El espíritu de Jezabel y el espíritu de Elías III parte


Lo cuarto que descubrí es que el espíritu de Jezabel atacará y buscará dividir las relaciones entre un pastor y los intercesores.  ¿Cuál es el antídoto?  Que el liderazgo de la iglesia (incluyendo el pastor) aprecie, comunique y apoye la labor de los intercesores y que los intercesores enfoquen sus plegarias a que la visión del pastorado se cumpla a cabalidad. Los pastores están en el campo de batalla. En cada visita predicar en otros países, varios pastores me comentan las terribles experiencias que se dan en sus iglesias por batallas libradas por Jezabel.  Y es que no tengo que ir muy lejos o que pasen algunas semanas para que alguien me llame pidiendo oración por las batallas que se libran en alguna iglesia.  Y es que la batalla tiene un propósito y este es que Satanás busca neutralizar cualquier autoridad espiritual y para ello no hay ningún enemigo del infierno que pueda hacer mejor esta labora que el espíritu de Jezabel. Cuando el espíritu de Jezabel ataca a alguno en el liderazgo su propósito es deshabilitar la autoridad pastoral bien sea por tentación, confusión, brujería, miedo o desaliento. Jesús prometió que la iglesia vencería a Jezabel y le dio “autoridad sobre las naciones”. (Ver Apocalipsis 2:26-28). El espíritu de Jezabel lo que busca es dividir, disminuir y eliminar la autoridad espiritual que Dios él  ha dado a sus líderes. Sin pastores que conduzcan bajo una autoridad sana, la iglesia no podrá cometer sus funciones y entonces la confusión, la ambición y el caos reinarán.  La autoridad espiritual auténtica es una fuente de protección, es un abrigo vivo que cubre y nutre a la iglesia o al hogar.  Satanás busca neutralizar al líder cristiano en sus funciones porque si puede herir al pastor, las ovejas se dispersarán. Una de las formas como el espíritu de Jezabel ataca a las iglesias es dividiendo a los intercesores de la autoridad pastoral.  Necesitamos intercercesores porque sin ellos no podremos avanzar.  Sin embargo cuando un intercesor asume que su “rol profético” es el de dar luz a la iglesia o ofrecer una visión distinta que la presenta el liderazgo, tenemos que estar alertas pues el espíritu de Jezabel comienza a infiltrase en la iglesia para traer división. Una visión diferente a la que tiene el pastorado, generalmente puede ser a simple vista muy buena visión pero a la larga lo que ocasiona es desilusión.  Esto se debe al espíritu o la actitud como se comunica y por la forma como se percibe que abre las puertas a Jezabel.
Usualmente se hace demandando que el liderazgo se sincronice con el profeta y y se ponga en práctica la visión, es allí donde el espíritu gana terreno y causa división. Oremos por la visión del pastor. La mejor relación entre un pastor y el grupo de intercesión de la iglesia ocurre cuando estos oran por la visión del pastor.  La responsabilidad del pastor es guiar y la de los intercesores es interceder.  Estos no tiene el llamado de convertir a la iglesia en otro tipo de iglesia y el pretender asumir este rol puede convertirse en una fuente de luchas y de angustias. Dios tiene un llamado y una responsabilidad que es única a cada congregación. El sentido de  dirección y de propósito en la iglesia local usualmente se le revela al pastor que la funda.  Cuando este pastor se marcha, la visión de la iglesia se pasa cual testigo al grupo de ancianos, quienes buscan un nuevo pastor que puede seguir con el llamado histórico de esa congregación. Es cierto que el pastor principal de la iglesia es imperfecto, pero Dios lo ha levantado como líder  visible (Ver Mateo 24:45).  Este pastor que trabaja en conjunto a sus líderes tiene la responsabilidad de incorporar a la iglesia lo que Dios le llama a hacer.  Esta responsabilidad en si misma se presenta de diversas fuentes.  Pueden venir directamente del Señor, pueden estar inspiradas de la interacción con sus ancianos y/o líderes, pueden provenir de escritores o de conferencista o de otros pastores.  Con ello no digo que los intercesores no puedan ser una pieza en esto pero los intercesores deben aceptar que la responsabilidad de la conducción del rebaño le pertenece al pastorado.  No importa cuán imperfecto sea el pastor, los intercesores deben aprender que no deben presentar una visión distinta a la que ha asumido el pastor de la iglesia. Cuando uno o varios intercesores manipulan, ejercen presión y control sobre un líder con alguna visión profética debemos estar cautelosos no sea que esté actuando el espíritu de Jezabel.  Cuando los miembros de la iglesia están desconectados de su pastor y son guiados por una campaña de susurros y siguen una “visión profética”, cuidado pues está técnica proviene de Jezabel.  Recordemos  lo que Apocalipsis dice que “Jezabel se dice profetisa”.  Cuidado pues esas “autoridades espirituales” en la iglesia pueden herir y desplazar a la auténtica autoridad espiritual que reside en el pastor y/o en el equipo de liderazgo. En vez de seguir el paso de un susurro profético sin conexión, debemos orar por la visión del pastor.  Si su pastor no tiene una visión específica, pídale que la escriba con el fin de darle apoyo en oración para que la misma se cumpla. Si tiene alguna revelación cuando ora, con humildad comuníquesela a su pastor (o al equipo pastoral) para sea discernida. No debe ofenderse si no existe una sincronización inmediata con esta revelación o si nunca ocurre. Es posible que la palabra recibida no sea para todos sino que sea una revelación para usted. A Dios le agrada el orden. Una persona no puede conocer a profundidad a Dios, ni apreciarlo, a menos que se maraville la forma como ha estructurado y ordenado Su universo. Es cierto que al Poderoso le gusta la vida y la libertad, pero primeramente el creó una matrix de orden que es inmutable y que estructura a toda la creación.  