Así dice El Señor: El falso profeta


Primer filtro: ¿CÓMO RECONOCER A LOS FALSOS PROFETAS?

 Este tema es muy discutido dentro del cuerpo de Cristo, porque la mayoría de las veces se utilizan parámetros equivocados para juzgar si los profetas son verdaderos o falsos.  Por ese mismo error, hay muchos creyentes confundidos que aún ni quieren hablar de los profetas. Sin embargo, la Biblia da una enseñanza precisa y contundente con respecto a los falsos profetas. Comenzaremos con la enseñanza de Jesús, quien habló de ellos y de cómo reconocerlos.  En el pasaje de Mateo 7:15-20, se pueden ver en primer lugar ciertas características de los falsos profetas, como ser: – Se visten de ovejas, esto es, tienen una apariencia externa de piedad y bondad. -Por dentro son lobos rapaces, o sea, en su interior están buscando a quien devorar con su falsedad y engaño. Si estas son sus características, entonces ¿cuál es la manera de reconocerlos? La respuesta es categórica: Por sus “frutos.. Esta palabra en su original griego, significa “la expresión visible del poder que obra interna e invisiblemente, siendo el carácter del fruto evidencia del carácter del poder que lo produce” (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, W. E. Vine).             Lo que da a entender este significado es que si el poder que mueve a un profeta es malo en esencia, entonces su fruto también lo será; esto lo convierte en un falso profeta. Lo que se debe evaluar en el profeta es su vida en diferentes aspectos, como por ejemplo: personal, matrimonial, familiar, ministerial. Es necesario observar su madurez, su mensaje, su motivación, su objetivo, su interdependencia, su moralidad, su administración del dinero. Estas son las cosas que muestran qué clase de profeta es el que está ministrando.  Otro pasaje muy revelador y que concuerda con la enseñanza de Jesús, es Deuteronomio 13:1-5. Aquí se nos muestra que puede levantarse un profeta, tener palabra o sueño y anunciar señal o prodigios, los cuales se pueden cumplir.     Dada tal situación, podríamos juzgar que se trata de un verdadero profeta. Pero la evaluación no debe estar hecha por el cumplimiento o no de una palabra, sino por lo que produce la ministración del profeta en la vida del pueblo. En este caso, el profeta está inclinando el corazón del pueblo hacia dioses ajenos (que la gente ponga su confianza en el y no en Dios), cuando su verdadero propósito siempre debiera ser exaltar a Jesucristo y darle toda la gloria a Dios.  Es muy importante observar que Dios permite la intervención del falso profeta, porque tiene un objetivo: “Probar a su pueblo”. Es incorrecta la inclinación del corazón del ser humano, en cuanto a saber exclusivamente acerca de su futuro. Más bien, debe estar dispuesto a recibir toda la ministración de un profeta, porque el Señor siempre quiere bendecir a sus hijos.           En Deuteronomio 18:18-22 se puede ver nuevamente que un falso profeta no necesariamente tuvo que haber dado una palabra que no se cumpliera para calificarlo como tal. Más bien, tuvo que guiar al pueblo hacia dioses falsos. Aún puede ocurrir que un profeta hable en nombre del Señor, pero que la palabra profética no se cumpla, debido a que el Señor nunca habló tal palabra. Entonces ese profeta habló con “presunción” (arrogancia, soberbia), sin ser necesariamente un falso profeta.              Para cerrar este tema tan crucial, es oportuno analizar 1ª Juan 4:1 que dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.  Se necesita una actitud madura del pueblo de Dios para poder probar los espíritus que impulsan a los profetas, ya sea verdaderos o falsos, a actuar.  La palabra probar tiene que ver con: Saber distinguir, someter a prueba, comprobar, examinar. Por lo tanto, los creyentes llenos del Espíritu Santo pueden distinguir qué clase de espíritu es el que dirige a un profeta.  La finalidad de toda esta enseñanza es que podamos evaluar a un profeta como verdadero o falso, no por lo que “habla” sino por lo que “es”.  ¿Cuál era la metodología de Jesús para reconocer los falsos profetas? Otro de los puntos importantes acerca de este ministerio, es aprender a reconocer aquellos que son falsos.  Ya mencioné Mateo 7:15-20, pero allí  encontramos lo que Jesús enseña acerca de los falsos Profetas.

