Serie Dios sufre de insomnio: Las desviaciones de sus hijos II parte


El segundo principio que aprendemos de la vida de Sansón es que nos buscamos serios problemas cuando escogemos amistades que no nos convienen.

 Alguien sabiamente dijo: «Si quieres volar con las águilas, no corras con los pavos». Al fin y al cabo, uno empieza a parecerse a las personas con las que pasa la mayor parte del tiempo. Por eso es tan importante escoger las amistades con sabiduría. Sansón sufrió la derrota porque se asoció a personas malas; tenía relaciones que no eran saludables para él a pesar de contar con un propósito especial de parte de Dios. Pues aun el nacimiento de Sansón fue un milagro. Antes de ser concebido, su madre tuvo dificultad en quedar embarazada. Dios le dijo que tendría un hijo que liberaría a los israelitas de los filisteos. De modo que Sansón fue especial desde el principio, pero sus amistades lo llevaron por otra senda. Dios tiene un propósito especial con cada uno de nosotros, pero nosotros nos buscamos problemas cuando escogemos amistades que no nos convienen. La pregunta crítica es esta: ¿Le impiden sus amistades que viva por completo para Dios? ¿Le quitan el ánimo pata hacerlo o le dan aliento? ¿Se conforma a cosas que no le son de su agrado? El libro de Proverbios nos advierte, en repetidas ocasiones, con respecto a las amistades negativas. Estar expuesto constantemente a las actitudes y los valores equivocados en algún momento afectará negativamente a nuestras vidas porque es más fácil hundir a la persona que levantarla. ¿Qué clase de amistades se deben tener? La que inspire lo mejor en uno, que dé aliciente, que a uno le motive a ser una persona mejor. Hay otro principio que vemos en la vida de Sansón y es el más importante de todos porque lo vemos a lo largo de su vida:

Nos buscamos problemas cuando nos negamos a tomar a Dios en serio. Sansón no tomaba su vida espiritual con seriedad. Realmente nunca tomó a Dios en serio, y esto se hizo notable en diversas maneras. En primer lugar, siempre se dedicaba a lo suyo. Vivía para sí mismo. Su estilo de vida era esencialmente egoísta; permitía que sus deseos personales determinaran sus acciones. Sansón se regía por esa mentalidad que afirma: «Si te sientes bien, hazlo». El plan de Dios para Sansón fue de grandeza y es el mismo para usted. Él tiene un propósito para su vida; usted no fue puesto en la tierra por accidente. Sin embargo, el rasgo sobresaliente de Sansón fue el descuido; tomaba las cosas sin apreciarlas y nunca llegó a tomar nada en serio; el resultado fue la inutilidad en la vida. Otra cosa que podemos ver en la vida de Sansón es que nunca oraba por nada, con excepción de la escena final, cuando desplomó la casa. Era impulsivo; impetuoso. No le pedía dirección a Dios. Simplemente procedía a actuar y hacía lo que se le antojaba. Nos evitaríamos muchos problemas y dolor si solo pausáramos un momento para pedirle a Dios dirección antes de lanzarnos de cabeza y lastimarnos. Sansón buscó a Dios solo cuando se vio en aprietos. Eso es lo que se llama «Cristianismo de trinchera»:«Señor, si me libras de este problema, viviré para ti desde ahora en adelante. Para muchos, Dios es solo un detalle de último momento, una conveniencia. Cuando las cosas se ponen apretadas, lo buscan con desesperación. Pero cuando todo anda bien, lo ignoran. Sansón nunca tomó en serio el vivir para Dios hasta el final de su vida, después que todo se había desmoronado: fue capturado por la nación enemiga, le sacaron los ojos y lo obligaron a trillar grano en un molino; un trabajo usualmente asignado a los animales. Nótese lo que sucedió cuando todo finalmente se vino abajo: Sansón, por fin, oró (16:28). Me pregunto cómo habría sido su trayectoria si hubiese orado desde el inicio. ¿Por qué esperó que todo se le viniera abajo para acudir a Dios? El resultado de descuidar la oración fue que perdió todo su potencial en la vida. Perdió su credibilidad y su libertad; terminó siendo esclavo del pueblo al que fue enviado a conquistar. Sansón verdaderamente segó lo que sembró.

Esta historia sería sumamente trágica si terminara allí; pero no fue así. Los filisteos le cortaron sus trenzas, las cuales eran un símbolo del pacto que hizo con el Señor. El cabello de Sansón era solo un símbolo externo; no era la fuente de su fuerza sino su seña. Cuando le cortaron su cabello, en esencia le estaban diciendo: «Sansón, te estamos cambiando por fuera lo que ya ha sido quitado de tu corazón. Tú no tomas en serio tu compromiso con el Señor». No obstante, fíjese que «… en cuanto le cortaron el cabello, le empezó a crecer de nuevo» (16:22). El proceso de renovación se inició en ese momento. Sansón se arrepintió y empezó a orar. En lo que buscó la fuerza de Dios, el Señor le concedió su petición. Dios le devolvió su fuerza y Sansón terminó su vida con un acto inspirado de heroísmo. Recordará que Sansón fue llevado al gran templo del falso dios Dagón para que miles de sus enemigos se pudieran reír y burlar de Sansón y su Dios; el verdadero Dios de Israel. Sansón fue colocado entre dos columnas del templo y, con cada gota de fuerza que Dios le había concedido en oración, empujó hasta que el templo se vino abajo, matando a todos los presentes sin contar las tres mil personas que estaban en el techo. Dios envió a Sansón a conquistar esta nación enemiga desde un principio y ahora logró cumplir más en su muerte que en vida. Esa es una triste realidad en la vida de Sansón; pero al final, logró conquistar al enemigo. Debido a que Dios le brindó una segunda oportunidad, gozó de la mayor victoria en la etapa final de su vida. En cierta forma, eso es una realidad que consuela. Tal vez sienta que ha arruinado su vida de una manera tan severa que Dios nunca más lo volverá a amar o a usar; pero acuérdese de Sansón. Dios nunca se rindió con él y tampoco ha renunciado a usted. Dios ve su potencial y se acuerda por qué lo creó: usted fue creado para grandes cosas. Y comprobará por qué fue creado cuando se ubique en el centro de la voluntad de Dios. Mas si hace eso; las cosas empezarán a caer en su lugar. Se sentirá realizado y tendrá éxito a los ojos de Dios cuando se dé cuenta de que está haciendo aquello para lo cual ello diseñó. Hay algo muy alentador con respecto a Sansón: en Hebreos 11, el Salón de la Fama de la fe, se incluye a Sansón. ¿Por qué? Porque Dios puede tomar a una persona que es un fracaso total y aun así usarla. Si Dios usara solamente a las personas perfectas, no lograría nada. En vez de eso, usa a personas comunes; aquellos que tienen debilidades y fracasos en la vida. ¿Qué se puede hacer si uno es como Sansón en la vida? Precisamente lo mismo que hizo Sansón; entregarle la vida al Señor. Entréguele todas las piezas, y permítale que le diga: «Yo te daré fuerzas para desatar las ligaduras de las cosas que te tienen enredado, te causan tristeza e impiden que yo opere en tu vida». Solo Dios sabe la grandeza y el potencial que hay en su vida, pero usted nunca podrá desarrollarlo solo; él debe hacerlo a través de su fuerza. ¡Permítale que empiece hoy mismo!

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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