Fue a partir de estos fundamentos que ordenó leyes físicas para que la vida emergiera.  El orden es la fuente de la vida. Debemos recordar que la misma mente que creo y estructuró el orden del universo, creo a la Iglesia.  Existe, por lo tanto, existe un orden divino en la iglesia que comienza en la relación que existe con Cristo y el liderazgo en la iglesia para su pueblo.  Dios es Dios de orden, el orden es primordial, el orden es precede a la vida y a la libertad.  La mente de Dios es una mente ordenada, su voluntad es ordenada y da “órdenes” para poner las cosas en orden. Es importante notar que el mismo Señor dan honor al orden que El creo.  Revisemos como Dios se apareció a Pablo y le dijo “Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer”  (Hechos 9:6). ¿Porque Dios no le sano a Pablo? ¿Por qué no le dijo lo que tenía que hacer? Pablo tenía que aprender que para llegar a Dios debía someterse a un hombre.  Este es el orden de Dios y el mismo Señor honró este honor. Pablo tenía que escuchar del Jesús de Ananías. Revisemos lo que pasó con Cornelio: un ángel se apareció a este centurión romano en un sueño y le dijo que un hombre llamado Simón Pedro le explicaría el camino de la salvación. ¿Por qué el ángel no se lo explicó a Cornelio? En el universo del Todopoderoso, Dios trabaja con orden. Dios da honor al orden que Él ha creado. Revisemos también el protocolo de la iglesia en el libro de los Hechos.  Cuando Felipe llevó el evangelio a Samaria después de Pentecostés le acompañaron milagros, conversiones y muchos signos.  Pero Felipe se cuidó de imponer las manos para que los de Samaria recibiesen al Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque hasta ese tiempo el Espíritu Santo se derrababa por la imposición de manos de los apóstoles.  De nuevo vemos que Dios quería que Su siervo respetase el orden y la autoridad establecida en los primeros apóstoles. Dios tiene un orden específico en su iglesia y el mismo está establecido y definido para que sea respetado y honrado.  No es de relevancia si usted está de acuerdo o no con la estructura de gobierno de sus iglesia, pero en la medida que usted asista a una congregación en particular usted debe honrar el orden que allí se establece.  La mayoría de las congregaciones son conducidas por un pastor, en otras la autoridad reside en el grupo de ancianos o diáconos, en otras puede que la autoridad resida en un obispo o en un ministro profético o apostólico.  Sea cual fuere la estructura hay que honrarla y someterse a ella sin disensión.  Si usted siente que no puede crecer en esa congregación bajo esa estructura, búsquese una iglesia donde usted pueda desarrollarse espiritualmente.  Pero usted no debe generar conflictos porque no esté de acuerdo o no agrado por el orden que allí se establece. El problema no reside en la forma de gobierno, sino en la vida que existe en esa forma.  Pablo habla de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.  Juan sin embargo habla de la iglesia en términos de padres e hijos.  En otro sentido, Pedro enseña respecto a los ancianos, pastores y el pueblo de Dios.  El problema no radica en cómo se establece el orden, sino en entender que hay un orden establecido cada iglesia y que debe ser respetado.  Este orden puede cambiar, pero para cambiar la estructura eclesial, uno debe someterse a los ancianos de esa iglesia y el pastor.  Ellos pagarán el precio cuando estén convencidos que Dios los conduce a un cambio.  Pero ellos no deben ser forzados a cambiar porque una persona tenga problema con la expresión del orden en la iglesia. Cuando el espíritu de Jezabel comienza a manifestarse en una iglesia, inmediatamente busca socavar la estructura de autoridad de esa iglesia. Si no puede seducir al líder o hacer que caiga en inmoralidad (usando así este pecado para socavar su autoridad) , traerá contienda y división para retar su autoridad en la iglesia.  Recuerde que Jezabel era una reina que gobernaba a un rey, asumía además el rol de “profetiza” con el fin de gobernar.  Con esto busca crear una autoridad falsificada en un grupo de individuos en una congregación. El resultado será que el orden establecido en la iglesia se minimizará, es decir que la auténtica autoridad se neutralizará, y los líderes comenzarán a cansarse por la cantidad de reuniones que no terminan. “Y a los ángeles que no mantuvieron su posición de autoridad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene perpetuamente encarcelados en oscuridad para el juicio del gran Día” (Judas 1:6). Cada uno de nosotros tenemos un plan en el orden de Dios. Jesús dijo que en la casa del Padre “hay muchas moradas” y que él se iba a prepararnos un sitio a cada uno de nosotros. La casa del Padre no sólo es un sitio que se encuentra en el cielo; se revela aquí en la tierra en el Cuerpo de Cristo. Cuando intentamos romper la orden de nuestra iglesia, salimos del lugar apropiado para entrar y “mantenernos en los lazos eternos de la oscuridad”. Amigos, permanezcan fieles al orden de la iglesia donde adoran a Dios. Si este orden no se adapta a su temperamento, busque una iglesia que si se adapte. Si usted no consigue una iglesia que cuadre con usted, es probable que esté llamado a comenzar una donde su visión del cristianismo puede cumplirse. Pero sea lo que haga, no abrace una autoridad falsa; no deshonre la autoridad de su congregación local con disensión y chisme; y en su lugar ore por la visión de su pastor. Si hace esto, usted estará contribuyendo al destino de Dios y estará en servicio del propósito de Dios.

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