Serie Dios sufre de insomnio: La preocupación de sus hijos IV parte


V.                 Delegue: no lo haga todo usted mismo

Un día «subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él» (Marcos 3:13). Designó a doce hombres, a quienes había nombrado apóstoles, para que lo acompañaran y así enviarlos a predicar. En otras palabras, delegó su autoridad. En esto consiste el quinto principio del manejo del estrés: No lo haga todo usted mismo. Use el principio de delegar. ¿Sabe por qué nos ponemos tensos y nos afanamos? Porque creemos que todo depende de nosotros. Aquí estoy, como en la mitología era el Atlas, cargando con las inquietudes del mundo entero, todos sobre mis hombros. Si por desgracia las suelto, el mundo se desarmará. Pero cuando en verdad lo hago, ¡el mundo no se derrumba! Jesús reclutó y entrenó a doce discípulos para que lo ayudaran con la carga. Delegó su trabajo. Involucró a otras personas. ¿Por qué no delegar el trabajo? ¿Por qué no involucrar a otros? ¿Por qué tratamos de hacerlo todo nosotros solos? Hay dos razones.

A.     La primera es el perfeccionismo.

Pues razonamos: «Si deseo que salga bien hecho el trabajo, tendré que hacerlo yo mismo». Es una idea preciosa, pero casi nunca resulta porque sencillamente hay demasiadas cosas por hacer. Simplemente no tenemos tiempo para hacerlo todo. Es una actitud verdaderamente egoísta la que dice: «Nadie, pero nadie, puede hacer esto como yo». ¿Cree usted que Jesús hubiera hecho un trabajo mejor que aquellos discípulos? Por supuesto que sí. No obstante, les permitió hacerlo a pesar de que él lo habría hecho mejor. Necesitamos dejar que otros cometan algunos de esos errores. ¡No les robe la oportunidad de aprender!

B.   La segunda es la prepotencia.

La otra razón porque rehusamos delegar es la inseguridad personal que nos lleva a la autosuficiencia y prepotencia. « ¿Qué hago si le entrego la responsabilidad a otra persona y termina haciéndolo mejor que yo?» Ese pensamiento es una amenaza. Sin embargo, uno no puede sentirse amenazado por esa posibilidad si sabe quién es, a quién está tratando de agradar, lo que quiere lograr y aquello en lo que se desea concentrar. Para ser eficiente, hay que involucrar a otros, porque uno no puede concentrarse en más de una cosa a la vez para hacerlo bien

VI.               Disciplínese: Establezcas disciplinas saludables

A.     Busque a Dios en oración

Jesús se levantaba «muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro… y se fue a un lugar solitario» para orar (Marcos 1:35). El sexto principio del manejo del estrés es hacer de la oración personal un hábito. Este es el principio de la meditación. La oración es un gran aliviante para el estrés. Es una herramienta dada por Dios para dejar salir sus ansiedades. No importa lo atareado que se encontrara Jesús, para él era costumbre pasar tiempo a solas con Dios. Si Jesús apartaba tiempo para la oración cuando se encontraba ocupado, ¡cuánto más será necesario orar para usted y para mí! Un momento apacible, a solas con Dios, nos sirve como una cámara de descompresión para el estrés cotidiano. Dialogamos con Dios en oración, le decimos lo que nos concierne y dejamos que nos hable al leer la Biblia. Luego, consultamos nuestros planes, evaluamos nuestras prioridades y esperamos instrucciones. Gran parte de nuestros problemas se origina en nuestra incapacidad para quedarnos quietos. Simplemente no sabemos cómo estar quietos. Casi nadie puede estar sentado en un vehículo, por más de 5 minutos, sin encender la radio. ¿Si usted entra a su casa y se da cuenta que está solo, qué es lo primero que hace? (Probablemente, encienda el televisor.) El silencio nos incomoda. Pero Dios dice: «Quédense quietos, reconozcan que yo soy su Dios» (Salmo 46:10). Una razón por la que muchos no conocen a Dios de una manera personal es que no pueden estar quietos. Se encuentran demasiado ocupados para calmarse y reflexionar. Alguien dijo: «Parece ser un hábito irónico del hombre que cuando pierde su rumbo, aumenta su velocidad al doble», tal como un piloto de la Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial que volaba a lo largo del Océano Pacífico. Al comunicarse con la torre de control, le preguntaron: «¿Dónde estás?»El piloto contestó: « ¡No lo sé, pero estoy rompiendo récord!» Muchas personas son así: se encuentran atravesando la vida a alta velocidad y no saben hacia dónde se dirigen. Necesitamos empezar nuestras mañanas con oración, tal como lo hizo Jesús, y a lo largo del día hacer una pausa y orar de nuevo, para recargar nuestras baterías espirituales.

B.      Relájese: Tome tiempo para disfrutar la vida.

En cierta ocasión, los doce hombres de Jesús se reunieron alrededor de él para informarle todo lo que habían hecho y enseñado. Como muchas personas llegaban y se iban, ni siquiera tuvieron oportunidad de comer. Así que Jesús les dijo: «Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco» (Marcos 6:31). Aparte un tiempo para disfrutar de la vida. Ese es el principio de la relajación y la recreación. Jesús observó a estos hombres que laboraron duramente sin descanso y dijo: «Ustedes se merecen un descanso hoy. Vamos a descansar. Tomémonos un tiempo de reposo». Entonces entraron a su barca, remaron hasta el otro lado del lago, y fueron al desierto para descansar. Una razón por la que Jesús podía lidiar con el estrés era porque sabía cuándo tomar un descanso. A menudo se dirigió a las montañas o al desierto solo para relajarse. El descanso y la recreación no son opcionales en la vida. De hecho, el descanso es tan importante que Dios lo incluyó en los Diez Mandamientos. El sábado fue creado por causa del hombre, porque Dios sabe que nuestra contextura física, emocional y espiritual requiere descanso periódicamente. Jesús sobrevivió al estrés porque disfrutaba la vida. Mateo 11:19, en la versión parafraseada de Phillips, dice que Jesús vino «disfrutando de la vida». Pablo escribió que Dios ha provisto todo abundantemente para que lo disfrutemos (1 Timoteo 6:17). El equilibrio en la vida es clave para tratar el estrés.  Jesús dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» (Mateo 11:28-30). De manera que el último principio para el manejo del estrés es este: Entréguele su estrés a Cristo. Jamás podrá disfrutar de completa paz mental a no ser que tenga una relación con el Príncipe de Paz. Cristo no dijo: «¡Vengan a mí y yo les daré más culpabilidad, más cargas, más estrés y más preocupaciones!», aunque esto es lo que muchos, por lo visto, enseñan. Algunas iglesias tienden a crear presión en lugar de aliviarlo. No obstante, Jesús dijo: «Yo les quiero dar descanso. Yo soy el alivio para el estrés. Si entran en armonía conmigo, les daré fortaleza interior». Cristo puede transformar su estilo de vida de uno estresado a otro satisfecho. La raíz principal del estrés proviene de procurar vivir nuestras vidas aparte de aquel que nos creó, de dirigirnos por nuestras propias sendas, y de ser nuestros propios dioses. ¿Qué necesita usted? Si nunca le ha entregado su corazón a Cristo, necesita una transformación. Dele su vida con todo su estrés a él y dígale: «Señor, dame una vida nueva. Reemplaza la presión que experimento con la paz que tú ofreces. Ayúdeme a seguir tus principios para lidiar con el estrés.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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