Dios silba!


La figura apática, distante e indiferente en quién algunos han creído no guarda relación con el Dios revelado por las Escrituras. Nietzsche aseguraba que solamente creería en un Dios que supiera bailar. Las implicaciones filosóficas y existenciales de esa afirmación son enormes. Entre ellas: la eventualidad, la libertad humana, la sabiduría presente en la improvisación, el rechazo del diseño inteligente. Afirmar que Dios danza significa que la vida late con libertad. El comienzo, el transcurso y el final no están atados a la necesidad. A riesgo de ofender la espiritualidad nietzchiana, me atrevo a afirmar que el Dios que baila no está ausente del relato bíblico. Note como Sofonías describe a un Dios que celebra con júbilo, que da gritos de alegría (3.17). Pues tu Dios está contigo  y con su poder te salvará. Aunque no necesita de palabras para demostrarte que te ama, con cantos de alegría te expresará la felicidad que le haces sentir”. La figura aquí es la de un padre saltando y danzando de alegría. El Señor se deleita de la misma forma que un padre se sorprende con la pregunta creativa de su pequeño, un profesor que acepta ser superado por su alumno, o una madre que se deleita en la bailarina que nació de sus entrañas. La alegría divina y humana proviene de la deliciosa percepción de que un momento, aun esperado, podría haber nunca ocurrido. Esto libera el futuro y crea lo insólito. Solamente lo imprevisto posee la fuerza de generar alegría o decepción. Los profetas no escatimaban atributos prodigiosos al hablar de Dios: Señor de los ejércitos, Todopoderoso, Rey, Santo Juez. Sin embargo, a diferencia de las divinidades griegas, que posteriormente serían descriptas a partir de los absolutos de la metafísica, lo judíos se valieron de historias, cuentos y parábolas para describir a Elohim Yavé. Careciendo de la sacralidad que poseían las antiguas divinidades, se atrevieron a afirmar que Dios silbaba —«y les silbaré para reunirlos, porque los he redimido» (Zacarías 10.8, Isaías 5.26; 7.18). Nietzsche, estoy seguro, no encontraría muchos problemas en creer en un Dios que silba. Y no solo el, sino algunos que leerán este escrito. El conjunto de metáforas que se atribuyen a Dios son minimizadas en la teología bajo el término técnico antropomorfismo. Los exégetas que intentan construir una imagen de Dios desprovista de esas innumerables metáforas, sin embargo, acaban con un Dios apático, distante, indiferente e inaccesible. Al descartar las múltiples descripciones bíblicas, terminan con un Dios parco, amargado sólo lleno de ira.  Creo que Nietzsche le dio la espalda a la Causa Primaria, al Relojero, al Supremo Arquitecto, al Supervisor del Perfecto Destino. El mostró desprecio por las meras caricaturas distorsionadas del Padre, que mandó preparar un banquete para una gran fiesta. No pudo imaginar a Dios sentado, observando la fiesta preparada para celebrar el retorno del hijo pródigo. En ese día, Él bailó.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Un comentario sobre “Dios silba!”

  1. Dios silba. Is. 7.18Y acontecerá que aquel día silbará Jehová a la mosca que está en el fin de los ríos de Egipto, y a la abeja que está en la tierra de Asiria; sa 5:26 Alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. Zac 10:8 Yo los llamaré con un silbido, y los reuniré, porque los he redimido; y serán multiplicados tanto como fueron antes.

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