Las nubes grises también forman parte del paisaje: Los días en que queremos renunciar II parte


Los últimos  versículos del capítulo 11 que es una gran porción de verdades me dicen tres cosas importantes o me aclaran tres cosas importantes. Primero que la fe no me separa de todo dolor. Significa que no me separa de la enfermedad, de la muerte, del sufrimiento. De hecho en este pasaje encontramos grandes hombres y mujeres de Dios que sufrieron, mucho. Es fácil confiar en Dios cuando las cosas van marchando bien, pero es difícil confiar en Dios cuando la vida apesta. La segunda cosa que este pasaje enseña es que algunas promesas que Dios me ha dado serán cumplidas totalmente en la eternidad. Debemos entender que nosotros viviremos en esta tierra 80 a 90 años, y Dios no ha prometido cumplir sus promesas en esos cortos años, pero si tiene toda la eternidad para cumplirlas plenamente. La tercera cosa que vemos en este pasaje es que somos corredores en una grande e histórica carrera de relevos. Es decir nadie puede recibir el premio antes que termine la carrera. Ahora, imagine esto, Dios ha formado una familia por miles y miles de años para cumplir sus planes, y una generación ha corrido con el bastón y se lo pasó  a nuestra generación y ahora nosotros vamos corriendo con el bastón la carrera de Dios y se la pasaremos a la siguiente generación y ellos le darán el bastón a la siguiente generación y así sucesivamente hasta que el tiempo de Dios llegue a su final. Ahora no cree que sería muy absurdo que en los juegos olímpicos usted observara la carrera de relevos de 800 metros y de pronto el corredor de los primeros 200 se parara al finalizar su lapso y dijera: “Me podrían dar mi medalla de oro, por favor” Y alguien le podría decir : “pero la carrera no ha terminado” y el diría: “bueno yo ya terminé mi parte”. La respuesta sería: “No puedes recibir el premio hasta que todos hayan terminado. Cuando al final tu equipo gane, entonces tendrás el oro, mientras no suceda eso no! Algunas de las recompensas que Dios nos ha prometido no las tendremos en este mundo, las tendremos hasta que acabe la carrera. Y el texto dice que los que corrieron antes, esto es, Abraham, Moisés, José, Sansón, no pueden recibir el premio hasta que nosotros terminemos la carrera. Entonces, ¿Cómo nos aseguramos de que terminemos bien la carrera? Más específicamente ¿Cómo se asegura que usted termine la carrera que Dios le ha asignado en esta vida? De tal manera que obtenga el premio. Como lograr que al final Dios diga: “Buen trabajo, mi chavo”. Bueno en los siguientes versículos Hebreos nos da 6 poderosas llaves para  mantenernos en la carrera y terminarla bien. Estudiemos cuáles son estas llaves.

I. La primera llave es que cuando sienta darme por vencido debo RECORDAR que el cielo me observa. (La llave de la INSPIRACIÓN)

