Reflexiones sobre un aniversario


Es obvio que las personas desean siempre lo mejor en sus vidas. Y esperan lo mejor en sus vidas. Nadie en sus cabales puede desear lo peor para el futuro. ¿Pero es seguro confiar en uno mismo para conseguir o asegurar que lo mejor está por venir? Pienso que si uno lo hace en sus propias fuerzas es muy difícil conseguirlo. Por eso es importante pensar que lo mejor está por venir si Dios está en medio de lo que hacemos y de cómo vivimos.

David es el salmista sufriente y cantante. Había pasado temporadas oscuras y el salmo 16 es una evidencia de eso. Por las palabras debajo del título, sabemos que hemos llegado a uno de los salmos muy especiales de David. Los especialistas sugieren que quizás lo escribió  durante un breve interludio de paz, un receso en el frenético mundo de David, a quién de súbito se le concedió unas vacaciones  en el constante temor por su vida. David se había visto sosteniendo la vida de Saúl en la punta de una lanza. Un rápido empujón y un giro, y sus problemas habrían terminado. Pero el ungido matador de Goliat rehusó la oportunidad que tenía por delante; y Saúl, a la luz de la misericordia, no tuvo corazón para seguir persiguiendo a aquel que lo había perdonado. El relato completo se desarrolla en las páginas de 1 de Samuel 26. Las frases que aparecen en 1 Samuel 26:19-20 ofrecen la clave  que pone al descubierto  la conexión con el salmo 16. Las palabras casi corresponden  con las del salmo 16:4-6. Este salmo atraviesa la historia y llega hasta nosotros hoy, y nos en nuestras crisis  la benevolencia de Dios. Puede que sintamos que nuestro mundo  llega a su fin. Podemos sentirnos tan enredados  en los problemas de este mundo que no hay escapatoria. Pero cuando nos detenemos a meditar en el poder, la majestad y el amor de Dios, todo comienza a cambiar. Hay un poder tremendo  que se desata cuando uno cuenta sus muchas bendiciones  una a una. Así que David se encuentra en un oasis temporal de tranquilidad. No está huyendo para salvar su vida, y puede gozar de paz mental. Así que se toma tiempo para reflexionar sobre las cosas buenas  que ha recibido del Señor. El Salmo 16 es el registro de su inventario espiritual. Tres cosas hace David para hacer ese inventario espiritual y reafirmar que en su vida todavía lo mejor está por venir. En primer lugar RECUERDA QUIEN ES DIOS. Este es un recordatorio de la persona de Dios. En segundo lugar  REPASA LO HACE DIOS. Este es una evaluación de la presencia de Dios en su vida. Y en tercer lugar SE REGOCIJA EN LO QUE DIO HARÁ. Esto es una convicción sobre el plan de Dios.

  1. I.                    En primer lugar RECUERDA QUIEN ES DIOS. (Salmo 16:1-4)

“Guárdame oh Dios, porque en ti he confiado”. Así es como David comienza el salmo que estamos estudiando. En la música se encuentra lo que se llama “silencio” o “descanso”. No hay música en ese descanso, pero la música se hace en ello. En la melodía de nuestra vida, la música se interrumpe aquí y allá debido a un descanso y como necios pensamos  que hemos llegado al fin de la canción. Dios nos envía  un tiempo de descanso obligado, una enfermedad, unos planes que no llegan a ser, unos esfuerzos frustrados, y se hace una pausa forzada en el himno coral de nuestra vida…pero el músico, ¿Cómo lee el descanso? Mírelo llevar el tiempo con un ritmo invariable, y recoger la siguiente nota con certeza y firmeza, como si no hubiera habido una interrupción en el medio. No es sin diseño que Dios escribe la música de nuestra vida. Lo nuestro es aprender la melodía y no consternarnos ante los “descansos”. No se deben cubrir con notas ligadas ni omitir, ni para destruir la melodía, ni para cambiar el tema principal. Si miramos hacia arriba, Dios mismo marcará el compás. Mirándolo a Él, atacaremos la nota siguiente plena y claramente. Hay salmos en los que David  vuelve en sí y recuerda quién es Dios, y vemos una perspectiva entera transformada dentro de unos  pocos versículos. Pero en este pasaje podemos decir que David comienza por el principio: reconociendo quien es realmente Dios. Y ve a Dios en varias dimensiones profundas. Así que procedamos a examinarlas.

