a Dios que siempre nos conserve a ustedes  y a mí, en la condición precisa en la que puso a Su siervo David. No me  interesa tanto que alcanzara a los ladrones y todo eso: la gloria fue haber  alcanzado a su Dios, y estar esperando a Sus pies. No podría haber sido  conducido a esto sin que su ciudad se hubiera incendiado, sin que  hubiera sufrido la separación, el robo, y que hubiera estado a punto de  morir a manos de sus propios guerreros; pero todo ese costo valió la pena, para ser conducido a descansar en el brazo desnudo de Dios, y esperar con la dependencia semejante a la de un niño, a la puerta del grandioso Padre. Que los orgullosos yergan sus cabezas si quieren, mas yo pondré la  mía en el pecho de Jesús. Que los poderosos alcen en alto sus escudos; en cuanto a mí, el Señor es mi escudo y mi defensa, y sólo Él. Cuando soy débil, entonces soy fuerte. “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas.” El antiguo cántico de María sigue siendo verdadero: “Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus  corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.”

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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