  • Características:

Aparentan ser corderos, pero son lobos. Dicen, enseñan, predican, pero no viven lo que predican, no son verdaderos siervos de Dios. Su profesión es aparentar lo que no son, para engañar.

  • ¿Cómo reconocerlos?

Por sus frutos. El buen árbol da buen fruto, así como el mal árbol da malos frutos. Se debe observar los frutos de la vida del Profeta. Para evaluarlo correctamente, es necesario detenernos en algunos puntos trascendentes, como ser: Su vida a nivel personal, matrimonial, ministerial, su madurez. Su motivación, su mensaje, su moralidad, y administración del dinero. Estos aspectos son claves, para evaluar bíblicamente a un Profeta. En el Antiguo Testamento el falso Profeta se indica con toda claridad. En Deuteronomio 13:1-5 encontramos Profeta que se levanta en medio del pueblo, y sueña o profetiza señal o prodigio; en este pasaje vemos algunas pautas que arrojan luz sobre el tema.     «Si se cumpliere la señal o prodigio…» (v.2) Puede cumplirse lo que profetizó, e igual es llamado falso, ¿por qué?, porque llevó al pueblo a la adoración de dioses ajenos. «…Porque Jehová vuestro Dios os está “probando”, para saber…» (v.3) Dios permite la tarea de estos hombres, para «probar» el corazón de su pueblo, para saber si le aman con todo el corazón y el alma. Cuando el pueblo aceptaba a un Profeta como tal, por el sólo hecho de que «su profecía se cumplió», sin tener en cuenta si por ella era apartado de la devoción a Dios y llevado hacia la idolatría, entonces su corazón era «descubierto» demostrándose que en verdad no amaba a Dios.    «Tal Profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios…» (v.5). Esta Palabra nos enseña que a pesar de cumplirse la señal o prodigio, el Profeta era considerado falso porque conducía al pueblo a la idolatría, y por tal motivo, debía morir. En Deuteronomio 18:15, Dios levanta Profeta a quien el pueblo debe escuchar. Los versículos 18 y 19 nos hacen saber, que es Dios quien pone las palabras en el Profeta, para que las hable. Aquel que no le oyere, Dios le pedirá cuentas. Si algún Profeta habla con «presunción» en nombre de Dios, sin que Él le haya enviado, o si habla en nombre de dioses ajenos, ese Profeta morirá (v. 20).           En el caso de que hable en nombre de Jehová y no se cumpliere lo que dijo, es presunción del Profeta; Dios dice: «…No tengas temor de él…» (v.22).  Estos pasajes nos muestran una diferencia en la enseñanza sobre los Profetas en el Antiguo Testamento. El Profeta que anuncia algo como de Dios, «y que aún se cumpla», pero que su palabra lleve a la «rebelión» contra Dios, debe morir. Así también aquel que hable con presunción, llevando el corazón del pueblo a la adoración a otros dioses. Sin embargo, el que habla de su propio corazón, sin que se cumpla, ni acontezca lo que diga, habló presumidamente, por lo tanto, el pueblo no debía tenerle temor. Con el propósito de no errar, es imprescindible tener muy en cuenta que el sólo cumplimiento de una profecía no determina la veracidad o falsedad del Profeta. Para ello, se deben analizar una serie de factores de gran importancia, que ejemplificaremos para una exacta comprensión.  Veamos algunos ejemplos Bíblicos. En Jeremías 27:10; 14-16 y 18, Jeremías dice de parte de Dios, que los Profetas hablaban mentira, y profetizaban en nombre de Jehová falsamente, sin embargo, estaban vivos en medio del pueblo y no les daban muerte. Esto muestra claramente que no por cualquier palabra se daba muerte a un Profeta, sino solamente en el caso de profetizar «rebelión contra Dios», e incitar a la «adoración de otros dioses».  