Serie Dios sufre de insomnio: Los problemas de sus hijos II parte


Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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