Reflexiones sobre un aniversario III parte


Las Escrituras dicen de Dios “Tú sustentas mi suerte”. Dios es nuestra suerte, no es la pata de conejo ni los tres dientecitos de cocodrilo cuidadosamente amarrados con un listón rojo. En absoluto. Aquellos no son más que elementos del ocultismo que –en medio del sincretismo religioso que nos rodean—han logrado aceptación y hay quienes prefieren seguir usándolos antes que volver su mirada a Dios en oración en procura de ayuda. ¿Qué es sustentar? La RAE dice de sustentar: Conservar algo en su ser o estado. Sostener algo para que no se caiga o se fuerza. . Defender o sostener determinada opinión. En el hebreo original se traduce tu sustentas mi lote o mi porción. Se refiere a la forma en que se repartía la tierra. ¡Creo que sería apropiado decir que cada vez son más las personas que creen en la “suerte” que aquellos que no! La mayoría está convencida de que las cosas que ocurren en la vida son puramente movidas por la casualidad en su naturaleza y que no existe ninguna otra explicación posible. Así que si un incidente específico tiene un resultado trágico y alguien pierde su vida, algunas veces escuchamos que tuvieron “mala suerte”. Ellos estaban justo en el lugar equivocado en el tiempo correcto y un árbol cayó sobre ellos! O quizás ellos sufrieron un  “accidente” de transito,  o contrajeron una enfermedad mortal, etc. Mientras en la otra cara de la moneda tenemos lo que se considera como “Buena suerte”. De repente alguien se gana un millón dólares en la lotería o se descubre petróleo en su propiedad. Sale intacto de un horrendo accidente de avión o atraviesa por una lucha militar feroz sin conseguir un solo rasguño. La palabra que la mayoría de nosotros usa para describir tales personas son afortunadas, la cual se deriva de la palabra “fortuna” y se define en el diccionario como “Algo hipotético, fuerza o poder con frecuencia personificada, que favorable o in favorablemente controla los eventos de la vida de uno.” ¿Pero, es esa la definición Bíblica? ¿Permite la Palabra de Dios un concepto llamado “suerte? ¡La respuesta podría sorprenderlo! “La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella.” Proverbios 16:33 “El echar suerte” en la Biblia era similar a nuestro juego del “palito más corto” o “tirar la moneda” eso se consideraba como una manera justa de seleccionar a alguien o tomar una decisión arbitraria. Números u otras inscripciones eran hechas sobre pequeñas piedras, azulejos o guijarros, los cuales eran lanzados como dados. Matemáticamente al azar y se determinaba quien era elegido o que acción habría de tomarse. Y aun hoy aquellos que son elegidos por procedimientos similares con frecuencia sienten que tienen “mala suerte”—especialmente si hay una tarea peligrosa o no grata relacionada con ello. ¡Pero el punto que no debemos perder es que Dios dice que el resultado es determinado por El, y la suerte no tiene nada que ver con eso! El Ser Supremo al que la Biblia llama “Dios” es absolutamente soberano en los asuntos de los hombres. Todo lo que ocurre dentro del universo o es (1) directamente provocado por Dios o (2) El lo permite para que ocurra según Su voluntad—entonces, el concepto humano de suerte es totalmente falso! Este principio se ve en el Señor Jesucristo cuando dice que ni si quiera un pajarito (algunas veces se compraba y se usaba como ofrenda en aquellos días por los pobres) caería muerto sin Su permiso. Así que David está seguro de eso.

“Tu sustentas mi suerte”, dice David. Lo que quiere decir es que Dios cuida de sus circunstancias. ¿Y cómo puede dudarlo el salmista? Durante años vivió como un nómada, huyendo de escondite en escondite de un poderoso rey y un ejército resuelto a encontrarlo  y destruirlo. Y vivió para contar la historia. David lo había perdido casi todo : su libertad, su casa, su familia y su buen nombre. Aún así es capaz de alabar a Dios en medio de todo ello y decide: “Tú sustentas mi suerte. Tú me mantienes en tiempo de necesidad.

  1. A.     El Señor es nuestra complacencia: Esto tiene que ver con mis deleites

El sexto versículo nos ofrece una bella declaración de fe. David dice que el Señor es su complacencia: “Las cuerdas cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado. ¿Qué son “las cuerdas que caen”? David dice: Señor, cuando miro los años pasados  me doy cuenta  que he tenido una buena vida, y me has dado cosas buenas, ¿Puedes decir tu esto? Note el uso de esta figura. Según algunos autores ha sido costumbre aun en los tiempos modernos en Palestina en el norte y en la llanura de los Filisteos asignar la tierra periódicamente con propósitos agrícolas. La tierra así asignada es medida con cordel. El salmista indica que este mismo método se usó para medir la tierra de Canaán cuando fue asignado a las tribus de Israel. Cuando la tierra ha sido medida, la suerte determina qué sección cada hombre tendrá. Aquellos que desean cultivar la tierra se reúnen por lo regular en un lugar de trilla donde la persona encargada de las operaciones tiene un saco de piedrecillas. Se pone en cada piedrecilla una seña especial para indicar la porción de tierra que representa. Entonces las piedrecillas se ponen en otro saco, y se entregan a un niño, quien va sacando las piedrecillas una por una, y las entrega a cada uno de los hombres que desean cultivar la tierra. Cada hombre, al recibir su “suerte” dice: “Dios mantenga mi suerte”. Cada uno descubre pronto si su sección vale la pena o no. (www.ministros.org/Estudios/usos). David entendió que él había tenido una extraordinaria bendición de parte de Dios. Su heredad era grande y fructífera. Dios había determinado su porción. Así que alcanzamos la  complacencia si nos acostumbramos a valorar  nuestras bendiciones, y volcamos nuestras expresiones de gratitud. David aprendió a estar complacido.