¿Qué sentirías y qué harías si la persona que más admiras estuviese frente a ti? La motivación siempre jugará un papel importante en nuestras vidas si queremos llegar lejos, sin ella toda meta parecerá lejana e inalcanzable. Es a través de la motivación que un buen día un grupo de hombres sin Dios decidieron construir la torre de Babel que llegara hasta el cielo. Es a través de la motivación que Nehemías decide reconstruir los muros de Jerusalén. Es a través de la motivación que Don Quijote de la Mancha salía día tras día a conquistar reinos para su amada Dulcinea. Pues bien, el escritor a los Hebreos presenta tres fuentes de inspiración o motivación al creyente que son aplicables a la grande nube de testigos: 1) Los héroes de la fe: nuestros antecesores que están en las gradas celestiales, aquellos grandes hombres de Dios cuyas biografías se resumen en estas palabras “el mundo no era digno de ellos” (Heb.11:38).Esos hombres que decidieron vivir por encima de las normas del mundo, esos hombres que vivieron de manera radical. 2) Los creyentes de todos los tiempos: aquellos hombres fuera de lo común que dejaron sus huellas en las páginas de la historia tales como: C. H. Spurgeon, C. Finey, los hermanos Wesley, etc. 3) Los inconversos: quienes observan con cuidado nuestra manera de conducirnos en este mundo, nuestro hablar, nuestro vestir, etc. Leonard Ravenhill solía decir que “veneramos las memorias de aquellos hombres del pasado pero no imitamos sus vidas en el presente”. El desafió es a vivir de manera extraordinaria en un mundo ordinario. Tengamos en cuenta que si hay algo que debemos cuidar con temor y temblor aparte de nuestra salvación es nuestro testimonio, recuerda que alguien te observa tanto en los cielos como en la tierra. Así que este texto en el vrs. 1: “Por tanto, nosotros  también teniendo en derredor  nuestro tan grande nube de testigos” tiene grandes implicaciones. No quiero gastar mucho tiempo en esto, pero usted tiene una audiencia en el cielo que está observando su vida. No sólo Dios, nosotros sabemos que Dios nos está observando. Dios vio su concepción en el vientre de su madre, vio su primer respiro, vio su crecimiento, todo está abierto ante los ojos de Dios. Y conoce todos los pensamientos, buenos, malos y feos. Dios está consciente de todo lo que pasa en su vida. Ese es un pensamiento bastante fuerte, el hecho de considerar que Abraham quizás lo está viendo. Que quizás Moisés esté observando su vida. Lo que hace usted en sus batallas. Y le aseguro que pueden estar diciendo: “¿consideras dura tu tarea? Yo tuve que construir un arca. Y Moisés podría estar diciendo: ¿Consideras que estás manejando una tarea dura? Yo tuve que andar 40 años con millones de niños. Pudiera ser que Abraham dijera. ¿Crees que la estás pasando mal? Yo tuve que dejar mi hogar a la edad de75 años y luego se me ordenó sacrificar a mi hijo. Esta es la nube de testigos. Pero ellos no están allí para juzgarlo están allí para animarlo. Ellos quieren que tengamos éxito, quieren que ganemos. Tenemos una audiencia. Esto nos lleva a la conclusión de que nada de lo que yo hago en la vida es privado o personal. Nada de lo que hago en la vida, es un secreto. El cielo está mirando. No debemos darnos por vencido porque en esta nube de testigos hay gente que ha pasado por muchas cosas más duras que nosotros y lo lograron. Sacaron fuerzas para vencer. De hecho es importante recordar que Jesús está en el cielo intercediendo por nosotros. El texto entonces nos demuestra que la enorme “nube [o multitud] de testigos” no está formada por simples espectadores pasivos. No se encuentran en el estadio únicamente para presenciar la competición o quizás para ver si gana el deportista o equipo de su preferencia, sino para dar ánimo a los participantes. Y pueden muy bien hacerlo, pues ellos mismos fueron corredores en su día y finalizaron el trayecto con éxito. Aunque están muertos, se los presenta como personas vivas que están dando ánimo. ¿Qué efecto tiene en los nuevos saber que los observan veteranos atletas del más alto nivel? Los impulsa a correr lo mejor que pueden e incluso superarse. La “nube de testigos” que los rodea les garantiza que es posible ganar esta difícil prueba deportiva. Si reflexionan sobre su ejemplo, tendrán el valor necesario para seguir “con aguante [en] la carrera”. Este consejo fue muy útil para los hebreos del siglo primero, y no lo es menos para nosotros. Nuestras circunstancias son parecidas a las de muchos de los fieles que menciona el autor de  Hebreos. Veamos varios ejemplos. Noé vivió los últimos días del mundo anterior al Diluvio. De igual modo, nosotros vivimos muy cerca del fin del mundo actual. Abrahán y Sara recibieron la orden de dejar atrás su país y mudarse a otro, donde adoraron al Dios verdadero mientras esperaban el cumplimiento de sus promesas. A nosotros también se nos pide que dejemos atrás preferencias personales y nos esforcemos por hacer la voluntad de Jehová mientras esperamos las bendiciones futuras. Moisés tuvo que afrontar por años los peligros del desierto en su viaje a la Tierra Prometida. Igualmente, nosotros tenemos que superar los peligros de esta sociedad moribunda en nuestro camino al nuevo sistema. Ciertamente, vale la pena repasar el ejemplo de estos hombres y mujeres, lo que incluye tanto sus éxitos y virtudes como sus fracasos y flaquezas (Rom. 15:4; 1 Corintios. 10:11).

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