En el mismo libro, en el capítulo 28 encontramos un relato que nos brinda una gran enseñanza: En los primeros versículos vemos al Profeta Hananías, profetizando que el yugo de Babilonia se había roto y que en dos años volverían los utensilios de la Casa de Jehová; también volvería el rey, Jeconías, y todo el pueblo transportado de Judá (v. 1-4).   Cuando un Profeta hablaba paz a su pueblo, sería conocido como Profeta de Dios cuando su palabra, se cumpliera (v.9). Más adelante Hananías rompe el yugo del cuello de Jeremías, y dice: «…Así ha dicho Jehová: de esta manera romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones dentro de dos años…» (v.11).  Jeremías responde que el yugo de Nabucodonosor sobre las naciones, ahora sería de hierro: «…Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro» (v.13).  Agrega Jeremías: «…Ahora oye, Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo» (v.15). .             «Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de la tierra; morirás en este año, porque HABLASTE REBELIÓN contra Jehová. Y en el mismo año murió Hananías, en el mes séptimo» (v.16-17).  En el contexto arriba citado, vemos que al Profeta Hananías no le mata el pueblo, lo hace Dios mismo en la sentencia profetizada por Jeremías. En el caso de Hananías, aunque habló presumidamente de su propio corazón, y su palabra no se cumplió, no era posible que quedara sin castigo debido a que la gravedad de su pecado, consistió en hacer creer al pueblo que estaban bien ante Dios, cuando en realidad estaban sufriendo el justo juicio de Dios a causa de su pecado. Hananías no sólo habló rebelión, sino que por su palabra el pueblo se conformaba con una actitud rebelde que los conducía a seguir viviendo indiferentes al llamado de arrepentimiento de su maldad.   Esta situación era muy peligrosa para el pueblo, debido a que aparentemente las palabras de Hananías no llevaban abiertamente a la idolatría, o a la rebelión contra Dios, pero en una forma muy sutil (que es de las más peligrosas), les profetizaba una paz ficticia, que no era nacida de la perfecta comunión del pueblo con Dios. Esto nos deja ver cómo Dios se encargaba de los profetas que hablaban rebelión contra Él, con presunción. En cambio, en aquellos profetas que sólo auguraban acontecimientos que no se cumplían, pero que no llevaban a la rebelión contra Dios, ni a la adoración de dioses ajenos, se aplicaba la palabra de Deuteronomio 18:22 donde dice: Es presunción del Profeta, no tengas temor de él           En este contexto la enseñanza de Jesús en Mateo 7:21-23, afirma una gran verdad, hacia todos aquellos que digan «hacer sin ser»:      «…Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» (v.22). Estos obreros no tienen buenos frutos, son árboles malos, son desarraigados, porque no son plantas plantadas por el Padre Dios  Mateo 15:13. No tienen experiencia con Dios, ni comunión íntima que produzca el buen fruto, por lo tanto son: «…hacedores de maldad» (v.23). Los versículos 24 al 29, nos hacen saber quién es verdadero. El que oye, lo cual significa «poner por obra la Palabra», ése es verdadero. Cuando la casa del prudente es embestida, no cae. La casa del insensato, al ser embestida, es la que cae. ¿Cuál es el motivo? El que es de Dios, tiene fruto bueno y se manifiesta en su vida, por lo tanto, la vida de Dios le sostiene. El obrador de maldad, no tiene vida de Dios, ni sostén Cuando. Jesús predicaba la gente quedaba admirada de su doctrina, «…Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (v.29).  Jesús poseía una autoridad, que era su sostén, pues Él vivía y hablaba lo que el Padre le daba. En cambio, los religiosos de su época, no vivían la Palabra; su enseñanza era para condenar a otros. «SI VIVIMOS EN DIOS, TENDREMOS AUTORIDAD DE DIOS».

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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