 

  1. El Señor es nuestro consejero: Esto tiene que ver con mis debilidades

“Bendeciré a Jehová que me aconseja; aún en las noches me enseña mi conciencia ¡Que bendición” es conocer a nuestro Creador y Sustentador y poder acercarnos a El de noche y de día. Dios está siempre disponible. Puede que estemos profundamente dormidos, pero el siempre estará vigilándonos, manejando con ternura nuestra mente, lidiando con los problemas que enfrentamos. Es como si Dios hiciera su trabajo de mantenimiento en nuestra mente cuando descansamos. Te acuestas por la noche pensando en los problemas que pesan sobre tu corazón, y los pones delante de Dios antes de dormirte. Durante la noche ocurre un silencioso milagro. Te despiertas sintiéndote diferente en cuanto a las cosas. ¿Por qué no lo había visto antes de esta manera? Dios lo ha compuesto todo en su mente y ha resuelto la preocupación de ayer. La expresión “conciencia” es la traducción de la palabra “riñón”. Para los hebreos los riñones eran como la esencia de las emociones. Bendeciré a Jehová, que me ha dado consejos. El texto debería decir: Realmente, durante las noches mis riñones me han corregido. El salmista bendice a Jehová, por sus consejos. Y dice que durante las noches sus riñones le han corregido. El mismo salmista en el Salmo 17:3 hace referencia a una idea similar, pero específicamente habla del corazón: Tú has examinado mi corazón, has hecho inspección de noche, me has refinado; descubrirás que no he tramado. Mi boca no transgredirá. ¿Son lo mismo el corazón y los riñones? Desde luego que no. No son usados indistintamente por los escritores bíblicos. Que no significan la misma cosa lo indica Jesucristo, cuando, al hablar a los cristianos de Tiatira dice que Él escudriña a 2 componentes diferentes: Y a los hijos de ella los mataré con plaga mortífera, de modo que todas las congregaciones sabrán que yo soy el que escudriña los riñones y corazones, y a ustedes les daré individualmente según sus hechos. 

Si el corazón es la persona secreta que somos, la sede nuestras emociones y nuestra vida emocional, ¿qué son los riñones? Los riñones son el auténtico centro de lo que somos. Es el núcleo de nuestro corazón, el epicentro de lo que verdaderamente somos. Lo comprendemos mejor entendiendo ciertos aspectos de nuestra vida emocional. Sabemos, por ejemplo que vivimos experiencias a lo largo de nuestra vida. Y hemos dado un valor y una importancia emocional a lo que vivimos. Pero el punto es, ¿puede decirse cuán conscientes somos de nuestras emociones? Por ejemplo, decimos que una determinada comida no nos gusta y no sabemos por qué. Pero si accesáramos a nuestros “riñones”, sabríamos de inmediato la respuesta. Tal vez descubriríamos, o admitiríamos, que no nos gusta dicha comida porque la asociamos inconscientemente a un momento o experiencia dolorosa. Rechazamos comer esa comida porque ese rechazo es nuestro mecanismo de defensa ante el dolor. ¿Quién sí actúa al respecto en ese caso? No es nuestro corazón. Él rechaza, pero no sabe el por qué. Cosa que sí saben nuestros “riñones”. Los riñones están ubicados en la cavidad retroperitoneal. Si tuviera la oportunidad de ver unos riñones de una persona, en una operación por ejemplo, vería lo difícil que es acceder a ellos. Se requiere de experiencia, conocimiento, y saber maniobrar en la cavidad abdominal para llegar a ellos. Espiritualmente hablando, ¿quién puede acceder a sus emociones más profundas, a las emociones o experiencias-raíz de su propia vida? Porque existen experiencias y emociones que son la génesis de nuestra vida emocional, que son el origen del por qué actuamos o hablamos de cierta forma.   En el Salmo 16:7 el salmista reconoce que sólo Jehová puede darle consejos, que él, en la quietud de la noche, puede usar para corregirse a sí mismo. Curiosamente hablando, los cristianos en general suelen buscar a otros para que les ayuden a conocer y manejar sus propios conflictos y estados emocionales. Eso es apropiado, es bíblico, pero, ¿da resultados positivos? Nadie puede saber mejor que uno mismo lo que son las propias experiencias, y cómo les han marcado en la vida. Por supuesto, la exhortación es a buscar a Dios, pues sólo Él puede ayudar a corregir y guiar a una persona, comenzando por la mismísima raíz de la vida interior, que son los riñones, o emociones más profundas, esas que nos han acompañado toda la vida, y de las que probablemente no somos conscientes. La pregunta es: ¿cuántas personas que dicen ser cristianas realmente están dispuestas a pagar el precio de la refinación de sus “riñones”? Estar dispuesto a hacer realidad la promesa de Jesucristo de llegar a ser como niños, y de dejar odios, resentimientos, egoísmos y falsas ilusiones de vida, es todo un reto. Es más fácil ser cristiano de obras, de exhibición externa de piedad que ser un cristiano que se deja transformar por el poder de la palabra de Dios.                                        (http://neoatierra.blogspot.com/2010/08/los-rinones-en-la-biblia.html#ixzz2Blk5foDZ ).

Anuncios

Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s