  1. A.     Ve a Dios en su Persona

David vuelve su atención hacia la presencia de Dios en su vida. En los dos primeros versículos encontramos  tres diferentes nombres de Dios.  Si fuéramos a leerlos directamente del original hebreo  sería algo como esto: “Presérvame, Elohim, porque en ti pongo mi confianza. Oh, mi alma, tú le has dicho Jehová: “Tú eres mi Adonai, no hay para mí bien fuera de ti.” David está bien consciente  de la magnificencia y múltiple presencia del temible Dios. Ve al Dios del pacto, quien trata a sus hijos con amor y gracia. Ve al poderos Elohim, el que preside sobre toda la creación. Ve a Jehová el Dios personal, quien conoce nuestros más íntimos detalles.  Siente la perfecta presencia de Adonai, y no puede  dejar de sobrecogerlo el hecho de que Dios, que es todo eso y mucho  más, lo rodee con amor, protección, sabiduría y fuerza. Dios está con nosotros. Del vientre a la tumba, siempre estamos en su presencia y nunca fuera. Las distracciones del mundo nos roban las plenas implicaciones de esto, y por eso necesitamos hacer una pausa cuando quiera y dondequiera sea posible para empaparnos de esto y permitir que nos transforme: Vivimos en la presencia de Elohim, Jehová y Adonai. Y al final del salmo David mira dentro de sí mismo y con seriedad observa que no encuentra nada bueno aparte de Dios. Eso no es algo simple; más bien está entre las más profundas  revelaciones que alguna vez pueden llegar a nosotros. Ha reflexionado seriamente en el hecho que no hay nada bueno en tu vida, tu familia, tus talentos, tus posesiones, tus amistades, tu potencial, que no tenga un hilo que de nuevo te conduzca al amor y a la gracia de Dios. No hay algo bueno dentro de nosotros, sobre nosotros o conectado a nosotros que no venga de Él. Escoge cualquier cosa buena, grande o pequeña, remóntate a su inicio, a tan lejos como puedas. Así  que la presencia de Elohim Jehová y Adonai nos bendice.

  1. B.      Ve a Dios en  su Pueblo

El pensamiento de David se dirige primero a la grandeza de Dios, y luego pasa al tema  de sus amigos, a quien llama santos que están en la tierra. Durante el tiempo de su huída, David había estado rodeado por amigos fieles que expusieron su vida para ayudar a protegerlo. Y se conmueve mucho al pensarlo. El dice: “Y para los íntegros es toda mi complacencia.” ¿Alguna vez se detiene usted a deleitarse en sus amigos? ¿Les hace saber que para usted  son los “íntegros”? David quizá tenía en mente a su maravilloso amigo, el fiel Jonatán. Puede haber estado pensando en Abisai, quién se había introducido calladamente en el campamento con él esa noche y arriesgado su vida por ayudar a un amigo. Puede haber estado pensando  en esos dos hombres  y muchos otros también. Si bien David  había tenido unas cuantas experiencias desgarradoras, Dios nunca había dejado de darle un amigo que estuviera con él. David nunca tuvo que estar solo. Eso es un importante principio espiritual. ¿Está solo en tiempos difíciles? Dios nunca intenta que suceda. David reflexiona sobre las relaciones  con el pueblo de Dios.  Tres expresiones observa  en el pueblo de Dios que lo llevan a acercarse a Dios. Primero ve a las personas de una perspectiva espiritual. “santos”. Son personas que tienen una categoría especial ante los ojos de Dios. No son cualquier persona sino los escogidos de Dios, así que debe observar eso antes que cualquier defecto. Debe verlos como Dios los mira. En segundo lugar ve a las personas desde una perspectiva global. “Que están en la tierra”. No sólo los que están en la tierra de Israel, sino también en toda la tierra. Para David ellos eran también sus hermanos. Aunque no los veía, tenía  la plena certeza que Dios estaba trabajando a nivel del mundo.  En tercer lugar ve a las personas desde una perspectiva real. La expresión “íntegros” se puede traducir, noble, real, príncipe. Es decir David los ve en su estatus de príncipes de Dios. Y en cuarto lugar ve a las personas desde una perspectiva relacional. “Es toda mi complacencia” E se alegraba con sus amigos y hermanos. Se sentía regocijado cuando estaba con ellos.

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